miércoles, 15 de mayo de 2019

19 DE MAYO: V DOMINGO DE PASCUA.


“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado…”

19 DE MAYO

V DOMINGO DE PASCUA

Contaban a la comunidad cristiana lo que había hecho Dios por medio de ellos.

1ª Lectura: Hechos 14,21-27

Salmo 144

 Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi rey.

2ª Lectura: Apocalipsis: 21,1-5

Dios les enjugará todas sus lágrimas.

PALABRA DEL DÍA

Juan: 13,31-35

“Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: -Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios.

“Cuando Judas salió, Jesús dijo: «Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él.
Por lo tanto, Dios lo va a introducir en su propia Gloria, y lo glorificará muy pronto.
Hijos míos, yo estaré con ustedes por muy poco tiempo. Me buscarán, y como ya dije a los judíos, ahora se lo digo a ustedes: donde yo voy, ustedes no pueden venir.
Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado.
En esto reconocerán todos que son mis discípulos: en que se aman unos a otros.”

REFLEXIÓN

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva”

Es un sueño y una esperanza que viene de muy lejos. Todos los profetas y hombres inspirados, todos los misioneros y testigos, todos los creadores y revolucionarios han buscado ese cielo nuevo y esa tierra nueva.

No nos gusta el pasado. ¡Cuánta corrupción y cuánta barbarie y cuánta maldad! No nos gusta el presente. ¡Cuánta corrupción y cuánto egoísmo! Ayer y hoy, ¡cuánta vejez y cuánta suciedad! Queremos un mundo nuevo, en el que se destierre la violencia; en el que habite la justicia; en el que habrá gozo y alegría por siempre, ya no habrá muerte ni luto ni llanto ni dolor. Un mundo nuevo en el que se restaure el verdadero paraíso, rotos los yugos de los tiranos y las botas estrepitosas, quemados los mantos manchados de sangre y las leyes de la exclusión, corriendo con abundancia los ríos de la paz y de la ciencia, respirando todos un aire de libertad. Un mundo nuevo en el que se defienda al pobre y al desvalido, en el que haya sitio para todos. En el que se impongan las normas y costumbres del respeto, la tolerancia y la solidaridad. Un mundo nuevo en el que el cielo se acerque a la tierra y Dios mismo sea nuestro príncipe y pastor. Entonces este mundo será “la morada de Dios con los hombres”. Dios mismo “acampará entre nosotros” y “enjugará las lágrimas” de todos los ojos.

El mundo nuevo, el Reino o la morada de Dios, ya está aquí. Está en la persona que se renueva, dócil al Espíritu de Jesús, y está en los grupos que se comprometen a favor de los pobres, y está en la sociedad que se esfuerza por ser más justa y solidaria. El mundo nuevo está en todos los que siguen deseándolo y esperándolo activamente, en todos los que lo cantan y lo comunican, en todos los que estudian las leyes y los medios que conducen a su progresiva realización. Y está en todos los que lo rezan y lo sufren, en todos los que creen y los que aman.

Es el amor lo que engendra a la comunidad y lo que la alimenta. El amor manifiesta día a día la presencia de Dios en el mundo; por eso, una comunidad servicial es el templo viviente de Dios; es su casa y su morada.

Y desde ese amor, tan divino como humano, tan espiritual como concreto, tan interior como sensible, deben leerse los demás signos cristianos. Ni la cruz ni la eucaristía tienen sentido si no son expresión de amor. Y una Iglesia sin amor es el anti-Cristo, el anti-signo de Jesús. Es, simplemente, un cuerpo muerto.

El domingo pasado hablábamos de interiorizar nuestra relación con Jesucristo. Hoy podemos ver que sólo el amor produce esa interiorización. El amor constituye la verdadera ideología del cristianismo, el punto de vista desde donde todo puede tener valor o puede no servir para nada.
Siendo así el pensamiento de Jesús, no tenemos más alternativa que revisar nuestras actitudes, gestos, actos, instituciones y todo nuestro aparato legal para ver en qué medida son expresión y signo de amor o son, más bien, una forma elegante de evadirlo.

ENTRA EN TU INTERIOR

NO PERDER LA IDENTIDAD

Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Dentro de muy poco, ya no lo tendrán con ellos. Jesús les habla con ternura especial: «Hijitos míos, me queda poco de estar con vosotros». La comunidad es pequeña y frágil. Acaba de nacer. Los discípulos son como niños pequeños. ¿Qué será de ellos si se quedan sin el Maestro?

Jesús les hace un regalo: «Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado». Si se quieren mutuamente con el amor con que Jesús los ha querido, no dejarán de sentirlo vivo en medio de ellos. El amor que han recibido de Jesús seguirá difundiéndose entre los suyos.

Por eso, Jesús añade: «La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros». Lo que permitirá descubrir que una comunidad que se dice cristiana es realmente de Jesús, no será la confesión de una doctrina, ni la observancia de unos ritos, ni el cumplimiento de una disciplina, sino el amor vivido con el espíritu de Jesús. En ese amor está su identidad.

Vivimos en una sociedad donde se ha ido imponiendo la "cultura del intercambio". Las personas se intercambian objetos, servicios y prestaciones. Con frecuencia, se intercambian además sentimientos, cuerpos y hasta amistad. Eric Fromm llegó a decir que "el amor es un fenómeno marginal en la sociedad contemporánea". La gente capaz de amar es una excepción.
Probablemente sea un análisis excesivamente pesimista, pero lo cierto es que, para vivir hoy el amor cristiano, es necesario resistirse a la atmósfera que envuelve a la sociedad actual. No es posible vivir un amor inspirado por Jesús sin distanciarse del estilo de relaciones e intercambios interesados que predomina con frecuencia entre nosotros.

Si la Iglesia "se está diluyendo" en medio de la sociedad contemporánea no es sólo por la crisis profunda de las instituciones religiosas. En el caso del cristianismo es, también, porque muchas veces no es fácil ver en nuestras comunidades discípulos y discípulas de Jesús que se distingan por su capacidad de amar como amaba él. Nos falta el distintivo cristiano.

Los cristianos hemos hablado mucho del amor. Sin embargo, no siempre hemos acertado o nos hemos atrevido a darle su verdadero contenido a partir del espíritu y de las actitudes concretas de Jesús. Nos falta aprender que él vivió el amor como un comportamiento activo y creador que lo llevaba a una actitud de servicio y de lucha contra todo lo que deshumaniza y hace sufrir el ser humano.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

Esta es la verdadera novedad, el amor de Cristo. Si se nos pide un amor como el suyo, estamos ante una realidad distinta. Si se nos manda que nos amemos como Cristo, se trata, desde luego, de un mandamiento nuevo.

El amor de Jesucristo es auténtico, limpio, gratuito, respetuoso, paciente, entrañable, compasivo, oblativo, ilimitado, incondicional, universal, definitivo.

Este amor, no es un amor que se cultive en la tierra. Es más bien un amor propio de Dios.

No sabríamos qué admirar más. Damos alguna pincelada de los aspectos más novedosos.

Ama misericordiosamente, compasivo y enternecido ante cualquier miseria humana.

Ama con preferencia a los más pobres y pequeños, los que menos seducen, los que no pueden pagar, los que más necesitan.

Ama a todos, superando exclusivismo o privilegio, haciendo del más lejano un hermano, un próximo.
Ama gratuitamente, desinteresadamente, sin pedir nada a cambio.

Ama incondicionalmente, para siempre, pase lo que pase y suceda lo que suceda.

Ama en comunidad, forjando comunión.

Ama hasta el fin, hasta darlo todo, hasta darse del todo, amando más que a sí mismo, hasta la muerte.

Esto es lo que distingue a los cristianos, vivir un amor como el de Jesucristo. No por las cruces o los ritos se conoce a los cristianos, sino por el amor.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Paxi Velasco FANO

Imagen para colorear.




miércoles, 8 de mayo de 2019

12 DE MAYO: IV DOMINGO DE PASCUA.



12 DE MAYO

IV DOMINGO DE PASCUA

1ª Lectura: Hechos 13,14.43-52

Ahora nos dirigiremos a los paganos.

Salmo 99

 Somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

2ª Lectura: Apocalipsis 7,9.14-17

El Cordero será su pastor y los conducirá
a las fuentes del agua de la vida.

PALABRA DEL DÍA

Juan: 10,27-30

“Dijo Jesús: “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios.


“Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen.
Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos.
Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre.
El Padre y yo somos una sola cosa".


REFLEXIÓN

Los textos del tiempo pascual continúan volviendo nuestros ojos hacia el surgimiento y expansión de la comunidad cristiana, nacida precisamente con Cristo resucitado.

Pero este nacimiento y esta expansión no tienen nada de mágico, sino que constantemente responden tanto a un designio misterioso del Padre, cuyos caminos desconocemos, como a determinadas contingencias humanas que condicionan el crecer de la Iglesia.

Los textos que hoy comentamos nos plantean con suficiente crudeza esta realidad de la comunidad cristiana, que, si se siente asida de la mano del Padre, también está enraizada en una experiencia histórica que puede posibilitar o dificultar sus pasos por el mundo.

El texto del evangelio de Juan tendría que ser como una especie de telón de fondo de toda la actividad de la comunidad eclesial, como un punto de referencia constante para evitar peligrosas distorsiones o malentendidos. Jesús se presenta como el Pastor de la comunidad de los discípulos, pastor que está en íntima relación con el Padre: “Yo y el Padre somos uno”.

Lo interesante del texto es que Jesús no especifica quiénes son sus ovejas, pero sí que sus ovejas escuchan su voz y lo siguen; él, por su parte, las conoce íntimamente y da la vida por ellas.

Si el domingo pasado veíamos el carácter institucional de la Iglesia fundada sobre la roca de Pedro, el Pedro del amor, el texto de hoy sale al paso de cualquier tipo de cristianismo basado puramente en prioridades institucionales o jurídicas. En efecto, son discípulos de Jesús aquellos que verdaderamente escuchan su voz, es decir, que cumplen y viven el mandato liberador del Padre revelado en Jesucristo.

Más importante que los lazos institucionales y visibles, son los estrechos lazos íntimos que unen al creyente con Cristo. Jesús no parece dejarse engañar por las apariencias, ya que sabe lo que pasa en el corazón del hombre.

El conoce a los suyos con una mirada interior, profunda, mezcla de conocimiento y de amor.

El evangelio de hoy puede quedar una vez más en una hermosa frase, más o menos poética, si no surge hoy el compromiso de preguntarnos por esa voz de Cristo que tenemos que escuchar y cumplir para llamarnos sus discípulos. Si no conocemos a Jesucristo, tampoco podremos ser reconocidos por él porque podrá pasar delante de nuestras narices sin que nos demos cuenta. No basta que él nos conozca o nos quiera reconocer como sus llamados; un diálogo necesita la inter-relación, el encuentro de dos, la experiencia mutua de dos que se conocen, que se quieren y que se comprometen a algo en común.

“Yo y el Padre somos uno”, dijo Jesús. Y esa comunión perfecta de amor, conocimiento y experiencia, es puesta como modelo de la relación del discípulo con Cristo.

ENTRA EN TU INTERIOR

ESCUCHAR SU VOZ Y SEGUIR SUS PASOS

La escena es tensa y conflictiva. Jesús está paseando dentro del recinto del templo. De pronto, un grupo de judíos lo rodea acosándolo con aire amenazador. Jesús no se intimida, sino que les reprocha abiertamente su falta de fe: «Vosotros no creéis porque no sois ovejas mías». El evangelista dice que, al terminar de hablar, los judíos tomaron piedras para apedrearlo.

Para probar que no son ovejas suyas, Jesús se atreve a explicarles qué significa ser de los suyos. Sólo subraya dos rasgos, los más esenciales e imprescindibles: «Mis ovejas escuchan mi voz... y me siguen». Después de veinte siglos, los cristianos necesitamos recordar de nuevo que lo esencial para ser la Iglesia de Jesús es escuchar su voz y seguir sus pasos.

Lo primero es despertar la capacidad de escuchar a Jesús. Desarrollar mucho más en nuestras comunidades esa sensibilidad, que está viva en muchos cristianos sencillos que saben captar la Palabra que viene de Jesús en toda su frescura y sintonizar con su Buena Noticia de Dios. Juan XXIII dijo en una ocasión que "la Iglesia es como una vieja fuente de pueblo de cuyo grifo ha de correr siempre agua fresca". En esta Iglesia vieja de veinte siglos hemos de hacer correr el agua fresca de Jesús.

Si no queremos que nuestra fe se vaya diluyendo progresivamente en formas decadentes de religiosidad superficial, en medio de una sociedad que invade nuestras conciencias con mensajes, consignas, imágenes, comunicados y reclamos de todo género, hemos de aprender a poner en el centro de nuestras comunidades la Palabra viva, concreta e inconfundible de Jesús, nuestro único Señor.

Pero no basta escuchar su voz. Es necesario seguir a Jesús. Ha llegado el momento de decidirnos entre contentarnos con una "religión burguesa" que tranquiliza las conciencias pero ahoga nuestra alegría, o aprender a vivir la fe cristiana como una aventura apasionante de seguir a Jesús.

La aventura consiste en creer lo que el creyó, dar importancia a lo que él dio, defender la causa del ser humano como él la defendió, acercarnos a los indefensos y desvalidos como él se acercó, ser libres para hacer el bien como él, confiar en el Padre como él confió y enfrentarnos a la vida y a la muerte con la esperanza con que él se enfrentó.

Si quienes viven perdidos, solos o desorientados, pueden encontrar en la comunidad cristiana un lugar donde se aprende a vivir juntos de manera más digna, solidaria y liberada siguiendo a Jesús, la Iglesia estará ofreciendo a la sociedad uno de sus mejores servicios.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

Hay quien consagra su vida íntegramente a la entrega y el servicio, en los distintos campos de la “pastoral”, los trabajos del pastor. Quieren vivir como Cristo pastor y confirmar su misión entre nosotros. Importan los distintos servicios, desde la palabra a los sacramentos, desde la educación a las humildes obras de misericordia. Pero importa, sobre todo, la caridad pastoral, la manera como se hacen las cosas, el amor que se pone en ello, la capacidad para renunciar y el sacrificio, hasta dar la vida, si es preciso, por los demás. Esta caridad pastoral elige preferentemente a los pobres. Así lo hacía el Buen Pastor.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Paxi Velasco FANO


Imagen para colorear.



miércoles, 1 de mayo de 2019

5 DE MAYO: III DOMINGO DE PASCUA.


-Simón, hijo de Juan ¿me amas más que estos?

5 DE MAYO

III DOMINGO DE PASCUA

1ª Lectura: Hechos 5,27-32.40-41

Nosotros somos testigos de todo esto y también lo es el Espíritu Santo.

Salmo 29: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

2ª Lectura: Apocalipsis 5,11-14

Digno es el Cordero, que fue inmolado de recibir el poder y la riqueza.

PALABRA DEL DÍA

JUAN: 21,1-19

“En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: -Me voy a pescar. Ellos contestan: -Vamos también nosotros contigo. Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: -Muchachos, ¿tenéis pecado? Ellos contestaron: -No. Él les dice: -Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: -Es el Señor. Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: - Traed de los peces que acabáis de coger. Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: -Vamos, almorzad. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da; y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Después de comer dice Jesús a Simón Pedro: -Simón, hijo de Juan ¿me amas más que estos? El le contestó: -Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dice: -Apacienta mis corderos. Por segunda vez le pregunta: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas? El le dice: -Pastorea mis ovejas. Por tercera vez le pregunta: -Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: -Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero. Jesús le dice: -apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras. Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: -Sígueme”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios.

“Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así:
estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.
Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No".
El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla.
El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.
Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.
Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan.
Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar".
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.
Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres", porque sabían que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.
Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?". El le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos".
Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". El le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas".
Le preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas.
Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras".
De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme".

REFLEXIÓN

Tercer domingo de Pascua, “tercera aparición de Jesús”. Esta vez en circunstancias distintas, en plena naturaleza, junto al lago, y en medio de un trabajo fatigoso y descorazonador. Pero había amistad, había añoranzas de otro amigo, había una espera indefinida.

Ellos, los siete discípulos, tenían confianza de volver a ver al maestro, porque él había hablado de volver a Galilea. Pero Jesús es imprevisible. Lo mismo puede aparecer en Judea que en Galilea, en Damasco que en roma, en el norte que en el sur. Y lo mismo puede aparecer en la noche que en el día, cuando amanece o cuando atardece; sea cuando sea, él es el Día. Y lo mismo puede aparecer cuando se reza o cuando se come, cuando se descansa, cuando se sufre o cuando se goza, en el curso o en la vocación, él es la Fiesta y el Descanso.

Pero sus apariciones, que no tienen esquema ni programa, sí suelen tener un proceso similar. Podríamos concretarlo en un vacío o sufrimiento, una búsqueda perseverante y una respuesta al Señor.

Al decir vacío, hablamos de experiencias de pobreza interior y sufrimiento. Conocemos la angustia de Magdalena, el desencanto de los caminantes de Emaús, el miedo de los discípulos, las dudas de Tomás, la frustración de los pescadores, las lágrimas de Pedro, la rabia de Saulo. Pueden ser tantas cosas: una crisis interior, etapas de incomprensión o de rechazo, abandono interior, fracasos, desengaños, enfermedades, sufrimientos de cualquier tipo. Ejemplos actualizados son innumerables. Siempre desde la insatisfacción.

La insatisfacción y esterilidad de nuestras acciones y proyectos, puede ser signo ciertamente de un camino hoy misterioso para nosotros, por el que el Señor nos hace pasar para que participemos en su muerte. Pero eso no nos exime de preguntarnos si la esterilidad pudiera ser debida a que no haya en nosotros la vida del resucitado, a que no hayamos resucitado como Iglesia con el Señor. En efecto, nada se puede esperar de una “Iglesia moribunda”, pues de la muerte sólo puede salir muerte.

La Iglesia del éxito, aquí en el mundo, es la Iglesia, que más allá del número, vive intensamente el júbilo de la resurrección. Todos sabemos por experiencia que reunir multitudes,  es relativamente fácil… el mejor signo de fecundidad de la Iglesia es su capacidad de alabanza y de agradecimiento. Alabar y agradecer son los gestos más característicos del amor perfecto. Nacen de la alegría profunda de haber sido salvados.

En el anuncio del Kerigma, en agradecimiento y en alabanza, es lo que Dios quiere de los apóstoles y de sus sucesores, como asimismo de toda la comunidad cristiana: que se extienda por el mundo la acción del evangelio, considerado como buena noticia de la salvación de toda la humanidad.

ENTRA EN TU INTERIOR

El encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos junto al lago de galilea está descrito con clara intención catequética. En el relato subyace el simbolismo central de la pesca en medio del mar. Su mensaje no puede ser más actual para los cristianos: sólo la presencia de Jesús resucitado puede dar eficacia al trabajo evangelizador de sus discípulos.

El relato nos describe, en primer lugar, el trabajo que los discípulos llevan a cabo en la oscuridad de la noche. Todo comienza con una decisión de simón Pedro: “Me voy a pescar”. Los demás discípulos se adhieren a él: “También nosotros nos vamos contigo”. Están de nuevo juntos, pero falta Jesús. Salen a pescar, pero no se embarcan escuchando su llamada, sino siguiendo la iniciativa de simón Pedro.

El narrador deja claro que este trabajo se realiza de noche y resulta infructuoso: “aquella noche no cogieron nada”. La “moche” significa en el lenguaje del evangelista la ausencia de Jesús que es la Luz. Sin la presencia de Jesús resucitado, sin su aliento y su palabra orientadora, no hay evangelización fecunda.

Con la llegada del amanecer, se hace presente Jesús. Desde la orilla, se comunica con los suyos por medio de su Palabra. Los discípulos no saben que es Jesús. Sólo lo reconocen cuando, siguiendo dócilmente sus indicaciones, logren una captura sorprendente. Aquello sólo se puede deber a Jesús, el Profeta que un día los llamó a ser “pescadores de hombres”.

La situación de no pocas parroquias y comunidades cristianas es crítica. Las fuerzas disminuyen. Los cristianos más comprometidos se multiplican para abarcar toda clase de tareas: siempre los mismos y los mismos para todo. ¿Hemos de seguir intensificando nuestros esfuerzos y buscando el rendimiento a cualquier precio, o hemos de detenernos a cuidar mejor la presencia viva del Resucitado en nuestro trabajo?

Para difundir la Buena Noticia de Jesús y colaborar eficazmente en su proyecto, lo más importante no es ”hacer muchas cosas”, sino cuidar mejor la calidad humana y evangélica de lo que hacemos. Lo decisivo no es el activismo sino el testimonio de vida que podamos irradiar los cristianos.

No podemos quedarnos en la “epidermis de la fe”. Son momentos de cuidar, antes que nada, lo esencial. Llenamos nuestras comunidades de palabras, textos y escritos, pero lo decisivo es que, entre nosotros, se escuche a Jesús. Hacemos muchas reuniones, pero la más importante es la que nos congrega cada domingo para celebrar la cena del Señor. Sólo en él se alimenta nuestra fuerza evangelizadora.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

Señor, que así sea siempre la Iglesia:

• Hombres nuevos. Han renacido en la experiencia pascual. Comienza en el bautismo. Se realiza por el Espíritu. La santificación creciente, una vida como la de Cristo.

• Comunidad nueva. Hay comunión profunda de vida, que incluye el amor, la ayuda mutua, el compartir los bienes. La comunión.

• Cristo en el centro. Es el núcleo de la comunidad, que vive de él y para él, de su palabra y de su cuerpo, que se hace vida en cada uno. Es la fe.

• El testimonio. Su trabajo es predicar a Jesucristo, con la palabra y la vida, evangelizar a los pobres, servir a todos. Es diaconía y “martirio”.

• La autoridad. Es responsabilidad y servicio. A Pedro se le encomienda el cuidado principal por su primera fe y por su amor grande. No ha de ser un jefe “a nadie llaméis jefes, porque uno solo es vuestro jefe. Cristo” (Mt 23,10)-, sino un pastor, dedicado por tanto a defender a las ovejas, a cuidarlas, a guiarlas: es decir, que sea capaz de darlo todo y darse todo por sus ovejas.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Paxi Velasco FANO



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domingo, 21 de abril de 2019

28 DE ABRIL: II DOMINGO DE PASCUA. DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA.


“Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.

28 DE ABRIL

II DOMINGO DE PASCUA

DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA

1ª Lectura: Hechos de los Apóstoles: 5,12-16

Crecía el número de los creyentes en el Señor.

Salmo 117

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

2ª Lectura: Apocalipsis 1,9-13.17-18

Estuve muerto y ahora, como ves, estoy vivo para siempre.

PALABRA DEL DÍA

Juan 20,19-31

“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros”. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así os envío yo”. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado no lo creo”.
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: “Paz a vosotros”, Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”. Contestó Tomás: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús le dijo: “¿Por qué me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto”.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.”

Versión para américa Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré".
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe".
Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!".
Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!".
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro.
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.”

REFLEXIÓN

Nuestra fe en la resurrección de Jesucristo no puede ser sólo conceptual. La fe en Jesucristo no es cuestión de conceptos, sino de comunión. “Nunca nos olvidamos de que Cristo es ante todo comunión. Él no ha venido para crear una religión nueva, sino para suscitar una comunión”  (Roger Schutz). Así lo expresaba San Pablo: “… y conocerle a él, el poder de la resurrección y la comunión en sus padecimientos… tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos” (Flp 3,10-11). No puede haber fe pascual si no participamos de la resurrección de Cristo.

En todo este proceso la iniciativa la pone el Señor, que viene a nuestro encuentro, se pone en “medio” de nosotros, y nos comunica su Espíritu. Es autocomunicación de Dios; por medio del Espíritu vivificante se nos comunica la vida de Cristo resucitado.

La experiencia de los apóstoles y demás discípulos del Señor es significativa. Andaban dispersos o encerrados por el miedo. Estaban tristes y desesperanzados. La muerte de Jesucristo, a pesar de los avisos y recomendaciones, había supuesto para ellos un mazazo “mortal”; no sólo no levantaban cabeza –toda su fe y sus proyectos, se habían venido abajo, un ridículo espantoso-, sino que estaban “muertos”. Entonces Cristo resucitado se esfuerza por reunirlos, como el pastor a sus ovejas, se presenta, poniéndose en medio de ellos, vivificándoles.

Cristo es, efectivamente, el centro de la Iglesia, el centro de nuestra vida, el centro del mundo. Nuestros pensamientos y miradas, siempre a Cristo. Ninguna comunidad puede ser cristiana si no pone en el medio a Cristo, si no está centrada en Cristo. Él se convierte en amigo, en Señor, en comunicador de señorío y de vida.

Y “exhaló su aliento sobre ellos”. Y el aliento era el Espíritu. “Recibid el Espíritu Santo” Máxima donación de Cristo. El Espíritu es su vida íntima. Nos entrega su vida resucitada. “Cristo, vida nuestra”. Cristo se está dando a sí mismo para que los suyos vivan; pero no con el miedo, sino con la vida nueva de su Espíritu.

ENTRA EN TU INTERIOR

NO SEAS INCRÉDULO SINO CREYENTE


La figura de Tomás como discípulo que se resiste a creer ha sido muy popular entre los cristianos. Sin embargo, el relato evangélico dice mucho más de este discípulo escéptico. Jesús resucitado se dirige a él con unas palabras que tienen mucho de llamada apremiante, pero también de invitación amorosa: «No seas incrédulo, sino creyente». Tomás, que lleva una semana resistiéndose a creer, responde a Jesús con la confesión de fe más solemne que podemos leer en los evangelios: «Señor mío y Dios mío».

¿Qué ha experimentado este discípulo en Jesús resucitado?  ¿Qué es lo que ha transformado al hombre hasta entonces dubitativo y vacilante? ¿Qué recorrido interior le ha llevado del escepticismo hasta la confianza? Lo sorprendente es que, según el relato, Tomás renuncia a verificar la verdad de la resurrección tocando las heridas de Jesús. Lo que le abre a la fe es Jesús mismo con su invitación.

A lo largo de estos años, hemos cambiado mucho por dentro. Nos hemos hecho más escépticos, pero también más frágiles. Nos hemos hecho más críticos, pero también más inseguros. Cada uno hemos de decidir cómo queremos vivir y cómo queremos morir. Cada uno hemos de responder a esa llamada que, tarde o temprano, de forma inesperada o como fruto de un proceso interior, nos puede llegar de Jesús: «No seas incrédulo, sino creyente».

Tal vez, necesitamos despertar más nuestro deseo de verdad. Desarrollar esa sensibilidad interior que todos tenemos para percibir, más allá de lo visible y lo tangible, la presencia del Misterio que sostiene nuestras vidas. Ya no es posible vivir como personas que lo saben todo. No es verdad. Todos, creyentes y no creyentes, ateos y agnósticos, caminamos por la vida envueltos en tinieblas. Como dice Pablo de Tarso, a Dios lo buscamos «a tientas».

¿Por qué no enfrentarnos al misterio de la vida y de la muerte confiando en el Amor como última Realidad de todo? Ésta es la invitación decisiva de Jesús. Más de un creyente siente hoy que su fe se ha ido convirtiendo en algo cada vez más irreal y menos fundamentado. No lo sé. Tal vez, ahora que no podemos ya apoyar nuestra fe en falsas seguridades, estamos aprendiendo a buscar a Dios con un corazón más humilde y sincero.

No hemos de olvidar que una persona que busca y desea sinceramente creer, para Dios es ya creyente. Muchas veces, no es posible hacer mucho más. Y Dios, que comprende nuestra impotencia y debilidad, tiene sus caminos para encontrarse con cada uno y ofrecerle su salvación.

José Antonio Pagola




ORA EN TU INTERIOR

Tomás, aunque no necesitó tocar las llagas físicamente, las palpó con su corazóns: ¡Dios mío Tomás tocó las entrañas de Dios: se acabaron para siempre sus dudas. Tomás se sentía ardiendo: ¡Señor mío y Dios mío!. Las llagas de Cristo fueron curativas, se podría hacer un estudio, no sólo de lo que significaron para Tomás, sino lo que han significado para la Iglesia, para nosotros:

Han ayudado a crecer, porque prueban la realidad del Dios encarnado y de Cristo resucitado. Cristo no es una idea o un mito, es una realidad palpitante.

Han ayudado a rezar, porque son objeto de gran devoción y suscitan la mayor confianza. A través de esas llagas se quiere penetrar en Dios. Y, por otra parte, esas llagas son oración permanente ante el Padre.

Han ayudado a sufrir, porque Cristo se hace presente en todas las llagas, porque todas las llagas se unen a las de Cristo, y esta comunión de llagas produce consuelo y fortaleza. Ahora podríamos fijarnos en cuáles son las llagas más dolorosas de Cristo hoy.

Han ayudado a luchar. Si Cristo recibió tantas heridas en su combate, ¿nos vamos a asustar nosotros porque tengamos algún rasguño? “No habéis resistido todavía hasta la sangre” (Hb 12,4).

Han ayudado a amar. Las llagas son prueba del amor más grande, capaz de dejarse romper por nosotros. Pues amor con amor se paga. A más entrega, más amor.

ORACIÓN FINAL

Que la alegría de esta Pascua no se quede en meras palabras o solamente en los ritos. Que esa alegría florezca en un despertar del espíritu comunitario en cada uno de nuestros hogares, siendo servidores los unos de los otros.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Paxi Velasco FANO



Imagen para colorear.