domingo, 9 de julio de 2023

16 DE JULIO: XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

 


“Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen.

Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron”.

16 DE JULIO

XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (A)

1ª Lectura: Isaías 55,10-11

La lluvia hace germinar la tierra.

Salmo 64

La semilla cayó en tierra buena, y dio fruto.

2ª Lectura: Romanos 8,18-23

La creación expectante está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios.

PALABRA DEL DÍA

Mateo 13,1-23

(Los textos entre [ ] corchetes, tanto en este domingo como en los siguientes,

pueden suprimirse por razones pastorales)

“Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: -Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero en cuando salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, cientos; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga. [Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: - ¿Por qué hablas en parábolas? Él les contestó: -A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del Reino de los Cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos, para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure.” Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la Palabra del Reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguido con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la Palabra, sucumben. Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la Palabra, pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la Palabra y la entiende; éste dará fruto y producirá ciento, o sesenta, o treinta por uno.]

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar.

Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa.

Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: "El sembrador salió a sembrar.

Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron.

Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron.

Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron.

Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.

¡El que tenga oídos, que oiga!".

[Los discípulos se acercaron y le dijeron: "¿Por qué les hablas por medio de parábolas?".

Él les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no.

Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.

Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden.

Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán,

Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.

Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen.

Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.

Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador.

Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino.

El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.

El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.

Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno".]

REFLEXIÓN

Este domingo, y los dos próximos, escucharemos en la lectura del evangelio el capítulo 13 de san Mateo, que contiene las llamadas parábolas del Reino, un conjunto de textos que explican el talante y el estilo que han de presidir este Reino, este proyecto de Dios sobre el mundo. Relacionando los tres domingos, podremos captar plenamente la música de fondo de este Reino.

En relación con las lecturas de hoy, las palabras del profeta Isaías “como la lluvia y la nieve empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, así será la palabra que salga de mi boca”, nos introduce en la principal reflexión que se nos propone este domingo, y que consiste en la necesidad de no limitarse a escuchar y recibir la palabra de Dios, sino de traducirla en obras en nuestra vida. La parábola del sembrador va en esta misma línea, y aunque es cierto que de toda la semilla sembrada, gran parte no dará fruto, otra sí que fructifica, ”como treinta, como sesenta, o como cien”.

 Por otra parte, la carta de san Pablo a los cristianos de Roma nos ha urgido a colaborar, “con los primeros frutos de la cosecha”, a la liberación de todo el universo creado, mediante nuestra propia liberación y la liberación de los demás.

Pero profundicemos un poco más en el comentario del evangelio, como punto central de nuestra flexión. La enseñanza de la parábola del “sembrador que sale a sembrar” podemos contemplarla desde una doble perspectiva: una propia y personal, como campos que somos, sembrados por la semilla de la Palabra de Dios; y otra, como sembradores colectivos, como evangelizadores, que estamos llamados a la vez a transmitir y sembrar esta semilla en el mundo por nuestro compromiso bautismal.

Es preciso advertir que, en principio, esta parábola parece, a primera vista, la constatación de un gran fracaso, tanto por parte de la recepción y disponibilidades del campo, como por parte del trabajo de los sembradores, ya que es muy poco la semilla que da fruto, sin embargo, hay que decir que, simultáneamente, la parábola es un gran canto a la esperanza, porque nos dice que sigue habiendo campos donde la semilla arraiga y da frutos que ilusionan, y, consecuentemente, que siguen existiendo también sembradores que son buenos instrumentos de Dios, que saben encontrar la tierra propicia.

¿Cuáles son los elementos destructores que anulan e impiden hoy la fecundidad de la Palabra de Dios en las personas y a nuestro alrededor? Los intereses personales, la vida ajetreada, las cobardías, los miedos, los desánimos… y por parte de los sembradores, el desconocimiento de los terrenos, las impaciencias, las faltas de respeto al ritmo de las personas, las imposiciones…

Cuidado, con todo, con esa necesidad de dar fruto, porque esta expresión bíblica no es necesariamente, ni únicamente, sinónimo de eficacia, sino que significa responder de manera positiva al proyecto de Dios. No se nos piden triunfos, sino seguir luchando y trabajando para ser fieles a este proyecto.



ENTRA EN TU INTERIOR

TENER OÍDOS Y NO OÍR

Las parábolas de Jesús han cautivado siempre a sus seguidores. Los evangelios han conservado cerca de cuarenta. Seguramente, las que Jesús repitió más veces o las que con más fuerza se grabaron en el corazón y el recuerdo de sus discípulos. ¿Cómo leer estas parábolas? ¿Cómo captar su mensaje?

Mateo nos recuerda antes que nada que las parábolas han sido «sembradas» en el mundo por Jesús. «Salió Jesús de su casa» a enseñar su mensaje a la gente, y su primera parábola comienza precisamente así: «Salió el sembrador a sembrar». El sembrador es Jesús. Sus parábolas son una llamada a entender y vivir la vida tal como la entendía y vivía él. Si no sintonizamos con Jesús, difícilmente entenderemos sus parábolas.

Lo que Jesús siembra es «la palabra del Reino». Así dice Mateo. Cada parábola es una invitación a pasar de un mundo viejo, convencional y poco humano a un «país nuevo», lleno de vida, tal como lo quiere Dios para sus hijos e hijas. Jesús lo llamaba «reino de Dios». Si no seguimos a Jesús trabajando por un mundo más humano, ¿cómo vamos a entender sus parábolas?

Jesús siembra su mensaje «en el corazón», es decir, en el interior de las personas. Ahí se produce la verdadera conversión. No basta predicar las parábolas. Si el «corazón» de la Iglesia y de los cristianos no se abre a Jesús, nunca captaremos su fuerza transformadora.

Jesús no discrimina a nadie. Lo que ocurre es que a los que son «discípulos» y caminan tras sus pasos Dios les da a «conocer los secretos del Reino». A los demás no. Los discípulos tienen la clave para captar las parábolas; su conocimiento del proyecto de Dios será cada vez más profundo. Pero los que no dan el paso, y viven sin hacer la opción por Jesús no entienden su mensaje, y lo poco que escuchan lo terminan perdiendo.

Nuestro problema es terminar viviendo con el «corazón embotado». Entonces sucede algo inevitable. Tenemos «oídos», pero no escuchamos ningún mensaje. Tenemos «ojos», pero no miramos a Jesús. Nuestro corazón no entiende nada. ¿Cómo se siembra el evangelio en nuestras comunidades cristianas? ¿Cómo despertamos entre nosotros la acogida al Sembrador?

 José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

La tarea de sembrar nuestro propio campo y de ser sembradores de los demás no es una tarea de un día, sino de toda la vida. Los triunfos espectaculares y rápidos no llegan fácilmente, sino más bien al contrario: son siempre el resultado de un largo esfuerzo, y por supuesto de la oración.

Dios continúa sembrando su Palabra a lo largo de la historia y no dejará de hacerlo. Las cosas, seguramente, no salen a la medida de nuestros deseos, pero las personas son las que son y no las que nosotros quisiéramos que fueran. El sembrador de la parábola comprueba que sólo consigue el cien por uno una proporción pequeña de la semilla, mientras que nosotros quisiéramos conseguirlo siempre.

ORACIÓN

Señor que bajas como una lluvia para fecundar y hacer germinar la semilla del Reino, que encuentres en nosotros un corazón bien dispuesto.

Que las preocupaciones diarias no sea un obstáculo insalvable para nuestra vida interior.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco (FANO)


 


 


domingo, 2 de julio de 2023

9 DE JULIO: XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

 

“Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.”

9 DE JULIO

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ª Lectura: Zacarías 9,9-10

Mira a tu rey que viene humilde hacia ti.

Salmo 144

Acuérdate, Señor, de tu misericordia.

2ª Lectura: Romanos 8,9.11-13

Si con la ayuda del Espíritu dan muerte a los bajos deseos del cuerpo, vivirán.

EVANGELIO DEL DÍA

Mateo 11,25-30

“En aquel tiempo, exclamó Jesús:

-«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor.

Todo me lo, ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y encontraréis vuestro. descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios.

“Jesús dijo:

"Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.

Sí, Padre, porque así lo has querido.

Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar."

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.

Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.

Porque mi yugo es suave y mi carga liviana."

REFLEXIÓN

Mateo acaba de narrar el rechazo del mensaje por parte de ciudades enteras, que provoca estas palabras de Jesús: “¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! ¿Y tú, Cafarnaún? Hasta el abismo te hundirás”. Ante el fracaso de la predicación, Jesús no se desanima, sino que responde con una alabanza al Padre, porque hay otros que sí lo aceptan.

En el evangelio de hoy hay tres partes bien definidas. La primera se refiere a Dios. La segunda, a una interdependencia entre Jesús y Dios. La tercera, hace referencia a la relación entre nosotros y Jesús. Las tres manifiestan aspectos esenciales del mensaje.

“Te doy gracias, Padre, porque…” Lo importante no es la acción de gracias en sí, sino el motivo. Los “sabios y entendidos” eran los especialistas de la Ley. Su conocimiento de Dios les daba derecho a sentirse seguros, poseedores de la verdad. No tenían nada que aprender, pero eran los únicos que podían enseñar. Con prepotencia imponían toda clase de normas y preceptos insoportables para la gente normal.

¿Quiénes eran los sencillos? “El “nepios” griego tiene muchos significados, pero todos van en la misma dirección: infantil, niño, menor de edad, incapaz de hablar; y también: tonto, infeliz, ingenuo, débil. En todos descubrimos la ausencia de cálculo, la falta de doblez o segundas intenciones.

Para la élite, los sencillos eran unos malditos, porque no conocían la Ley, y por lo tanto no podían cumplirla.

Eran los “sin voz”, “la gente de la tierra” a quienes los rabinos despreciaban. En tiempo de Jesús, sólo los dirigentes podían hablar, los demás sólo tenían la obligación de escuchar y obedecer.

Debemos ir más allá de la literalidad. Sería mezquino pensar que Jesús se alegra porque Dios no se revela a alguien. Dios no puede tener privilegios con nadie. El evangelio no puede decir que Dios da a algunos lo que niega a otros. Lo que quiere decir es que, el Dios de Jesús no puede ser aceptado más que por la gente sencilla y sin prejuicios.

Jesús da gracias a Dios porque todos pueden acceder a la revelación del verdadero Dios. Los sabios también pueden, si quieren, ser sencillos. Los sencillos no pueden volverse sabios. Si se revelara sólo a los sabios, los sencillos no tendrían posibilidad de llegar a él.

Los engreídos, los soberbios, tienen capacidad para crearse su propio dios, que siempre se parecerá a ellos mismos.

“Todo me lo ha entregado mi Padre…” Sorprendente afirmación de Jesús. El conocimiento de Dios no es fruto del esfuerzo humano, sino por revelación. El error garrafal de nuestra teología fue creer que conocíamos a Jesús porque conocíamos a Dios; si Jesús era Dios, ya sabíamos lo que era Jesús. El texto dice exactamente lo contrario. La única manera de conocer a Dios es aproximarnos a Jesús.

El verbo conocer tiene en los textos bíblicos una connotación de las que carece en nuestra lengua: Indica cercanía, familiaridad, comprensión, mutua entrega. Es el verbo que se utiliza para designar la relación más íntima entre un hombre y una mujer. Significaría a la vez conocer y amar.

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré”. La imagen de yugo se aplicaba a la Ley, que tal como la imponían los fariseos, era insoportable. El hombre desaparecía bajo el peso de más de 600 preceptos y 5.000 prescripciones. Para ellos la Ley era lo único absoluto. Jesús dice lo contrario: “El sábado está hecho para el hombre, no el hombre para el sábado”.

Jesús propone un “yugo”, pero no para ir contra el hombre, sino a favor del hombre. Jesús quiere ayudar al ser humano a desplegar su ser sin opresiones. El yugo y la carga sería como el peso de las alas para el ave. Claro que las alas tienen su peso, pero si se la quitas, ¿con qué volará? Subyugados por Jesús no tenemos que cargar con nada, sino hacernos cargo de lo que nos lleva a la plenitud.

Lo que acabamos de leer es, sin duda, evangelio (buena noticia). Pero no hemos hecho mucho caso a este mensaje. En cuanto pasaron los primeros siglos de cristianismo, se olvidó totalmente este evangelio, y se recuperó “el sentido común”. Nunca más se ha reconocido que Dios se pueda revelar a la gente sencilla.

Jesús no propone una religión menos exigente. Propone una manera de vivir la cercanía de Dios, tal como él la vivió. Esa Vida profunda, es la que puede dar sentido a la existencia, tanto del listo como del tonto, tanto del sabio como del ignorante, tanto del rico como del pobre. Todo lo que nos lleve a plenitud, será ligero. Este camino no es fácil.

Hoy podíamos decir que, “sencillo” es todo aquel que descubre la necesidad de pasar de lo que es, a lo que tiene que ser. Por eso está dispuesto a aprender y a cambiar. Sólo el que tiene preguntas que hacer, estará dispuesto a escuchar.



ENTRA EN TU INTERIOR

TRES LLAMADAS DE JESÚS

El evangelio de Mateo ha recogido tres llamadas de Jesús que hemos de escuchar con atención sus seguidores, pues pueden transformar el clima de desaliento, cansancio y aburrimiento que a veces se respira en algunos sectores de nuestras comunidades.

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados. Yo os aliviaré”. Es la primera llamada. Está dirigida a todos los que viven su religión como una carga pesada. No son pocos los cristianos que viven agobiados por su conciencia. No son grandes pecadores. Sencillamente, han sido educados para tener siempre presente su pecado y no conocen la alegría del perdón continuo de Dios. Si se encuentran con Jesús, se sentirán aliviados.

Hay también cristianos cansados de vivir su religión como una tradición gastada. Si se encuentran con Jesús, aprenderán a vivir a gusto con Dios. Descubrirán una alegría interior que hoy no conocen. Seguirán a Jesús, no por obligación sino por atracción.

“Cargad con mi yugo porque es llevadero y mi carga ligera”. Es la segunda llamada. Jesús no agobia a nadie. Al contrario, libera lo mejor que hay en nosotros pues nos propone vivir haciendo la vida más humana, digna y sana. No es fácil encontrar un modo más apasionante de vivir.

Jesús libera de miedos y presiones, no los introduce; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza; nos atrae hacia el amor, no hacia las leyes y preceptos. Nos invita a vivir haciendo el bien.

“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso”.

Es la tercera llamada. Hemos de aprender de Jesús a vivir como él. Jesús no complica nuestra vida. La hace más clara y más sencilla, más humilde y más sana. Ofrece descanso. No propone nunca a sus seguidores algo que él no haya vivido. Nos invita a seguirlo por el mismo camino que él ha recorrido. Por eso puede entender nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, puede perdonar nuestras torpezas y errores, animándonos siempre a levantarnos.

Hemos de centrar nuestros esfuerzos en promover un contacto más vital con Jesús en tantos hombres y mujeres necesitados de aliento, descanso y paz. Me entristece ver que es precisamente su modo de entender y de vivir la religión lo que conduce a no pocos, casi inevitablemente, a no conocer la experiencia de confiar en Jesús. Pienso en tantas personas que, dentro y fuera de la Iglesia, viven “perdidos”, sin saber a qué puerta llamar. Sé que Jesús podría ser para ellos la gran noticia.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

Venid a mí todos, dice Jesús.

Sólo él conoce a Dios y sólo él nos lo puede revelar.

Debemos superar todo prejuicio y aceptar ese Dios como el único que libera.

Todo dios, que venga de otra parte o que nos hayamos fabricado nosotros, será opresor.

Mientras más agobiados nos sintamos, más necesitaremos al Dios de Jesús.

Ese Dios de Jesús, sencillo y cercano sólo puede ser descubierto y aceptado desde la sencillez.

No se trata de una exigencia de Dios, sino de una incompatibilidad.

Dios sólo se puede dar como lo que es.

Dios sólo cabe en un corazón vacío.

ORACIÓN

Señor, que nos has colmado con tantas gracias, concédenos alcanzar los dones de la salvación y que nunca dejemos de alabarte.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco FANO



Imagen para colorear.




domingo, 25 de junio de 2023

2 DE JULIO: XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

 


“…el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí.”

2 DE JULIO

XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ª Lectura: segundo libro de los Reyes 4,8-11.14-16

Este hombre es un hombre de Dios.

Salmo 88

Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

2ª Lectura: Romanos 6,3-4,8-11

El bautismo nos sepultó con Cristo para que llevemos una vida nueva.

EVANGELIO DEL DÍA

Mateo 10,37-42

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará.

El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios.

“El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.

El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió.

El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.

Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa".

REFLEXIÓN

Nos concreta el Evangelio la participación en la recompensa, que se establece entre los enviados y los que le ofrecen hospitalidad. La profunda intimidad entre Jesús y su Padre hace que la recepción del primero sea acogida a Dios mismo. Y esta ley se transfiere a los discípulos de Jesús, de modo que éste es recibido en la persona de aquéllos.

Mateo insiste sobre la opción por Jesús en el horizonte de rechazo, que encontrarán a cada paso los mensajeros y advierte sobre la necesidad de colocar los valores del Reino por encima de cualquier otro. Jesús señala que el seguimiento debe colocarse por encima de otra fidelidad, incluso de la que brota de los lazos naturales de parentesco. Su mensaje pone en cuestión el orden establecido. De ahí que la paz de Jesús deba definirse muchas veces en contra de las relaciones familiares al producir un profundo cuestionamiento de las relaciones humanas.

Porque la sociedad, en la que se proclama el mensaje, está impregnada de violencia, el mensaje como deslealtad al ordenamiento existente y como subversión a lo que ese ordenamiento llama valores.

De ahí la necesidad de una decisión que puede acarrear la división en la propia familia. De esta forma se indica que la principal lealtad del discípulo de Jesús tiene que comprobarse en su relación con el mismo Jesús, ya que su lealtad al mensaje de Jesús debe estar por encima de toda otra lealtad, incluida la familiar.

En el v.39 contrapone Mateo el perder y el encontrar la vida en una aparente contradicción. El intento de encontrar, hacer suya, reservar para sí la propia vida, producirá la pérdida de la misma.

Desentenderse de las exigencias del mensaje buscando la comodidad o encubriendo los conflictos conduce a la ruina personal. Por el contrario, quien es capaz de arriesgar la vida por Jesús encontrará su realización plena.

El mensaje del Evangelio coloca al discípulo en conflicto irreducible con aquellos, que han construido las relaciones sociales sobre el fundamento del poder, del prestigio y de las riquezas. Este conflicto puede presentarse igualmente en el entorno familiar y en la propia intimidad personal. La fidelidad a Jesús exigirá constantemente una proclamación, que desenmascare el egoísmo, raíz de las injusticia.



ENTRA EN TU INTERIOR

DISPUESTOS A SUFRIR

El que no toma su cruz.

Jesús no quería ver sufrir a nadie. El sufrimiento es malo. Jesús nunca lo buscó ni para sí mismo ni para los demás. Al contrario, toda su vida consistió en luchar contra el sufrimiento y el mal que tanto daño hacen a las personas.

Las fuentes lo presentan siempre combatiendo el sufrimiento que se esconde en la enfermedad, las injusticias, la soledad, la desesperanza o la culpabilidad. Así fue Jesús: un hombre dedicado a eliminar el sufrimiento, suprimir injusticias y contagiar fuerza para vivir.

Pero buscar el bien y la felicidad para todos trae muchos problemas. Jesús lo sabía por experiencia. No se puede estar con los que sufren y buscar el bien de los últimos, sin provocar el rechazo y la hostilidad de aquellos a los que no interesa cambio alguno. Es imposible estar con los crucificados y no verse un día «crucificado».

Jesús no lo ocultó nunca a sus seguidores. Empleó en varias ocasiones una metáfora inquietante que Mateo ha resumido así: «El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí». No podía haber elegido un lenguaje más gráfico. Todos conocían la imagen terrible del condenado que, desnudo e indefenso, era obligado a llevar sobre sus espaldas el madero horizontal de la cruz hasta el lugar de la ejecución donde esperaba el madero vertical fijado en tierra.

«Llevar la cruz» era parte del ritual de la crucifixión. Su objetivo era que el condenado apareciera ante la sociedad como culpable, un hombre indigno de seguir viviendo entre los suyos. Todos descansarían viéndolo muerto.

Los discípulos trataban de entenderle. Jesús les venía a decir más o menos lo siguiente: «Si me seguís, tenéis que estar dispuestos a ser rechazados. Os pasará lo mismo que a mí. A los ojos de muchos, pareceréis culpables. Os condenarán. Buscarán que no molestéis. Tendréis que llevar vuestra cruz. Entonces os pareceréis más a mí. Seréis dignos seguidores míos. Compartiréis la suerte de los crucificados. Con ellos entraréis un día en el reino de Dios». Llevar la cruz no es buscar «cruces», sino aceptar la «crucifixión» que nos llegará si seguimos los pasos de Jesús. Así de claro.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

El amor puramente teórico no tiene ninguna consistencia.

Un vaso de agua puede ser la manifestación del amor más auténtico.

No tiene importancia ninguna lo que hagas.

Lo que vale de veras es la actitud de entrega en lo que hagas.

No debo darme a los demás por Dios, ni siquiera por los demás, ni por mí mismo.

Mientras lo que hago tenga un motivo, no he alcanzado la esencia del mensaje de Jesús.

Mientras no hayas comprendido el mensaje, tendrás que seguir haciendo "el bien" por programación.

Cuando te identifiques con la fuente, el agua manará de ti espontáneamente.

ORACIÓN

Señor Dios, que mediante la gracia de la adopción filial quisiste que fuéramos hijos de la luz, concédenos que no nos dejemos envolver en las tinieblas del error, sino que permanezcamos siempre vigilantes en el esplendor de la verdad.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco (FANO)


 

Imagen para colorear.




domingo, 18 de junio de 2023

25 DE JUNIO: XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

 


“No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue

a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.”

25 DE JUNIO

XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ª Lectura: Jeremías 20,10-13

El Señor ha salvado la vida de su pobre de la mano de los malvados.

Salmo 68

Escúchame, Señor, porque eres bueno

2ª Lectura: Romanos 5,12-15

El don de Dios supera con mucho al delito.

EVANGELIO DEL DÍA

Mateo 10,26-33

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.

Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo».”

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido.

Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.

No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena.

¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo.

Ustedes tienen contados todos sus cabellos.

No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.

Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo.

Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres."

REFLEXIÓN

El “no tengáis miedo”, que hoy escucharemos una y otra vez en el evangelio, está encuadrado en el contexto de la misión. Jesús acaba de decir a sus seguidores que les perseguirán y les encarcelarán.

Sin embargo, está claro que la advertencia podemos aplicarla a todas las situaciones de miedo paralizante que podemos encontrar en la vida. No sólo porque Jesús dice lo mismo en otros contextos, sino porque así lo insinúan las bellísimas imágenes de los gorriones y los cabellos.

El miedo es un sentimiento que surge en el hombre ante un estímulo que interpreta como peligroso para su subsistencia. Es un logro de la evolución y por lo tanto bueno. Su objeto primero es defendernos; sea huyendo, sea dando energía para enfrentarse a la amenaza.

Pero el ser humano puede ser presa de un miedo aprendido racionalmente, que le impide desplegar su humanidad. Este miedo artificial, en lugar de defender, aniquila. Este miedo es lo más contrario que podamos imaginar a la fe-confianza.

¿Por qué tenemos miedo? Anhelamos lo que no podemos conseguir y surge en nosotros el miedo de no alcanzarlo. No estamos seguros de poder conservar lo bueno que creemos tener y surge el temor. El miedo racional es la consecuencia de nuestros apegos.

Creemos ser lo que no somos y quedamos enganchados a ese falso “yo”. No hemos descubierto lo que realmente somos y por eso nos apegamos a una quimera inconsistente.

Jesús dijo: “La verdad os hará libres”. Todos los miedos son causa de la ignorancia. Si conociéramos nuestro verdadero ser, no habría lugar para el miedo que nos impide ser nosotros mismos. Si no experimentamos por nosotros mismos la realidad que nos fundamenta, estaremos siempre intranquilos y surgirán los miedos.

Si Jesús nos invita a no tener miedo, no es porque nos prometa un camino de rosas. No se trata de confiar en que no me pasará nada desagradable, o de que si algo malo sucede, alguien me sacará del apuro.

Se trata de una seguridad que permanece intacta en medio de las dificultades, sabiendo que los contratiempos no pueden anular tu ser. Dios no es la garantía de que todo va a ir bien, sino la seguridad de que Él estará ahí en todo caso.

La confianza no surge de un voluntarismo a toda prueba, sino de un conocimiento cabal de lo que Dios es para nosotros. Aceptar nuestras limitaciones y descubrir nuestras verdaderas posibilidades, es el único camino para llegar a la total confianza.

La confianza es la primera consecuencia de salir de uno mismo y descubrir que mi fundamento no depende de mí. El hecho de que mi ser no dependa de mí, no es una pérdida, sino una ganancia, porque depende de lo que es mucho más seguro que yo mismo. Mi pasado es Dios mismo, mi futuro es también Dios; mi presente está en manos de Dios y no tengo nada que temer.

Hablar de una verdadera confianza en Dios es meternos en un terreno muy peligroso, porque nos obliga a salir de las falsas imágenes que tenemos de Dios.

Confiar en Dios es confiar en nuestro propio ser, en la vida, en lo que somos de verdad. No se trata de confiar en un ser que está fuera de nosotros y que puede darnos, desde fuera, aquello que nosotros anhelamos. Se trata de descubrir que Dios es el fundamento de mi propio ser y que puedo estar tan seguro de mí mismo como Dios está seguro de sí.

Por grande que sea el motivo para temer, siempre será mayor el motivo para confiar. Confiar en Dios es aceptar la realidad que Él quiso, tal como la quiso. Confiar en Dios no es esperar su intervención desde fuera para que rectifique la creación. Es entrar en la dinámica de la creación y no violentarla.

Es dejarse llevar por la energía de la vida que sabe perfectamente a donde tiene que llevarme. Es dejar que la vida fluya por los cauces que le ha preparado su creador, y no por los que una criatura, que se cree la reina de la creación, quiere llevarle.

Hay que tener mucho cuidado, porque a veces los hombres están en contra nuestra, no porque seguimos a Jesús, sino por habernos apartado del evangelio.

Por eso mismo, tenemos que confiar totalmente en él, porque nada puede cambiar de su amor y compromiso con los hombres. La causa de Dios es la causa del hombre.

No nos engañemos, ponerse de parte de Jesús es ponerse de parte del hombre, sobre todo del marginado. Dios no está desde fuera manejando a capricho su creación. Está implicado en ella. Su voluntad es eterna e inmutable, pero no es algo añadido a la creación, sino la misma creación.

Jesús nos invita a no tener miedo de nada ni de nadie. Ni de las cosas, ni de Dios, ni siquiera de ti mismo. El miedo a no ser suficientemente bueno, es la tortura de los más religiosos.

Todos los miedos se resumen en el miedo a la muerte. Si fuésemos capaces de perder el miedo a la muerte, seríamos capaces de vivir en plenitud. Todo lo que tememos perder con la muerte, es lo que teníamos que aprender a abandonar durante la vida.

La muerte sólo nos arrebata lo que hay en nosotros de contingente, de individual, de terreno, de egoísmo. Temer la muerte es temer perder todo eso. Es un contrasentido intentar alcanzar la plenitud y seguir temiendo la muerte.

En el evangelio está hoy muy claro. Aunque te quiten la vida, ¿qué te quitan en realidad? Lo que te arrebatan es lo que no eres.



ENTRA EN TU INTERIOR

SIN MIEDO

El recuerdo de la ejecución de Jesús estaba todavía muy reciente. Por las comunidades cristianas circulaban diversas versiones de su Pasión. Todos sabían que era peligroso seguir a alguien que había terminado tan mal. Se recordaba una frase de Jesús: «El discípulo no está por encima de su maestro». Si a él le han llamado Belcebú, ¿qué no dirán de sus seguidores?

Jesús no quería que sus discípulos se hicieran falsas ilusiones. Nadie puede pretender seguirle de verdad, sin compartir de alguna manera su suerte. En algún momento, alguien lo rechazará, maltratará, insultará o condenará. ¿Qué hay que hacer?

La respuesta le sale a Jesús desde dentro: «No les tengáis miedo». El miedo es malo. No ha de paralizar nunca a sus discípulos. No han de callarse. No han de cesar de propagar el mensaje de Jesús por ningún motivo.

Jesús les va a explicar cómo han de situarse ante la persecución. Con él ha comenzado ya la revelación de la Buena Noticia de Dios. Deben confiar. Lo que todavía está «encubierto» y «escondido» a muchos, un día quedará patente: se conocerá el Misterio de Dios, su amor al ser humano y su proyecto de una vida más feliz para todos.

Los seguidores de Jesús están llamados a tomar parte activa desde ahora en ese proceso de revelación: «Lo que yo os digo de noche, decidlo en pleno día». Lo que les explica al anochecer, antes de retirarse a descansar, lo tienen que comunicar sin miedo «en pleno día». «Lo que yo os digo al oído, pregonadlo desde los tejados». Lo que les susurra al oído para que penetre bien en su corazón, lo tienen que hacer público.

Jesús insiste en que no tengan miedo. «Quien se pone de mi parte», nada ha de temer. El último juicio será para él una sorpresa gozosa. El juez será «mi Padre del cielo», el que os ama sin fin. El defensor seré yo mismo, que «me pondré de su parte». ¿Quién puede infundirnos más esperanza en medio de las pruebas?

Jesús imaginaba a sus seguidores como un grupo de creyentes que saben «ponerse de su parte» sin miedo. ¿Por qué somos tan poco libres para abrir nuevos caminos más fieles a Jesús? ¿Por qué no nos atrevemos a plantear de manera sencilla, clara y concreta lo esencial del evangelio?

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

¡No tengas miedo!

Si analizas detenidamente tus miedos, descubrirás dos cosas: que no has hecho tuya la salvación que Jesús te ofrece y que sigues buscando la salvación donde no está.

Si has conseguido no temer a los hombres, pero sigues temiendo a Dios, en vez de avanzar en tu liberación, te has metido por un callejón oscuro y sin salida.

Jesús deja muy claro en el evangelio que no debes temer a nada ni a nadie. Esto último es lo más difícil, porque supone desapego total.

No sigas pensando que tienes que ser bueno para alcanzar la salvación.

Tienes que sentirte ya salvado para ser mejor. 

ORACIÓN

Renovados, Señor, por el alimento del sagrado Cuerpo y la preciosa Sangre de tu Hijo, concédenos que lo que realizamos con asidua devoción, lo recibamos convertido en certeza de redención.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco (FANO)

 


Imagen para colorear.




domingo, 11 de junio de 2023

18 DE JUNIO. XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

 


“La cosecha es abundante y los trabajadores pocos. Rueguen,

por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”

18 DE JUNIO

XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Primera lectura: Éxodo 19,2-6

Serán para mí un reino de sacerdotes y una nación consagrada.

Salmo: 99

El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.

Segunda lectura: Romanos 5,6-11

Si la muerte de Cristo nos reconcilia con Dios,

mucho más nos reconciliará su vida.

EVANGELIO DEL DÍA

Mateo: 9,36-10,8

Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha". Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó. A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: "No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.”

Versión para América Latina extraída de la Biblia del Pueblo de Dios.

“En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: "La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rueguen, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies".

Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar sus espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.

Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: "No vayan a tierra de gentiles, ni entren en las ciudades de Samaria, sino vayan a las ovejas descarriadas de Israel. Vayan y proclamen que el Reino de los cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, echen demonios. Lo que han recibido gratis, denlo gratis".

REFLEXIÓN

El misterio de la vocación es un misterio que enriquece a la comunidad cristiana y, sobre todo, a las familias. Es significativo que Jesús no llama en masa, sino personalmente y a cada uno por su nombre. Los envía a una misión concreta, con objetivos y metas. Nos hace ver que todo es gracia, todo es don, todo lo recibimos y todo lo debemos dar.

1. Rueguen al dueño de la mies

La vocación es un don de Dios, y Cristo mismo ha pedido que debemos pedir por las vocaciones. Es, por lo tanto, una necesidad vital el dedicar tiempos para pedirle a Dios por el aumento de las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa. La Iglesia dedica los jueves para tener la hora eucarística (también conocida como hora santa), y es un momento privilegiado para pedir por las vocaciones. Ahora bien, también es una vocación la vida matrimonial, y también hay un llamado a la vida cristiana desde el bautismo. El llamado de Dios es muy amplio y también muy concreto. Pidamos, pues, a Dios que siga enviando operarios a su mies para que todos, según la vocación que hemos recibido, trabajemos juntos por construir una Iglesia santa bajo la guía del Papa.

2. Llamó a los suyos por su nombre

El nombre indica al individuo y generalmente indica también una misión. La rica variedad de nombres que tenemos en el calendario cristiano suele responder al santoral, donde para cada día del año hay la posibilidad de conocer la vida de un santo. Cristo nos enseña que el nombre es importante y nos relaciona con la misión que debemos realizar en esta vida. No nos llama por apodos, nos llama por nuestro nombre. Reconozcamos esta dignidad y sepamos llevarla a cabo también en nuestra vida cristiana.

3. Los envió Jesús con instrucciones

A lo anterior se suma, entonces, que el nombre suele indicar la misión del cristiano. Las instrucciones que dio Jesús a sus apóstoles son muy concretas para sus sucesores los obispos. Sin embargo, también las podemos aplicar a nosotros en su justa medida. Proclamar el Evangelio, curar enfermos, resucitar muertos… ¿Cuántas personas vemos por la calle que quizá tengan muerta su esperanza, o incluso su fe? Nosotros estamos llamados a resucitarlas. ¿Cuántas personas enfermas por la sociedad relativista? Nosotros estamos llamados a curarlas. Proclamar el Evangelio, esa es nuestra misión. Llevemos, pues, a muchas personas al conocimiento de Cristo. Acerquémoslas a la Iglesia, a un encuentro personal y profundo con Cristo en la Eucaristía, a hacer un encuentro real y concreto de su amor.



ENTRA EN TU INTRERIOR

UNA MIRADA DIFERENTE

Se compadecía.

Jesús le daba una importancia grande a la manera de mirar a las personas. De ello depende, en buena parte nuestra manera de actuar. Una de las fuentes más antiguas recoge esta observación de Jesús: «La lámpara de tu cuerpo son tus ojos. Si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo estará iluminado. Pero si tus ojos están enfermos, tu cuerpo entero estará a oscuras». Una mirada clara permite que la luz entre dentro de nosotros y podamos actuar con lucidez.

¿Cómo era la mirada de Jesús?, ¿cómo veía a la gente? Los evangelistas repiten una y otra vez que su mirada era diferente. No era como la de los fariseos radicales que sólo veían impiedad, ignorancia de la ley e indiferencia religiosa. Tampoco miraba como el Bautista que veía en el pueblo pecado, corrupción e inconsciencia ante la llegada inminente de Dios.

La mirada de Jesús estaba llena de cariño, respeto y amor. «Al ver a las gentes, se compadecía de ellas porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas sin pastor». Sufría al ver tanta gente perdida y sin orientación. Le dolía el abandono en que se encontraban tantas personas solas, cansadas y maltratadas por la vida.

Aquellas gentes eran víctimas más que culpables. No necesitaban oír más condenas sino conocer una vida más sana. Por eso, inició un movimiento nuevo e inconfundible. Llamó a sus discípulos y les dio «autoridad», no para condenar sino para «curar toda enfermedad y dolencia».

En la Iglesia cambiaremos cuando empecemos a mirar a la gente de otra manera: como la miraba Jesús. Cuando veamos a las personas más como víctimas que como culpables, cuando nos fijemos más en sus sufrimientos que en su pecado, cuando miremos a todos con menos miedo y más piedad.

Nadie hemos recibido de Jesús «autoridad» para condenar sino para curar. No nos llama Jesús a juzgar el mundo sino a sanar la vida. Nunca quiso poner en marcha un movimiento para combatir, condenar y derrotar a sus adversarios. Pensaba en discípulos que miraran el mundo con ternura. Los quería ver dedicados a aliviar el sufrimiento e infundir esperanza. Ésa es su herencia, no otra.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

El llamado continúa hoy. Jesús sigue llamando, así como llamó a los doce, a continuar el ministro de amor de Jesús en el mundo. En el bautismo, recibimos el agua del amor de Dios y el aceite de servicio, concluido en la confirmación, matrimonio y ordenación. Las necesidades de la gente de Dios son tantas hoy como lo fueron en aquel entonces. En un mundo de adicciones, suicidios, confusiones, pobreza, injusticia y otras grandes necesidades, Jesús sigue mirando y viendo a la gente ‘como una oveja sin pastor’. El llama a cada uno de nosotros, hombre o mujer, joven o viejo a su servicio.

Señor, te pido el coraje y la oportunidad para ser activo en mi comunidad, y hacerla un punto de crecimiento para la vida cristiana.

ORACIÓN

Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios nuestro Padre, que nos ha amado y nos ha dado gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza, conforten nuestros corazones y los dispongan a toda clase de obras buenas y de buenas palabras.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco FANO



Imagen para colorear.