domingo, 28 de julio de 2024

4 DE AGOSTO: XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

 


“Os lo aseguro, me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre;

pues a este lo ha sellado el Padre, Dios."

4 DE AGOSTO

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

1ª Lectura: Éxodo 16,2-4.12-15

Voy a hacer que llueva pan del cielo.

Salmo 77: “El Señor le dio un trigo celeste”

2ª Lectura: Efesios 4,17.20-24

Revístanse del nuevo yo, creado a imagen de Dios.

PALABRA DEL DÍA

Juan 6,24-35

“Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo has venido aquí?”. Jesús les contestó: “Os lo aseguro, me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios. Ellos le preguntaron: “¿Cómo podremos ocuparnos en los trabajos que Dios quiere?”. Respondió Jesús: “Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que él ha enviado”. Ellos le replicaron: “¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo”. Jesús les replicó: “Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo”. Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les contestó: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mi no pasará sed”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

"Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste?".

Jesús les respondió: "Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse.

Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello".

Ellos le preguntaron: "¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?".

Jesús les respondió: "La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado".

Y volvieron a preguntarle: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas?

Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo".

Jesús respondió: "Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo;

porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo".

Ellos le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan".

Jesús les respondió: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed."

REFLEXIÓN

Ante la pregunta que le hace a Jesús la muchedumbre, cuando lo encuentran junto a Cafarnaúm: “Maestro, ¿cuándo has llegado aquí?”. Jesús no responde a los que le preguntan, pero revela las verdaderas intenciones que han impulsado a la gente a buscarle, desenmascara una mentalidad demasiado material. Todos siguen a Jesús por el pan material, sin comprender la señal hecha por el profeta. Buscan más las ventajas materiales y pasajeras que las ocasiones de adhesión y de amor. Ante esta ceguera espiritual, Jesús proclama la diversidad que existe entre el pan material y corruptible y ese otro “que da la vida eterna”. Invita a la gente a superar ese estrecho horizonte en que viven, para pasar a la fe. Ante la pregunta: “¿Qué debemos hacer para actuar como Dios quiere?”, Jesús exige una sola cosa: la adhesión al plan de Dios, es decir, “lo que Dios espera de vosotros es que creáis en aquel que él ha enviado”.

Pero para esto el milagro de los panes no es suficiente. Sus padres, en el desierto, vivieron un milagro mayor: “Dios les dio a comer pan del cielo”, Dios les dio el maná.  Jesús, en realidad, da verdaderamente el nuevo maná, porque su alimento es muy superior al que comieron los padres en el desierto: él da a todos la vida eterna. Pero solo el que tiene fe puede recibir ese don. El verdadero alimento no está en el don de Moisés y en la ley, sino en el don del Hijo,  que el Padre ofrece a los hombres, porque él es “el verdadero pan del cielo” y “el surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”.

Es el don amoroso hecho por el Padre a cada hombre, Él es la Palabra  que han de creer: quien se adhiere a él da un sentido a su propia vida y consigue su propia felicidad.



ENTRA  EN TU INTERIOR

EL CORAZÓN DEL CRISTIANISMO

La gente necesita a Jesús y lo busca. Hay algo en él que les atrae, pero todavía no saben exactamente por qué lo buscan ni para qué. Según el evangelista, muchos lo hacen porque el día anterior les ha distribuido pan para saciar su hambre.

Jesús comienza a conversar con ellos. Hay cosas que conviene aclarar desde el principio. El pan material es muy importante. Él mismo les ha enseñado a pedir a Dios «el pan de cada día» para todos. Pero el ser humano necesita algo más. Jesús quiere ofrecerles un alimento que puede saciar para siempre su hambre de vida.

La gente intuye que Jesús les está abriendo un horizonte nuevo, pero no saben qué hacer, ni por dónde empezar. El evangelista resume sus interrogantes con estas palabras: «y ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?». Hay en ellos un deseo sincero de acertar. Quieren trabajar en lo que Dios quiere, pero, acostumbrados a pensarlo todo desde la Ley, preguntan a Jesús qué obras, prácticas y observancias nuevas tienen que tener en cuenta.

La respuesta de Jesús toca el corazón del cristianismo: «la obra (¡en singular!) que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado». Dios sólo quiere que crean en Jesucristo pues es el gran regalo que él ha enviado al mundo. Ésta es la nueva exigencia. En esto han de trabajar. Lo demás es secundario.

Después de veinte siglos de cristianismo, ¿no necesitamos descubrir de nuevo que toda la fuerza y la originalidad de la Iglesia está en creer en Jesucristo y seguirlo? ¿No necesitamos pasar de la actitud de adeptos de una religión de "creencias" y de "prácticas" a vivir como discípulos de Jesús?

La fe cristiana no consiste primordialmente en ir cumpliendo correctamente un código de prácticas y observancias nuevas, superiores a las del antiguo testamento. No. La identidad cristiana está en aprender a vivir un estilo de vida que nace de la relación viva y confiada en Jesús el Cristo. Nos vamos haciendo cristianos en la medida en que aprendemos a pensar, sentir, amar, trabajar, sufrir y vivir como Jesús.

Ser cristiano exige hoy una experiencia de Jesús y una identificación con su proyecto que no se requería hace unos años para ser un buen practicante. Para subsistir en medio de la sociedad laica, las comunidades cristianas necesitan cuidar más que  nunca la adhesión y el contacto vital con Jesús el Cristo.

 José Antonio Pagola

 

ORA EN TU INTERIOR

Nuestra sociedad nos ha educado para prever, calcular, usar la razón. Los interlocutores de Jesús tenían más de un motivo para mostrarse perplejos, dado que un hombre, aunque fuera prestigioso, se autoproclama “el pan de, la vida”. ¿No es eso un poco presuntuoso? ¿No se está exaltando? ¿No está exagerando, visto el éxito del milagro? Es cierto que es capaz de dar pan para comer; ahora bien, para llegar a considerarse el “pan bajado del cielo”, el pan definitivo, queda todavía mucho trecho. Es preciso reconocer que los que murmuraban o se mostraban perplejos tenían sus buenas razones para hacerlo.

A veces pienso que también yo, si me hubiera encontrado en las mismas circunstancias, habría tenido más o menos las mismas reacciones, precisamente porque pienso normalmente que es necesario ser concreto, mantenerse con los pies en el suelo, no dejarse fascinar ni arrastrar por entusiasmos fáciles que, después, se revelan ilusorios.

 ORACIÓN

Señor, te pido que me hagas percibir este instinto vital superior al menos con la misma fuerza que el natural, para que mis decisiones sean prudentes y sabías, no ligadas sólo al sentido común, y tampoco estén dictadas por la facilidad para creer cualquier propuesta milagrera.

Haz, oh Señor, que no desista nunca de ser un hombre arraigado en la realidad y, al mismo tiempo, abierto también a tu Realidad, a ti, que puedes  sorprenderme y venir a mi encuentro en cualquier momento; a ti, que puedes dar la vuelta en un instante a la marcha normal de las cosas, para plantearme la pregunta radical sobre en qué pongo mi confianza.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Dibujos de Patxi Velasco FANO



 


 


domingo, 21 de julio de 2024

28 DE JULIO: XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

 


“La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:

-Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.”

28 DE JULIO

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

1ªLectura: Segundo Libro de los Reyes 4,42-44

Comerán y sobrará.

Salmo 144: “Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.

2ªLectura: Efesios 4,1-6

Un solo cuerpo, un Señor, una fe, un bautismo.

PALABRA DEL DÍA

Juan 6,1-15

“En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos, Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: -¿Con qué compraremos panes para que coman estos? Lo decía para tentarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: -Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo. – Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de simón Pedro, le dice: -Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos? Jesús dijo: -Decid a la gente que se siente en el suelo. Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eras unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: -Recoger los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie. Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: -Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo. Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios.

“Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades.

Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos.

Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.

Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.

Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: "¿Dónde compraremos pan para darles de comer?".

El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer.

Felipe le respondió: "Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan".

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:

"Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?".

Jesús le respondió: "Háganlos sentar". Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres.

Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron.

Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada".

Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.

Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: "Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo".

Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.”

REFLEXIÓN

Nuestro mundo está hambriento de muchas cosas. Hay muchas carencias de todo tipo: materiales, psicológicas, educativas, morales, afectivas… Los que han tenido en sus manos el bienestar de la mayoría, solo se han preocupado de ellos mismos, dilapidando inconscientemente, sabiendo que el sistema acudiría en su ayuda. Es el mundo al revés. Las personas, además, se definen por lo que les falta o por lo que todavía no son, y así es como proyectan llegar a ser algo siempre diferente y presumiblemente mejor. Estamos marcados a fuego por la insatisfacción; ella es la que nos anima a cambiar continuamente, a transformarnos y querer alcanzar cada vez metas mayores.

Jesús, debido a que conocía a fondo esta condición humana, sabía detectar las necesidades de los hombres y mujeres de su tiempo. Es el Hijo del Dios que se preocupa por sus criaturas, que las convierte en hijos por los que develarse, y hace como todo buen padre: no puede dormir sabiendo que su hijo no se encuentra bien del todo. Jesús conoce también hoy nuestra hambre que, como entonces, no busca meramente ser saciada, porque no se trata solo de hambre del pan de trigo sino del hambre constante de un pan que no se puede comprar en la panadería.

El pan de nuestra hambre no se compra sino que se comparte; no es el resultado de un intercambio comercial, sino de una relación de amor y amistad. Cuando en el relato evangélico Jesús no da de comer sino que anima a dar de comer, aunque se tenga tan poco como cinco panes de cebada y dos peces para compartir, enseña que lo importante no es comer sino cómo haber comido. La mejor forma de hacerlo pasa por valorar lo que cada uno pueda aportar, reconociendo así el significado de cada persona, descubriendo cómo todos estamos llamados, tal y como decía san Pablo a los efesios, a estar unidos en el amor.



ENTRA EN TU INTERIOR

NUESTRO GRAN PECADO

El episodio de la multiplicación de los panes gozó de gran popularidad entre los seguidores de Jesús. Todos los evangelistas lo recuerdan. Seguramente, les conmovía pensar que aquel hombre de Dios se había preocupado de alimentar a una muchedumbre que se había quedado sin lo necesario para comer .

Según la versión de Juan, el primero que piensa en el hambre de aquel gentío que ha acudido a escucharlo es Jesús. Esta gente necesita comer; hay que hacer algo por ellos. Así era Jesús. Vivía pensando en las necesidades básicas del ser humano.

Felipe le hace ver que no tienen dinero. Entre los discípulos, todos son pobres: no pueden comprar pan para tantos. Jesús lo sabe. Los que tienen dinero no resolverán nunca el problema del hambre en el mundo. Se necesita algo más que dinero.

Jesús les va a ayudar a vislumbrar un camino diferente. Antes que nada, es necesario que nadie acapare lo suyo para sí mismo si hay otros que pasan hambre. Sus discípulos tendrán que aprender a poner a disposición de los hambrientos lo que tengan, aunque sólo sean «cinco panes de cebada y un par de peces».

La actitud de Jesús es la más sencilla y humana que podemos imaginar. Pero, ¿quién nos va enseñar a nosotros a compartir, si solo sabemos comprar? ¿quién nos va a liberar de nuestra indiferencia ante los que mueren de hambre? ¿hay algo que nos pueda hacer más humanos? ¿se producirá algún día ese "milagro" de la solidaridad real entre todos.

Jesús piensa en Dios. No es posible creer en él como Padre de todos, y vivir dejando que sus hijos e hijas mueran de hambre. Por eso, toma los alimentos que han recogido en el grupo, «levanta los ojos al cielo y dice la acción de gracias». La Tierra y todo lo que nos alimenta lo hemos recibido de Dios. Es regalo del Padre destinado a todos sus hijos e hijas. Si vivimos privando a otros de lo que necesitan para vivir es que lo hemos olvidado. Es nuestro gran pecado aunque casi nunca lo confesemos.

Al compartir el pan de la eucaristía, los primeros cristianos se sentían alimentados por Cristo resucitado, pero, al mismo tiempo, recordaban el gesto de Jesús y compartían sus bienes con los más necesitados. Se sentían hermanos. No habían olvidado todavía el Espíritu de Jesús

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

Este pan compartido entre todos y engrandecido por el amor divino deja realmente satisfechos a los que lo comen. Pero la satisfacción no es porque las tripas hayan dejado de rugir, sino porque los corazones han quedado ensanchados. Por eso este pan, que simboliza el amor fraterno, el de los hijos dignificados de Dios, sobra, sobreabunda y puede dar de comer a muchos más, a todos, a nosotros también, dos mil años después. Ciertamente no nos hace falta un Dios panadero que cubra nuestras necesidades como si de una función se tratara; descubrimos al Padre de Jesucristo que nos da más de lo que necesitamos, cuyo amor no solo nos llena sino que ante todo nos desborda.

ORACIÓN FINAL

Oh Dios, protector de los que en ti esperan, sin ti nada es fuerte ni santo; multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros, que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro señor Jesucristo. Amén.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco FANO



Imagen para colorear.

 



lunes, 15 de julio de 2024

21 DE JULIO: XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

 


“Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma”.

DOMINGO 21 DE JULIO

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

1ª Lectura: Jeremías 23,1-6

Reuniré el resto de mis ovejas y les pondré pastores.

Salmo 22: “el Señor es mi pastor, nada me falta”.

2ª Lectura: Efesios 2,13-18

Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa.

PALABRA DEL DÍA

Marcos 6,30-34

“En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: -venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco. Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, vio Jesús un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

El les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.

Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto.

Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.

Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.”

REFLEXIÓN

El Evangelio nos presenta a los Doce que comparten con Jesús la misma misión: anunciar y curar. Cumplida su misión, se reagrupan en torno a él para hacer un balance de lo realizado. Jesús les invita a descansar: “No tenían tiempo ni para comer”. Lo importante y prioritario en la tarea pastoral es cuidar al pastor.

Jesús ante el acoso del pueblo, les propone descansar en un lugar solitario, solos. Pero, al llegar al lugar que creían solitario, se encuentran con una gran muchedumbre. Jesús se da cuenta de la situación del pueblo y esto le provoca el mismo sentimiento que tuvo al encontrarse con el leproso; es la reacción propia del amor tierno ante la miseria y la degradación de la gente. Sentimiento que en el antiguo testamento se atribuye a Dios. Lo que conmueve a Jesús es que la multitud estaba como ovejas sin pastor, desorientada por el abandono de los dirigentes, Jesús asume el papel del buen Pastor. “Como Ovejas sin pastor”.

Es una imagen clásica en el Antiguo Testamento. En una cultura en que la ganadería era el principal medio de sustento, todos sabían perfectamente lo que se estaba insinuando con la imagen del pastor.

Siguiendo la primera lectura, Jesús hace una crítica a los dirigentes que, en vez de cuidar de las ovejas, las utilizan en beneficio propio. Siempre ha pasado lo mismo. Nunca han faltado pastores, pero han sido tantas las ofertas y hechas con tanta persuasión, que el pueblo se ha sentido indefenso ante las ofertas más disparatadas.

“Le dio lástima de ellos”. Una manera entrañable de decir lo que a Jesús le importaba la gente. La ‘compasión’ sería una manera más adecuada de expresar el amor, superando los malentendidos que la palabra ‘lástima’ puede comportar. Podemos sentir lástima de una persona, pero no mover un dedo para sacarle de la lastimosa situación.

En todos los tiempos podemos constatar que ni los políticos ni los eclesiásticos tienen en cuenta al pueblo a la hora de tomar sus decisiones. Lo que mueve siempre a los dirigentes, es el interés personal, disfrazado de una preocupación por la institución correspondiente.

“Y se puso a enseñarles con calma”. Una manera muy sutil de decir que por encima de los planes de Jesús, está la necesidad de la gente.

Hoy quizás nos encontremos igual, abandonados por nuestros dirigentes, tanto políticos, que su misión es representarnos y defendernos, como religiosos, que su misión es no perder nunca la capacidad de la denuncia profética a tiempo y a destiempo.

Encontrar ratos de descanso, saber descansar, se nos presenta como una necesidad vital. Hay que saber descansar, ya que el cansancio que más nos está afectando es un tipo de cansancio mucho más hondo que el físico; es un cansancio existencial, que consiste en realizar actividades sin saber “por qué”, ni “para qué”, ni sus consecuencias; es un vivir vacío, sin sentido. Descansar es saber para vivir, reír, ser, compartir, querer… Pero no es nada fácil descansar. Los problemas nos absorben y perdemos horizontes y visión. Estamos rodeados de mucho ruido fuera y dentro de nosotros, que nos incapacita para reflexionar y contemplar. Por eso, es preciso que tomemos distancia para conseguir tener calma, para que miremos con objetividad todo lo que sucede a nuestro alrededor. Descansar es disfrutar de manera sencilla, cordial, entrañable, del regalo de la existencia; es hacer las paces en nuestro interior, reencontrarnos con lo mejor de nosotros mismos y posibilitar que reaparezca la capacidad de saber mirar y observar, es lo que se llama “contemplación", a fin de descubrir toda esa vida rica que no se ve, pero que está ahí.



ENTRA EN TU INTERIOR

COMO OVEJAS SIN PASTOR

Los discípulos, enviados por Jesús para anunciar su Evangelio, vuelven entusiasmados. Les falta tiempo para contar a su Maestro todo lo que han hecho y enseñado. Al parecer, Jesús quiere escucharlos con calma y los invita a retirarse «ellos solos a un sitio tranquilo a descansar un poco».

La gente les estropea todo su plan. De todas las aldeas corren a buscarlos. Ya no es posible aquella reunión tranquila que había proyectado Jesús a solas con sus discípulos más cercanos. Para cuando llegan al lugar, la muchedumbre lo ha invadido todo. ¿Cómo reaccionará Jesús?

El evangelista describe con detalle su actitud. A Jesús nunca le estorba la gente. Fija su mirada en la multitud. Sabe mirar, no sólo a las personas concretas y cercanas, sino también a esa masa de gente formada por hombres y mujeres sin voz, sin rostro y sin importancia especial. Enseguida se despierta en él la compasión. No lo puede evitar. «Le dio lástima de ellos». Los lleva a todos muy dentro de su corazón.

Nunca los abandonará. Los «ve como ovejas sin pastor»: gentes sin guías para descubrir el camino, sin profetas para escuchar la voz de Dios. Por eso, «se puso a enseñarles con calma», dedicándoles tiempo y atención para alimentarlos con su Palabra curadora.

Un día tendremos que revisar ante Jesús, nuestro único Señor, cómo miramos y tratamos a esas muchedumbres que se nos están marchando poco a poco de la Iglesia, tal vez porque no escuchan entre nosotros su Evangelio y porque ya no les dicen nada nuestros discursos, comunicados y declaraciones.

Personas sencillas y buenas a las que estamos decepcionando porque no ven en nosotros la compasión de Jesús. Creyentes que no saben a quién acudir ni qué caminos seguir para encontrarse con un Dios más humano que el que perciben entre nosotros. Cristianos que se callan porque saben que su palabra no será tenida en cuenta por nadie importante en la Iglesia.

Un día el rostro de esta Iglesia cambiará. Aprenderá a actuar con más compasión; se olvidará de sus propios discursos y se pondrá a escuchar el sufrimiento de la gente. Jesús tiene fuerza para transformar nuestros corazones y renovar nuestras comunidades.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR  

Jesucristo es el único y verdadero pastor. A los demás se les llama pastores del pueblo en cuanto que le representan o mejor transparentan sus rasgos. Un rasgo a representar es la “compasión”, ser capaz de compartir los sentimientos de los hermanos. Pues esto significa el término “compasión”: abrazar con todas tus fuerzas y con toda tu vida los sentimientos o la situación del otro, hasta el punto de hacerlos tuyos; sintonizar con la pena, el dolor o miseria ajenas. Es lo que dice san Pablo: “con los que ríen, estad alegres; con, los que lloran, llorad… No tengáis grandes pretensiones, sino poneos al nivel de la gente sencilla”. Esta cercanía vivencial y acogida cordial y compasiva es tan fundamental y tan prioritaria que pide interrumpir el descanso y acercarse con calma a escuchar y compartir la situación de necesidad del otro. Así es como actuó Jesús, el verdadero pastor.

ORACIÓN FINAL

Muéstrate propicio a tu pueblo, Señor, y a quienes has iniciado en los misterios del reino concédeles abandonar el pecado y pasar a una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imagen de Patxi Velasco FANO


domingo, 7 de julio de 2024

14 DE JULIO: XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

 


“En aquel tiempo, llamó Jesús a los doce y los fue enviando de dos en dos,

dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos.”

14 DE JULIO

XV DOMINGO ORDINARIO (CICLO B)

1ª Lectura: Amós 7,12-15

Ve y profetiza a mi pueblo.

Salmo 84: “Muéstranos, Señor tu misericordia y danos tu salvación”.

2ª Lectura: Efesios 1,3-14

Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo.

PALABRA DEL DÍA

Marcos 6,7-13

“En aquel tiempo, llamó Jesús a los doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: -Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa. Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios.

“Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros.

Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero;

que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas.

Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir.

Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos".

Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión;

expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.”

REFLEXIÓN

 El evangelio de hoy tiene relación con Marcos 3,14. Jesús instituye en primer lugar el grupo de los Doce con un determinado fin (estar con Él, enviarlos a predicar y expulsar demonios) y en un segundo momento se produce el envío propiamente dicho. Su misión va a tener éxito, puesto que el final del texto refiere que, en efecto, los discípulos enseñan, sanan y liberan. Ahora bien, ¿por qué este éxito? Vamos a dirigir nuestra mirada hacia las instrucciones. Jesús les dice que tomen únicamente un bastón y sandalias, e insiste en lo que no van a necesitar. Esto no puede sino sorprender, ya que, cuando se prepara un viaje, lo primero en lo que se piensa es en lo que hay que coger. Es una manera de decir que lo verdaderamente necesario ya lo tienen: haber sido elegidos y enviados por Jesús, y haber recibido (y gratis) su misma autoridad y poder sobre el mal y el sufrimiento. El resto de las cosas son secundarias.

Mirad, la tentación de cualquier creyente no es tanto el ateísmo o la indiferencia ante lo religioso, como la de hacerse un dios a su medida, a la medida de sus gustos y comodidades. La tentación de cualquier religión no es desaparecer sino caer atrapada en las redes del poder, en los criterios de normalidad cultural, del pensamiento imperante, el ser manejada.

Dios despierta, por medio de su Espíritu, vocaciones, carismas y servicios. Eso que, habitualmente, llamamos pasión por algo. La vocación de profeta, como todas, podía ser una salida profesional retribuida, o podía ser una vida dura que, por la oposición de algunos, exigía vivir con esfuerzo.

Si el profeta era fiel a Dios, una parte reaccionaba con ira. Si decía lo que halagaba los oídos, se notaba demasiado su cobardía, era despreciado. ¿Quién querrá asumir una tarea así?

Amós, en medio de la sencillez de su vida: “…soy pastor y cultivador de higos”, siente y escucha la llamada de Dios. Como Jeremías, como otros, no se había planteado esa posibilidad, pero recibe la invitación y responde que sí. Desde entonces su vida es otra. Apasionante y comprometida. Intensa: “El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel”.

Tener vocación es escuchar en lo más profundo de tu interior, donde la propia personalidad se entiende como distinta, la invitación pronunciada con un: ¡Ve! Una expresión entre seductora y exigente. Algo que se intuye como prometedor y desafiante reto, atractivo e inquietante, pero sin lo que ya no se entiende la propia vida. Los que hemos experimentado esta llamada, y con tremendo miedo, hemos dicho como Samuel: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Lo sabemos, como muchos de vosotros.

Porque, es sentir que algo merece la pena, no porque hay una recompensa económica detrás, no porque sea fácil su ejecución, sino porque la propuesta es interesante, engancha, es una propuesta que ya ejerce la misma presión que un caramelo en un niño. Hermana, hermano, nuestra comunidad, en cada Eucaristía que celebramos nos transmite esa misma invitación: ¡Id!

Pero, mira, no vas de vacaciones, no prepares nada, sólo déjate preparar por Dios, ve libre, sin ataduras, confiando en la hospitalidad y en el corazón grande y solidario de las gentes que te encuentres en tu camino. Deja todos los “por si acaso”. Eres peregrino, y el peregrino mete en su mochila lo imprescindible, lo demás va a dificultar su camino.

Son muchas las cosas que pueden atarnos, muchos los señuelos que nos pondrán en el camino, pero la llamada que Jesús nos dirige tiene las mismas connotaciones que las dirigidas a Amós, Pablo, Pedro y tantos, a lo largo de la historia. Nos quiere libres, así Pablo se lo manifiesta a los cristianos de Galacia: “Para que seáis libres, os liberó Cristo, vosotros estáis llamados a la libertad…



ENTRA Y ORA EN TU INTERIOR

PARA UN EXAMEN COLECTIVO

Jesús no envía a sus discípulos de cualquier manera. Para colaborar en su proyecto del reino de Dios y prolongar su misión es necesario cuidar un estilo de vida. Si no es así, podrán hacer muchas cosas, pero no introducirán en el mundo su espíritu. Marcos nos recuerda algunas recomendaciones de Jesús. Destacamos algunas.

En primer lugar, ¿quiénes son ellos para actuar en nombre de Jesús? ¿cuál es su autoridad? Según Marcos, al enviarlos, Jesús «les da autoridad sobre los espíritus inmundos». No les da poder sobre las personas que irán encontrando en su camino. Tampoco él ha utilizado su poder para gobernar sino para curar.

Como siempre, Jesús está pensando en un mundo más sano, liberado de las fuerzas malignas que esclavizan y deshumanizan al ser humano. Sus discípulos introducirán entre las gentes su fuerza sanadora. Se abrirán paso en la sociedad, no utilizando un poder sobre las personas, sino humanizando la vida, aliviando el sufrimiento de las gentes, haciendo crecer la libertad y la fraternidad.

Llevarán sólo «bastón» y «sandalias». Jesús los imagina como caminantes. Nunca instalados. Siempre de camino. No atados a nada ni a nadie. Sólo con lo imprescindible. Con esa agilidad que tenía Jesús para hacerse presente allí donde alguien lo necesitaba. El báculo de Jesús no es para mandar, sino para caminar.

No llevarán «ni pan, ni alforja, ni dinero». No han de vivir obsesionados por su propia seguridad. Llevan consigo algo más importante: el Espíritu de Jesús, su Palabra y su Autoridad para humanizar la vida de las gentes. Curiosamente, Jesús no está pensando en lo que han de llevar para ser eficaces, sino en lo que no han de llevar. No sea que un día se olviden de los pobres y vivan encerrados en su propio bienestar.

Tampoco llevarán «túnica de repuesto». Vestirán con la sencillez de los pobres. No llevarán vestiduras sagradas como los sacerdotes del Templo. Tampoco vestirán como el Bautista en la soledad del desierto. Serán profetas en medio de la gente. Su vida será signo de la cercanía de Dios a todos, sobre todo, a los más necesitados.

¿Nos atreveremos algún día a hacer en el seno de la Iglesia un examen colectivo para dejarnos iluminar por Jesús y ver cómo nos hemos ido alejando sin darnos casi cuenta de su espíritu?

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

La tentación, de utilizar a Dios como escudo para nuestros inconvenientes, es grande. Eso nos lleva a deformar su imagen de Padre y hacerla parecer a lo que deseamos. Pero en el Dios cristiano hay una palabra clave, confianza, confiar en un Dios que es Padre, que es Hijo, que es Espíritu, que es Comunidad y Familia que son dos de los grandes dones que nos regala.

Hermana, hermano, es muy fácil ser religioso al estilo de lo que cada uno quiere. Es muy fácil construirse ídolos, falsos dioses que nos encantan porque responden a nuestros gustos, cómodo y facilón. La fe religiosa siempre necesita preguntarse sobre sí misma, ser sincera, crítica, honesta, adulta y madura. Eso requiere un proceso y la ayuda de la comunidad en la que siempre hay profetas.

ORACIÓN FINAL

¡Qué mejor oración, que este himno cristológico de Pablo a la comunidad de Éfeso!.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imagen de Patxi Velasco FANO


 



domingo, 30 de junio de 2024

7 DE JULIO: XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

 


“No desprecian a un profeta más que en su tierra,

entre sus parientes y en su casa.”

7 DE JULIO

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

1ª Lectura: Ezequiel 2,2-5

Esta raza rebelde sabrá que hay un profeta en medio de ellos.

Salmo: 122

“Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.

2ª Lectura: 2ª Corintios 12,7-10

Me glorío de mis debilidades, para que se manifieste en mí el poder de Cristo.

PALABRA DEL DÍA

MARCOS 6.1-6

“En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: - ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí? Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: -No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa. No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios.

“Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos.

Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?

¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.

Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa".

Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.

Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.”

REFLEXIÓN

Son impresionantes los relatos bíblicos de la vocación de los profetas, y en este domingo 14 Ordinario, tenemos, en la primera lectura, la llamada a Ezequiel. El profeta recibe directamente de Dios un mensaje a través del Espíritu que le invade. Esta presencia del Espíritu en el texto se debe probablemente a que en Ezequiel está especialmente vivo el aspecto de la trascendencia divina. A Dios nadie le puede ver el rostro (Ex 33,20) y se comunica con los hombres y mujeres a través de diferentes medios como, por ejemplo, su Espíritu. Es una teología propia de Ezequiel, que, a pesar de separar de la esfera humana de algún modo a Dios, tiene una virtud: al subrayar la distancia que existe entre la esperanza y posibilidades humanas, y la voluntad y el poder de Dios, suscita confianza.

Al contrario que Jeremías e Isaías, Ezequiel no opone resistencia, lo mismo que Pablo en esta segunda parte de la segunda Corintios, una fuerte crisis azota a la comunidad. La autoridad de Pablo es fuertemente cuestionada por unos adversarios del apóstol, y esto amenaza la fe de los corintios y su modo de vida según el evangelio que les había predicado. Pablo, se defiende reconociendo justo aquello que pone de manifiesto su debilidad, pero hay unas maravillosas palabras, que sirven para tu vida y la mía, cuando no puedes con los problemas y las dificultades que la vida te da a diario: -TE BASTA MI GRACIA; LA FUERZA SE REALIZA EN LA DEBILIDAD-. Estas palabras, deberían animarnos a testificar a Cristo como “el Verbo que existía desde el principio”.

Los seguidores y las seguidoras de Jesús de Nazaret somos unos afortunados, mejor, unos agraciados por habernos encontrado con Él, haber escuchado su llamada y haber dispuesto de muchas oportunidades para seguirlo, continuando su misión sanadora en el mundo.

Esta misión no es otra que conseguir que todas las mujeres y todos los hombres seamos cada día un poco más libres y, en consecuencia, más felices. Esto no fue sencillo ni fácil para Jesús y por eso tampoco lo es para nosotros.

Los profetas son personas, hombres y mujeres que, escuchando lo que sucede a su alrededor y cómo eso está afectando no solo a la vida individual sino también a la vida colectiva, la de todas las personas, reflexionan, deciden y actúan con otros de cara a lo que puede ser mejor para todos.

Jesús “se extrañó de su falta de fe” en su tierra, en aquellos que Él tan bien conocía desde siempre, por eso, denuncia lo que hay, lo que está sucediendo a su alrededor (las personas que más lo están sufriendo) y anuncia –sana- que esto se puede cambiar.



ENTRA EN TU INTERIOR

NO DESPRECIAR AL PROFETA

El relato no deja de ser sorprendente. Jesús fue rechazado precisamente en su propio pueblo, entre aquellos que creían conocerlo mejor que nadie. Llega a Nazaret, acompañado de sus discípulos, y nadie sale a su encuentro, como sucede a veces en otros lugares. Tampoco le presentan a los enfermos de la aldea para que los cure.

Su presencia solo despierta en ellos asombro. No saben quién le ha podido enseñar un mensaje tan lleno de sabiduría. Tampoco se explican de dónde proviene la fuerza curadora de sus manos. Lo único que saben es que Jesús era un trabajador nacido en una familia de su aldea. Todo lo demás «les resulta escandaloso».

Jesús se siente «despreciado»: los suyos no le aceptan como portador del mensaje y de la salvación de Dios. Se han hecho una idea de su vecino Jesús y se resisten a abrirse al misterio que se encierra en su persona. Jesús les recuerda un refrán que, probablemente, conocen todos: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y  en su casa».

Al mismo tiempo, Jesús «se extraña de su falta de fe». Es la primera vez que experimenta un rechazo colectivo, no de los dirigentes religiosos, sino de todo su pueblo. No se esperaba esto de los suyos. Su incredulidad llega incluso a bloquear su capacidad de curar: «no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos».

Marcos no narra este episodio para satisfacer la curiosidad de sus lectores, sino para advertir a las comunidades cristianas que Jesús puede ser rechazado precisamente por quienes creen conocerlo mejor: los que se encierran en sus ideas preconcebidas sin abrirse ni a la novedad de su mensaje ni al misterio de su persona.

¿Cómo estamos acogiendo a Jesús los que nos creemos «suyos»? En medio de un mundo que se ha hecho adulto, ¿no es nuestra fe demasiado infantil y superficial? ¿no vivimos demasiado indiferentes a la novedad revolucionaria de su mensaje? ¿no es extraña nuestra falta de fe en su fuerza transformadora? ¿no tenemos el riesgo de apagar su Espíritu y despreciar su Profecía?

Ésta la preocupación de Pablo de Tarso: «No apaguéis el Espíritu, no despreciéis el don de Profecía. Revisadlo todo y quedaos sólo con lo bueno» (1 tesalonicenses 5, 19-21). ¿No necesitamos algo de esto los cristianos de nuestros días?

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

Nunca debemos conformarnos con las cosas por el mero hecho de que son como las hemos conocido toda la vida; siempre se pueden mejorar para ayudar a las personas que las estemos viviendo en este tiempo. Por ejemplo, el ejercicio de la autoridad a todos los niveles; la forma y el tiempo de trabajo remunerado y la dedicación al trabajo creativo y solidario con personas y colectivos más desfavorecidos, etc. Siempre debemos procurar dejar las cosas mejor que nos las hemos encontrado.

ORACIÓN FINAL

Al tocar la luz del día de mis ojos, Señor, mi corazón se levanta hacia ti en busca de tu mirada.

Escucha las palabras de quien siente la vida de nuevo, y estate atento, Señor: sé cercano a mi mano abierta.

Da respuesta a mi pregunta, ayúdame en mi inquietud.

Tú que eres mi Señor, y mi Dios en quien yo confío.

A ti abro mi ser, mis ganas de vivir; de mañana, en tus manos pongo mis miedos; de mañana, en tus ojos pongo la pureza y sinceridad de mi búsqueda; de mañana, en tu camino quiero dirigir mis pasos.

Oye mi voz, Señor, tú que eres bueno, y alienta mi vida que busca en ti luz y calor.

 (Página central hoja dominical “Eucaristía”)

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco FANO

 


Imagen para colorear.



lunes, 24 de junio de 2024

30 DE JUNIO: XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

 


"¿Que estrépito y que lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida"

30 DE JUNIO

XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

1ª Lectura: Sabiduría 1,13-15; 2,23-24

La muerte entró en el mundo por la envidia del diablo.

Salmo 29

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

2ª Lectura: 2ª Corintios 8,7.9.13-15

Vuestra abundancia remedia la falta que tienen los hermanos pobres.

EVANGELIO

Marcos 5,21-43

“En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se le acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: -Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva. Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con solo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: -¿Quién me ha tocado el manto? Los discípulos le contestaron: -Ves como te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”. Él seguía mirando alrededor, para ver quien había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: -Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud. Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: -Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro? Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: -No temas; basta que tengas fe. No permitió que le acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: -¿Qué estrépitos y qué lloros son estos? La niña no está muerta está dormida. Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: -Talitha qumi”(que significa: “contigo hablo, niña, levántate”). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar, tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios.

“Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.

Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies,

rogándole con insistencia: "Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva".

Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.

Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias.

Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.

Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto,

porque pensaba: "Con sólo tocar su manto quedaré curada".

Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.

Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?".

Sus discípulos le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?".

Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.

Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.

Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad".

Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: "Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?".

Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas".

Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago,

fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.

Al entrar, les dijo: "¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme".

Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba.

La tomó de la mano y le dijo: "Talitá kum", que significa: "¡Niña, yo te lo ordeno, levántate”!

En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro,

y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.”

REFLEXIÓN

Goethe decía: “El milagro, es el niño preferido de la fe”. Por eso Jesús no hacía milagros por puro lucimiento, por fama, por poder o prestigio y mucho menos donde faltaba la fe. La coletilla que acompañaba siempre al milagro era como las del evangelio de hoy, a la mujer que padecía flujos de sangre: “Hija, tu fe te ha salvado”. A Jairo, el jefe de la sinagoga: “No temas; basta que tengas fe”.

 La fama de Jesús no tardó en extenderse. Sus palabras sorprendían. Sus prodigios eran comentados. Su perdón no dejaba a nadie indiferente. Su mirada sorprendía, porque miraba amando.  Muy pronto se convirtió en alguien especial que era buscado, esperado y requerido para sanar y cambiar la realidad de sufrimiento que vivían muchas personas: “Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva”. Quien le tocaba quedaba curado. Quien le escuchaba quedaba transformado. Quien le seguía descubría un horizonte nuevo de vida.

El Evangelio nos enseña a “tocar la realidad” a entrar en contacto con las personas y las situaciones que viven. Tocar la realidad es sentir que el otro me pertenece, que su vida forma parte de la mía, que su dolor me duele. Un mensaje que supera la solidaridad para convertirse en auténtica experiencia fraterna. Tocar la realidad nos transforma y nos salva.

La voluntad de Dios es la vida de las personas: “Yo he venido para que tengáis vida y la tengáis en plenitud”. Su alegría es nuestro bien. Dios apuesta ilimitadamente por nosotros, por nuestro bien y por el bien de todo el mundo. Su proyecto de amor lo vemos en la actividad sanadora de Jesús y en su entrega apasionada y absoluta por cada persona. La alegría y la voluntad de Dios es la felicidad de todos y cada uno de sus hijos.



ENTRA EN TU INTERIOR.

HERIDAS SECRETAS      

No conocemos su nombre. Es una mujer insignificante, perdida en medio del gentío que sigue a Jesús. No se atreve a hablar con él como Jairo, el jefe de la sinagoga, que ha conseguido que Jesús se dirija hacia su casa. Ella no podrá tener nunca esa suerte.

Nadie sabe que es una mujer marcada por una enfermedad secreta. Los maestros de la Ley le han enseñado a mirarse como una mujer «impura», mientras tenga pérdidas de sangre. Se ha pasado muchos años buscando un curador, pero nadie ha logrado sanarla. ¿Dónde podrá encontrar la salud que necesita para vivir con dignidad?

Muchas personas viven entre nosotros experiencias parecidas. Humilladas por heridas secretas que nadie conoce, sin fuerzas para confiar a alguien su «enfermedad», buscan ayuda, paz y consuelo sin saber dónde encontrarlos. Se sienten culpables cuando muchas veces sólo son víctimas.

Personas buenas que se sienten indignas de  acercarse a recibir a Cristo en la comunión; cristianos piadosos que han vivido sufriendo de manera insana porque se les enseñó a ver como sucio, humillante y pecaminoso todo lo relacionado con el sexo; creyentes que, al final de su vida, no saben cómo romper la cadena de confesiones y comuniones supuestamente sacrílegas... ¿No podrán conocer nunca la paz?

Según el relato, la mujer enferma «oye hablar de Jesús» e intuye que está ante alguien que puede arrancar la «impureza» de su cuerpo y de su vida entera. Jesús no habla de dignidad o indignidad. Su mensaje habla de amor. Su persona irradia fuerza curadora.

La mujer busca su propio camino para encontrarse con Jesús. No se siente con fuerzas para mirarle a los ojos: se acercará por detrás. Le da vergüenza hablarle de su enfermedad: actuará calladamente. No puede tocarlo físicamente: le tocará solo el manto. No importa. No importa nada. Para sentirse limpia basta esa confianza grande en Jesús.

Lo dice él mismo. Esta mujer no se ha de avergonzar ante nadie. Lo que ha hecho no es malo. Es un gesto de fe. Jesús tiene sus caminos para curar heridas secretas, y decir a quienes lo buscan: «Hija, hijo, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud».

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

La generosidad es la distinción del creyente. Es la actitud de aquel que ha sentido el amor y la entrega de Jesucristo. Es la actividad de toda la comunidad cristiana, la Iglesia, que se desvive por los favoritos del Evangelio: los necesitados. La generosidad, la solidaridad y el trabajo por la justicia es participación del plan salvador de Dios que sigue actuando hoy. La Iglesia es sacramento de Dios, testimonio de vida, y apuesta por todos. Trabajar por la vida de las personas y hacer presente hoy, con todos, la salvación de Dios. Igualar la realidad para que nadie quede postrado. Compartir los recursos y ayudar a levantar a quien la historia, la vida o el entorno ha dejado por los suelos. En definitiva, repetir lo que hizo Jesucristo.

Dios transforma todo lo que toca. Él quiere la vida y la felicidad de sus Hijos. Nosotros sentimos que nos ama y nos desea. Nuestra respuesta es una vida que piensa en el prójimo y que apuesta por un mundo donde nadie pase necesidad. Aún queda mucho por hacer, pero juntos podemos hacerlo posible.

ORACIÓN FINAL

Oh Padre, reconocemos que tú has creado todo para la vida: has puesto en nosotros el germen divino de tu creación fecunda. A los esposos, has concedido experimentarlo en el engendramiento de los hijos; a quienes se consagran a tu amor les has entregado la bendición para los pobres de la tierra; a los sacerdotes, el poder del cuerpo roto y de la sangre derramada de tu Hijo. Te pedimos hoy, Señor, que nos hagas una sola cosa en el amor, para que podamos alimentar en la mesa de la eucaristía todo lo que somos: nuestra mente, con el recuerdo de tu vida entregada en la cruz; nuestro corazón, dilatado por tu amor por cada mujer y cada hombre; nuestro cuerpo, consumido por la impaciencia de la caridad activa.

Y, transformados de este modo, día tras día, a la medida de tu Hijo sacrificado, podremos saborear la bondad infinita de la vida.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imagen de Patxi Velasco FANO

 

Imagen para colorear.