domingo, 10 de febrero de 2019

17 DE FEBRERO: VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (C)



“Dichosos ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios”

17 DE FEBRERO

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (C)

Primera Lectura: Jeremías 17,5-8

Maldito el que confía en el hombre. Bendito el que confía en el Señor.

Salmo 1

Dichoso el hombre que confía en el Señor.

Segunda Lectura: 1 Corintios 15,12.16-20

Si Cristo no resucitó, es vana la fe de ustedes.

EVANGELIO DEL DÍA

Lucas 6,17.20-26

“Bajó con ellos y se detuvo en un llano, con gran número de discípulos suyos.
Jesús, dirigiendo la mirada a sus discípulos, dijo:
- Dichosos vosotros los pobres, porque sobre vosotros reina Dios. Dichosos los que ahora pasáis hambre, porque os van a saciar. Dichosos los que ahora lloráis, porque vais a reír. Dichosos vosotros cuando os odien los hombres y os excluyan y os insulten y proscriban vuestro nombre como malo por causa del Hijo del hombre.
Alegraos ese día y saltad de gozo, que grande es la recompensa que Dios os da; pues lo mismo hacían sus padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!  ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis repletos, porque vais a pasar hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque vais a lamentaros y a llorar!  ¡Ay si los hombres hablan bien de vosotros, pues lo mismo hacían sus padres con los falsos profetas!”

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón,
Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: "¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!
¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!
¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!
Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!”

REFLEXIÓN

Jesús se dispone a elegir a los Doce Apóstoles. Como ocurre frecuentemente en Lucas, sobre todo ante las grandes decisiones, para hacer esa elección, Jesús se sumerge en oración, y esta vez ora toda la noche.

El número doce es teológico y simbólico, no histórico: doce eran las tribus de Israel, el Pueblo de Dios; y con ese número, los primeros cristianos quisieron expresar que Jesús crea el Nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia.

Junto con los Doce, aparece una gran multitud de seguidores, judíos y paganos. Con ello queda subrayado el universalismo de la Iglesia.

Las enseñanzas que siguen a continuación están dadas para estos seguidores y todos los que vengan detrás de ellos, como se ve en el uso de la segunda persona: Dichosos vosotros, los pobres. En ese conjunto estamos nosotros. 

Aunque el evangelio de Lucas se escribió después del de Mateo, sin embargo, la fuente de las bienaventuranzas de Lucas es más antigua que la de Mateo. ¿Quiso corregir Mateo a la fuente de Lucas? No sabemos. Pero al menos quiso decir que no basta ser pobre material para ser bienaventurado, si no se es al mismo tiempo pobre de espíritu.

Algunas personas sacan de Mateo la consecuencia de que si uno es pobre en el espíritu, es decir, desprendido, ya puede tener todas las riquezas que quiera. Esta interpretación es contraria al evangelio. El sentido más verdadero de Mateo es: Dichosos los que son pobres de hecho y de espíritu.

Cuidado con canonizar la pobreza. Dios no quiere pobres. Dios quiere que luchemos contra la pobreza. Dios quiere un mejor reparto de bienes.

La pobreza que Jesús canoniza es la pobreza solidaria. O sea, ser más pobres de lo que somos, para que haya para todos. Ello nos exige desprendimiento y lucha social no-violenta.
Podríamos evitar muchos gastos y tendríamos más para dar a organizaciones solventes. Jesús nos invita a una vida austera y sencilla. Y a luchar por la justicia. Es la lucha del Amor.

ENTRA EN TU INTERIOR

TOMAR EN SERIO A LOS POBRES

Acostumbrados a escuchar las "bienaventuranzas" tal como aparecen en el evangelio de Mateo, se nos hace duro a los cristianos de los países ricos leer el texto que nos ofrece Lucas. Al parecer, este evangelista y no pocos de sus lectores pertenecían a una clase acomodada. Sin embargo, lejos de suavizar el mensaje de Jesús, Lucas lo presentó de manera más provocativa.
Junto a las "bienaventuranzas" a los pobres, el evangelista recuerda las "malaventuranzas" a los ricos: «Dichosos los pobres...los que ahora tenéis hambre...los que ahora lloráis». Pero «Ay de vosotros, los ricos...los que ahora estáis saciados...los que ahora reís». El Evangelio no puede ser escuchado de igual manera por todos. Mientras para los pobres es una Buena Noticia que los invita a la esperanza, para los ricos es una amenaza que los llama a la conversión. ¿Cómo escuchar este mensaje en nuestras comunidades cristianas?

Antes que nada, Jesús nos pone a todos ante la realidad más sangrante que hay en el mundo, la que más le hacía sufrir a él, la que más llega al corazón de Dios, la que está más presente ante sus ojos. Una realidad que, desde los países ricos, tratamos de ignorar y silenciar una y otra vez, encubriendo de mil maneras la injusticia más cruel e inhumana de la que, en buena parte, somos culpables nosotros.

¿Queremos continuar alimentando el autoengaño o abrir los ojos a la realidad de los pobres? ¿Tenemos voluntad de verdad? ¿Tomaremos alguna vez en serio a esa inmensa mayoría de los que viven desnutridos y sin dignidad, los que no tienen voz ni poder, los que no cuentan para nuestra marcha hacia el bienestar?

Los cristianos no hemos descubierto todavía toda la importancia que pueden tener los pobres en la historia del cristianismo. Ellos nos dan más luz que nadie para vernos en nuestra propia verdad, sacuden nuestra conciencia y nos invitan permanentemente a la conversión. Ellos nos pueden ayudar a configurar la Iglesia del futuro de manera más evangélica. Nos pueden hacer más humanos y más capaces de austeridad, solidaridad y generosidad.
El abismo que separa a ricos y pobres sigue creciendo de manera imparable. En el futuro, cada vez será más imposible presentarse ante el mundo como Iglesia de Jesús ignorando a los más débiles e indefensos de la Tierra. O tomamos en serio a los pobres u olvidamos el Evangelio. En los países ricos nos resultará cada vez más difícil escuchar la advertencia de Jesús: «No podéis servir a Dios y al Dinero».  Se nos hará insoportable.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

Con palabras del Apóstol, lo que debemos hacer, los que hemos sido plantados junto al río, o sea, en Cristo, es vivir en él, con la esperanza en Cristo”, con la esperanza que nos da su resurrección, con la esperanza que nos da saber que nuestra fe en él es lo que nos hará participar un día de la verdadera felicidad, la de los resucitados que vivirán con él por siempre.
Si nuestra vida echa así raíces junto al agua de la gracia de Dios, el fruto de la bienaventuranza ya nos será dado cuando sea el tiempo. Eso es cosa de Dios y no nuestra.

ORACIÓN

Señor Dios, que prometiste poner tu morada en los corazones rectos y sinceros, concédenos, por tu gracia, vivir de tal manera que te dignes habitar en nosotros. AMÉN.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Paxi Velasco FANO


Imagen para colorear.




miércoles, 6 de febrero de 2019

10 DE FEBRERO: V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (C)



“Rema mar adentro…”

10 DE FEBRERO

V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (C)

1ª Lectura: Isaías 6,1-2.3-8

Aquí estoy, Señor, envíame.

Salmo 137: Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.

2ª Lectura: 1 Corintios 15,1-11

Esto es lo que hemos predicado y lo que ustedes han creído.

PALABRA DEL DÍA

Lucas: 5,1-11

“La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Rema mar adentro y echad las redes para pescar”. Simón contestó: “Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos pescado nada: pero, por tu palabra, echaré las redes”. Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían pescado; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: “No temas: desde ahora, serás pescador de hombres. Ellos sacaron las barcas a tierra y dejándolo todo, lo siguieron”.

Versión para América Latina extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret.
Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes.
Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Navega mar adentro, y echen las redes".
Simón le respondió: "Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes".
Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse.
Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador".
El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido;
y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres".
Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron”.

REFLEXIÓN

Hoy cada una de las lecturas nos presenta una escena de vocación. Es lógico. En el comienzo del evangelio que estamos leyendo está la llamada a los primeros discípulos y la respuesta de éstos. Esto hace que la primera lectura recoja también una vocación profética. La segunda lectura nos transmite la llamada que de parte de Dios han recibido los corintios por boca de san Pablo.
Isaías explica su vocación. Ha sido una visión majestuosa del Señor en el templo, rodeado por los serafines: “¡Santo, Santo, Santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!”. Isaías ha contemplado a Dios, y, claro está, ha quedado sin palabras. ¿Cómo se puede explicar lo inefable? Ante la santidad de Dios, ha sentido como nunca su impureza y de ésta sólo Dios puede curarlo. ¡Y lo hace!

Es entonces cuando puede “escuchar la voz del Señor” de verdad, y no antes. Entonces puede comprender que el Señor le necesita a él, que ha sido purificado, para recibir la misión de ser portador de la palabra que ha escuchado: “¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?. Sólo entonces puede responder a la llamada (vocación) que Dios le hace: “aquí estoy, mándame”. Ha nacido un profeta.

También Simón Pedro se ha encontrado con que la experiencia del inefable se le ha hecho presente en su vida. “Nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada”, dirá explicando su vida hasta entonces de manera muy gráfica. Pero está dispuesto a hacer caso de la palabra que ha escuchado pues Jesús “desde la barca, sentado, enseñaba a la gente”. Cuando esta palabra se concreta en él, “rema mar adentro, y echad las redes para pescar”, sencillamente obedece y se encuentra con la maravilla de la acción de Dios que todo lo transforma.

También Pedro siente su indignidad, como antes Isaías y todos los profetas, en contrate y en contacto con la santidad de Dios que se le ha hecho evidente en Jesús. No es extraña su reacción: “apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. Es entonces cuando está a punto para recibir la misión: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Ha nacido un apóstol, listo para acompañar y seguir a Jesús.

ENTRA EN TU INTERIOR

¿Seremos capaces de darnos cuenta de la necesidad de conversión?

El relato de “la pesca milagrosa” en el lago de Galilea fue muy popular entre los primeros cristianos. Varios evangelistas recogen el episodio, pero sólo Lucas culmina la narración con una escena conmovedora que tiene por protagonista a Simón Pedro, discípulo creyente y pecador al mismo tiempo.

Pedro es un hombre de fe, seducido por Jesús. Sus palabras tienen para él más fuerza que su propia experiencia. Pedro sabe que nadie se pone a pescar al mediodía en el lago, sobre todo si no ha capturado nada por la noche. Pero se lo ha dicho Jesús y Pedro confía totalmente en él: “Apoyado en tu palabra, echaré las redes“.

Pedro es, al mismo tiempo, un hombre de corazón sincero. Sorprendido por la enorme pesca obtenida, “se arroja a los pies de Jesús” y con una espontaneidad admirable le dice: “Apártate de mí, que soy pecador”. Pedro reconoce ante todos su pecado y su absoluta indignidad para convivir de cerca con Jesús.

Jesús no se asusta de tener junto a sí a un discípulo pecador. Al contrario, si se siente pecador, Pedro podrá comprender mejor su mensaje de perdón para todos y su acogida a pecadores e indeseables. “No temas. Desde ahora, serás pescador de hombres”. Jesús le quita el miedo a ser un discípulo pecador y lo asocia a su misión de reunir y convocar a hombres y mujeres de toda condición a entrar en el proyecto salvador de Dios.

¿Por qué la Iglesia se resiste tanto a reconocer sus pecados y confesar su necesidad de conversión? La Iglesia es de Jesucristo, pero ella no es Jesucristo. A nadie puede extrañar que en ella haya pecado. La Iglesia es “santa” porque vive animada por el Espíritu Santo de Jesús, pero es “pecadora” porque no pocas veces se resiste a ese Espíritu y se aleja del evangelio. El pecado está en los creyentes y en las instituciones; en la jerarquía y en el pueblo de Dios; en los pastores y en las comunidades cristianas. Todos necesitamos conversión.

Es muy grave habituarnos a ocultar la verdad pues nos impide comprometernos en una dinámica de conversión y renovación. Por otra parte, ¿no es más evangélica una Iglesia frágil y vulnerable que tiene el coraje de reconocer su pecado, que una institución empeñada inútilmente en ocultar al mundo sus miserias? ¿No son más creíbles nuestras comunidades cuando colaboran con Cristo en la tarea evangelizadora, reconociendo humildemente sus pecados y comprometiéndose a una vida cada vez más evangélica?¿No tenemos mucho que aprender también hoy del gran apóstol Pedro reconociendo su pecado a los pies Jesús?

José Antonio Pagola


ORA EN TU INTERIOR

Más allá del proceso de su propia vocación, es ahora Pablo, el apóstol, quien nos hace ver cómo la misión que Dios le ha confiado consiste en anunciar fielmente la Buena Nueva. Él es el instrumento de la llamada que Dios hace a todos “y que os está salvando”, porque todo el mundo puede hacer experiencia de la santidad de Dios, chocar con la propia debilidad y ser curado, para vivir en la vida nueva a la que Dios nos llama.

Si ya lo hacemos habitualmente, hoy las lecturas nos invitan a rezar por las vocaciones. Y esto quiere decir rezar para que a todo el mundo pueda llegarle nítida la Buena Nueva de la salvación en su vida, y así todo el mundo pueda hacer esta experiencia de la santidad de Dios que le lleva a sentir la propia debilidad de la que Dios lo puede curar. Entonces cada uno podrá escuchar y comprender lo que Dios le pide en la vida.

El proceso de esta vocación, como refleja Pablo, llega por obra de la misión apostólica. Es preciso que roguemos a Dios para que no falten respuestas a esta llamada específica en el ministerio.

Cada Eucaristía tiene que poder ser un nuevo encuentro con la santidad de Dios que habla y actúa en nuestra vida.

ORACIÓN FINAL

Dios, que has querido hacernos partícipes de un mismo pan y un mismo cáliz, concédenos vivir tan unidos a Cristo que fructifiquemos con gozo para la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Expliquemos el evangelio a los niños

Imágenes De Paxi Velasco FANO


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domingo, 27 de enero de 2019

3 DE FEBRERO: IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (C)


“Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra”.

3 DE FEBRERO

IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (C)

1ª Lectura: Jeremías 1,4-5.17-19

Te nombro profeta de las naciones.

Salmo 70: Mi boca contará tu salvación, Señor.

2ª Lectura: 1 Corintios 12,31-13,13

Quedan la fe, la esperanza, el amor; la más grande es el amor.

PALABRA DEL DÍA

Lucas 4,21-30

“Comenzó Jesús a decir en la sinagoga: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: “¿No es este el hijo de José?”. Y Jesús les dijo: “Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm”. Y añadió: “Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del Profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio”. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba”.

Versión para Latinoamérica extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír".
Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿No es este el hijo de José?".
Pero él les respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo'. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún".
Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.
Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país.
Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.
También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio".
Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron
y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino”.

REFLEXIÓN

Siguiendo la lectura continuada del evangelio de Lucas, enlazamos con el domingo anterior, cuando Jesús tomó el volumen de Isaías y leyó el pasaje donde está escrito: “el espíritu del Señor está sobre mí… me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres…” Y Jesús añadió su comentario personal: “Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír”. Aquel de quien habla la profecía es él. Jesús se presenta como aquel profeta. Y a la reacción de los habitantes de Nazaret, que tan bien le conocían, primero fue de admiración, pero al poco rato se convirtió en rechazo. Sobre este tema que, como vemos, también podría reflejar nuestra propia situación actual, se nos ha propuesto en la primera lectura, un texto del profeta Jeremías, en el cual éste aparece como un hombre elegido por Dios pero que, como Jesús, deberá soportar el rechazo de su pueblo. Por ello el salmo que sigue, destaca la protección que Dios ofrece a todos sus discípulos para que puedan soportar las condiciones adversas en las que deberán vivir.

En los domingos ordinarios, la primera lectura trata, habitualmente, el mismo tema que el Evangelio, pero no nos podemos olvidar de la segunda lectura, que aunque toca otro tema, no por eso es secundario o menos importante.

 En los dos domingos anteriores Pablo nos ha hablado de los carismas, que son los dones que Dios concede a cada uno de nosotros, por medio de su Espíritu,  para que podamos ponerlos al servicio de toda la comunidad. Y los dones son diversos. No todos sabemos ni podemos hacerlo todo. Es necesario que tengamos conciencia de ser una comunidad, un cuerpo, en el cual todos los miembros trabajan con una misma finalidad y entre todos lo vamos cubriendo todo. Hoy nos llega aquel texto que hemos escuchado tantas veces, sobre todo en las celebraciones de bodas: el himno al amor.

Entre todos los dones y carismas que podemos recibir de Dios, hay uno que es el más excelente de todos y, por tanto, lo hemos de valorar más que cualquier otro. Es el único que no sólo sirve durante el tiempo de nuestra permanencia aquí en la tierra, sino que atraviesa la barrera de la muerte y sigue siendo válido incluso en la etapa de nuestra vida en el cielo. Éste es el amor, acerca del cual Pablo enumera algunas de sus características para terminar diciendo: “el amor no pasa nunca”.

Con tres palabras distintas, designa la lengua griega la palabra amor, según el sentido que se le quería dar: eros (que no aparece nunca en el N.T.), para el amor que cada uno tiene a personas y cosas en proporción a lo que espera obtener de ellas; filía (que solo aparece unas pocas veces en el N.T.), que significa la amistad, y ágape que, contrariamente al eros, significa lo que cada uno está dispuesto a hacer y a dar para hacer felices a aquellos que ama. En el Nuevo testamento siempre aparece ágape. Este es el amor que Cristo predicó. Un amor que está dispuesto incluso al sacrificio, cuando es necesario. Es así como hemos de amarnos unos a otros. Este es el amor que nunca se marchita.

ENTRA EN TU INTERIOR

¿NO NECESITAMOS PROFETAS?

«Un gran profeta ha surgido entre nosotros». Así gritaban en las aldeas de Galilea, sorprendidos por las palabras y los gestos de Jesús. Sin embargo, no es esto lo que sucede en Nazaret cuando se presenta ante sus vecinos como ungido como Profeta de los pobres.

Jesús observa primero su admiración y luego su rechazo. No se sorprende. Les recuerda un conocido refrán: «Os aseguro que ningún profeta es bien acogido en su tierra». Luego, cuando lo expulsan fuera del pueblo e intentan acabar con él, Jesús los abandona. El narrador dice que «se abrió paso entre ellos y se fue alejando». Nazaret se quedó sin el Profeta Jesús.

Jesús es y actúa como profeta. No es un sacerdote del templo ni un maestro de la ley. Su vida se enmarca en la tradición profética de Israel. A diferencia de los reyes y sacerdotes, el profeta no es nombrado ni ungido por nadie. Su autoridad proviene de Dios, empeñado en alentar y guiar con su Espíritu a su pueblo querido cuando los dirigentes políticos y religiosos no saben hacerlo. No es casual que los cristianos confiesen a Dios encarnado en un profeta.

Los rasgos del profeta son inconfundibles. En medio de una sociedad injusta donde los poderosos buscan su bienestar silenciando el sufrimiento de los que lloran, el profeta se atreve a leer y a vivir la realidad desde la compasión de Dios por los últimos. Su vida entera se convierte en "presencia alternativa" que critica las injusticias y llama a la conversión y el cambio.

Por otra parte, cuando la misma religión se acomoda a un orden de cosas injusto y sus intereses ya no responden a los de Dios, el profeta sacude la indiferencia y el autoengaño, critica la ilusión de eternidad y absoluto que amenaza a toda religión y recuerda a todos que sólo Dios salva. Su presencia introduce una esperanza nueva pues invita a pensar el futuro desde la libertad y el amor de Dios.

Una Iglesia que ignora la dimensión profética de Jesús y de sus seguidores, corre el riesgo de quedarse sin profetas. Nos preocupa mucho la escasez de sacerdotes y pedimos vocaciones para el servicio presbiteral. ¿Por qué no pedimos que Dios suscite profetas? ¿No los necesitamos? ¿No sentimos necesidad de suscitar el espíritu profético en nuestras comunidades?.

Una Iglesia sin profetas, ¿no corre el riesgo de caminar sorda a las llamadas de Dios a la conversión y el cambio? Un cristianismo sin espíritu profético, ¿no tiene el peligro de quedar controlado por el orden, la tradición o el miedo a la novedad de Dios?

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

 Jesús no es una doctrina que se aprende de memoria pero no nos toca el corazón. Jesús es “alguien” de verdad que camina a nuestro lado, al lado de todo ser humano, y nos ofrece su amistad y su Reino. Jesús sigue siendo hoy el profeta del Reino, y las palabras del profeta Isaías siguen cumpliéndose en él. “Ha sido consagrado para llevar la buena Noticia a los pobres; ha sido enviado a anunciar libertad a los pobres; ha sido enviado a anunciar libertad a los presos, a dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a anunciar el año favorable del Señor” (Is 61,1-2). ¿Cómo resuenan en mí estas palabras?

Expliquemos el Evangelio a los niños

Imágenes de Paxi Velasco FANO

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domingo, 20 de enero de 2019

27 DE ENERO: III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (C)



“Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó.
Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:
 -Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.

27 DE ENERO

DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO (C)

1ª Lectura: Nehemías 8,2-4.5.8-10

Leían el libro de la Ley, explicando el sentido.

Salmo 18: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

2ª Lectura: 1 corintios 12,12-30

Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.

PALABRA DEL DÍA

Lucas 1,1-4; 4,14-21

“Excelentísimo Teófilo: Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor” Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: -Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”

Versión para América Latina, extraída de la Biblia “Libro del Pueblo de Dios”

“Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros,
tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra.
Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado,
a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido.
Jesús volvió a Galilea con el poder el Espíritu y su fama se extendió en toda la región.
Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.
Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura.
Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor.
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él.
Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír".

REFLEXIÓN

¿Habéis oído bien, en la primera lectura de hoy, con qué solemnidad el sacerdote Esdras presenta el libro de la Ley y comunica su contenido? ¿Os lo imagináis en pie, encima de una tarima, rodeado del pueblo, que escucha conmovido? La costumbre de leer en público en los actos de culto viene ya de muy antiguo. En el evangelio hemos observado cómo, en tiempo de Jesús, era normal reunirse en las sinagogas en día de fiesta y escuchar de labios de un lector los textos sagrados de la Ley y los Profetas. Nosotros, en la primera parte de la celebración eucarística, estamos haciendo exactamente lo mismo: recordamos los hechos principales de la historia de la salvación en el Antiguo Testamento, oramos con los salmos, y ponemos el acento en los preciosos textos de los evangelios y el resto del Nuevo Testamento. Eso sólo ya justificaría el hecho, después de la mesa de la Palabra, que alimenta y sostiene nuestra fe, tenemos, además, la mesa de la Eucaristía, que nos pone en comunión total con el Señor resucitado.

Jesús hizo de lector aquel día. Le dieron el libro de Isaías. Jesús, el carpintero de Nazaret, era un asiduo asistente a la lectura bíblica de la sinagoga. Había interiorizado tanto las palabras de algunos textos de Isaías, que después configurarían buena parte de su pensamiento y actuación. Hoy mismo, Jesús confiesa abiertamente que el programa diseñado por el profeta, será su programa. Y como consecuencia, debería ser el nuestro, si queremos considerarnos discípulos de Jesús.

Jesús es judío; conoce la Ley de Moisés, conoce cómo la interpretan los maestros de la Ley; conoce cómo repercute en la vida diaria del pueblo. Jesús se siente y se sabe “ungido” por el espíritu de Dios. En la sinagoga de Nazaret no anuncia la “abolición” de la Ley, nunca lo hizo, sino que anuncia un nuevo tiempo de libertad y de opción preferencial por los más pequeños. Su misión no es la de imponer cargas y sanciones a la gente que ya no podía ni respirar. La misión de Jesús es la de anunciar el “año de gracia de Dios. El ser humano, tantas veces pisado, encuentra en Jesús el servicio de las personas. El  cristiano no es un portador de “prohibiciones”, sino un “portador de libertad”

ENTRA EN TU INTERIOR

EN LA MISMA DIRECCIÓN

Antes de comenzar a narrar la actividad de Jesús, Lucas quiere dejar muy claro a sus lectores cuál es la pasión que impulsa al Profeta de Galilea y cuál es la meta de toda su actuación. Los cristianos han de saber en qué dirección empuja a Jesús el Espíritu de Dios, pues seguirlo es precisamente caminar en su misma dirección.

Lucas describe con todo detalle lo que hace Jesús en la sinagoga de su pueblo: se pone de pie, recibe el libro sagrado, busca él mismo un pasaje de Isaías, lee el texto, cierra el libro, lo devuelve y se sienta. Todos han de escuchar con atención las palabras escogidas por Jesús pues exponen la tarea a la que se siente enviado por Dios.

Sorprendentemente, el texto no habla de organizar una religión más perfecta o de implantar un culto más digno, sino de comunicar liberación, esperanza, luz y gracia a los más pobres y desgraciados. Esto es lo que lee. «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor ». Al terminar, les dice : «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír».

El Espíritu de Dios está en Jesús enviándolo a los pobres, orientando toda su vida hacia los más necesitados, oprimidos y humillados. En esta dirección hemos de trabajar sus seguidores. Ésta es la orientación que Dios, encarnado en Jesús, quiere imprimir a la historia humana. Los últimos han de ser los primeros en conocer esa vida más digna, liberada y dichosa que Dios quiere ya desde ahora para todos sus hijos e hijas.

No lo hemos de olvidar. La "opción por los pobres" no es un invento de unos teólogos del siglo veinte, ni una moda puesta en circulación después del Vaticano II. Es la opción del Espíritu de Dios que anima la vida entera de Jesús, y que sus seguidores hemos de introducir en la historia humana. Lo decía Pablo VI: es un deber de la Iglesia "ayudar a que nazca la liberación...y hacer que sea total".

No es posible vivir y anunciar a Jesucristo si no es desde la defensa de los últimos y la solidaridad con los excluidos. Si lo que hacemos y proclamamos desde la Iglesia de Jesús no es captado como algo bueno y liberador por los que más sufren, ¿qué evangelio estamos predicando? ¿A qué Jesús estamos siguiendo? ¿Qué espiritualidad estamos promoviendo? Dicho de manera clara: ¿qué impresión tenemos en la iglesia actual?  ¿Estamos caminando en la misma dirección que Jesús?

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

Jesús entrega el libro y se sienta. Y Lucas anota que “los ojos de todos” en la sinagoga estaban fijos en él (v.21), literalmente: “Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos”. El cumplimiento se realiza “hoy”. Es el “hoy” de la salvación que en Jesús llega a los oprimidos, los enfermos y pecadores (Lc 2,11; 23,43). La Escritura se realiza “en vuestros oídos” Todos los presentes ven, pero Jesús los invita a escuchar. Es el oído –no la vista- el sentido capacitado para percibir el cumplimiento de la escritura. La escritura se cumple no sólo en la sinagoga, sino en el lugar de la escucha personal. En cada lector del evangelio de Lucas se realiza el hoy de la salvación, el hoy del año de gracia y de liberación inaugurado por Jesús aquel día en Nazaret. 

ORACIÓN

Señor, el Espíritu que te ungió está sobre ti, y también sobre mí; me ungió en el Bautismo, y me envió al mundo a anunciar tu evangelio como testigo, en mi Confirmación. Y anuncias un nuevo año de gracia. ¡Ojalá se cumpla hoy –y todos los días- tu palabra en mi vida y robustezca mi fe!

Expliquemos el Evangelio a los niños

Imágenes de Paxi Velasco FANO


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