“YO SOY EL PAN VIVO QUE HA BAJADO DEL CIELO: EL QUE COMA DE ESTE PAN VIVIRÁ PARA SIEMPRE. Y EL PAN QUE YO DARÉ ES MI CARNE, PARA LA VIDA DEL MUNDO” (Jn. 6,51). Para tener vida dentro de nosotros necesitamos alimentarnos de Jesús, Palabra hecha Pan, nutrirnos de su aliento vital, interiorizar sus actitudes y sus criterios de vida. Este es el secreto y la fuerza de la Eucaristía. Entra, aliméntate de Pan y de Palabra y compártelo.
domingo, 4 de junio de 2017
jueves, 25 de mayo de 2017
4 DE JUNIO: PASCUA DE PENTECOSTÉS.
“Recibid el Espíritu Santo; a quienes les
perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les
quedan retenidos”.
4 DE
JUNIO
DOMINGO
DE PENTECOSTÉS
(DÍA DE
LA ACCIÓN CATÓLICA Y DEL APOSTOLADO SEGLAR)
1ª
Lectura: Hechos 2,1-11
Salmo 103
Envía tu
Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
2ª
Lectura: 1 Corintios 12,3b-7.12-13
Hemos
sido bautizados en un mismo espíritu.
PALABRA
DEL DÍA
Juan
20,19-23
“Al anochecer de aquel
día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las
puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en
medio y les dijo: “Paz a vosotros” Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el
costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
“Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Y,
dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: “recibid el Espíritu
Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se
los retengáis, les quedan retenidos”.
Versión
para América Latina, extraída de la biblia del Pueblo de Dios
“Al atardecer de ese
mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar
donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose
en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Mientras decía esto,
les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando
vieron al Señor.
Jesús les dijo de
nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también
los envío a ustedes".
Al decirles esto, sopló
sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán
perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que
ustedes se los retengan".
REFLEXIÓN
El Espíritu Santo es como el Soplo de Dios. En hebreo
Ruah significa a la vez espíritu y soplo o viento; también en griego: Pneuma
Parece que el soplo, el aliento, el viento es algo más espiritual, porque no se
ve, pero se siente su vitalidad y su fuerza. Hay realidades que están más allá
o más adentro de nuestra perspectiva.
El mismo Jesús compara el Espíritu a lo que sucede con el viento: “El
viento sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a
dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu, le dice Jesús a Nicodemo. No
vemos el Espíritu, pero oímos su voz. No sabemos definir bien el Espíritu, pero
experimentamos su dinamismo creador, vivificante. Nos resulta imposible
explicar, siquiera analógicamente, el origen y la misma identidad del Espíritu,
pero sentimos su presencia y palpamos la multiplicidad de sus actuaciones y sus
efectos. Por eso las mejores definiciones del Espíritu son descriptivas o
simbólicas.
Pero este Aliento actúa desde dentro, oxigenando nuestras
neuronas, vitalizando nuestras células, como la savia de todo el organismo. No
es una fuerza externa que nos obligue y nos conduzca. Es un dinamismo íntimo
que nos hace ser y crecer.
El aliento que Jesús transmite a los suyos, es el mismo
Espíritu en persona: Recibid el Espíritu Santo. No reciben solamente una
iluminación, una consolación, una fuerza, un don, reciben todo el Espíritu
Santo, la fuente de todas las gracias y el tesoro que encierra todos los dones.
No reciben una parte del Espíritu, sino todo el Espíritu.
La misión del Espíritu es llenarnos de la Vida de Jesús, asemejarnos a
Cristo en todo. Él nos habla de Cristo. Él va pintando en nosotros la imagen de
Cristo. Él nos recrea con la misma “genética” de Cristo.
Donde hay Espíritu no hay miedo. Cuando llega el Espíritu
se abren las puertas cerradas, se habla claro y bonito, se dicen las verdades
delante de todos los públicos. Eso sí, con respeto y con misericordia, sin
amenazas ni insultos.
Donde hay Espíritu hay libertad. El Espíritu está reñido
con la esclavitud, sea interior –todo lo que te ata-, sea exterior, por
condicionamientos de cualquier tipo. El que tiene el Espíritu respeta, pero no
se doblega ante nada ni ante nadie; no adora a los poderosos o a los líderes o
a los sabios o al dinero o al ambiente cultural y social… Sólo adora a Dios.
Donde hay Espíritu hay fortaleza y paciencia. Se asume la
persecución, la cárcel, los azotes. El Espíritu conforta y consuela en la
lucha, en la enfermedad, en la humillación. El Espíritu es el que unge a los
mártires y a cuantos sufren por la fe y por el amor.
Donde hay Espíritu hay generosidad. El Espíritu es Don y
capacidad de donar. El Espíritu no es posesivo, sino comunicativo. Nada
retiene, libre como el aire. Comparte cuanto es y cuanto tiene. Y siempre desde
la gratuidad, no es interesado, es gracia.
Donde hay Espíritu hay amor. Claro, el Espíritu se define
como el Amor de Dios personalizado. Amor de Dios derramado en nuestros
corazones. En el fondo, cuando hablamos de energía, de fortaleza, de libertad,
de generosidad, estamos hablando de resplandores de una misma realidad, que es
el amor. Desde el amor nos hacemos libres, valientes, pacientes, generosos,
entregados. Desde el Espíritu podemos amar como nos amó Jesucristo.
ENTRA EN
TU INTERIOR
RECIBID EL ESPÍRITU SANTO
Poco a poco, vamos aprendiendo a vivir sin interioridad. Ya no
necesitamos estar en contacto con lo mejor que hay dentro de nosotros. Nos
basta con vivir entretenidos. Nos contentamos con funcionar sin alma y
alimentarnos solo de pan. No queremos exponernos a buscar la verdad. Ven
Espíritu Santo y libéranos del vacío interior. Ya sabemos vivir sin raíces y
sin metas. Nos basta con dejarnos programar desde fuera. Nos movemos y agitamos
sin cesar, pero no sabemos qué queremos ni hacia dónde vamos. Estamos cada vez
mejor informados, pero nos sentimos más perdidos que nunca. Ven Espíritu Santo
y libéranos de la desorientación.
Apenas nos interesan ya las grandes cuestiones de la existencia. No nos
preocupa quedarnos sin luz para enfrentarnos a la vida. Nos hemos hecho más
escépticos pero también más frágiles e inseguros. Queremos ser inteligentes y
lúcidos. ¿Por qué no encontramos sosiego y paz? ¿Por qué nos visita tanto la
tristeza? Ven Espíritu Santo y libéranos de la oscuridad interior.
Queremos vivir más, vivir mejor, vivir más tiempo, pero ¿vivir qué?
Queremos sentirnos bien, sentirnos mejor, pero ¿sentir qué? Buscamos disfrutar
intensamente de la vida, sacarle el máximo jugo, pero no nos contentamos solo
con pasarlo bien. Hacemos lo que nos apetece. Apenas hay prohibiciones ni
terrenos vedados. ¿Por qué queremos algo diferente? Ven Espíritu Santo y
enséñanos a vivir.
Queremos ser libres e independientes, y nos encontramos cada vez más
solos. Necesitamos vivir y nos encerramos en nuestro pequeño mundo, a veces tan
aburrido. Necesitamos sentirnos queridos y no sabemos crear contactos vivos y
amistosos. Al sexo le llamamos “amor” y al placer “felicidad”, pero ¿quién
saciará nuestra sed? Ven Espíritu Santo y enséñanos a amar.
En nuestra vida ya no hay sitio para Dios. Su presencia ha quedado
reprimida o atrofiada dentro de nosotros. Llenos de ruidos por dentro, ya no
podemos escuchar su voz. Volcados en mil deseos y sensaciones, no acertamos a
percibir su cercanía. Sabemos hablar con todos menos con él. Hemos aprendido a
vivir de espaldas al Misterio. Ven Espíritu Santo y enséñanos a creer.
Creyentes y no creyentes, poco creyentes y malos creyentes, así
peregrinamos todos muchas veces por la vida. En la fiesta cristiana del
Espíritu Santo a todos nos dice Jesús lo que un día dijo a sus discípulos
exhalando sobre ellos su aliento: “Recibid el Espíritu Santo”. Ese Espíritu que
sostiene nuestras pobres vidas y alienta nuestra débil fe puede penetrar en
nosotros por caminos que solo él conoce.
ORA EN TU
INTERIOR
Sabemos muy bien que todo lo que somos ha sido un don de Dios y, por eso,
nos queremos dirigir a él con las manos totalmente vacías para acoger sus
dones, los dones del Espíritu.
DON DE LA
SABIDURÍA: Sabemos que Dios nos ha dado una
nueva identidad, nos ha marcado con su Espíritu; por eso pedimos la fuerza
necesaria para ser capaces de vivir sin temor la libertad que supone el hecho
de ser bautizados.
También
queremos ofrecer nuestra capacidad de ir a fondo para descubrir la profundidad
de este misterio, para conocer, madurar y saborear, cada vez más, nuestra fe.
DON DE
ENTENDIMIENTO: Entendemos que Dios nos acoge
siempre, para lo que pase; y por eso pedimos que en la comunidad nos acojamos
también con la misma incondicionalidad.
Queremos ofrecer nuestra espontaneidad y apertura para afrontar cualquier
situación.
DON DE
CONSEJO: No tenemos demasiadas cosas, pero sí
un camino que recorrer, por eso pedimos no ir solos en este camino.
Ofrecemos la voluntad de aprovechar cada etapa de nuestro crecimiento y
maduración en la fe, conscientes de que, en cada momento, Dios nos sale al
encuentro.
DON DE
FORTALEZA: También queremos llegar muy arriba; y
por eso pedimos el apoyo y la ayuda de Dios y de los hermanos, fuertemente
unidos y parando los golpes que nos pueda traer la vida.
DON DE
PIEDAD: También queremos pedir que la
comunidad nos ayude a vivir una espiritualidad firme y sólida, a fin de
escuchar la voz de Dios y poder responder a ella.
Ofrecemos nuestra
necesidad de interiorización, oración y recogimiento, para experimentar
silencios llenos en lugar de palabras vacías.
DON DE
CIENCIA: Queremos pedir también un esfuerzo conjunto para intentar adaptarnos a los signos de los tiempos, para dar respuesta a las necesidades de hoy, fundamentalmente en las verdades de siempre.
DON DE
FIDELIDAD A DIOS: La mano de Dios la encontramos en los
testimonios de la comunidad por esto pedimos que los cristianos seamos siempre
un ejemplo a seguir para todos. Ofrecemos nuestro compromiso y nuestra
fidelidad a Dios intentando siempre, dar una respuesta de fe.
ORACIÓN
“Revestíos de la fuerza que brota del Espíritu y
convertíos en constructores de un mundo nuevo, un mundo diferente, fundado en
la verdad, la justicia, la solidaridad y el amor”. (San Juan Pablo II Papa a los jóvenes, 1991).
Expliquemos
el evangelio a los niños.
Imágenes
de Paxi Velasco (FANO)
domingo, 21 de mayo de 2017
28 DE MAYO: VII DOMINGO DE PASCUA: SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR.
“Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo..."
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo..."
28 DE
MAYO
VII
DOMINGO DE PASCUA
SOLEMNIDAD
DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
1ª
Lectura: Hechos de los Apóstoles 1,1-11
Se fue
elevando a la vista de sus apóstoles.
Salmo 46
Entre
voces de júbilo, Dios asciendo a su trono. Aleluya.
2ª
Lectura: Efesios 1,17-23
Lo hizo sentar
a su derecha en el cielo.
EVANGELIO
DEL DÍA
Mateo
28,16-20
“Los once discípulos fueron a Galilea al monte donde Jesús
los había citado.
Al verlo se postraron ante él, los mismos que habían dudado.
Jesús se acercó y les habló así:
- Se me ha dado plena autoridad en el cielo y en la tierra. Id
y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos para vincularlos al Padre
y al Hijo y al Espíritu Santo y enseñadles a guardar todo lo que os mandé;
mirad que yo estoy con vosotros cada día, hasta el fin de esta edad.”
Versión
para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios.
“En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la
montaña donde Jesús los había citado.
Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos
todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder
en el cielo y en la tierra.
Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos,
bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo
estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo".
REFLEXIÓN
La Ascensión del Señor, quiere significar: cercanía al Padre, igualdad de poder y de gloria.
Pero en vez de Ascensión podríamos hablar de comunión.
Que Jesucristo suba al Padre quiere decir que se abraza en comunión perfecta
con el Padre. El Padre y yo somos uno, decía Jesús. Pero aquí se añade la
dimensión humana del Hijo, que vive también en comunión trinitaria.
En la Ascensión se destaca la glorificación de la
naturaleza humana, divinizada de Jesucristo. El Hijo de Dios se despojó del
manto divino para asumir la humanidad y vivir entre los hombres.
Y ahora, en la Ascensión, el Hijo del Hombre se adorna con el manto de
Dios para vivir eternamente en Él. Lo humano y lo divino se suman, no se
contrarrestan. Dios se ha hecho hombre, el hombre se ha hecho Dios.
La realización plena de este dinamismo se encuentra en
Jesucristo. Pero alcanza de una manera u otra a todos los hombres. Dios se hizo
hombre. Pero el misterio de la encarnación se prolonga indefinidamente.
Dios se hizo hombre en el hijo de María, pero se sigue
haciendo hombre en los pobres, en los enfermos, en todos los que sufren. Se
hace hombre en los hermanos, en todos los que están llamados a ser hermanos.
Dios se humaniza en el amor humano. En los que se
quieren, en los que viven en común, en los que rezan en común, en los que
tienen entrañas de misericordia.
Dios se humaniza en los que creen en Jesús y guardan su
palabra, en los que se dejan guiar por el Espíritu, en los que transforman sus
vidas viviendo en Jesucristo.
Y el hombre se hace Dios. Hay una semilla divina en todo
ser humano, porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Esta semilla debe desarrollarse en plenitud.
Es camino de salir de sí, de no vivir para sí, sino en
relación solidaria, en comunión.
Jesús sube al cielo.
El cielo no es un lugar, sino una manera de estar, otra
manera de ser. El cielo está donde se vive y cuando se vive en amor. El cielo
es experimentar la presencia de Dios.
Hay fuerzas que nos ayudan a llegar al cielo:
• El deseo, hijo del amor y de la
esperanza.
• La oración, que es diálogo y
encuentro, que es apertura a Dios.
• El servicio desinteresado y alegre,
que es un camino directo hacia Dios.
• La pobreza, para aligerar el equipaje.
• El esfuerzo, para poder llegar a la
cima.
• La fortaleza, para superar los caminos
y los momentos oscuros.
• La misericordia, para aprender a
sentir como Dios.
Todo se resume en el amor como nos recuerda la oración litúrgica: “Tú que
por el camino del amor descendiste hasta nosotros, haz que nosotros por el
mismo camino ascendamos hasta ti”.
Alguien dijo que uno no está donde está sino donde ama, donde tiene su
corazón. Así de sencillo, pero así de verdad y así de gratificante.
Uno está más donde anhela, donde piensa, donde sufre, donde suspira,
donde quiere, donde ama.
Y esto que es verdad ahora, es más verdad cuando se vive más en el
Espíritu. Porque el Espíritu, que es amor, está donde ama y donde le aman.
Salimos ganando con la
Ascensión del Señor:
• Porque nos garantiza su presencia:
“ánimo, no temáis…”
• Porque está más dentro de nosotros, en
mayor intimidad.
• Porque puede estar con todos nosotros,
sin limitación de espacio.
• Porque puede estar siempre con
nosotros, sin limitación de tiempo.
• Porque está con nosotros en su
Espíritu, la presencia más lograda y más rica. Es una presencia divina que
acompaña y transforma. Es como si el mismo Cristo viviera en nosotros, hasta
convertirnos en otros Cristos. Presencia dinámica y transformadora.
• Porque está con nosotros en su
Palabra, presencia que se convierte en luz para el camino.
• Porque está con nosotros en el pan
partido y en los sacramentos, presencia real, que acompaña, consuela, fortalece
y alimenta.
• Porque está con nosotros en los
hermanos, en los que le recuerdan y le aman, en los que comulgan, en los que se
unen, en los que se comprometen.
• Porque está con nosotros en los
enfermos, en los pobres y en los que sufren, presencia ardiente, llagas
dolorosas del cuerpo del Señor Jesús.
Jesús está presente en el hombre. ¿Qué tú no lo ves? Es porque te falta
fe y te falta amor. Grita como el ciego de nacimiento: “Señor, que pueda ver,
Señor, que pueda verte”.
ENTRA EN TU
INTERIOR
ESCUELA
DE JESÚS
La situación que se vive hoy en nuestras comunidades cristianas no es
nada fácil. En nuestro corazón de seguidores de Jesús surgen no pocas
preguntas: ¿dónde reafirmar nuestra fe en estos tiempos de crisis religiosa?
¿qué es lo importante en estos momentos? ¿qué hemos de hacer en las comunidades
de Jesús? ¿hacia dónde hemos de orientar nuestros esfuerzos?
Mateo concluye su relato evangélico con una escena de importancia
excepcional. Jesús convoca por última vez a sus discípulos para confiarles su
misión. Son las últimas palabras que escucharán de Jesús: las que han de
orientar su tarea y sostener su fe a lo largo de los siglos.
Siguiendo las indicaciones de las mujeres, los discípulos se reúnen en
Galilea. Allí había comenzado su amistad con Jesús. Allí se habían comprometido
a seguirlo colaborando en su proyecto del reino de Dios. Ahora vienen sin saber
con qué se pueden encontrar. ¿Volverán a verse con Jesús después de su
ejecución?
El encuentro con el Resucitado no es fácil. Al verlo llegar, los
discípulos «se postran» ante él; reconocen en Jesús algo nuevo; quieren creer,
pero «algunos vacilan». El grupo se mueve entre la confianza y la tristeza. Lo
adoran pero no están libres de dudas e inseguridad. Los cristianos de hoy los
entendemos. A nosotros nos sucede lo mismo.
Lo admirable es que Jesús no les reprocha nada. Los conoce desde que los
llamó a seguirlo. Su fe sigue siendo pequeña, pero a pesar de sus dudas y
vacilaciones, confía en ellos. Desde esa fe pequeña y frágil anunciarán su
mensaje en el mundo entero. Así sabrán acoger y comprender a quienes a lo largo
de los siglos vivirán una fe vacilante. Jesús los sostendrá a todos.
La tarea fundamental que les confía es clara: «hacer discípulos» suyos en
todos los pueblos. No les manda propiamente a exponer doctrina, sino a trabajar
para que el mundo haya hombres y mujeres que vivan como discípulos y discípulas
de Jesús. Seguidores que aprendan a vivir como él. Que lo acojan como Maestro y
no dejen nunca de aprender a ser libres, justos, solidarios, constructores de
un mundo más humano.
Mateo entiende la comunidad cristiana como una "escuela de
Jesús". Seremos muchos o pocos. Entre nosotros habrá creyentes convencidos
y creyentes vacilantes. Cada vez será más difícil atender a todo como
quisiéramos. Lo importante será que entre nosotros se pueda aprender a vivir
con el estilo de Jesús. El es nuestro único Maestro. Los demás somos todos
hermanos que nos ayudamos y animamos mutuamente a ser sus discípulos.
José Antonio Pagola
ORA EN TU
INTERIOR
Queda todavía mucho,
muchísimo por hacer. Jesús necesita de todos nosotros. No ha llegado aún el
momento del descanso. Ofrécele al Señor todo lo que puedas: quizá sólo sea una
oración o un dolor o una palabra o un servicio o un gesto de solidaridad y
comunión. Todo vale, con tal de que sea hecho en el Espíritu. Es el momento de
tu compromiso. No podemos quedarnos mirando al cielo cuando hay tanto que hacer
en la tierra. No podemos rezar “venga tu Reino”, si no ponemos nuestro esfuerzo
para que la sociedad cambie. No podemos esperar “un cielo nuevo y una tierra
nueva”, si no hacemos algo por conseguirlo.
Hoy, litúrgicamente, se apaga el cirio que nos ha
iluminado durante toda la cincuentena pascual. Eso significa que cada uno de
nosotros tiene que ser una pequeña antorcha que ilumine y encienda al mundo.
ORACIÓN
Concédenos, Señor, Dios
todopoderoso, rebosar de santa alegría y, gozosos, elevar a ti fervorosas
gracias ya que la ascensión de Cristo, tu Hijo, es también nuestra victoria,
pues a donde llegó él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también
nosotros, que somos su cuerpo.
Expliquemos
el Evangelio a los niños.
Dibujos
de Paxi Velasco (FANO)
SEPTIMA
SEMANA DE PASCUA
“No os dejaré huérfanos: os enviaré el Espíritu”. El discurso de
despedida de Jesús, que leemos en este tiempo de la Ascensión, se hace oración.
Antes de dejar a los suyos, Jesús invoca al Padre por aquellos que ha recibido
de su mano.
Recibirán el Espíritu. La Iglesia va a recibir su
constitución: no ya un código de mandamiento, sino una ley interior
incesantemente reescrita y puesta al día por el Espíritu. De edad en edad, la
Iglesia nacerá del Espíritu y será llamada a reencontrar la fuente de su existencia.
Vivirá del Espíritu, abandonándose a la pasión de amar que la abrasa.
Los discípulos van a recibir el Espíritu. De siglo, la
Iglesia será la caja de resonancia de la Buena Nueva sobre el escenario del
mundo; prefigurará la unión de todas las cosas en el amor al Padre.
“¡No os dejaré huérfanos!”. El Espíritu, que hace a la
Iglesia, es el don pascual del Señor Jesús. Por tanto, no vamos a celebrar
Pentecostés como algo distinto a la Pascua, sino, más bien, como la eclosión de
lo que Jesús ha sembrado venciendo a la muerte. Los cincuenta días del tiempo
de Pascua no habrán sido demasiados para acoger al Espíritu de Cristo, vivo
para siempre.
En este sentido, somos invitados también a hacer un
retiro en el cenáculo esta semana, con María, la madre de Jesús, y los
apóstoles, para pedir la efusión del Espíritu. En el curso, a menudo monótono,
del tiempo, la celebración litúrgica permite que irrumpan los tiempos de Dios,
para que se renueve el gran don pascual. Pedir con insistencia el don del
Espíritu durante esta semana que precede a la fiesta de Pentecostés tiene,
pues, mucho asentido; repetir incansablemente: “Ven, espíritu Santo”, es
profesar en la fe que ciertamente vendrá (nuestra oración no es un grito
insensato), pero que su venida depende necesariamente de nuestra petición y de
nuestra sumisión a él.
En el Cenáculo estaba presente María. Discretamente. Está
con la Iglesia para siempre, como icono de acogida y de fecundidad. En ella, la
Palabra se ha hecho carne por el Espíritu, pues “nada es imposible para Dios”:
también en la Iglesia la Palabra se hará carne de los hombres, por la fuerza
del Espíritu.
domingo, 14 de mayo de 2017
21 DE MAYO: VI DOMINGO DE PASCUA.
“El que acepta mis mandamientos y los guarda,
ése me ama; al que me
ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me
revelaré a él. “
21 DE
MAYO
VI
DOMINGO DE PASCUA
1ª
Lectura: Hechos de los Apóstoles 8,5-8,14-17
Les
impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo
Salmo 65
Las obras
del Señor son admirables.
2ª
Lectura: 1 Pedro 3,15-18
Murió en
su cuerpo y resucitó glorificado
EVANGELIO
DEL DÍA
Juan
14,15-21
“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al
Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la
verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en
cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.
No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no
me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces
sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que
acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi
Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él. “
Versión
para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos.
Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que
esté siempre con ustedes:
el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir,
porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él
permanece con ustedes y estará en ustedes.
No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes.
Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me
verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán.
Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que
ustedes están en mí y yo en ustedes.
El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me
ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a
él".
REFLEXIÓN
“Si me amáis, cumpliréis los mandamientos míos”. Quien no ama a los demás
no puede amar a Jesús, ni a Dios.
Los mandamientos pierden su carácter de imposición; son exigencia interna
del amor. No se trata de una obediencia a normas externas, sino manifestación
de un impulso interior. Si conserva el nombre de “mandamientos” es para
oponerlos a la “Ley”.
En el capítulo anterior había hablado de “el mandamiento nuevo”, uno
solo. Las “exigencias” no son obligaciones impuestas desde fuera, sino
respuesta del amor a las necesidades del hombre en cada caso.
Para Juan, “el pecado del mundo” era uno: la opresión, que después se
manifiesta en toda clase de injusticias.
El “amor” es también único, que se despliega en toda clase de solidaridad y
entrega a los demás.
Cuando Jesús dice que el Padre mandará otro defensor, no está hablando de
una realidad distinta de lo que él es o de lo que es Dios. Está hablando de una
nueva manera de relacionarse con los que le aman, que será mucho más cercana y
efectiva que su presencia física durante su vida terrena.
Primero dice que mandará al Espíritu de la verdad, después que él volverá
para estar con ellos, y por fin que el Padre y él vendrán y se quedarán. Esto
significa que se trata de una realidad múltiple y a la vez una, Dios.
“El Espíritu de la verdad”. Verdad y lealtad, pone la verdad en conexión
con la fidelidad, es decir con el amor.
El Espíritu que es la verdad. Jesús acaba de decir que él era la verdad.
Sobre Dios porque manifiesta su amor. Sobre el hombre porque le descubre la
posibilidad máxima de ser.
“El mundo” es aquí el orden injusto que profesa la mentira, la falsedad.
El mundo propone como valor lo que merma o suprime la vida del hombre. Lo
contrario de Dios.
Los discípulos tienen ya experiencia del Espíritu, pero será mucho mayor
cuando esté en ellos como principio dinámico interno.
El mundo dejará de verme; vosotros, en cambio, me veréis, porque yo tengo
vida y también vosotros la tendréis. La profundidad del mensaje puede dejarnos
en lo superficial de la letra. “Dejará de verme” y “me veréis”, no hace
referencia a la visión física. No se trata de verlo resucitado, sino de
descubrir que sigue dándoles vida.
Esta idea es clave para entender bien la resurrección. El mundo dejará de
verlo, porque hasta ahora sólo lo ha visto corporalmente. Ellos que lo verán de
una manera nueva, lo seguirán viendo y aún con mayor claridad.
Se describe en términos de visión la comunión de vida con él. Los
discípulos participarán de su vida, porque participan de su Espíritu.
“Aquel día experimentaréis que yo estoy identificado con mi Padre,
vosotros conmigo y yo con vosotros”. Esa vida que Jesús les comunica es la
misma Vida de Dios; o mejor, Dios que es Vida. Es una experiencia de unidad e
integración. Es una comunión de ser entre Dios y el hombre. Por eso, al amar
ellos, es el mismo Dios quien ama.
“Uno que me ama cumplirá mi mensaje y mi Padre le demostrará su amor:
vendremos a él y nos quedaremos a vivir con él”. Repite lo ya dicho: Su mensaje
es el del amor al hombre y no el del sometimiento. La presencia de Jesús y Dios
se experimenta como una cercanía interior, no externa.
No será sólo una experiencia interior; el amor manifestado hará visible
esa presencia. La “presencia” sería una característica de los tiempos
mesiánicos (Ez 37,26) (Zac 2,14)
“Os dejo dichas estas cosas mientras vivo con vosotros”. Una vez más se
hace referencia a la partida. Les acaba de exponer el plan de Dios para el
hombre, lo irán comprendiendo poco a poco. Estos textos están escritos a
finales del siglo I.
“El Espíritu Santo, que enviará el Padre por causa mía, él os lo irá
enseñando todo, recordándoos todo lo que yo os he expuesto.” La total comprensión
de lo que les ha dicho, llegará por la ayuda del Espíritu. Esta era la
experiencia de las primeras comunidades.
Mientras el Espíritu no nos separe del mundo, no podemos comprender el
mensaje de Jesús. De ahí tantas conclusiones equivocadas de los discípulos
cuando vivían con Jesús, por esa falta de Experiencia. Será un valedor
interior, a diferencia de Jesús que lo era externo.
Cuando Jesús afirma: “vendremos a él y haremos morada en él”, no quiere
decir que será huésped nuestro, es una realidad mucho más profunda e íntima. Se
trata de la misma realidad que él vivió con relación a Dios.
Jesús vivió una identificación con Dios que no podemos expresar con
palabras. "Yo y el Padre somos uno." A esa misma identificación
estamos llamados nosotros.
Hacernos una cosa con Dios, que es espíritu y que no está en nosotros
como parte alícuota de un todo que soy yo, sino como fundamento de mi ser, sin el
cual nada puede haber de mí.
Esa presencia de Dios en mí no altera para nada mi individualidad. Yo soy
totalmente yo, y totalmente (de) Dios. El vivir esta realidad es lo que
constituye la plenitud del hombre. En esto consiste todo el mensaje de Jesús.
Descubrir y vivir esa presencia es nuestra tarea como cristianos, es decir,
como seguidores de Cristo. Es también el objetivo del hombre, porque todos
estamos llamados a alcanzar esa misma meta.
ENTRA EN
TU INTERIOR
EL
ESPÍRITU DE LA VERDAD
Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y abatidos.
Pronto no lo tendrán con él. ¿Quién podrá llenar su vacío? Hasta ahora ha sido
él quien ha cuidado de ellos, los ha defendido de los escribas y fariseos, ha
sostenido su fe débil y vacilante, les ha ido descubriendo la verdad de Dios y
los ha iniciado en su proyecto humanizador.
Jesús les habla apasionadamente del Espíritu. No los quiere dejar
huérfanos. Él mismo pedirá al Padre que no los abandone, que les dé “otro
defensor” para que “esté siempre con ellos”. Jesús lo llama “el Espíritu de la
verdad”. ¿Qué se esconde en estas palabras de Jesús?
Este “Espíritu de la verdad” no hay que confundirlo con una doctrina.
Esta verdad no hay que buscarla en los libros de los teólogos ni en los
documentos de la jerarquía. Es algo mucho más profundo. Jesús dice que “vive
con nosotros y está en nosotros”. Es aliento, fuerza, luz, amor... que nos
llega del misterio último de Dios. Lo hemos de acoger con corazón sencillo y
confiado.
Este “Espíritu de la verdad” no nos convierte en “propietarios” de la
verdad. No viene para que impongamos a otros nuestra fe ni para que controlemos
su ortodoxia. Viene para no dejarnos huérfanos de Jesús, y nos invita a
abrirnos a su verdad, escuchando, acogiendo y viviendo su Evangelio.
Este “Espíritu de la verdad” no nos hace tampoco “guardianes” de la
verdad, sino testigos. Nuestro quehacer no es disputar, combatir ni derrotar
adversarios, sino vivir la verdad del Evangelio y “amar a Jesús guardando sus
mandatos”.
Este “Espíritu de la verdad” está en el interior de cada uno de nosotros
defendiéndonos de todo lo que nos puede apartar de Jesús. Nos invita abrirnos
con sencillez al misterio de un Dios, Amigo de la vida. Quien busca a este Dios
con honradez y verdad no está lejos de él. Jesús dijo en cierta ocasión: “Todo
el que es de la verdad, escucha mi voz”. Es cierto.
Este “Espíritu de la verdad” nos invita a vivir en la verdad de Jesús en
medio de una sociedad donde con frecuencia a la mentira se le llama estrategia;
a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la injusticia,
orden establecido; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto,
sinceridad...
¿Qué sentido puede tener la Iglesia de Jesús si dejamos que se pierda en
nuestras comunidades el “Espíritu de la verdad”? ¿Quién podrá salvarla del
autoengaño, las desviaciones y la mediocridad generalizada? ¿Quién anunciará la
Buena Noticia de Jesús en una sociedad tan necesitada de aliento y esperanza?
José Antonio Pagola
ORA EN TU
INTERIOR
PETICIONES
DESOÍDAS
Yo había pedido a Dios
poder para ser amado. Y ME HE ENCONTRADO CON EL
AMOR PARA NO NECESITAR SER PODEROSO.
Yo le había pedido la
salud para hacer grandes cosas. Y ME HE ENCONTRADO
CON LA ENFERMEDAD PARA HACERME GRANDE.
Yo le había pedido la
riqueza para ser feliz. Y ME HE ENCONTRADO CON LA
FELICIDAD PARA PODER VIVIR EN LA POBREZA.
Yo le había pedido
leyes para dominar a otros. Y ME HE ENCONTRADO
LIBERTAD PARA LIBERARLOS.
Yo le había pedido
admiradores para estar rodeado de gente. Y ME HE
ENCONTRADO AMIGOS PARA NO ESTAR SOLO.
Yo le había pedido
dinero para comprar cosas. Y ME HE ENCONTRADO
PERSONAS PARA COMPARTIR MI DINERO.
Yo le había pedido
milagros para creer. EL ME HA DADO FE PARA HACER
MILAGROS.
Yo le había pedido una
religión para ganarme el cielo. ÉL SOLO ME HA DADO
SU HIJO PARA ACOMPAÑARME POR LA TIERRA.
Yo le había pedido de
todo para gozar de la vida. ÉL ME HA DADO LA VIDA
PARA QUE GOCE DE TODO.
Yo le había pedido ser
un dios. EL SOLO PUDO HACERME HOMBRE.
José Antonio
García-Monge
ORACIÓN
Dios todopoderoso, concédenos continuar celebrando con
incansable amor estos días de tanta alegría en honor del Señor resucitado, y
que los misterios que hemos venido celebrando se manifiesten siempre en
nuestras obras.
Expliquemos
el Evangelio a los niños.
Imágenes
de Paxi Velasco FANO
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