domingo, 19 de noviembre de 2023

26 DE NOVIEMBRE: XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO.

 


”Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos,

mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.”

26 DE NOVIEMBRE

XXXIV DOMINGO ORDINARIO

SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

1ª Lectura: Ezequiel 34,11-12.15-17

Salmo 22

El Señor es mi pastor, nada me falta.

2ª Lectura: 1 Corintios 15,20-26ª.28

Devolverá a Dios Padre su reino y así Dios lo será todo para todos.

PALABRA DEL DÍA

Mateo 25,31-46

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá al rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.” Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos  con hambre y te alimentamos, o con sed y de dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?” y el rey les dirá. “”Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.” Y entonces dirá a los de su izquierda: “apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.” Entonces también éstos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?” Y él replicará: “Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.” Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.”

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

 

“Jesús dijo a sus discípulos:

"Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.

Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,

y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo,

porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron;

desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver'.

Los justos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?

¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?

¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?'.

Y el Rey les responderá: 'Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo'.

Luego dirá a los de su izquierda: 'Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,

porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;

estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron'.

Estos, a su vez, le preguntarán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?'.

Y él les responderá: 'Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo'.

Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna".

REFLEXIÓN

La escena del juicio final, en que Cristo aparece como rey, pastor y juez, es la cumbre de la perspectiva escatológica del Reino de Dios. Cristo Jesús, que nos ha liberado del pecado y de la muerte, es la primicia de la nueva humanidad de los resucitados. Él es el pastor que guía al Pueblo de Dios y hace justicia siguiendo el código del amor a los hermanos más humildes con quienes Él se identifica.

Esta parábola del juicio final, es exclusiva de Mateo y se aplican a Jesús títulos cristológicos tales como Hijo del hombre, Rey, y Señor. Es la descripción de un grandioso cuadro apocalíptico.

El criterio de examen para el juicio no será otro que el amor al hermano. Se cumple aquello de san Juan de la Cruz: “En el atardecer de la vida seremos examinados de amor”. El hecho de que Cristo se identifique con los pobres, los marginados y los que sufren, y además les llame sus hermanos menores, nos descubre cuán lejos está de la doctrina y conducta de Jesús toda idea triunfalista. Lo que él dijo fue:

“Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Pues no será así entre vosotros. El que quiera ser grande, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser el primero, que se haga vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos” (Mc 10,42-44; Mt 20,25-28).

Las enumeraciones de obras de caridad, o esas seis maneras de manifestar el amor al prójimo, no tienen carácter de elenco exhaustivo y menos aún exclusivo. No se excluyen, sino que se dan por supuestos, otros puntos básicos de la enseñanza de Jesús y las realidades que dimanan de la vivencia del misterio de Cristo y de la condición cristiana: la fe, la conversión, las bienaventuranzas, los mandamientos, la filiación divina, la gracia y amistad de Dios, las actitudes interiores, la conducta moral, el culto religioso. Al hacer gravitar el juicio sobre el amor al hermano necesitado, se produce una concentración en la realidad cristiana fundamental que lo engloba todo; el amor. “Amar es cumplir la ley entera”, le dice Pablo a los cristianos de Roma.

No, no es el amor al prójimo, exclusivo del cristiano, aunque sea lo que definitivamente nos salve. El heredero del Reino y de la vida eterna es cualquier hombre o mujer que ama al prójimo, hace el bien y practica la justicia; como lo es todo el que vive las bienaventuranzas.  Aunque no sea cristiano ni conozca a Cristo expresamente, lo que pasa, que el cristiano que conoce el mensaje de Jesús, no tiene excusa.

En la sentencia del juicio final Cristo rompe una vez más –como lo hizo en el Sermón de la Montaña- el círculo cerrado del prójimo tal como lo entendía la antigua ley mosaica. Todo hombre es mi prójimo, mi hermano; y no sólo el pariente o el connacional. Y cuanto más necesitado, es más prójimo y más hermano, porque en su rostro brilla más claramente la imagen de Jesús. En el Discurso evangélico del Monte la motivación para el amor, incluso al enemigo, era la santidad y perfección de Dios Padre; aquí es la identificación del prójimo necesitado con Cristo Jesús, Hijo del Padre.

Se diría que en la sentencia del juicio y en la razón que la motiva oímos en labios de Jesús un eco de las bienaventuranzas: Venid, benditos de mi Padre…”, o de las malaventuranzas: “Apartaos de mí, malditos”.

El Reino de Dios, aun siendo escatológico, está presente en nuestro mundo desde la venida de Jesús, si bien todavía no se ha manifestado en toda su plenitud. Así también el juicio escatológico de Cristo está ya realizándose en el presente de nuestra vida. El dictamen final no será más que hacer pública la sentencia que día a día vamos pronunciando nosotros mismos con nuestra vida de amor o desamor, que anticipa el desenlace.

Herederos del Reino de Dios son los que aman al hermano, especialmente al que sufre por una u otra causa. No es la ideología ni las palabras lo que salva o condena, sino las obras. Jesús lo advierte: “No todo el que dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre” (Mt 7,21). “La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros” (Jn 13,35).

Abundando en lo mismo, he aquí la razón que hoy nos da Jesús: lo que hacéis a los demás, conmigo lo hacéis. Dios está presente en nuestros hermanos. El prójimo es el camino para conocer y amar a Dios, aunque  de primeras, muchas veces, quizá la mayoría, la cara del hermano no parezca reflejar la imagen de Dios. Pero no puede cabernos duda.

El tema es tan vital para nuestra vida cristiana que he querido detenerme un poco más en la reflexión, porque hoy se nos pide realizar una conversión a lo esencial del cristianismo: el amor, para no perdernos en lo periférico, en lo devocional, ni siquiera en lo cultual solamente. Amar al prójimo dándole de comer y de beber, hospedándolo y vistiéndolo, visitando al enfermo o al encarcelado, es lo que Dios nos pide, lo que nos identifica como discípulos de Jesús. Amar es el mandamiento que condensa toda la ley de Cristo. De tanto oírlo y saberlo de memoria puede ser que nos resbale o que lo olvidemos, perdidos en una maraña de normas y prohibiciones, preceptos y devociones.



ENTRA EN TU INTERIOR

UN JUICIO EXTRAÑO

Las fuentes no admiten dudas. Jesús vive volcado hacia aquellos que ve necesitados de ayuda. Es incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le es ajeno. Se identifica con los más pequeños y desvalidos y hace por ellos todo lo que puede. Para él la compasión es lo primero. El único modo de parecernos a Dios: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».

¿Cómo nos va a extrañar que, al hablar del Juicio final, Jesús presente la compasión como el criterio último y decisivo que juzgará nuestras vidas y nuestra identificación con él? ¿Cómo nos va a extrañar que se presente identificado con todos los pobres y desgraciados de la historia?

 Según el relato de Mateo, comparecen ante el Hijo del Hombre, es decir, ante Jesús, el compasivo, «todas las naciones» No se hacen diferencias entre «pueblo elegido» y «pueblo pagano». Nada se dice de las diferentes religiones y cultos. Se habla de algo muy humano y que todos entienden: ¿Qué hemos hecho con todos los que han vivido sufriendo?

El evangelista no se detiene propiamente a describir los detalles de un juicio. Lo que destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos, o nos desentendemos y los abandonamos.

El que habla es un Juez que está identificado con todos los pobres y necesitados: «Cada vez que ayudasteis a uno de estos mis pequeños hermanos, lo hicisteis conmigo». Quienes se han acercado a ayudar a un necesitado, se han acercado a él. Por eso han de estar junto a él en el reino: «Venid, benditos de mi Padre».

Luego se dirige a quienes han vivido sin compasión: «Cada vez que no ayudasteis a uno de estos pequeños, lo dejasteis de hacer conmigo». Quienes se han apartado de los que sufren, se han apartado de Jesús. Es lógico que ahora les diga: «Apartaos de mí». Seguid vuestro camino…

Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida.

 José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

Seremos juzgados según la aceptación o el rechazo de Cristo a quien no vemos en carne y hueso, pero que se identifica con cuantos sufren en la tierra de los hombres. El prójimo es así la pantalla de nuestra vida, el video para leer nuestra conducta, el espejo para recomponer nuestra figura cristiana, porque “quién no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1Jn 4,20).

La sensibilidad y solidaridad efectivas ante el dolor ajeno son, el termómetro de nuestro cristianismo.

No basta una acción caritativa que por sistema se limitará tan solo a la limosna, que por otra parte solo sirve para tranquilizar nuestra conciencia la mayoría de las veces. La acción caritativa asistencial sirve para situaciones límite e inaplazables. Pero para dar de comer al hambriento hoy, mañana y pasado, hay que dar trabajo al parado, hay que transformar las estructuras sociales injustas de modo que el necesitado se sienta liberado de su pobreza y promocionado como persona libre.

 

El cristiano que se inhibe ante los problemas sociales y las múltiples necesidades de su entorno, pensando que ese no es asunto suyo, olvida que el hombre es un ser que vive en sociedad y por tanto cualquier acción humana, incluidas la abstención u omisión, tiene, necesariamente, repercusiones sociales.

ORACIÓN

Señor, Dios nuestro, ¡qué lejos nos vemos de tu santidad! Tú eres fuego, luz, amor, ternura y misericordia; y nosotros somos fríos, egoístas, violentos y vengativos.

No obstante, tú nos quieres a todos tal como somos y nos mandas amarnos unos a otros como Cristo nos amó.

Nos cuesta mucho, Padre, ver a Jesús en los pobres, en los marginados, en los ancianos solos, en los niños abandonados, en las mujeres maltratadas, en las familias rotas, en los emigrantes, en los diferentes.

Haznos ver en ellos la cara oculta del Cristo sufriente.

Enciende nuestros corazones con el fuego de tu palabra y danos tu espíritu de amor que nos transforme por completo para que, amando a todos, merezcamos aprobar tu examen final de amor.

Padre bueno, que no tenga que decirte: ¿Cuándo te he visto hambriento o sediento, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel y no te asistí?, porque así no tendré que escuchar aquello de que cuando no he sabido ver a uno de tus pequeños, tampoco he sabido verte a ti en ellos.

Que pueda escuchar las palabras salvadoras: “Ven, bendito de mi Padre, hereda el reino que tenía preparado para ti desde la creación del mundo, porque tuve hambre y mediste de comer, tuve sed y me diste de beber, era forastero y me hospedaste, desnudo y me vestiste, enfermo y me visitaste,  en la cárcel y fuiste a verme”. Amén.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco (FANO)



Imagen para colorear.




domingo, 12 de noviembre de 2023

19 DE NOVIEMBRE: XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO A

 


“Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco

te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.”

19 DE NOVIEMBRE

XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ª Lectura: Proverbios 31,10-13.19-20.30-31

Trabaja con la destreza de sus manos.

Salmo 127

Dichoso el que teme al Señor.

2ª Lectura: 1 Tesalonicenses 5,1-6

Que el día del Señor no os sorprenda como un ladrón.

PALABRA DEL DÍA

Mateo 25,14-30

“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata; a otro, dos; a otro, uno; a cada cual según su capacidad. Luego se marchó. [El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.] Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: -Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. Su señor le dijo: -Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor. Se acercó luego el que había recibido dos talentos, y le dijo: -Señor, dos talentos me dejaste, mira, he ganado otros dos. Su señor le dijo: -Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor. Finalmente, se acercó el que había recibido un talento, y dijo: -Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo. El señor le respondió: -Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco para que al volver yo pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y la desesperación.”

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios.

“El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes.

A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida,

el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.

De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos,

pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.

Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores.

El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. 'Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado'.

'Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'.

Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: 'Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado'.

'Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'.

Llegó luego el que había recibido un solo talento. 'Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido.

Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!'.

Pero el señor le respondió: 'Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido,

tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.

Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez,

porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.

Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes'.”

REFLEXIÓN

Una vez más el Reino de Dios nos es presentado bajo el ropaje de una parábola. Esta vez se trata de un rico propietario que debía viajar al extranjero, por lo que decidió dejar parte de su dinero a varios de sus empleados con el objeto de que lo hicieran fructificar, depositándolo en el banco, en negocios, ect.

Al volver, comenzó a recoger lo sembrado: dos empleados le hicieron rendir el cien por cien, duplicando el capital. Mas el tercero prefirió enterrar su único talento, por lo que fue expulsado en forma humillante.

El significado de la parábola parece bastante claro, hasta el punto de que Jesús no necesitó dar mayores explicaciones, si bien hay algunos elementos un tanto curiosos.

Cada empleado recibió algunos talentos según su capacidad… Esto podemos traducirlo: cada hombre tiene una cierta capacidad con la que debe desenvolverse en la vida, aumentando su caudal de experiencia, sabiduría, virtud, etc. Poco importa en el relato qué cantidad recibió cada uno, sino qué esfuerzo puso en sacar ganancias del capital inicial. Por lo tanto, no tenemos aquí una teología de la desigualdad humana. Simplemente se parte de un hecho por demás conocido: los hombres no tienen las mismas capacidades ni oportunidades; varía nuestro caudal de inteligencia, de capacidad física, de emotividad. Unos tienen muy desarrollado el instinto de la vida y del amor, otros el de la creatividad; hay quienes son buenos negociantes y hay quienes prefieren el estudio de las letras, etcétera.

Nacemos con un caudal de energía vital que debe crecer.

Muchas veces la fe cristiana fue acusada de empobrecer el espíritu humano, fijándolo en cosas y tradiciones que le impedían buscar nuevos horizontes. Suponemos que eso habrá sucedido en más de una oportunidad, prueba de ello es la actitud del tercer empleado de la empresa: recibió un talento y lo escondió bajo tierra, dedicándose a una espera pasiva de su señor. No solamente obró así sino que trató de justificar su conducta: “Sabía que eras exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.”

Según se desprende de sus palabras, su capacidad quedó bloqueada por el temor al propietario, mas sólo era una excusa en realidad, su conducta era miedo a vivir, pues lo que el propietario hacía con él no era sino hacerle descubrir que podía llegar a ser dueño de algo, cortando sus vínculos de dependencia si era capaz de producir algo con el propio esfuerzo. Por eso fue tratado de negligente y holgazán.

 La religión no es un concepto estático sobre la vida, no es la justificación de una perezosa resignación, no es miedo a asumir las propias responsabilidades. El Reino de Dios debe crecer a través de nuestro propio crecimiento, de la misma forma que la semilla sembrada debe llegar a ser un árbol gigantesco.



ENTRA EN TU INTERIOR

NO ENTERRAR NUESTRA RESPONSABILIDAD

La parábola de los talentos es un relato abierto que se presta a lecturas diversas. De hecho, comentaristas y predicadores la han interpretado con frecuencia en un sentido alegórico orientado en diferentes direcciones. Es importante que nos centremos en la actuación del tercer siervo, pues ocupa la mayor atención y espacio en la parábola.

Su conducta es extraña. Mientras los otros siervos se dedican a hacer fructificar los bienes que les ha confiado su señor, al tercero no se le ocurre otra cosa que «esconder bajo tierra» el talento recibido para conservarlo seguro. Cuando el señor llega, lo condena como siervo «negligente y holgazán» que no ha entendido nada. ¿Cómo se explica su comportamiento?

Este siervo no se siente identificado con su señor ni con sus intereses. En ningún momento actúa movido por el amor. No ama a su señor, le tiene miedo. Y es precisamente ese miedo el que lo lleva a actuar buscando su propia seguridad. Él mismo lo explica todo: «Tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra».

Este siervo no entiende en qué consiste su verdadera responsabilidad. Piensa que está respondiendo a las expectativas de su señor, conservando su talento seguro, aunque improductivo. No conoce lo que es una fidelidad activa y creativa. No se implica en los proyectos de su señor. Cuando éste llega, se lo dice claramente: «Aquí tienes lo tuyo».

Cuando se piensa que el cristianismo ha llegado a un punto en el que lo único o lo primordial es «conservar» y, no tanto, buscar con coraje y confianza en el Señor, caminos nuevos para acoger, vivir, y anunciar su proyecto del reino de Dios, estamos olvidando cuál es nuestra verdadera responsabilidad.

Si nunca nos sentimos llamados a seguir las exigencias de Cristo más allá de lo enseñado y mandado siempre; si no arriesgamos nada por hacer una Iglesia más fiel a Jesús; si nos mantenemos ajenos a cualquier conversión que nos pueda complicar la vida; si no asumimos la responsabilidad del reino como lo hizo Jesús, buscando «vino nuevo en odres nuevos», es que necesitamos aprender la fidelidad activa, creativa y arriesgada a la que nos invita su parábola.

 José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

El Evangelio de hoy nos obliga a revisar toda nuestra vida, la privada, la social y la religiosa y comunitaria. Es mucho lo que hemos recibido de los siglos anteriores. Pero nuestro cometido no es solamente recibir: es hacer crecer y fructificar lo recibido.

Si el Reino es lo único esencial, desde la perspectiva del Reino eliminemos el miedo y la fijación infantil a conductas anteriores para lanzarnos por los nuevos caminos que hoy corresponden al grado de madurez del hombre y de la sociedad moderna.

No es cierto que todo lo antiguo es malo; pero tampoco es cierto que sólo lo antiguo es suficiente. Es exigencia del Reino duplicar su valor: con coraje, con dedicación, con responsabilidad, con compromiso, con oración.

La advertencia final de Jesús es digna de tenerse en cuenta: “Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene…” O crecemos con la historia, o nos hundimos cada vez más, transformando lo que hay en vida en una pieza de museo.

No podemos ser testigos pasivos del alborear del Reino de Dios en el aquí y ahora de nuestra historia.

ORACIÓN

Señor, ya que nos has dado el don de la existencia y de la fe, haz que crezcan para beneficio de toda la comunidad.

Haznos solidarios y generosos, que sintamos la Iglesia como nuestra casa, en la que nos alimentamos de pan y de palabra y gozamos con los hermanos de la alegría de la fe.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco (FANO)



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domingo, 5 de noviembre de 2023

12 DE NOVIEMBRE: XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO A

 

“Por tanto, manteneos despiertos, que no sabéis el día ni la hora.”

12 DE NOVIEMBRE

XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Primera Lectura: Sabiduría 6,12-16

Encuentran la sabiduría aquellos que lo buscan.

Salmo 62

Señor, mi alma tiene sed de ti.

Segunda Lectura: 1 Tesalonicenses 4,13-18

A los que mueren en Jesús, Dios los llevará con él.

EVANGELIO DEL DÍA

Mateo 25,1-13

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: Entonces se parecerá el reino de Dios a diez muchachas que cogieron sus candiles y salieron a recibir al novio. Cinco eran necias y cinco sensatas.

Las necias, al coger los candiles, se dejaron el aceite; las sensatas, en cambio, llevaron alcuzas de aceite además de los candiles.

Como el novio tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó gritar:

- ¡Que llega el novio, salid a recibirlo!

Se despertaron todas y se pusieron a despabilar los candiles. Las necias dijeron a las sensatas:

- Dadnos de vuestro aceite, que los candiles se nos apagan.

Pero las sensatas contestaron:

- Por si acaso no hay bastante para todas, mejor es que vayáis a la tienda a comprarlo.

Mientras iban a comprarlo llegó el novio: las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.

Cuando por fin llegaron las otras muchachas, se pusieron a llamar:

- Señor, señor, ábrenos.

Pero él respondió:

- Os aseguro que no sé quiénes sois.

Por tanto, manteneos despiertos, que no sabéis el día ni la hora.”

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo.

Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.

Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite,

mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.

Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas.

Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'.

Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.

Las necias dijeron a las prudentes: '¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?'.

Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'.

Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.

Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos',

pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'.

Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.”

REFLEXIÓN

La tendencia de la primera comunidad a alegorizar la parábola, nos ha privado de su sentido más profundo. El punto de inflexión de la parábola está en la falta de aceite para que las lámparas puedan estar encendidas. Comparar a Cristo con el esposo y a la Iglesia con la esposa, que ni siquiera se menciona, no tiene apoyo ninguno exegético.

El relato está tomado de la vida cotidiana. Después de un año o más de desposorios, se celebraba la boda, que consistía en conducir a la novia a la casa del novio, donde se celebraba el banquete. Esta ceremonia no tenía ningún carácter religioso. El novio, acompañado de sus amigos y parientes iba a casa de la novia para conducirla a su propia casa. En la casa de la novia le esperaban las amigas de la novia, que la acompañarían en el trayecto. Todos estos rituales empezaban a la puesta del sol y tenían lugar de noche, de ahí la necesidad de las lámparas para poder caminar.

La importancia del relato no la tiene el novio ni la novia, ni siquiera los acompañantes. Lo que el relato destaca es la luz. La luz es más importante que las mismas muchachas, porque lo que determina que entren o no entren en el banquete es que tengan o no tengan el candil encendido. Una acompañante sin luz no pintaba nada en el cortejo. Ahora bien, para que dé luz una lámpara, tiene que tener aceite. Aquí está la madre del cordero. Lo importante es la luz, pero lo que hay que procurar es el aceite.

Jesús había dicho: “Yo soy la luz del mundo”. Y también: “vosotros sois la luz del mundo”. El ser humano es luz cuando ha desplegado su verdadero ser; es decir, cuando trasciende y va más allá de lo que le pide su simple animalidad. No es que nuestra condición de animales sea algo malo, al contrario, es la base para alcanzar nuestra plenitud, pero si no vamos más allá, cercenamos nuestras posibilidades de humanidad.

La primera lectura nos puede ayudar a encontrar el sentido de la parábola.

Sab 6, 13-16: “Ven la sabiduría los que la aman, la encuentran los que la buscan.

La verdadera Sabiduría es encontrar la manera de dar un sentido a la vida. Dar sentido a la vida es más importante que la vida misma. Ese sentido no viene dado, tenemos que buscarlo. Esa es la tarea más específicamente humana. Nuestra vida puede quedar malograda como tal vida humana.

Esa es la advertencia de la parábola. Hay que estar alerta, porque el tiempo pasa. Si estamos dormidos, hay que despertar, porque de lo contrario, perderemos la oportunidad de descubrir esa Sabiduría.

¿Cuál es el aceite que hace arder la lámpara? Si acertamos con la respuesta a esta pregunta, tenemos resuelto el significado de la parábola.

En Mt 7,24-27, se dice: “Todo aquel que escucha estas palabras mías y las pone por obra, se parece al hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Y todo aquel que escucha estas palabras mías y no las pone por obra, se parece al necio...”

La luz que tiene que arder es la práctica del mensaje de Jesús. El aceite que tiene que alimentar esa llama, es el amor manifestado. El ser necio o sensato no depende de un conocimiento mayor o menor, sino de una práctica.

Así se entiende que las sensatas no compartan el aceite con las necias. No se trata de egoísmo: es que resulta imposible amar en nombre de otra persona o considerar propia la entrega que otro ha realizado. Nuestra lámpara no puede arder con el aceite de otro. La llama a la que se refiere la parábola no puede ser encendida con aceite comprado o prestado. El sentido de toda una vida no se puede improvisar en un instante.

Sólo con lo que hay de Dios en nosotros, descubierto, reconocido y desplegado, puede considerarse encendido nuestro ser.

Ese despliegue constituye la Sabiduría de la que nos hablaba la primera lectura. Sin esa llama, seremos irreconocibles incluso para el mismo Dios. Para entrar a formar parte de una orquesta, no basta con adquirir un buen violín; hay que aprender a tocarlo y armonizar tu música con los demás.

Interpretar esta parábola en el sentido de que debemos estar preparados para el día de la muerte, es tergiversar el evangelio. El esperar una venida futura es una perspectiva inútil, porque Jesús ya dijo a sus discípulos: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

La parábola no hace especial hincapié en el fin, sino en la inutilidad de una espera que no va acompañada de una actitud de amor y de servicio. Las lámparas deben estar encendidas siempre; si esperamos a prepararlas en el último momento perderemos la oportunidad de entrar con el novio.



ENTRA EN TU INTERIOR

ENCENDER LAS LÁMPARAS

Entre los primeros cristianos había, sin duda, discípulos «buenos» y discípulos «malos» Sin embargo, al escribir su evangelio, Mateo se preocupa sobre todo de recordar que, dentro de la comunidad cristiana, hay discípulos «sensatos» que están actuando de manera responsable e inteligente, y hay discípulos «necios» que actúan de manera frívola y descuidada. ¿Qué quiere decir esto?

Mateo lo explica al recoger dos parábolas de Jesús. La primera es muy clara. Hay algunos que «escuchan las palabras de Jesús», y «las ponen en práctica» Toman en serio el Evangelio y lo traducen en vida. Son como el «hombre sensato» que construye su casa sobre roca. Es el sector más responsable: los que van construyendo su vida y la de la Iglesia sobre la autenticidad y la verdad de Jesús.

Pero hay también quienes escuchan las palabras de Jesús, y «no las ponen en práctica». Son tan «necios» como el hombre que «edifica su casa sobre arena» Su vida es un disparate. Construyen sobre el vacío. Si fuera sólo por ellos, el cristianismo sería pura fachada, sin fundamento real en Jesús.

Esta parábola nos ayuda a captar el mensaje fundamental de otro relato en el que un grupo de jóvenes salen, llenas de alegría, a esperar al esposo, para acompañarlo a la fiesta de su boda. Desde el comienzo se nos advierte que unas son «sensatas» y otras «necias».

Las «sensatas» llevan consigo aceite para mantener encendidas sus lámparas; las «necias» no piensan en nada de esto. El esposo tarda, pero llega a medianoche. Las «sensatas» salen con sus lámparas a iluminar el camino, acompañan al esposo y «entran con él» en la fiesta. Las «necias», por su parte, no saben cómo resolver su problema: «se les apagan las lámparas». Así no pueden acompañar al esposo. Cuando llegan es tarde. La puerta está cerrada.

El mensaje es claro y urgente Es una insensatez seguir escuchando el Evangelio, sin hacer un esfuerzo mayor para convertirlo en vida: es construir un cristianismo sobre arena. Y es una necedad confesar a Jesucristo con una vida apagada, vacía de su espíritu y su verdad: es esperar a Jesús con las «lámparas apagadas». Jesús puede tardar, pero no podemos retrasar más nuestra conversión.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

“Yo soy la luz del mundo”.

Esto no lo decía Jesús como Dios, sino como ser humano.

Su experiencia de Dios como “Abba”, fue su lámpara encendida.

Esa misma luz está también en cada uno de nosotros.

………………

Dentro de ti debes descubrir el aceite.

Si prende, dará luz que alumbrará tus pasos.

Esa llama, si es auténtica, no se puede ocultar,

sino que alumbrará también a todos los demás

………………

Tienes que descubrir tu propio aceite.

Nadie te lo puede prestar, porque es su propia vida.

Toda vida se mueve de dentro a fuera.

Si se mueve desde fuera, será sólo un mecanismo muerto.

Fray Marcos

ORACIÓN

Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que con el alma y el cuerpo bien dispuestos, podamos con libertad de espíritu cumplir lo que es de tu agrado.

 

Expliquemos el Evangelio a los niños

Imágenes de Patxi Velasco (FANO)



Imagen para colorear.




domingo, 29 de octubre de 2023

5 DE NOVIEMBRE: XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO A

 


“A quien se encumbra, lo abajarán, y a quien se abaja, lo encumbrarán.”

5 DE NOVIEMBRE

XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Primera Lectura: Malaquías 1,4-2,2.8-10

Ustedes se apartaron del camino y han hecho tropezar a muchos

Salmo: 130

Señor, consérvame en tu paz.

Segunda Lectura: 1 Tesalonicenses 2,7-9.13

Queríamos entregarles no sólo el Evangelio de Dios,

Sino nuestra propia vida.

EVANGELIO DEL DÍA

Mateo: 23,1-12

“Entonces Jesús, dirigiéndose a las multitudes y a sus discípulos, declaró:

- En la cátedra de Moisés han tomado asiento los letrados y los fariseos. Por tanto, todo lo que os digan, hacedlo y cumplidlo..., pero no imitéis sus obras, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y los cargan en las espaldas de los hombres, mientras ellos no quieren empujarlos ni con un dedo. Todo lo hacen para llamar la atención de la gente: se ponen distintivos ostentosos y borlas grandes en el manto: les encantan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas, que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame «Rabbí».

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar «Rabbí», pues vuestro maestro es uno solo y vosotros todos sois hermanos; y no os llamaréis «padre» unos a otros en la tierra, pues vuestro Padre es uno solo, el del cielo; tampoco dejaréis que os llamen «directores», porque vuestro director es uno solo, el Mesías. El más grande de vosotros será servidor vuestro.

A quien se encumbra, lo abajarán, y a quien se abaja, lo encumbrarán.”

Versión para américa Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:           

"Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés;

ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen.

Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.

Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos;

les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,

ser saludados en las plazas y oírse llamar 'mi maestro' por la gente.

En cuanto a ustedes, no se hagan llamar 'maestro', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos.

A nadie en el mundo llamen 'padre', porque no tienen sino uno, el Padre celestial.

No se dejen llamar tampoco 'doctores', porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.

Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros,

porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado".

REFLEXIÓN

Nos llevaría demasiado tiempo el explicar cada una de las frases del pasaje. Vamos a revisar sólo algunas.

La verdad es que hoy no se necesita ninguna exégesis especializada. Se entiende todo perfectamente. Otra cosa es, que nos interese, de verdad, seguir las directrices del evangelio.

Lo primero que hay que tener en cuenta es, que el ambiente reflejado en este texto, no es el del tiempo de Jesús, sino el de la comunidad de Mateo, cuando escribe su evangelio.

El judaísmo del tiempo de Jesús, estaba integrado por numerosas organizaciones, partidos y sectas, que tenían distinta manera de ver y practicar la religión. Jesús, sin duda ninguna, criticó a muchos de esos grupos, pero los furibundos ataques contra los fariseos que aparecen en los evangelios, seguramente no corresponden a Jesús, sino a una situación que comienza a partir de la destrucción de Jerusalén en el año 70.

Fue entonces cuando los fariseos se hicieron con el absoluto control del judaísmo e impusieron a todos su manera de pensar (a esta situación puede hacer referencia la frase: “En la cátedra de Moisés se sentaron los fariseos”). Sólo entonces decidieron expulsar del judaísmo a los cristianos y declararles formalmente herejes. Lo que reflejan los evangelios es la reacción de los cristianos contra esos fariseos, que se mantuvo a través de los siglos.

“Ellos no hacen lo que dicen”. No es exacto que los fariseos fueran por definición “fariseos”. Eran cumplidores, pero su rigorismo en la interpretación de la Ley les obligó a disimular que eran incapaces de cumplirla, para poder seguir exigiendo a los demás lo que ellos no hacían. Pero el engaño mayor consistía en exigirles en nombre de Dios, unas prácticas que no les podían traer salvación, porque no eran más que preceptos humanos.

“Cargan a la gente con fardos pesados e insoportables”. Eran 613 los preceptos que tenía que cumplir todo israelita para ser fiel a la Ley, según algunos, todos tenían la misma importancia. En ese fárrago de prescripciones, la vida humana quedaba aprisionada y las personas sumidas en una frustración alienante. Recordemos que Jesús había dicho: “Mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

“Todo lo que hacen es para que los vea la gente”. Cuando se pone la perfección en el cumplimiento de normas externas, sólo caben dos salidas:

En la medida que la alcances, la soberbia. Soy más que los demás y puedo mirarlos por encima del hombro.

En la medida que no la alcanzas, la simulación. Lo que los demás piensen de mí es más importante que lo que soy realmente. De ahí el afán por exagerar todos los signos externos de religiosidad. Hoy sigue habiendo cristianos que están es esa misma dinámica.

“Vosotros, en cambio...” Aquí tenemos la clave del texto. La nueva comunidad no debe comportarse como los fariseos, sino desde la autenticidad. Esto es lo que quiere dejar claro Mateo. El mensaje central de Jesús, consiste en abandonar todo intento de superioridad y entrar en una dinámica de servicio incondicional a los demás. Cuando Juan habla del pecado del mundo, se refiere siempre a oprimir o a dejarse oprimir.

“No os dejéis llamar maestros, no llaméis a nadie padre, no os dejéis llamar jefes”. ¡Qué poco dura lo auténtico! Seguramente ya se empezaba a estructurar la comunidad y ya había, en aquella época, quien quería ser más que los demás. Los seres humanos somos capaces de remover el cielo y la tierra, con tal de justificar el estar por encima de los demás y de alguna manera someterlos y utilizarlos en beneficio propio.

“El primero entre vosotros será vuestro servidor”. Jesús exige lo que él vivió. El mismo Jesús comenta esto en otro lugar: “lo mismo que el Hijo de hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”. Recordad que cuando Juan dice “dar su vida”, no emplea “zoe” ni “bios”, sino “psiques”. No está hablando de la vida biológica o zoológica, que entregó en la cruz, sino de la vida sicológica (propiamente humana) que pone al servicio de los demás durante su vida biológica.



ENTRA EN TU INTERIOR

NO HACEN LO QUE DICEN

Jesús habla con indignación profética. Su discurso, dirigido a la gente y a sus discípulos, es una dura crítica a los dirigentes religiosos de Israel. Mateo lo recoge hacia los años ochenta para que los dirigentes de la Iglesia cristiana no caigan en conductas parecidas.

¿Podremos recordar hoy las recriminaciones de Jesús con paz, en actitud de conversión, sin ánimo alguno de polémicas estériles? Sus palabras son una invitación para que obispos, presbíteros y cuantos tenemos alguna responsabilidad eclesial hagamos una revisión de nuestra actuación.

 

«No hacen lo que dicen». Nuestro mayor pecado es la incoherencia. No vivimos lo que predicamos. Tenemos poder, pero nos falta autoridad. Nuestra conducta nos desacredita. Un ejemplo de vida más evangélica de los dirigentes cambiaría el clima en muchas comunidades cristianas.

«Atan cargas pesadas e insoportables y las ponen sobres las espaldas de los hombres; pero ellos no mueven ni un dedo para llevarlas». Es cierto. Con frecuencia somos exigentes y severos con los demás, comprensivos e indulgentes con nosotros. Agobiamos a la gente sencilla con nuestras exigencias, pero no les facilitamos la acogida del Evangelio. No somos como Jesús, que se preocupa de hacer ligera su carga, pues es humilde y de corazón sencillo.

«Todo lo hacen para que los vea la gente». No podemos negar que es muy fácil vivir pendientes de nuestra imagen, buscando casi siempre «quedar bien» ante los demás. No vivimos ante ese Dios que ve en lo secreto. Estamos más atentos a nuestro prestigio personal.

«Les gusta el primer puesto y los primeros asientos […] y que les saluden por la calle y los llamen maestros». Nos da vergüenza confesarlo, pero nos gusta. Buscamos ser tratados de manera especial, no como un hermano más. ¿Hay algo más ridículo que un testigo de Jesús buscando ser distinguido y reverenciado por la comunidad cristiana?

«No os dejéis llamar maestro […] ni preceptor […] porque uno solo es vuestro Maestro y vuestro Preceptor: Cristo». El mandato evangélico no puede ser más claro: renunciad a los títulos para no hacer sombra a Cristo; orientad la atención de los creyentes solo hacia él. ¿Por qué la Iglesia no hace nada por suprimir tantos títulos, prerrogativas, honores y dignidades para mostrar mejor el rostro humilde y cercano de Jesús?

«No llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo». Para Jesús, el título de Padre es tan único, profundo y entrañable que no ha de ser utilizado por nadie en la comunidad cristiana. ¿Por qué lo permitimos?

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

No llaméis a nadie… No os dejéis llamar…

En el orden espiritual, nadie es más que nadie.

Todo lo que somos se lo debemos a Dios y Dios da a todos lo mismo porque se da Él mismo

…………….

No quiere decir que no nos necesitemos unos a otros.

Sin ayuda yo no llegaría a ninguna parte.

La energía para caminar ya la tengo.

Falta saber en qué dirección tengo que orientar mis pasos.

…………….

Sólo el que ha subido antes a la cumbre estará en condiciones de mostrarme las dificultades del camino.

Siempre que el objetivo sea llegar a la cumbre, y no hacerte dar vueltas para provocar tu dependencia.

y no hacerte dar vueltas para provocar tu dependencia.

ORACIÓN

Dios omnipotente y misericordioso, a cuya gracia se debe el que tus fieles puedan servirte digna y laudablemente, concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que nos tienes prometido.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco FANO



Imagen para colorear.




jueves, 26 de octubre de 2023

29 DE OCUBRE: XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO A

 


“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.”

29 DE OCTUBRE

XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ª Lectura: Éxodo 22,20-26

Si explotáis a viudas y huérfanos se encenderá mi ira contra vosotros.

Salmo 17

Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.

2ª Lectura: 1 Tesalonicenses 1,5c-10

Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo.

EVANGELIO DEL DÍA

Mateo 22,34-40

“En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: -Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? Él les dijo: -“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.” Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.”

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar,

y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

"Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?".

Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.

Este es el más grande y el primer mandamiento.

El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas".

REFLEXIÓN

Aunque no lo parezca a primera vista, el evangelio de hoy complementa al del domingo pasado. Veíamos, en efecto, que a Dios hay que darle lo que es de Dios… Y nos preguntamos: ¿Qué es lo debido a Dios? O de otra forma: ¿En qué consiste la ley fundamental del Reino de Dios?

A esta pregunta responde hoy Jesús en uno de los textos más conocidos: el Mandamiento principal es éste: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.” El segundo mandamiento es semejante a éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” La pregunta le había sido formulada a Jesús por un fariseo, miembro del partido defensor de la Ley. Más de 600 eran las leyes religiosas que debían cumplir los judíos piadosos; sin embargo, agregó Jesús: “Estas dos leyes sostienen la Ley entera y los profetas.”

La respuesta de Jesús no era, en realidad, una novedad en la biblia, como, lo confirma, entre otros textos, la primera lectura de hoy, sacada del Éxodo. Pero vista desde la perspectiva del Reino nos ofrece nuevos motivos de reflexión, completando conceptos ya elaborados en domingos anteriores.

La expresión “Reino de Dios” siempre nos asusta un poco y nos complica la vida más de lo necesario, pues la palabra “Reino” –al menos en las épocas que vivimos- tiene cierta carga afectiva que no nos ayuda mucho para entender la expresión evangélica. Quizá por eso el evangelista Juan prefirió omitirla, por lo general, en su evangelio, hablando más bien de la Verdad, de la Vida Nueva, de la Luz y, sobre todo, del Amor. Es él –o quien fuese en su lugar- quien en su primera carta define a Dios simplemente: “Dios es Amor.”

Si Dios es Amor, su Reino es el del Amor, y quienes entran en él no pueden vivir sino del Amor. Amar no es solamente la ley del Reino; es la necesidad de todo hombre que quiere simplemente vivir. Sin amor no se puede vivir, pues amor es dar vida, construir la comunidad, buscar la paz, casarse, tener hijos, proteger a los demás, compartir la misma historia, etc.

Si la ley del Reino es el amor –amor total, sin limitación alguna-, justo es que nos preguntemos por la función que debe cumplir la comunidad cristiana –o Iglesia- en el mundo. Muchos se preguntarán si realmente es hoy signo del único mandato del amor, o si también ella no está aplastada bajo el peso de cientos y cientos de leyes que la aprisionan.

Hoy llegamos a una clara conclusión: el Reino de Dios se hace presente -dentro de cada hombre como en el seno de las instituciones, laicas o religiosas- en la medida en que se vive al servicio de un Dios que se llama Amor. Fuera de esta perspectiva podremos hacer muchas cosas: actos de culto, oraciones, levantar templos, obras misioneras y cruzadas de fe; podremos ser los modelos del hombre honesto de moralidad intachable y mucho más, pero aún permaneceríamos fuera de las puertas del Reino.

Esta es la ley que nos permite dirimir toda duda de conciencia, todo conflicto generacional o institucional: respetar el derecho fundamental de amar y de ser amado. Lo demás es accesorio, y es hora de que lo comprendamos porque “amar es cumplir la ley entera” (Rom. 13,10).



ENTRA EN TU INTERIOR

PASIÓN POR DIOS, COMPASIÓN POR EL SER HUMANO

Cuando olvidan lo esencial, fácilmente se adentran las religiones por caminos de mediocridad piadosa o de casuística moral, que no sólo incapacitan para una relación sana con Dios, sino que pueden desfigurar y destruir gravemente a las personas. Ninguna religión escapa a este riesgo.

 La escena que se narra en los evangelios tiene como trasfondo una atmósfera religiosa en que maestros religiosos y letrados clasifican cientos de mandatos de la Ley divina en «fáciles» y «difíciles», «graves» y «leves», «pequeños» y «grandes». Imposible moverse con un corazón sano en esta red.

La pregunta que plantean a Jesús busca recuperar lo esencial, descubrir el «espíritu perdido»: ¿cuál es el mandato principal?, ¿qué es lo esencial?, ¿dónde está el núcleo de todo? La respuesta de Jesús, como la de Hillel y otros maestros judíos, recoge la fe básica de Israel: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser».

Que nadie piense que se está hablando aquí de emociones o sentimientos hacia un Ser Imaginario, ni de invitaciones a rezos y devociones. «Amar a Dios con todo el corazón» es reconocer humildemente el Misterio último de la vida; orientar confiadamente la existencia de acuerdo con su voluntad: amar a Dios como fuerza creadora y salvadora, que es buena y nos quiere bien.

Todo esto marca decisivamente la vida pues significa alabar la existencia desde su raíz; tomar parte en la vida con gratitud; optar siempre por lo bueno y lo bello; vivir con corazón de carne y no de piedra; resistirnos a todo lo que traiciona la voluntad de Dios negando la vida y la dignidad de sus hijos e hijas.

Por eso el amor a Dios es inseparable del amor a los hermanos. Así lo recuerda Jesús: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No es posible el amor real a Dios sin descubrir el sufrimiento de sus hijos e hijas. ¿Qué religión sería aquella en la que el hambre de los desnutridos o el exceso de los satisfechos no planteara pregunta ni inquietud alguna a los creyentes? No están descaminados quienes resumen la religión de Jesús como «pasión por Dios y compasión por la humanidad».   

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

Jesús nos dice que siempre que afirmamos que amamos al prójimo, en realidad estamos mintiendo un poco, pues el amor preconizado por el Evangelio del Reino identifica al otro con uno mismo, de tal forma que el otro deja de ser otro para ser parte esencial de nuestro yo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Un motivo más para comprender que el amor a Dios y el amor al prójimo coinciden en un solo gesto de amor: quien dice que ama a Dios, ya no es uno solo, sino él-con-el-prójimo. El Reino no viene para cubrir nuestro hueco interior, sino para comunicarnos con los demás sin barrera ni frontera alguna.

Un amor que hace suyo los sufrimientos, dolores, alegrías y anhelos de los hermanos, porque para el que ama, nadie le es indiferente.

Hoy y siempre, quiero, Señor, amarte con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todo el ser y amar a mis hermanos y hermanas como a mí mismo.

ORACIÓN

Señor, que el amor no pase a ser una palabra más de mi diccionario. Haz que de sentido a lo que hoy me has dicho, saliendo al encuentro de mi prójimo y haciendo todo lo posible para que el gran mandamiento sea una realidad en mi vida y entre mis hermanos hermanos y hermanas.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco Fano



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