martes, 16 de octubre de 2018

21 DE OCTUBRE: XXIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)



“…Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos”.

21 DE OCTUBRE

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

JORNADA MUNDIAL Y COLECTA POR LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS

Primera Lectura: Isaías 53,10-11

Cuando entregue su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años.

Salmo 32

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti.

2ª Lectura: Hebreos 4,14-16

Acerquémonos con seguridad al trono de la gracia.

PALABRA DEL DÍA

Marcos 10,35-45

“En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: -Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir. Les preguntó: -¿Qué queréis que haga por vosotros? Contestaron: -Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda. Jesús replicó: -No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar? Contestaron: -Lo somos. Jesús les dijo: -El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado. Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: -Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

 “Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: "Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir".
 El les respondió: "¿Qué quieren que haga por ustedes?".
 Ellos le dijeron: "Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria".
 Jesús les dijo: "No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?".
 "Podemos", le respondieron. Entonces Jesús agregó: "Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo.
 En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados".
 Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos.
 Jesús los llamó y les dijo: "Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad.
 Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes;
 y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos.             
 Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud".

REFLEXIÓN

Jesús deja muy claro que él quiere un cambio total de estructuras y de relaciones. Por tanto, no se trata de figurar, ni de estar bien situado, sino de servir. Jesús quiere eliminar de entre nosotros totalmente las relaciones de fuerza o de superioridad y nos quiere hacer entrar en la plenitud de unas relaciones de reciprocidad que son las relaciones de servicio. Por esto nos invita a ser ambiciosos, sí, pero a ambicionar el último lugar, el que no quiere nadie, el lugar para el que nunca hay peleas. ¡Esta es la respuesta de Jesús! Y lo que nos ha resultado más difícil a lo largo de la historia, y ahora y siempre, es conseguir sustituir las estructuras de autoridad y de poder por valores de igualdad y de servicio. Tanto a nivel personal, como a nivel de comunidad, como a nivel de Iglesia, no lo conseguimos del todo. Nos cuesta crear estructuras de servicio, y más bien, en nuestras organizaciones, hemos tendido a ir copiando con demasiada facilidad las demás organizaciones políticas y sociales; y, por este motivo, demasiado a menudo, hemos caído y caemos en formas de poder y de abuso que son un escándalo para el mismo Jesús.

Los seguidores de Jesús no podemos organizarnos con modelos de convivencia que no sean los del servicio, porque Dios nos quiere iguales y hermanos los unos de los otros, eliminando todo resquicio de dominio o de poder, de jefes o de súbditos. Como muy bien nos lo recuerda san Pablo, en la Iglesia (¡y también en el mundo!) aunque los carismas sean diferentes todos los miembros tienen que ser iguales.

Somos cristianos en la medida que nos damos a los demás. Dejamos de serlo en la medida que nos aprovechamos de los demás de cualquier forma.

Este principio básico del cristianismo, no ha llegado a nosotros a través de ningún extraterrestre, no ha venido de ningún mundo galáctico. Ha llegado hasta nosotros gracias a un ser humano en todo semejante a nosotros. Lo descubrió, no gracias a ningún hilo directo con una Divinidad exterior, sino en lo hondo de su ser, profundizando en el conocimiento de lo que realmente era él.

Al comprender lo que Dios era en él, al percibirlo como don total, Jesús hizo el más profundo descubrimiento de su vida. Entendió que la grandeza del ser humano consiste en esa posibilidad que tiene de darse como Dios se da. Jesús descubrió que ese era el fin supremo del hombre, darse, entregarse totalmente, definitivamente. En ese don total, encuentra el hombre su plena realización.

Cuando descubre que la base de su ser es el mismo Dios, descubre la necesidad de superar el apego al falso yo. Liberado del “ego”, se encuentra con la verdadera realidad que es. En ese momento, su ser se expande y se identifica con el Ser absoluto. El ser humano se hace uno con Él. Esa es la meta, no hay más. Ni Dios puede añadir nada a ese ser, porque es ya una misma cosa en él.

Mientras no haga este descubrimiento, estaré en la dinámica del joven rico, de los dos hermanos y de los demás apóstoles: buscaré más riquezas, el puesto mejor y el dominio de los demás para que estén a mi servicio. El objetivo de mi vida será la potenciación del “ego” que creo ser.

Aquí no valen programaciones. Si acepto darme a los demás por programación, será a regañadientes y porque espero una recompensa, aunque sea espiritual. Ya estoy buscando potenciar mi “ego”. No puede funcionar. Tampoco se trata de sufrir, de humillarse, de rebajarse ante Dios o ante los demás, esperando que después Dios me lo pague con creces con alguna clase de gloria externa. La clave está en superar esta trampa y descubrir la máxima gloria en el mismo don de sí mismo.

ENTRA EN TU INTERIOR

NADA DE ESO ENTRE VOSOTROS

Camino de Jerusalén, Jesús va advirtiendo a sus discípulos del destino doloroso que le espera a él y a los que sigan sus pasos. La inconsciencia de quienes lo acompañan es increíble. Todavía hoy se sigue repitiendo.

Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo, se separan del grupo y se acercan ellos solos a Jesús. No necesitan de los demás. Quieren hacerse con los puestos más privilegiados y ser los primeros en el proyecto de Jesús, tal como ellos lo imaginan. Su petición no es una súplica sino una ridícula ambición: «Queremos que hagas lo que te vamos a pedir». Quieren que Jesús los ponga por encima de los demás.

 La ambición los divide y enfrenta. La búsqueda de honores y protagonismos interesados rompen siempre la comunión de la comunidad cristiana. También hoy. ¿Qué puede haber más contrario a Jesús y a su proyecto de servir a la liberación de las gentes?

El hecho es tan grave que Jesús «los reúne» para dejar claro cuál es la actitud que ha de caracterizar siempre a sus seguidores. Conocen sobradamente cómo actúan los romanos, «jefes de los pueblos» y «grandes » de la tierra: tiranizan a las gentes, las someten y hacen sentir a todos el peso de su poder. Pues bien, «vosotros nada de eso».

Entre sus seguidores, todo ha de ser diferente: «El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos». La grandeza no se mide por el poder que se tiene, el rango que se ocupa o los títulos que se ostentan. Quien ambiciona estas cosas, en la Iglesia de Jesús, no se hace más grande sino más insignificante y ridículo. En realidad, es un estorbo para promover el estilo de vida querido por el Crucificado. Le falta un rasgo básico para ser seguidor de Jesús.

En la Iglesia todos hemos de ser servidores. Nos hemos de colocar en la comunidad cristiana, no desde arriba, desde la superioridad, el poder o el protagonismo interesado, sino desde abajo, desde la disponibilidad, el servicio y la ayuda a los demás. Nuestro ejemplo es Jesús. No vivió nunca «para ser servido, sino para servir». Éste es el mejor y más admirable resumen de lo que fue él: SERVIR.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

            Por eso debe resultarnos extraño lo que les plantea Jesús a los “Santiagos y Juanes” ante su petición; no se trata de ser primero o segundo sino responder a la pregunta: “¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?

            Los discípulos no entienden que el proyecto de Jesús no es para alcanzar el poder de este mundo, de esta manera nuestra de organizar la sociedad, sino que es elegir un camino en el que sea posible encontrarse con todas las personas porque todas lo pueden entender y seguir, ya que cada cual puede poner al servicio de los demás todo lo que es, todo lo que tiene y todo lo que hace.

           Jesús nos hace una clara referencia a los dos sacramentos fundamentales en nuestra vida, el bautismo y la eucaristía, que son los que nos deberían transformar en lo más profundo de nuestras personas y tendrían que transformar también todas nuestras relaciones. Porque los que hemos sido bautizados y tomamos parte de la Eucaristía, aquí, nos dejamos servir por el mismo Jesús y no podemos después –con él por excusa- participar en ninguna relación que sea de fuerza o de poder.

ORACIÓN

            Donde haya un árbol que plantar
plántalo tú.
Donde haya un error que enmendar
enmiéndalo tú.
Donde haya un esfuerzo que todos esquivan
acéptalo tú.
Sé el que apartó del camino la piedra,
el odio de los corazones
y las dificultades del problema.
Hay la alegría de ser sano y justo,
pero hay, sobre todo, la inmensa alegría de servir.

Gloria Fuerte.

Expliquemos el evangelio a los niños.

Imágenes de Paxi Velasco FANO

Imagen para colorear.







martes, 9 de octubre de 2018

14 DE OCTUBRE: XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)



“Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes dale el dinero a los pobres,
así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme…”

14 DE OCTUBRE

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

1ª Lectura: Sabiduría 7,7-11

En comparación de la sabiduría, tuve en nada la riqueza.

Salmo 89

“Sácianos de tu misericordia, Señor, y toda nuestra vida será alegría”

2ª Lectura: Hebreos 4,12-13

La palabra de Dios juzga los deseos e intenciones del corazón.

PALABRA DEL DÍA

Marcos 10,17-30

“En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le pregunto: -Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le contestó: -¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre. Él replicó: -Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño. Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: -Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme. A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: -¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios! Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: -Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios. Ellos se espantaron y comentaban: -Entonces, ¿quién puede salvarse? Jesús se les quedó mirando y les dijo: -Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo. Pedro se puso a decirle: -Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. Jesús dijo: -Os aseguro que quién deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más –casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones- y en la edad futura, vida eterna”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?".
Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno.
Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre".
El hombre le respondió: "Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud".
Jesús lo miró con amor y le dijo: "Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme".
El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: "¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!".
Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: "Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios!.
Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios".
Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?".
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: "Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible".
Pedro le dijo: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido".
Jesús respondió: "Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia,
desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y, campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.

REFLEXIÓN

Es muy interesante la pregunta que, en el evangelio, le hace este joven a Jesús. Su interés es también el nuestro. ¿Qué tenemos que hacer para conseguir la vida eterna? ¿Qué podemos hacer para prolongar los días de nuestra vida más allá de este mundo que se acaba? O, como muy bien han dicho los poetas, ¿qué podemos hacer para que los mejores instantes de nuestra vida puedan ser eternos? ¿Qué podemos hacer para que las vivencias que han sido sólidas puedan ser definitivas? Las aspiraciones de este joven y las nuestras son muy dignas e incluso quizá son las aspiraciones humanas más profundas. Porque, de entrada, tener aspiraciones-buenas- no es nada malo sino, al contrario, es incluso lo que nos puede incentivar para seguir adelante.

Una primera solución a estas aspiraciones es la que le da Jesús a este joven: el cumplimiento de los mandamientos. Es decir, conviene que en esta vida tengamos todo un comportamiento ético y moral, que seamos rectos, exigentes y coherentes.

Jesús le recuerda a este joven, y también nos lo recuerda a nosotros: es bueno que seamos exigentes con nosotros mismos y cumplidores con los demás. Es por esto que no es nada raro que, cuando el joven le contesta a Jesús que “todo eso lo he cumplido desde pequeño”. El evangelista Marcos nos diga que “Jesús se le quedó mirando con cariño”. Jesús nos mira con afecto absoluto y nos aprecia profundamente por nuestro cumplimiento. Sin embargo, con esto, ya sabemos, no basta, porque el seguimiento de Jesús, el hecho de ser creyente y de ser cristiano, no se puede reducir simplemente a un comportamiento ético y moral. Ser creyente y ser cristiano es mucho más que esto. Y ésta es la corrección que Jesús le hace a este joven y a todos nosotros.

Ahora bien, ¿cómo sabe Jesús que este joven es rico? Pues, muy fácilmente lo podría saber por la manera como le expresa esta pregunta. Fijaos que le pregunta por poseer, por heredar, por adquirir, casi por comprar la vida eterna. Las palabras del joven son comerciales y no son las palabras que Jesús utilizará después cuando dirá a sus discípulos que es difícil “entrar” en el Reino de Dios. Éste es el cambio: tenemos que pasar del poseer, del querer conseguir, al entrar. Porque no se trata de poseer ni de heredar, ni tan sólo de esperar, sino que Jesús nos habla más de recibir o de vivir –ya ahora- como hijos de Dios.

En este caso las aspiraciones de vida del joven rico, que son buenas y justas, y que corresponden incluso a una buena persona, cumplidora de sus deberes, choca de lleno con las aspiraciones humanas más posesivas como pueden ser las riquezas o las propiedades, que nos atan más a este mundo que a la vida eterna.

De hecho, lo que Jesús hace con este joven es también lo que quiere hacer con nosotros: procurar que le clarifiquemos nuestras aspiraciones, porque a menudo parece que lo queremos todo al mismo tiempo y que somos capaces de hacer grandes montajes para poder tenerlo todo y conseguirlo todo. Si aspiramos a una vida definitiva, sería necesario que fuéramos también más definitivos con nuestra vida y que no dejáramos para mañana cosas que ya podríamos vivir hoy, que mostráramos en nuestra vida que no estamos apegados a cosas que no serán de ninguna manera definitivas, como pueden ser el dinero o las propiedades. No podemos aspirar a ser los más ricos del cementerio.

Y si a nosotros nos cuesta dejarlo todo y seguir a Jesús, porque no nos vemos capacitados, tenemos miedo y nos sentiríamos abocados al fracaso en este mundo, tenemos que saber –como dice Jesús hoy- que junto a nuestras imposibilidades está el Dios que “lo puede todo”. Porque si bien nosotros con nuestro esfuerzo no podemos conseguir ni llegar a la realidad del reino, también es verdad que él nos lo da gratuitamente, sin pagar nada a cambio. Porque el Reino de Dios no es una propiedad que se compra o se vende, sino que es un don, un regalo, al que se puede entrar a vivir ahora. No depende de otra vida, sino de ésta.

A la pregunta de Pedro, sobre qué les pasará a los que ya lo han dejado todo, Jesús contesta paradójicamente y nos invita a recibir, ya aquí, el ciento por uno, pero con dificultades. Y nos invita a empezar a vivir una nueva familia formada por los discípulos. Esto de ser ya una nueva familia y de recibir ya aquí y ahora el ciento por uno es ciertamente lo que hacemos en la eucaristía alrededor de la mesa de Jesús; recibir el ciento por uno.

ENTRA EN TU INTERIOR

CON JESÚS EN MEDIO DE LA CRISIS

Antes de que se ponga en camino, un desconocido se acerca a Jesús corriendo. Al parecer, tiene prisa para resolver su problema: «¿Qué haré para heredar la vida eterna?». No le preocupan los problemas de esta vida. Es rico. Todo lo tiene resuelto (Mc 10, 17-30).

Jesús lo pone ante la Ley de Moisés. Curiosamente, no le recuerda los diez mandamientos, sino solo los que prohíben actuar contra el prójimo. El joven es un hombre bueno, observante fiel de la religión judía: «Todo eso lo he cumplido desde pequeño».

Jesús se le queda mirando con cariño. Es admirable la vida de una persona que no ha hecho daño a nadie. Jesús lo quiere atraer ahora para que colabore con él en su proyecto de hacer un mundo más humano, y le hace una propuesta sorprendente: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres… y luego sígueme».

El rico posee muchas cosas, pero le falta lo único que permite seguir a Jesús de verdad. Es bueno, pero vive apegado a su dinero. Jesús le pide que renuncie a su riqueza y la ponga al servicio de los pobres. Solo compartiendo lo suyo con los necesitados, podrá seguir a Jesús colaborando en su proyecto.

El joven se siente incapaz. Necesita bienestar. No tiene fuerzas para vivir sin su riqueza. Su dinero está por encima de todo. Renuncia a seguir a Jesús. Había venido corriendo entusiasmado hacia él. Ahora se aleja triste. No conocerá nunca la alegría de colaborar con Jesús.

La crisis económica nos está invitando a los seguidores de Jesús a dar pasos hacia una vida más sobria, para compartir con los necesitados lo que tenemos y sencillamente no necesitamos para vivir con dignidad. Hemos de hacernos preguntas muy concretas si queremos seguir a Jesús en estos momentos.

Lo primero es revisar nuestra relación con el dinero: ¿Qué hacer con nuestro dinero? ¿Para qué ahorrar? ¿En qué invertir? ¿Con quiénes compartir lo que no necesitamos? Luego revisar nuestro consumo para hacerlo más responsable y menos compulsivo y superfluo: ¿Qué compramos? ¿Dónde compramos? ¿Para qué compramos? ¿A quiénes podemos ayudar a comprar lo que necesitan?

Son preguntas que nos hemos de hacer en el fondo de nuestra conciencia y también en nuestras familias, comunidades cristianas e instituciones de Iglesia. No haremos gestos heroicos, pero si damos pequeños pasos en esta dirección, conoceremos la alegría de seguir a Jesús contribuyendo a hacer la crisis de algunos un poco más humana y llevadera. Si no es así, nos sentiremos buenos cristianos, pero a nuestra religión le faltará alegría.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

            La vida es el lugar de nuestro encuentro con Dios en Cristo. Un camino que, muy señaladamente en Marcos, llega a su término en la cruz. El discípulo es invitado a seguir al Maestro, y en ese caminar juntos se va desvelando el misterio de aquel que desde el principio del evangelio es presentado como la “buena noticia”: Jesucristo, el Hijo de Dios.

            Ese hombre eres tú y soy yo. A lo largo del camino y del seguimiento se suceden encuentros, palabras, gestos. El discípulo de todos los tiempos está invitado a reconocer en ellos a sí mismo, así como las circunstancias de su tiempo histórico. Hoy el relato evangélico nos presenta a “uno” que se le “acercó corriendo, se arrodilló y le preguntó”. Marcos no dice que ese “uno” sea “un joven”. Esta concreción solo está en Mateo. Ignoramos el nombre del personaje. Ese “uno” somos todos, jóvenes y viejos, tú y yo. No podemos detenernos en cada uno de los detalles del texto, pero la oración personal y reposada, sí. Y así: ¿salgo yo corriendo al encuentro con Jesús? ¿Me arrodillo ante la persona de Jesús? ¿Le pregunto? ¿Sobre qué asuntos?

             Entre Jesús y el que sale a su encuentro se entabla un diálogo cordial, cargado de buenos deseos, y que culmina con una oferta de plenitud: “Vente conmigo” Lo cual exige previamente “vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres”. El que se atreva a hacer lo que Jesús dice, no pierde lo entregado a los pobres: lo transforma en “un tesoro en el cielo”. La inversión no parece mala, pero exige una radical opción de fe. El seguimiento de Jesús es exigente. Pero tampoco conviene confundirla con una opción por la “vida religiosa”, cura o monja. ¡No! Es una oferta hecha a todos y en todos los estados de la vida. Antes de la invitación al seguimiento, hay en el texto bíblico un detalle que nos muestra a un Jesús muy humano y cercano: “Jesús se le quedó mirando con cariño” el texto griego original dice: “Jesús le miró y le amó”. Es casi lo mismo, pero separa y marca dos momentos de Jesús: mira y ama.

ORACIÓN

              Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. AMEN.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imagen de Paxi Velasco FANO


Imagen para colorear.




jueves, 4 de octubre de 2018

7 DE OCTUBRE: XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)


“…Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis;
de los que son como ellos es el reino de Dios…, el que no acepte
el reino de Dios como un niño, no entrará en él”.

7 DE OCTUBRE

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

1ª Lectura: Génesis 2,18-24

Y serán los dos una sola carne.

Salmo 127: “Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida”.

2ª Lectura: Hebreos 2,8-11

El santificador y los santificados proceden todos del mismo.

PALABRA DEL DÍA

Marcos 10,2-16

“En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: -¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer? Él les replicó: -¿Qué os ha mandado Moisés? Contestaron: -Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio. Jesús les dijo: -Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios “los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: -Si uno se divorcia de su mujer, y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio. Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: -Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios.

“Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?".
El les respondió: "¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?".
Ellos dijeron: "Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella".
Entonces Jesús les respondió: "Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes.
Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer.
Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre,
y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne.
Que el hombre no separe lo que Dios ha unido".
Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto.
El les dijo: "El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella;
y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio".
Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron.
Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: "Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos.
Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él".
Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.”

REFLEXIÓN

Jesús, no vino a juzgar y a condenar, sino a salvar, y criticó duramente la actitud de aquellos que juzgaban a los otros con ligereza, incapaces de mirar a su propio interior; a aquellos que siempre veían la mota en el ojo ajeno y no veían, o no querían ver, la viga en el suyo.

Somos muy dados a juzgar y a condenar, incapaces de escuchar las tremendas palabras del Maestro: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

Por eso en este domingo os ofrezco esta reflexión de Javier García, en la portada de la Hoja Dominical EUCARISTÍA, correspondiente a este Domingo XXVII.

“Nunca olvidaré el funeral de Alexandra, a quien no pude conocer personalmente. Había llegado desde Ucrania huyendo de los malos tratos de su pareja y en busca de una vida un poco más feliz. Aquí, con el paso del tiempo, conoció a un hombre que también huía y que, un día sí y otro también, encontraba refugio en el alcohol. Iniciaron una relación. Él dejó de beber. Quienes le conocían decían que era otra persona; tal era el cambio que se había producido en él. Dice el dicho que la alegría dura poco en casa del pobre, y esta vez llevaba razón. Un cáncer se llevó muy pronto a Alexandra. Nunca olvidaré su funeral. El cura que oficiaba andaba tan preocupado por la salvación de aquella mujer que una y otra vez repetía “si no se ha arrepentido de sus pecados en el último momento se habrá condenado”. El pecado era vivir una situación de pareja irregular. Adúltera.

¿Qué pecado?, me preguntaba entonces y me pregunto ahora. ¿Huir de una relación que se había vuelto insostenible?, ¿abandonar un trabajo en su país y lanzarse a una aventura laboral muy incierta en un país extranjero?, ¿querer a un hombre que no era su marido y ayudarle a salir del infierno del alcohol? ¿Enfermar y morir prácticamente sola, sin apenas haber podido disfrutar de la vida? Me repugna la imagen de un Dios que pudiera condenar a Alexandra. Me entristece un cristianismo que se atreva a condenar en nombre de Dios. Jesús nunca lo hizo.

La sociedad está cambiando muy deprisa. Alexandra es un ejemplo de lo que está sucediendo: migraciones, emancipación de la mujer, pluralidad y mezcla cultural; y…, que no se olvide, casi siempre el olvido, cuando también la condena, de los pobres. Todo cambio genera novedad, pero también confusión y crisis. Las respuestas que nos sabíamos para responder a las preguntas del pasado ya no sirven para los nuevos interrogantes del presente. El orden establecido es cuestionado por la realidad cambiante; visiones que parecían explicarnos la realidad quedan superadas; valores que defendíamos como inamovibles son fuertemente cuestionados. También la fe, también la idea que nos hemos hecho del cristianismo, también el modo de ser Iglesia.

Son muchos los cristianos que se sienten incómodos en la Iglesia. No es una afirmación gratuita. Tristemente es así. Hoy, Alexandra y el Evangelio me empujan a pensar en todos los divorciados que se han vuelto a casar, en todas aquellas personas que viven alguna situación “irregular”. Al mismo tiempo que Europa olvida progresivamente sus raíces cristianas, muchos cristianos y muchas cristianas se sienten incómodos en la Iglesia y se preguntan si están dentro, si son cristianos de “segunda” o si ya están fuera.

¿Qué hemos de hacer? ¿Quedarnos en la letra de la ley? ¿Responder con respuestas del pasado? Dios sigue vivo en el corazón de los hombres y mujeres de hoy, aunque ellos no lo sepan. Y nos habla y nos mira de ellos. Hemos de aprender a leer en sus vidas”.

ENTRA EN TU INTERIOR

ACOGER A LOS PEQUEÑOS

El episodio parece insignificante. Sin embargo, encierra un trasfondo de gran importancia para los seguidores de Jesús. Según el relato de Marcos, algunos tratan de acercar a Jesús a unos niños y niñas que corretean por allí. Lo único que buscan es que aquel hombre de Dios los pueda tocar para comunicarles algo de su fuerza y de su vida. Al parecer, era una creencia popular.

Los discípulos se molestan y tratan de impedirlo. Pretenden levantar un cerco en torno a Jesús. Se atribuyen el poder de decidir quiénes pueden llegar hasta Jesús y quiénes no. Se interponen entre él y los más pequeños, frágiles y necesitados de aquella sociedad. En vez de facilitar su acceso a Jesús, lo obstaculizan.

Se han olvidado ya del gesto de Jesús que, unos días antes, ha puesto en el centro del grupo a un niño para que aprendan bien que son los pequeños los que han de ser el centro de atención y cuidado de sus discípulos. Se han olvidado de cómo lo ha abrazado delante de todos, invitándoles a acogerlos en su nombre y con su mismo cariño.

Jesús se indigna. Aquel comportamiento de sus discípulos es intolerable. Enfadado, les da dos órdenes: «Dejad que los niños se acerquen a mí. No se lo impidáis». ¿Quién les ha enseñado a actuar de una manera tan contraria a su Espíritu? Son, precisamente, los pequeños, débiles e indefensos, los primeros que han de tener abierto el acceso a Jesús.

La razón es muy profunda pues obedece a los designios del Padre: «De los que son como ellos es el reino de Dios». En el reino de Dios y en el grupo de Jesús, los que molestan no son los pequeños, sino los grandes y poderosos, los que quieren dominar y ser los primeros.

El centro de su comunidad no ha de estar ocupado por personas fuertes y poderosas que se imponen a los demás desde arriba. En su comunidad se necesitan hombres y mujeres que buscan el último lugar para acoger, servir, abrazar y bendecir a los más débiles y necesitados.
El reino de Dios no se difunde desde la imposición de los grandes sino desde la acogida y defensa a los pequeños. Donde éstos se convierten en el centro de atención y cuidado, ahí está llegando el reino de Dios, la sociedad humana que quiere el Padre.      

José Antonio Pagola   
           
ORA EN TU INTERIOR

Jesús ha visto la intención de los fariseos de enredarle en la ley y su casuística. No entra en su juego. Les denuncia. En el caso que le proponen, la ley ha sido escrita y es utilizada al servicio de los intereses del más fuerte. “Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto” (Mc 2,5). Jesús les propone otro escenario, el de la voluntad de Dios: ¿qué es lo que Dios quiere? ¿Qué es lo que Dios quiso desde el principio?

¡Y qué diferencia tan grande entre la ley y la voluntad de Dios! Jesús nos abre los ojos para descubrir la voluntad de Dios más allá de la ley. Sale al paso de la parte más débil de la pareja, la mujer, a la cual no se le permitía el divorcio. Más aún, cualquier motivo podía ser utilizado por el varón para repudiarla. El Dios que crea al hombre y a la mujer nada tiene que ver con esta práctica machista (Mc 2,6). “Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer”. Es decir, iguales, con la misma dignidad.

ORACIÓN

·      Quiero tener presente, Señor, a todas las parejas de esposos que sufren por falta de entendimiento, por ausencia de mutua comprensión, por falta de respeto, de delicadeza.

·         Quiero tener presente, Señor, a los matrimonios que se han roto definitivamente y a los hijos que han vivido y viven el problema de la separación de sus padres.

·      Quiero tener presente, Señor, a toda la Iglesia. Ante sí tiene el reto de una nueva evangelización. Le pido al Espíritu que nos ayude a descubrir y a vivir con mayor autenticidad el evangelio y de este modo podamos ser luz y sal en medio de nuestro mundo.

·         Quiero tener presente, Señor, a nuestras comunidades cristianas, que sepamos ayudarnos mutuamente a crecer en la fe y en el seguimiento de Jesús.

·       Por último, Señor, quiero tener presente a toda la humanidad, a todos los pueblos de la tierra, a los organismos internacionales que trabajan al servicio de la convivencia mundial, el diálogo, la justicia y la paz.

Expliquemos el Evangelio a los niños

Imágenes de Paxi  Velasco FANO


Imagen para colorear.