domingo, 12 de marzo de 2017

19 DE MARZO: TERCER DOMINGO DE CUARESMA (A)




“Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva”.

19 DE MARZO

TERCER DOMINGO DE CUARESMA

1ª Lectura: Éxodo 17,3-7

Salmo 94

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor.

2ª Lectura: Romanos 5,1-2.5-8

PALABRA DEL DÍA

Juan 4,5-42

“Llegó Jesús a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: “Dame de beber”. (Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le dice: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva”. La mujer le dice: “Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?, ¿Eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?”. Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”. La mujer le dice: “Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla”. Él le dice: “Anda, llama a tu marido y vuelve”. La mujer le contesta: “No tengo marido”. Jesús le dice: “Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad”. La mujer le dice: “Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén”. Jesús le dice: “Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte, ni en Jerusalén  daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis, nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad”. La mujer le dice: “Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo dirá todo”. Jesús le dice: “Yo soy, el que habla contigo”. En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: “¿Qué le preguntas o de qué le hablas?”. La mujer entonces dejó el cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: “Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será este el Mesías?”. Salieron del pueblo y se pusieron en camino a donde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían: “Maestro, come” Él les dijo: “Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis”. Los discípulos comentaban entre ellos: “¿Le habrá traído alguien de comer?”. Jesús les dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogisteis el fruto de sus sudores. En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: “Me ha dicho todo lo que he hecho”. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú dices, nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Llegó a una ciudad de samaria llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José.
Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.
Una mujer de samaria fue a sacar agua, y Jesús le dijo: "Dame de beber".
Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.
La samaritana le respondió: "¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.
Jesús le respondió: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: 'Dame de beber', tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva".
"Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva?
¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?".
Jesús le respondió: "El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed,
pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna".
"Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla".
Jesús le respondió: "Ve, llama a tu marido y vuelve aquí".
La mujer respondió: "No tengo marido". Jesús continuó: "Tienes razón al decir que no tienes marido,
porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad".
La mujer le dijo: "Señor, veo que eres un profeta.
Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar".
Jesús le respondió: "Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre.
Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre.
Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad".
La mujer le dijo: "Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo".
Jesús le respondió: "Soy yo, el que habla contigo".
En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: "¿Qué quieres de ella?" o "¿Por qué hablas con ella?".
La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente:
"Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?".
Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.
Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: "Come, Maestro".
Pero él les dijo: "Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen".
Los discípulos se preguntaban entre sí: "¿Alguien le habrá traído de comer?".
Jesús les respondió: "Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra.
Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega.
Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría.
Porque en esto se cumple el proverbio: 'no siembra y otro cosecha'
Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos".
Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: "Me ha dicho todo lo que hice".
Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días.
Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra.
Y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo".

REFLEXIÓN

            La imagen de Jesús cansado, sediento a la hora más calurosa del día es conmovedora y sugestiva. Lleva mucho tiempo caminando, hablando, sanando, salvando, y se fatiga. Por eso se sienta esperando algún alivio. En los países donde el agua es escasa, el pozo es un lugar de encuentro.

            Jesús no se limita a sentir la fatiga humana, sino que quiso asumirla toda. Quiso aliviar con la suya la fatiga de todos los hombres. Por eso invita: “Venid a mí y descargad sobre mis hombros y mis espaldas vuestro peso, vuestro agobio, vuestra debilidad, vuestra preocupación. Descargad sobre mí todo lo que os cansa y os deprime. Yo, seré vuestra fuerza y consuelo, vuestra esperanza y alegría”.

            El tema de la sed y del agua es central en este domingo.

            Aparece, en primer lugar, un pueblo torturado por la sed en el desierto. Es un problema material pero es fundamentalmente un problema de fe. El Dios de Israel que se reveló a Moisés como el Dios que ve, que oye y que actúa, como el Dios que no se desentiende de la vida de los hombres, los ha abandonado: ¿Está el Señor con nosotros?.

          Han experimentado a un Dios que ha pasado por ellos liberándolos: Y TIENEN SED.

          Han experimentado a un Dios que les ha dado continuas pruebas de su poder: Y TIENEN SED.

          Han experimentado al Dios de la promesa: Y TIENEN SED.

La sed del hombre es inagotable. Nunca está saciado, nunca está conforme, siempre quiere más.


Esta tentación se repite también hoy, nosotros somos como ese pueblo que a pesar de haber experimentado lo que Dios ha hecho y hace con nosotros, seguimos teniendo sed y nos revelamos. Y ante un sufrimiento grande, ante una muerte inesperada, ante una crisis fuerte, miramos en seguida al cielo: ¿Está o no está Dios con nosotros?. Y la respuesta la encontramos en Jesús, el Hijo de Dios.

El evangelio nos presenta a una mujer de Samaria que acude al pozo a por agua para calmar su sed. Pero el problema va a derivar en otras dimensiones más profundas. La samaritana será un símbolo del hombre que no consigue apagar su sed. Todo hombre está herido de insatisfacción. Vamos de un pozo a otro, de un bar a otro, de un mercado a otro, buscando nuevos productos para calmar la sed que nos tortura, pero al final seguimos con más sed.

La sed son nuestros deseos, nuestras pasiones, nuestras ansias, nuestras necesidades.
Y en la samaritana descubrimos sed de felicidad, sed de amor, sed religiosa, sed del Mesías, sed de Dios.

Jesús le ofrece el agua viva, le ofrece un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna, de forma que ya no volverá a tener sed y no tendrá que volver al pozo a sacarla. Jesús, el sediento, le ofrece meter un manantial en sus entrañas. Nos ofrece a todos, meter un manantial en nuestras entrañas.

ENTRA EN TU INTERIOR

LA RELIGIÓN DE JESÚS

            Cansado del camino, Jesús se sienta junto al manantial de Jacob, en las cercanías de la aldea de Sicar. Pronto llega una mujer samaritana a apagar su sed. Espontáneamente, Jesús comienza a hablar con ella de lo que lleva en su corazón.

 En un momento de la conversación, la mujer le plantea los conflictos que enfrentan a judíos y samaritanos. Los judíos peregrinan a Jerusalén para adorar a Dios. Los samaritanos suben al monte Garizim cuya cumbre se divisa desde el pozo de Jacob. ¿Dónde hay que adorar a Dios? ¿Cuál es la verdadera religión? ¿Qué piensa el profeta de Galilea?

Jesús comienza por aclarar que el verdadero culto no depende de un lugar determinado, por muy venerable que pueda ser. El Padre del cielo no está atado a ningún lugar, no es propiedad de ninguna religión. No pertenece a ningún pueblo concreto.

No lo hemos de olvidar. Para encontrarnos con Dios, no es necesario ir a Roma o peregrinar a Jerusalén. No hace falta entrar en una capilla o visitar una catedral. Desde la cárcel más secreta, desde la sala de cuidados intensivos de un hospital, desde cualquier cocina o lugar de trabajo podemos elevar nuestro corazón hacia Dios.


Jesús no habla a la samaritana de «adorar a Dios». Su lenguaje es nuevo. Hasta por tres veces le habla de «adorar al Padre». Por eso, no es necesario subir a una montaña para acercarnos un poco a un Dios lejano, desentendido de nuestros problemas, indiferente a nuestros sufrimientos. El verdadero culto empieza por reconocer a Dios como Padre querido que nos acompaña de cerca a lo largo de nuestra vida.

Jesús le dice algo más. El Padre está buscando «verdaderos adoradores». No está esperando de sus hijos grandes ceremonias, celebraciones solemnes, inciensos y procesiones. Lo que desea es corazones sencillos que le adoren «en espíritu y en verdad».

«Adorar al Padre en espíritu» es seguir los pasos de Jesús y dejarnos conducir como él por el Espíritu del Padre que lo envía siempre hacia los últimos. Aprender a ser compasivos como es el Padre. Lo dice Jesús de manera clara: «Dios es espíritu, y quienes le adoran deben hacerlo en espíritu». Dios es amor, perdón, ternura, aliento vivificador..., y quienes lo adoran deben parecerse a él.

«Adorar al Padre en verdad» es vivir en la verdad. Volver una y otra vez a la verdad del Evangelio. Ser fieles a la verdad de Jesús sin encerrarnos en nuestras propias mentiras. Después de veinte siglos de cristianismo, ¿hemos aprendido a dar culto verdadero a Dios? ¿Somos los verdaderos adoradores que busca el Padre?

 José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

Jesús le dijo a la samaritana: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber le pedirías tú, y él te daría agua viva… el que bebe de esta agua (del pozo de Jacob) vuele a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed. El agua que yo le daré se le convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”. El pozo de Jacob es aquí símbolo del Antiguo Testamento; pero Cristo es superior porque su agua calma la sed para siempre. Condición: conocer el don de Dios, avivar la fe, proceder con sinceridad y reconocernos pecadores y necesitados ante Dios.

            El encuentro de la samaritana con Jesús fue pasando de ser casual a un nivel personal y profundo; tanto, que la mujer se olvida de sí misma y de su cántaro y va a anunciar a sus paisanos, los habitantes de Sicar, lo que ha visto y oído. La dinámica de un encuentro de fe con Dios, por medio de Jesús en quien cree, la ha convertido en apóstol. Una lección se desprende: Nosotros debemos ser para nuestros hermanos y para el mundo la voz de Cristo, es decir, signo y sacramento del encuentro del hombre sediento con Dios y con su don del Agua viva que es Jesús.

ORACIÓN FINAL

Señor, quiero que quede siempre flotando en nuestro aire existencial la intuición genial y definitiva de aquel gran sediento de lo infinito que fue Agustín de Hipona, y hacer mía su sed: “Inquieto estará mi corazón mientras no descanse en Ti, Señor”.

Expliquemos el Evangelio a los niños

Imágenes de Fano.

Imagen para colorear.

TERCERA SEMANA DE CUARESMA

SEMANA BAUTISMAL – SEMANA DEL AGUA

        “Es amor lo que quiero, no sacrificios”, pues “toda la ley se resume en una palabra: ¡amarás!”. Los profetas Oseas y Jeremías lo Habían dicho y repetido: el único sacrificio que agrada a Dios es el de un corazón sincero; el amor es el horizonte de toda la religión. ¿Por qué, entonces, encontró Jesús una oposición tan feroz cuando puso de manifiesto estos datos fundamentales de la fe? Sin duda, porque con ello ponía en evidencia a los fariseos y a los sacerdotes… Los unos habían transformado la ley de libertad en comportamiento estereotipado; los otros habían hecho del culto un contrato sin alma. Para que el corazón recuperara su lugar central en la religión fue necesario que el profeta Jesús muriese por haber amado hasta el final.

        Dios lo hace todo nuevo, incluido el corazón del hombre. Es el Dios de la mañana, de la primavera y de la aurora. Al leproso le da una carne como de un niño pequeño, y a su pueblo la verdeante hermosura de las colinas del Líbano. Pero el pueblo es sordo y obstinado; retrocede en lugar de avanzar; la fidelidad ha muerto, pues su amor es fugaz como las brumas de la mañana. Pueblo duro que ignora la piedad con las que Dios le ha gratificado sin medida.
Pueblo que no quiere acoger al profeta en su propia patria y se cierra en una ceguera cuando el Mesías hace resonar en sus muros la llegada del Reino de Dios. ¿Cómo podría Dios hacerlo aún todo nuevo? A veces, un hombre presiente la novedad. Aquí un escriba, allí un publicano. Este se mantiene a la sombra del Templo, repitiendo humildemente la oración de su corazón: “Ten piedad de mí, pues soy pecador”. El otro ha comprendido que el amor vale más que todos los sacrificios. Gracias a esta clase de hombres llega el Reino de Dios.

        Un Reino donde se cumple la ley reduciéndola a la sencillez de su plenitud. Ley del corazón y del amor que se desarrolla en acción de gracias: “Señor, con todo el corazón te seguimos, buscamos tu rostro; acógenos, no retires tu misericordia, no repudies tu Alianza”. La Ley brota de la Alianza: conduce al sacrificio de acción de gracias, que vale más que todos los holocaustos. “¡Ven, Israel!” Volved al Señor y decid a Dios: te ofrecemos en sacrificio las palabras de nuestros labios!”

viernes, 3 de marzo de 2017

12 DE MARZO: SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA. (A)



“Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle”.
12 DE MARZO
SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA
1ª Lectura: Génesis 12,1-4ª
Salmo 32
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti.
2ª Lectura: 2 Timoteo 1,8b-10
PALABRA DEL DÍA
Mateo 17,1-9
“Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: “Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle”. Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándoles les dijo: “Levantaos, no temáis”. Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: “No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”.
Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios
“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado.
Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.
De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo".
Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor.
Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: "Levántense, no tengan miedo".
Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: "No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos".
REFLEXIÓN
            La Cuaresma es el camino hacia la Pascua, y en este segundo domingo, contemplamos a Jesús Transfigurado. Como cristianos, como bautizados, hemos sido, también nosotros, transfigurados con Cristo. Por esto nos ponemos en actitud de escucha, en actitud de contemplar la Palabra de Dios y rezarla para que nos conforte y nos estimule en este camino cuaresmal. La fe de Abrahán, como la de los primeros cristianos, nos es modelo y garantía de que el seguimiento de Cristo nos llevará también a nuestra transfiguración. Aunque también pasaremos, como identificados con Cristo, por nuestro calvario. Pero la escucha de la voz del Padre que ratifica la filiación de Jesús nos abre un camino de confianza.
            La primera lectura nos ha presentado la vocación de Abrahán. Culmina con la sencilla frase: “Abrán marchó, como le había dicho el Señor”. Estas palabras sencillas definen la fe de Abrahán. Dios le promete bendición, pero también le exige abandonar cualquier seguridad. Le promete una tierra, aunque le hace abandonar la seguridad de la tierra de sus padres. Abrahán confía. Es el padre de nuestra fe. Su confianza le convierte en modelo y padre de los creyentes porque Abrahán escucha, está dispuesto a escuchar y obedecer la voz del Señor.
            El Salmo 32 que hemos proclamado es una alabanza poética de la Palabra del Señor. La define como palabra sincera, fiel, actuante. El salmista nos ayuda a cantar el amor de este Dios que vela por sus fieles, que les libra de la muerte. La actitud del salmista es la de escuchar, actitud de profundo júbilo al contemplar la Palabra del Señor que lleva a cabo y realiza el amor de Dios hacia los que lo esperan todo en él.
La segunda lectura nos ha presentado los consejos de Pablo a timoneo, responsable de una de las primeras comunidades cristianas. Pablo no le esconde las dificultades del seguimiento de Cristo y del Evangelio. Pero  Cristo ha desposeído a la muerte y, con su Buena Nueva, con su palabra de Evangelio, ha hecho resplandecer la luz de la vida para todos los que lo quieren escuchar y seguir.
El evangelio de Mateo nos sitúa hoy en una montaña alta. Jesús la sube con sus discípulos. Ante ellos se transfigura: se manifiesta resplandeciente como el sol y vestido como de luz. Moisés y Elías conversan con él. Pedro manifiesta una alegría irresistible y quiere fijar este momento. La Palabra culminará esta manifestación. Al igual que en el bautismo de Jesús en el Jordán, la voz ratifica la filiación divina de Jesús. Ante esto sólo se puede adorar. Jesús retorna a los discípulos a la realidad con su característico “no temáis” y con el mandato del silencio hasta que la resurrección no aclare el sentido de esta manifestación.
Nosotros, en esta Cuaresma, con la Iglesia, queremos poner de nuevo en el centro de nuestra vida la voluntad de Dios. Por el bautismo hemos sido identificados con Cristo. Con él penetrábamos en el desierto y con él afrontamos las muchas maneras con que el tentador intenta dividir nuestro corazón; afanes, ansias, envidias.
En esta Cuaresma, mediante la escucha de la Palabra, queremos aprender a contemplar las cosas, el mundo, nuestra realidad, como realidad ya transformada, profecía de la Pascua de Cristo que salva y trasforma lo más profundo de cada ser humano y de la historia.
ENTRA EN TU INTERIOR
MIEDO A JESÚS
La escena conocida como "la transfiguración de Jesús" concluye de una manera inesperada. Una voz venida de lo alto sobrecoge a los discípulos: «Este es mi Hijo amado»: el que tiene el rostro transfigurado. «Escuchadle a él». No a Moisés, el legislador. No a Elías, el profeta. Escuchad a Jesús. Sólo a él.
«Al oír esto, los discípulos caen de bruces, llenos de espanto». Les aterra la presencia cercana del misterio de Dios, pero también el miedo a vivir en adelante escuchando sólo a Jesús. La escena es insólita: los discípulos preferidos de Jesús caídos por tierra, llenos de miedo, sin atreverse a reaccionar ante la voz de Dios.
La actuación de Jesús es conmovedora: «Se acerca» para que sientan su presencia amistosa. «Los toca» para infundirles fuerza y confianza. Y les dice unas palabras inolvidables: «Levantaos. No temáis». Poneos de pie y seguidme. No tengáis miedo a vivir escuchándome a mí.

Es difícil ya ocultarlo. En la Iglesia tenemos miedo a escuchar a Jesús. Un miedo soterrado que nos está paralizando hasta impedirnos vivir hoy con paz, confianza y audacia tras los pasos de Jesús, nuestro único Señor.
Tenemos miedo a la innovación, pero no al inmovilismo que nos está alejando cada vez más de los hombres y mujeres de hoy. Se diría que lo único que hemos de hacer en estos tiempos de profundos cambios es conservar y repetir el pasado. ¿Qué hay detrás de este miedo? ¿Fidelidad a Jesús o miedo a poner en "odres nuevos" el "vino nuevo" del Evangelio?
Tenemos miedo a unas celebraciones más vivas, creativas y expresivas de la fe de los creyentes de hoy, pero nos preocupa menos el aburrimiento generalizado de tantos cristianos buenos que no pueden sintonizar ni vibrar con lo que allí se está celebrando. ¿Somos más fieles a Jesús urgiendo minuciosamente las normas litúrgicas, o nos da miedo "hacer memoria" de él celebrando nuestra fe con más verdad y creatividad?
Tenemos miedo a la libertad de los creyentes. Nos inquieta que el pueblo de Dios recupere la palabra y diga en voz alta sus aspiraciones, o que los laicos asuman su responsabilidad escuchando la voz de su conciencia. En algunos crece el recelo ante religiosos y religiosas que buscan ser fieles al carisma profético que han recibido de Dios. ¿Tenemos miedo a escuchar lo que el Espíritu puede estar diciendo a nuestras iglesias? ¿No tememos apagar el Espíritu en el pueblo de Dios?
En medio de su Iglesia Jesús sigue vivo, pero necesitamos sentir con más fe su presencia y escuchar con menos miedo sus palabras: «Levantaos. No tengáis miedo».
José Antonio Pagola
ORA EN TU INTERIOR
            Después de que Jesús ha predicho su pasión toma consigo a Pedro, Santiago y Juan y se transfigura ante ellos en la cumbre de una alta montaña; de esta manera, los discípulos más cercanos a Jesús experimentan algo de la gloria de su resurrección. Sólo desde la vida de Dios, que supera toda muerte, se puede entender el gesto de Jesús de dar su vida, y su invitación a todo discípulo, de “perderla para recuperarla”.
            La versión de la Transfiguración del evangelio de Mateo se caracteriza por sus pinceladas apocalípticas (la cara resplandeciente como el sol, y los vestidos blancos como la luz) y por las evocaciones de la teofanía del monte Sinaí (una montaña alta, la nube luminosa).
            Con la aparición de Moisés y Elías conversando con Jesús el texto nos quiere decir que es a partir de la Ley y los profetas que se puede comprender la voluntad de Dios sobre Jesús y sus discípulos; la voz del cielo pone el acento en que es en Jesús (el amado, el Hijo, el que tiene la predilección de Dios) donde está la plenitud de la revelación y que es a él a quien todo ser humano tiene que escuchar. Ésta fue, precisamente, la experiencia que tuvieron los discípulos después de la muerte de Jesús, a partir de la conciencia de su Resurrección. De hecho, Jesús les dice a sus discípulos, asustados por la visión, lo que dirá después a los primeros testigos de la Resurrección: “No temáis”.
ORACIÓN
            Jesús, lo que contemplo en el cuarto misterio luminoso del rosario de los jueves, me lo ofreces hoy para darme ánimos en esta Cuaresma, camino de la Pascua. Tu Transfiguración es un anticipo de tu Resurrección y un anuncio del proyecto que tienes para mí, avalado por el Padre: transfigurarme en otro Cristo, dando muerte a mi hombre viejo contrario a la Ley, a los Profetas y al Evangelio.
Expliquemos el Evangelio a los niños
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SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA
RECORRE EL CAMINO DE LA MISERICORDIA
Esta segunda semana es en el leccionario cuaresmal, la semana de la Misericordia. Es el tema dominante durante toda la semana.
            El Dios que se presenta es un Dios de entrañas de misericordia. En contraposición con el Dios legalista y justiciero, los evangelios nos descubren un Dios con entrañas de misericordia y de perdón.
            Pero no solo esto: se pide al cristiano que sea él mismo misericordioso como lo es Dios.
            El domingo segundo de cuaresma vemos el pasaje de la transfiguración. Jesús lleva a los suyos a una montaña alta. La Ascensión y el camino de Jesús acaban siempre en una montaña.
            La cuaresma acabará en una montaña, la del Gólgota y la de la Ascensión. Mientras se llega a aquella, y como empuje para llegar allí, está el Tabor, la gloria de Dios que aparece en todo su esplendor por unos momentos.
            Se les anuncia lo incomprensible para ellos justamente en estos momentos de luz: “He aquí que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado”.
            Los evangelios de la semana comienzan por una invitación a la misericordia: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso”.
            He aquí un camino a realizar durante estos cinco días, y la novedad que se está pidiendo al creyente. El cambio y la transfiguración que se nos exige pasan por hacernos hombres y mujeres llenos de ternura y de misericordia.
            Acoger al hermano es darle vida, es levantarle de su postración y entronizarlo en el mundo de la comunidad. Acoger es algo así como dar existencia y recrear al otro.  Donde nos sentimos acogidos, allí somos distintos, allí todo lo bueno que llevamos en el corazón crece y se desarrolla y es posible el futuro y el cambio.
            Abrir los brazos a todos y acercarse a todos y dar cabida a todos es el mensaje de la predicación de Jesús. Por eso, Él es el hombre nuevo, sabe perdonar y sabe entrar en la casa de los pecadores para perdonarlos y dejar que entren todos en su casa, en su corazón.

jueves, 2 de marzo de 2017

1 Y 5 DE MARZO: MIÉRCOLES DE CENIZA Y PRIMER DOMINGO DE CUARESMA.



1 DE MARZO 2017
MIÉRCOLES DE CENIZA
1ª Lectura: Joel 2,12-18
Rasgad los corazones y no las vestiduras.
Salmo 50
Misericordia, Señor: hemos pecado
2ª Lectura: 2 Corintios 5,20-6,2
Reconciliaos con Dios: ahora es tiempo favorable.
PALABRA DEL DÍA
Mateo 6,1-6.16-18
“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan: Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre que ve en lo escondido, te recompensará.”
Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios
“Jesús dijo a sus discípulos:
Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo.
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha,
para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.
REFLEXIÓN
COMENZAMOS LA CUARESMA
                Con el Miércoles de Ceniza empezamos, un año más, la celebración de la Cuaresma. Toda la Iglesia está invitada a ponerse en camino hacia la Pascua con un corazón nuevo, con un corazón renovado. Los textos litúrgicos serán nuestra guía, nuestra compañía, en este tiempo santo. Tenemos que dejarlos hablar, para poder recoger su mensaje salvífico. Tenemos que estar abiertos a este “tiempo favorable”. Si de verdad nos implicamos en esta propuesta de conversión, en esta aventura de gracia, si de verdad nos reconciliamos con Dios, será un camino de liberación y de vida renovada.
LOS GRITOS DE LA CUARESMA
Los textos bíblicos que la liturgia nos ofrece en este primer día de la Cuaresma, nos invitan a la conversión, a centrarnos en lo esencial, a preguntarnos por qué, tan a menudo, cosas sin importancia, pasan a ser importantes en nuestra vida hasta el punto de distraernos de las relaciones con Dios, con los hermanos, y de descentrarnos a nosotros mismos.
El profeta Joel llama al pueblo a la conversión interior y sincera, a huir de la ritualidad puramente externa, con frases como éstas: “Convertíos a mí de todo corazón…”  “Rasgad los corazones, no las vestiduras”.
En el salmo, en sintonía con las lecturas, cantamos: “…por tu inmensa compasión borra mi culpa. Lava del todo mi delito, limpia mi pecado…, crea en mí un corazón puro…, renuévame por dentro con espíritu firme, no me arrojes lejos de tu rostro…”, “no me quites tu Santo Espíritu”, “devuélveme la alegría de tu salvación…
Pablo describe la salvación como gracia, como don gratuito que hemos de acoger, y nos invita: “os pedimos que os reconciliéis con Dios”.
TRES PUNTOS IMPORTANTES A TENER EN CUENTA
             Piedad auténtica: limosna, oración, ayuno. Esto nos remarca el texto evangélico de hoy, en la sección central del Sermón de la Montaña de San Mateo. Aquí Jesús exhorta a una espiritualidad auténtica.
          Cuaresma, tiempo de gracia y de reconciliación. El protagonismo de este tiempo no lo tienen nuestras obras, por muy buenas que sean, sino la gracia de Dios. En el centro de la reconciliación de Dios con el hombre y del hombre con Dios está la obra de Cristo: “Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestros pecados, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios”. Cada uno de nosotros ha de sentirse acogido por Dios, tal como lo expresa Pablo en este texto, cuando cita a Isaías 49,8: “en tiempo favorable te escuché, en día de salvación viene en tu ayuda”. La conclusión que saca el apóstol conviene que tenga eco a lo largo de toda nuestra vida: “Ahora es tiempo favorable, ahora es el día de la salvación”.
          Al final, dominando todo el horizonte, la Pascua. En ningún momento de estos cuarenta días, debemos olvidar la meta a la que nos conduce: la Pascua. Las oraciones litúrgicas de estos días, van a incidir en ello: “Que, fieles a las prácticas cuaresmales, puedan llegar, con el corazón limpio, a la celebración del misterio pascual de tu Hijo…”, “…concédenos, por medio de las prácticas cuaresmales, el perdón de los pecados; así podremos alcanzar, a imagen de tu Hijo resucitado, la vida nueva de tu reino…”.
Esto es lo que hemos dicho a nuestro Padre Dios este Miércoles de Ceniza, ahora es una nueva oportunidad, tal como nos ha recordado Pablo. Cuando se trata de avanzar en la conversión del corazón partimos del protagonismo del Padre que nos ha regalado su gracia. Es la gracia, derramada en nuestro corazones con el Espíritu que se nos ha dado, la que nos capacita para amar tal como Jesús amó, para actuar con misericordia, para dar ternura, para orar con confianza, para ser sencillos, para perdonar a quien nos ha ofendido, para reconocer la propia pequeñez, para ayudar con más desprendimiento, para ser más compasivos con nuestros hermanos más necesitados, los más pobres, los enfermos, los ancianos, los niños… y tantas y tantas maravillas, que la gracia de Dios nos permite realizar.
Por tanto una llamada al arrepentimiento, a convertirnos al Dios del amor y el perdón, que ha hecho su obra en Jesucristo. Es un tiempo favorable para la reconciliación, como nos ha recordado Pablo en la segunda lectura.
La Iglesia nos propone los tres gestos tradicionales: la oración, el ayuno y la limosna. Son los signos de la conversión en los tres ámbitos de nuestra vida.
          LA ORACIÓN: Momento tranquilo de nuestra comunión con Dios, para escuchar su Palabra y para depositar nuestra confianza en Él, en un mundo que ignora la oración y se olvida de Dios.
          EL AYUNO: Esfuerzo de austeridad personal en la comida, en los gastos, en la ostentación exterior, en un clima social tan inclinado a valorar la riqueza y el poder.
          LA LIMOSNA: Signo de la generosidad hacia los demás, especialmente a los más necesitados.
Sin olvidar el acento evangélico: lo que importa es el corazón abierto y sincero: “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos…”, hemos escuchado en el evangelio.
            Toda la Cuaresma será la contemplación del camino de Jesús y el impulso para todos nosotros por hacerlo con él, como aprendizaje de la vida verdadera.
            La ceniza de este miércoles es ya ceniza de resurrección. Dios es capaz de sacar vida de la muerte y resurrección de las cenizas, como brota la espiga del grano que muere en la tierra.
Este tiempo de Cuaresma es una nueva oportunidad para aprovechar al máximo la gracia de Dios, y trabajar para que por fin, la Pascua de la justicia, del amor y de la paz,   llegue a todos. Para que por fin todas las armas se conviertan en rosas, todas las alambradas de espinas, en setos verdes y floridos, todas las cruces en luces de la aurora, todos los muros que dividen, en arcoíris, que hombres, mujeres y  niños puedan vivir sin sobresaltos.
Comencemos, hermanas y hermanos y vivámosla intensamente, vivámosla como rejuvenecimiento interior, que podamos renacer en espigas de primavera en la mañana santa de la Pascua.
ENTRA EN TU INTERIOR
            La gracia de Dios nos permite enternecer nuestros corazones y escuchar la Palabra de Dios. Precisamos, sin embargo, de una actitud humilde a fin de acoger los dones de Dios, tener aquella confianza en los hijos que esperan las caricias de sus padres. Nosotros también esperamos que nos llegue la ternura de Dios, sus caricias manifestadas en los sacramentos, en su Palabra, en las personas, en los hechos cotidianos, en los que sufren.
            Sé, Señor, que ahora es el momento de colaborar contigo para hacer posible mi cambio. La Cuaresma quiere recordarme que tengo que hacer algo, aunque sea poco.
ORA EN TU INTERIOR
                Dar limosna, o lo que es lo mismo, cambiar mi ideal de tener por el de compartir. Y esto será posible, Señor, si como me dice San Pablo, comienzo a considerar a los demás, sobre todo a los más pobres y necesitados, como superiores a mí.
            Quiero, Señor, poner amor en todas las exigencias cuaresmales, aunque sean difíciles, pero sé que si pongo amor, seguramente se transformarán en momentos de gozo.
ORACIÓN FINAL (Salmo 50)
                Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa, lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia tendrás razón, en el juicio resultarás inocente. Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.
Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría. Rocíame con agua: quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve.
Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.
Hazme oír el gozo y la alegría, que se alegren los huesos quebrantados. Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa.


                  “Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”
5 DE MARZO
PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
1ª Lectura: Génesis 2,7-9; 3,1-7
Creación y pecado de los primeros padres.
Salmo 50: Misericordia, Señor, hemos pecado.
2ª Lectura: Romanos 5,12-19
Si creció el pecado, más abundante fue la gracia.
PALABRA DEL DÍA
Mateo 4,1-11
“Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”. Pero él le contestó, diciendo: “Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Encargará a sus ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”. Jesús le dijo: “También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”. Después, el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: “Todo esto te daré, si te postras y me adoras”. Entonces le dijo Jesús: “Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”. Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían”.
Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios
“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio.
Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre.
Y el tentador, acercándose, le dijo: "Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes".
Jesús le respondió: "Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo,
diciéndole: "Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra".
Jesús le respondió: "También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios".
El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor,
y le dijo: "Te daré todo esto, si te postras para adorarme".
Jesús le respondió: "Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto".
Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo”.
REFLEXIÓN
            En este primer domingo nos adentramos en el camino que nos llevará a la Pascua. Es un camino íntimamente ligado con nuestro compromiso bautismal. Los catecúmenos se preparan en este tiempo para acercarse a las fuentes bautismales. Los cristianos acompañamos a Jesús al desierto, lugar de ayuno y tentación, para fortalecernos y renovar, la Noche de Pascua, las promesas de nuestro bautismo. Debemos tomar nuevo aliento, convertirnos, tenemos que volver al lado de Dios. Podemos decir que hoy, en este domingo, iniciamos el camino cuaresmal hacia la renovación de nuestra fe bautismal, con el deseo de la santa Pascua.
            La primera lectura, el relato de la creación al que volveremos en el inicio de la Vigilia Pascual, nos hace notar que la vida del hombre y de la mujer viene de Dios. Es Dios el protagonista de este relato, y el ser humano está llamado a compartir este protagonismo. El ser humano, sin embargo, por el pecado se encierra en sí mismo y olvida a Dios, no le deja espacio. La creación sufre las consecuencias. Sólo la obediencia de Cristo retornará el equilibrio roto y la criatura se podrá dirigir al creador como Padre.
            El salmo 50 que cantaremos nos acompañará durante todo este tiempo cuaresmal. La experiencia de pecado del salmista se convierte entonces en experiencia profunda de la misericordia de Dios. El pecado está presente en todas las generaciones, pero el amor del Señor, que dura por siempre, nos lleva de nuevo a abrir los labios y proclamar la alabanza del Dios que salva.
            La segunda lectura nos ha presentado un fragmento de la carta de Pablo a los cristianos de Roma. Pablo, con una exposición de gran contenido teológico hace ver la relación entre el don de la gracia y la pena del pecado. Para Pablo, el don no tiene comparación con la caída. Adán, en quien todos hemos caído, tiene como contrapeso al Cristo a quien estamos unidos indisolublemente por el bautismo. Con Adán nos une el pecado connatural a nuestra condición humana. Con Cristo, por el bautismo, compartiremos su muerte y resurrección.
            El evangelio de Mateo nos sitúa hoy en la escena de las tentaciones de Jesús en el desierto. Jesús cumple un ayuno de cuarenta días después de recibir el bautismo en el Jordán y después de la manifestación de su filiación divina, justo antes de empezar su predicación y misión en Galilea. Cumple los cuarenta días como imagen de los cuarenta días que Moisés estuvo en la montaña rezando a Dios; como imagen de los cuarenta días de camino que realizó Elías por llegar al monte Horeb; como los cuarenta años que el pueblo pasó en el desierto, donde sufrió tentación y las mordeduras de serpientes hasta llegar a la Tierra Prometida. Jesús lleva a cumplimiento estos actos proféticos y sufre las tentaciones del hambre, del afán de poder, y del afán de poseer riqueza. El tentador le propone, como a Adán, que se ponga en lugar de Dios y sacie el hambre y el afán de dominio que caracterizan al hombre y a la mujer de todos los tiempos, utilizando erróneamente el poder y adorando al tentador. Jesús le responde con la Palabra de Dios y declara la primacía de Dios sobre todas las cosas: “Al Señor, tú Dios, adorarás y a él solo darás culto”.
            Jesús pone en el centro la voluntad de Dios. Allí donde Adán puso su propia voluntad, Jesús, el Hijo, sitúa la voluntad del Padre. Jesús cambia radicalmente la respuesta a la tentación y da una dimensión a la relación entre la criatura y el creador. Jesús pone en el centro la voluntad de Dios, y el tiempo de tentación, de desierto, de dificultad, de desánimo, de soledad, se coinvierte en tiempo de gracia y de evangelio.
            Nosotros, en esta Cuaresma, con la Iglesia, queremos poner, de nuevo, en el centro de nuestra vida la voluntad de Dios. Por el bautismo hemos sido identificados con Cristo. Con él penetramos en el desierto y con él hacemos frente a las muchas formas con las que el tentador intenta dividir nuestro corazón; afanes, ansias, envidias. Con Cristo queremos responder que sólo Dios es el centro de nuestra vida. Ya no somos más del pecado ni de la muerte. El evangelio de Cristo nos lo hace contemplar todo, incluso en los momentos de prueba, como momentos de Pascua. Porque en esta Cuaresma, con la meditación de la Palabra, compartiendo la eucaristía, en el ayuno y en la caridad queremos aprender a contemplar y a esperar con júbilo la Pascua de Cristo que salva a todo ser humano y renueva toda la creación
ENTRA EN TU INTERIOR
TENTADO, PERO NO VENCIDO
No le resultó nada fácil a Jesús mantenerse fiel a la misión recibida de su Padre, sin desviarse de su voluntad. Los evangelios recuerdan su lucha interior y las pruebas que tuvo que superar, junto a sus discípulos, a lo largo de su vida. Los maestros de la ley lo acosaban con preguntas capciosas para someterlo al orden establecido, olvidando al Espíritu que lo impulsaba a curar incluso en sábado. Los fariseos le pedían que dejara de aliviar el sufrimiento de la gente y realizara algo más espectacular, "un signo del cielo", de proporciones cósmicas, con el que Dios lo confirmara ante todos.
Las tentaciones le venían incluso de sus discípulos más queridos. Santiago y Juan le pedían que se olvidara de los últimos, y pensara más en reservarles a ellos los puestos de más honor y poder. Pedro le reprende porque pone en riesgo su vida y puede terminar ejecutado.
            Sufría Jesús y sufrían también sus discípulos. Nada era fácil ni claro. Todos tenían que buscar la voluntad del Padre superando pruebas y tentaciones de diverso género. Pocas horas antes de ser detenido por las fuerzas de seguridad del templo Jesús les dice así: "Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas" (Lucas 22,28).
El episodio conocido como "las tentaciones de Jesús" es un relato en el que se reagrupan y resumen las tentaciones que hubo de superar Jesús a lo largo de toda su vida. Aunque vive movido por el Espíritu recibido en el Jordán, nada le dispensa de sentirse atraído hacia formas falsas de mesianismo.
¿Ha de pensar en su propio interés, o escuchar la voluntad del Padre? ¿Ha de imponer su poder de Mesías, o ponerse al servicio de quienes lo necesitan? ¿Ha de buscar su propia gloria, o manifestar la compasión de Dios hacia los que sufren? ¿Ha de evitar riesgos y eludir la crucifixión, o entregarse a su misión confiando en el Padre?
El relato de las tentaciones de Jesús fue recogido en los evangelios para alertar a sus seguidores. Hemos de ser lúcidos. El Espíritu de Jesús está vivo en su Iglesia, pero los cristianos no estamos libres de falsear una y otra vez nuestra identidad cayendo en múltiples tentaciones.
Identificar hoy las tentaciones de la Iglesia y de la jerarquía, de los cristianos y de sus comunidades; hacernos conscientes de ellas como Jesús; y afrontarlas como lo hizo él, es lo primero para seguirle con fidelidad. Una Iglesia que no es consciente de sus tentaciones, pronto falseará su identidad y su misión. ¿No nos está sucediendo algo de esto? ¿No necesitamos más lucidez y vigilancia para no caer en la infidelidad?
José Antonio Pagola
ORA EN TU INTERIOR
            Si Israel fue infiel en el desierto Jesús muestra su firmeza en seguir la voluntad divina y su proyecto de Salvación. En el evangelio de Mateo es el diablo quien hace el mismo papel que la serpiente del relato del Génesis, que incita al pecado del cual hablaba Pablo en la carta a los romanos. El tentador es astuto y cita la misma Escritura para incitar a Jesús a desviarse de su misión salvadora, presentando el mal en forma de bien.
            El diablo tienta a Jesús incitando a un mesianismo de tipo materialista: “Di que estas piedras se conviertan en panes”, pero Jesús supera la tentación siendo consciente de la necesidad espiritual del ser humano como su hambre y sed de cumplir la voluntad de Dios: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
            La segunda insinuación es la de un mesianismo espectacular, es decir, de seguir las expectativas mesiánicas de su tiempo. Invita a Jesús, además, a seguir un providencialismo literal e irresponsable. Jesús desenmascara las ideas del diablo como una tentación.
            La última tentación es la del mesianismo a través del poder y de la gloria del mundo. Pero Jesús ha venido a ser servidor de todos, no a someter a los demás. No se puede servir a Dios y al poder.
ORACIÓN
            Señor, quisiste someterte a las tentaciones del demonio para enseñarme que las tentaciones no son malas; nada malo hubo en tu vida. Sirven para fortalecer mi unión contigo. ¿Cómo hacer frente al tentador? Tu ejemplo me dice que no debo entablar conversación ni entretenerme con él, como Eva, sino rechazarlo de plano con la sabiduría de la Palabra y la fuerza de la Gracia. Contra las insidias del demonio, yo acepto, la historia, la realidad y el futuro que tú quieres para mí; todo lo has hecho bien.
Expliquemos el Evangelio a los niños

Imagen para colorear

PRIMERA SEMANA DE CUARESMA
CAMINA HACIA UN MUNDO NUEVO
            Esta primera semana la liturgia nos invita a caminar, a ponernos en camino. ¿Hacia dónde? Hacia un mundo nuevo.
            El creyente debe tener alma de nómada. El nómada nunca llega a donde tiene que llegar, porque lo suyo es ser caminante, no tener ningún lugar en propiedad. Todos los lugares son de paso. Ningún lugar es su lugar. Lo esencial está siempre más allá.
           Todos los días es tiempo de empezar, de comenzar de nuevo. Cada mañana es tiempo de arrancar de nuevo hacia la meta. El punto donde quedamos al terminar el día no es nunca un punto final. Sólo es punto y seguido. No hemos llegado nunca donde Dios nos espera, aunque estemos siempre con Dios, Dios, como un padre que enseña a andar a su hijo, siempre se pone un poco más allá y nos deja solos para que caminemos hacia él.
            Caminar, en clave de fe, significa dejar la tierra donde nos sentimos bien, seguros, esclavos de nuestros antojos y de nuestros planes, sordos para escuchar la voz de Dios.
            Caminar tiene sus riesgos: uno se cansa, hay momentos de desierto, se encuentran compañeros de ruta que se hacen insoportables y vienen las peleas y las discusiones… O llega la niebla que no nos deja ver, que te desorienta y te preguntas: ¿Dónde voy? ¿Para qué seguir caminando siempre si no se llega nunca.
            Caminar, ¿hacia dónde? Hacia lo esencial: “Sed santos como vuestro Padre celestial es santo”, y, además, “al final de la vida se os va a medir por lo que hicisteis con los hermanos, no por las fatigas que os tomasteis” En palabras de San Juan de la Cruz: “Al amanecer de la vida, se os juzgará en el amor”.
            Esta primera semana nos centra en lo esencial, santidad y la vida como servicio a los hermanos. Sin esto no hay vida cristiana.