domingo, 5 de noviembre de 2023

12 DE NOVIEMBRE: XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO A

 

“Por tanto, manteneos despiertos, que no sabéis el día ni la hora.”

12 DE NOVIEMBRE

XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Primera Lectura: Sabiduría 6,12-16

Encuentran la sabiduría aquellos que lo buscan.

Salmo 62

Señor, mi alma tiene sed de ti.

Segunda Lectura: 1 Tesalonicenses 4,13-18

A los que mueren en Jesús, Dios los llevará con él.

EVANGELIO DEL DÍA

Mateo 25,1-13

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: Entonces se parecerá el reino de Dios a diez muchachas que cogieron sus candiles y salieron a recibir al novio. Cinco eran necias y cinco sensatas.

Las necias, al coger los candiles, se dejaron el aceite; las sensatas, en cambio, llevaron alcuzas de aceite además de los candiles.

Como el novio tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó gritar:

- ¡Que llega el novio, salid a recibirlo!

Se despertaron todas y se pusieron a despabilar los candiles. Las necias dijeron a las sensatas:

- Dadnos de vuestro aceite, que los candiles se nos apagan.

Pero las sensatas contestaron:

- Por si acaso no hay bastante para todas, mejor es que vayáis a la tienda a comprarlo.

Mientras iban a comprarlo llegó el novio: las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.

Cuando por fin llegaron las otras muchachas, se pusieron a llamar:

- Señor, señor, ábrenos.

Pero él respondió:

- Os aseguro que no sé quiénes sois.

Por tanto, manteneos despiertos, que no sabéis el día ni la hora.”

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo.

Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.

Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite,

mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.

Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas.

Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'.

Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.

Las necias dijeron a las prudentes: '¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?'.

Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'.

Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.

Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos',

pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'.

Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.”

REFLEXIÓN

La tendencia de la primera comunidad a alegorizar la parábola, nos ha privado de su sentido más profundo. El punto de inflexión de la parábola está en la falta de aceite para que las lámparas puedan estar encendidas. Comparar a Cristo con el esposo y a la Iglesia con la esposa, que ni siquiera se menciona, no tiene apoyo ninguno exegético.

El relato está tomado de la vida cotidiana. Después de un año o más de desposorios, se celebraba la boda, que consistía en conducir a la novia a la casa del novio, donde se celebraba el banquete. Esta ceremonia no tenía ningún carácter religioso. El novio, acompañado de sus amigos y parientes iba a casa de la novia para conducirla a su propia casa. En la casa de la novia le esperaban las amigas de la novia, que la acompañarían en el trayecto. Todos estos rituales empezaban a la puesta del sol y tenían lugar de noche, de ahí la necesidad de las lámparas para poder caminar.

La importancia del relato no la tiene el novio ni la novia, ni siquiera los acompañantes. Lo que el relato destaca es la luz. La luz es más importante que las mismas muchachas, porque lo que determina que entren o no entren en el banquete es que tengan o no tengan el candil encendido. Una acompañante sin luz no pintaba nada en el cortejo. Ahora bien, para que dé luz una lámpara, tiene que tener aceite. Aquí está la madre del cordero. Lo importante es la luz, pero lo que hay que procurar es el aceite.

Jesús había dicho: “Yo soy la luz del mundo”. Y también: “vosotros sois la luz del mundo”. El ser humano es luz cuando ha desplegado su verdadero ser; es decir, cuando trasciende y va más allá de lo que le pide su simple animalidad. No es que nuestra condición de animales sea algo malo, al contrario, es la base para alcanzar nuestra plenitud, pero si no vamos más allá, cercenamos nuestras posibilidades de humanidad.

La primera lectura nos puede ayudar a encontrar el sentido de la parábola.

Sab 6, 13-16: “Ven la sabiduría los que la aman, la encuentran los que la buscan.

La verdadera Sabiduría es encontrar la manera de dar un sentido a la vida. Dar sentido a la vida es más importante que la vida misma. Ese sentido no viene dado, tenemos que buscarlo. Esa es la tarea más específicamente humana. Nuestra vida puede quedar malograda como tal vida humana.

Esa es la advertencia de la parábola. Hay que estar alerta, porque el tiempo pasa. Si estamos dormidos, hay que despertar, porque de lo contrario, perderemos la oportunidad de descubrir esa Sabiduría.

¿Cuál es el aceite que hace arder la lámpara? Si acertamos con la respuesta a esta pregunta, tenemos resuelto el significado de la parábola.

En Mt 7,24-27, se dice: “Todo aquel que escucha estas palabras mías y las pone por obra, se parece al hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Y todo aquel que escucha estas palabras mías y no las pone por obra, se parece al necio...”

La luz que tiene que arder es la práctica del mensaje de Jesús. El aceite que tiene que alimentar esa llama, es el amor manifestado. El ser necio o sensato no depende de un conocimiento mayor o menor, sino de una práctica.

Así se entiende que las sensatas no compartan el aceite con las necias. No se trata de egoísmo: es que resulta imposible amar en nombre de otra persona o considerar propia la entrega que otro ha realizado. Nuestra lámpara no puede arder con el aceite de otro. La llama a la que se refiere la parábola no puede ser encendida con aceite comprado o prestado. El sentido de toda una vida no se puede improvisar en un instante.

Sólo con lo que hay de Dios en nosotros, descubierto, reconocido y desplegado, puede considerarse encendido nuestro ser.

Ese despliegue constituye la Sabiduría de la que nos hablaba la primera lectura. Sin esa llama, seremos irreconocibles incluso para el mismo Dios. Para entrar a formar parte de una orquesta, no basta con adquirir un buen violín; hay que aprender a tocarlo y armonizar tu música con los demás.

Interpretar esta parábola en el sentido de que debemos estar preparados para el día de la muerte, es tergiversar el evangelio. El esperar una venida futura es una perspectiva inútil, porque Jesús ya dijo a sus discípulos: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

La parábola no hace especial hincapié en el fin, sino en la inutilidad de una espera que no va acompañada de una actitud de amor y de servicio. Las lámparas deben estar encendidas siempre; si esperamos a prepararlas en el último momento perderemos la oportunidad de entrar con el novio.



ENTRA EN TU INTERIOR

ENCENDER LAS LÁMPARAS

Entre los primeros cristianos había, sin duda, discípulos «buenos» y discípulos «malos» Sin embargo, al escribir su evangelio, Mateo se preocupa sobre todo de recordar que, dentro de la comunidad cristiana, hay discípulos «sensatos» que están actuando de manera responsable e inteligente, y hay discípulos «necios» que actúan de manera frívola y descuidada. ¿Qué quiere decir esto?

Mateo lo explica al recoger dos parábolas de Jesús. La primera es muy clara. Hay algunos que «escuchan las palabras de Jesús», y «las ponen en práctica» Toman en serio el Evangelio y lo traducen en vida. Son como el «hombre sensato» que construye su casa sobre roca. Es el sector más responsable: los que van construyendo su vida y la de la Iglesia sobre la autenticidad y la verdad de Jesús.

Pero hay también quienes escuchan las palabras de Jesús, y «no las ponen en práctica». Son tan «necios» como el hombre que «edifica su casa sobre arena» Su vida es un disparate. Construyen sobre el vacío. Si fuera sólo por ellos, el cristianismo sería pura fachada, sin fundamento real en Jesús.

Esta parábola nos ayuda a captar el mensaje fundamental de otro relato en el que un grupo de jóvenes salen, llenas de alegría, a esperar al esposo, para acompañarlo a la fiesta de su boda. Desde el comienzo se nos advierte que unas son «sensatas» y otras «necias».

Las «sensatas» llevan consigo aceite para mantener encendidas sus lámparas; las «necias» no piensan en nada de esto. El esposo tarda, pero llega a medianoche. Las «sensatas» salen con sus lámparas a iluminar el camino, acompañan al esposo y «entran con él» en la fiesta. Las «necias», por su parte, no saben cómo resolver su problema: «se les apagan las lámparas». Así no pueden acompañar al esposo. Cuando llegan es tarde. La puerta está cerrada.

El mensaje es claro y urgente Es una insensatez seguir escuchando el Evangelio, sin hacer un esfuerzo mayor para convertirlo en vida: es construir un cristianismo sobre arena. Y es una necedad confesar a Jesucristo con una vida apagada, vacía de su espíritu y su verdad: es esperar a Jesús con las «lámparas apagadas». Jesús puede tardar, pero no podemos retrasar más nuestra conversión.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

“Yo soy la luz del mundo”.

Esto no lo decía Jesús como Dios, sino como ser humano.

Su experiencia de Dios como “Abba”, fue su lámpara encendida.

Esa misma luz está también en cada uno de nosotros.

………………

Dentro de ti debes descubrir el aceite.

Si prende, dará luz que alumbrará tus pasos.

Esa llama, si es auténtica, no se puede ocultar,

sino que alumbrará también a todos los demás

………………

Tienes que descubrir tu propio aceite.

Nadie te lo puede prestar, porque es su propia vida.

Toda vida se mueve de dentro a fuera.

Si se mueve desde fuera, será sólo un mecanismo muerto.

Fray Marcos

ORACIÓN

Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que con el alma y el cuerpo bien dispuestos, podamos con libertad de espíritu cumplir lo que es de tu agrado.

 

Expliquemos el Evangelio a los niños

Imágenes de Patxi Velasco (FANO)



Imagen para colorear.




domingo, 29 de octubre de 2023

5 DE NOVIEMBRE: XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO A

 


“A quien se encumbra, lo abajarán, y a quien se abaja, lo encumbrarán.”

5 DE NOVIEMBRE

XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Primera Lectura: Malaquías 1,4-2,2.8-10

Ustedes se apartaron del camino y han hecho tropezar a muchos

Salmo: 130

Señor, consérvame en tu paz.

Segunda Lectura: 1 Tesalonicenses 2,7-9.13

Queríamos entregarles no sólo el Evangelio de Dios,

Sino nuestra propia vida.

EVANGELIO DEL DÍA

Mateo: 23,1-12

“Entonces Jesús, dirigiéndose a las multitudes y a sus discípulos, declaró:

- En la cátedra de Moisés han tomado asiento los letrados y los fariseos. Por tanto, todo lo que os digan, hacedlo y cumplidlo..., pero no imitéis sus obras, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y los cargan en las espaldas de los hombres, mientras ellos no quieren empujarlos ni con un dedo. Todo lo hacen para llamar la atención de la gente: se ponen distintivos ostentosos y borlas grandes en el manto: les encantan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas, que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame «Rabbí».

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar «Rabbí», pues vuestro maestro es uno solo y vosotros todos sois hermanos; y no os llamaréis «padre» unos a otros en la tierra, pues vuestro Padre es uno solo, el del cielo; tampoco dejaréis que os llamen «directores», porque vuestro director es uno solo, el Mesías. El más grande de vosotros será servidor vuestro.

A quien se encumbra, lo abajarán, y a quien se abaja, lo encumbrarán.”

Versión para américa Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:           

"Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés;

ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen.

Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.

Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos;

les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,

ser saludados en las plazas y oírse llamar 'mi maestro' por la gente.

En cuanto a ustedes, no se hagan llamar 'maestro', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos.

A nadie en el mundo llamen 'padre', porque no tienen sino uno, el Padre celestial.

No se dejen llamar tampoco 'doctores', porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.

Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros,

porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado".

REFLEXIÓN

Nos llevaría demasiado tiempo el explicar cada una de las frases del pasaje. Vamos a revisar sólo algunas.

La verdad es que hoy no se necesita ninguna exégesis especializada. Se entiende todo perfectamente. Otra cosa es, que nos interese, de verdad, seguir las directrices del evangelio.

Lo primero que hay que tener en cuenta es, que el ambiente reflejado en este texto, no es el del tiempo de Jesús, sino el de la comunidad de Mateo, cuando escribe su evangelio.

El judaísmo del tiempo de Jesús, estaba integrado por numerosas organizaciones, partidos y sectas, que tenían distinta manera de ver y practicar la religión. Jesús, sin duda ninguna, criticó a muchos de esos grupos, pero los furibundos ataques contra los fariseos que aparecen en los evangelios, seguramente no corresponden a Jesús, sino a una situación que comienza a partir de la destrucción de Jerusalén en el año 70.

Fue entonces cuando los fariseos se hicieron con el absoluto control del judaísmo e impusieron a todos su manera de pensar (a esta situación puede hacer referencia la frase: “En la cátedra de Moisés se sentaron los fariseos”). Sólo entonces decidieron expulsar del judaísmo a los cristianos y declararles formalmente herejes. Lo que reflejan los evangelios es la reacción de los cristianos contra esos fariseos, que se mantuvo a través de los siglos.

“Ellos no hacen lo que dicen”. No es exacto que los fariseos fueran por definición “fariseos”. Eran cumplidores, pero su rigorismo en la interpretación de la Ley les obligó a disimular que eran incapaces de cumplirla, para poder seguir exigiendo a los demás lo que ellos no hacían. Pero el engaño mayor consistía en exigirles en nombre de Dios, unas prácticas que no les podían traer salvación, porque no eran más que preceptos humanos.

“Cargan a la gente con fardos pesados e insoportables”. Eran 613 los preceptos que tenía que cumplir todo israelita para ser fiel a la Ley, según algunos, todos tenían la misma importancia. En ese fárrago de prescripciones, la vida humana quedaba aprisionada y las personas sumidas en una frustración alienante. Recordemos que Jesús había dicho: “Mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

“Todo lo que hacen es para que los vea la gente”. Cuando se pone la perfección en el cumplimiento de normas externas, sólo caben dos salidas:

En la medida que la alcances, la soberbia. Soy más que los demás y puedo mirarlos por encima del hombro.

En la medida que no la alcanzas, la simulación. Lo que los demás piensen de mí es más importante que lo que soy realmente. De ahí el afán por exagerar todos los signos externos de religiosidad. Hoy sigue habiendo cristianos que están es esa misma dinámica.

“Vosotros, en cambio...” Aquí tenemos la clave del texto. La nueva comunidad no debe comportarse como los fariseos, sino desde la autenticidad. Esto es lo que quiere dejar claro Mateo. El mensaje central de Jesús, consiste en abandonar todo intento de superioridad y entrar en una dinámica de servicio incondicional a los demás. Cuando Juan habla del pecado del mundo, se refiere siempre a oprimir o a dejarse oprimir.

“No os dejéis llamar maestros, no llaméis a nadie padre, no os dejéis llamar jefes”. ¡Qué poco dura lo auténtico! Seguramente ya se empezaba a estructurar la comunidad y ya había, en aquella época, quien quería ser más que los demás. Los seres humanos somos capaces de remover el cielo y la tierra, con tal de justificar el estar por encima de los demás y de alguna manera someterlos y utilizarlos en beneficio propio.

“El primero entre vosotros será vuestro servidor”. Jesús exige lo que él vivió. El mismo Jesús comenta esto en otro lugar: “lo mismo que el Hijo de hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”. Recordad que cuando Juan dice “dar su vida”, no emplea “zoe” ni “bios”, sino “psiques”. No está hablando de la vida biológica o zoológica, que entregó en la cruz, sino de la vida sicológica (propiamente humana) que pone al servicio de los demás durante su vida biológica.



ENTRA EN TU INTERIOR

NO HACEN LO QUE DICEN

Jesús habla con indignación profética. Su discurso, dirigido a la gente y a sus discípulos, es una dura crítica a los dirigentes religiosos de Israel. Mateo lo recoge hacia los años ochenta para que los dirigentes de la Iglesia cristiana no caigan en conductas parecidas.

¿Podremos recordar hoy las recriminaciones de Jesús con paz, en actitud de conversión, sin ánimo alguno de polémicas estériles? Sus palabras son una invitación para que obispos, presbíteros y cuantos tenemos alguna responsabilidad eclesial hagamos una revisión de nuestra actuación.

 

«No hacen lo que dicen». Nuestro mayor pecado es la incoherencia. No vivimos lo que predicamos. Tenemos poder, pero nos falta autoridad. Nuestra conducta nos desacredita. Un ejemplo de vida más evangélica de los dirigentes cambiaría el clima en muchas comunidades cristianas.

«Atan cargas pesadas e insoportables y las ponen sobres las espaldas de los hombres; pero ellos no mueven ni un dedo para llevarlas». Es cierto. Con frecuencia somos exigentes y severos con los demás, comprensivos e indulgentes con nosotros. Agobiamos a la gente sencilla con nuestras exigencias, pero no les facilitamos la acogida del Evangelio. No somos como Jesús, que se preocupa de hacer ligera su carga, pues es humilde y de corazón sencillo.

«Todo lo hacen para que los vea la gente». No podemos negar que es muy fácil vivir pendientes de nuestra imagen, buscando casi siempre «quedar bien» ante los demás. No vivimos ante ese Dios que ve en lo secreto. Estamos más atentos a nuestro prestigio personal.

«Les gusta el primer puesto y los primeros asientos […] y que les saluden por la calle y los llamen maestros». Nos da vergüenza confesarlo, pero nos gusta. Buscamos ser tratados de manera especial, no como un hermano más. ¿Hay algo más ridículo que un testigo de Jesús buscando ser distinguido y reverenciado por la comunidad cristiana?

«No os dejéis llamar maestro […] ni preceptor […] porque uno solo es vuestro Maestro y vuestro Preceptor: Cristo». El mandato evangélico no puede ser más claro: renunciad a los títulos para no hacer sombra a Cristo; orientad la atención de los creyentes solo hacia él. ¿Por qué la Iglesia no hace nada por suprimir tantos títulos, prerrogativas, honores y dignidades para mostrar mejor el rostro humilde y cercano de Jesús?

«No llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo». Para Jesús, el título de Padre es tan único, profundo y entrañable que no ha de ser utilizado por nadie en la comunidad cristiana. ¿Por qué lo permitimos?

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

No llaméis a nadie… No os dejéis llamar…

En el orden espiritual, nadie es más que nadie.

Todo lo que somos se lo debemos a Dios y Dios da a todos lo mismo porque se da Él mismo

…………….

No quiere decir que no nos necesitemos unos a otros.

Sin ayuda yo no llegaría a ninguna parte.

La energía para caminar ya la tengo.

Falta saber en qué dirección tengo que orientar mis pasos.

…………….

Sólo el que ha subido antes a la cumbre estará en condiciones de mostrarme las dificultades del camino.

Siempre que el objetivo sea llegar a la cumbre, y no hacerte dar vueltas para provocar tu dependencia.

y no hacerte dar vueltas para provocar tu dependencia.

ORACIÓN

Dios omnipotente y misericordioso, a cuya gracia se debe el que tus fieles puedan servirte digna y laudablemente, concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que nos tienes prometido.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco FANO



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jueves, 26 de octubre de 2023

29 DE OCUBRE: XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO A

 


“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.”

29 DE OCTUBRE

XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ª Lectura: Éxodo 22,20-26

Si explotáis a viudas y huérfanos se encenderá mi ira contra vosotros.

Salmo 17

Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.

2ª Lectura: 1 Tesalonicenses 1,5c-10

Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo.

EVANGELIO DEL DÍA

Mateo 22,34-40

“En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: -Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? Él les dijo: -“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.” Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.”

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar,

y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

"Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?".

Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.

Este es el más grande y el primer mandamiento.

El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas".

REFLEXIÓN

Aunque no lo parezca a primera vista, el evangelio de hoy complementa al del domingo pasado. Veíamos, en efecto, que a Dios hay que darle lo que es de Dios… Y nos preguntamos: ¿Qué es lo debido a Dios? O de otra forma: ¿En qué consiste la ley fundamental del Reino de Dios?

A esta pregunta responde hoy Jesús en uno de los textos más conocidos: el Mandamiento principal es éste: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.” El segundo mandamiento es semejante a éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” La pregunta le había sido formulada a Jesús por un fariseo, miembro del partido defensor de la Ley. Más de 600 eran las leyes religiosas que debían cumplir los judíos piadosos; sin embargo, agregó Jesús: “Estas dos leyes sostienen la Ley entera y los profetas.”

La respuesta de Jesús no era, en realidad, una novedad en la biblia, como, lo confirma, entre otros textos, la primera lectura de hoy, sacada del Éxodo. Pero vista desde la perspectiva del Reino nos ofrece nuevos motivos de reflexión, completando conceptos ya elaborados en domingos anteriores.

La expresión “Reino de Dios” siempre nos asusta un poco y nos complica la vida más de lo necesario, pues la palabra “Reino” –al menos en las épocas que vivimos- tiene cierta carga afectiva que no nos ayuda mucho para entender la expresión evangélica. Quizá por eso el evangelista Juan prefirió omitirla, por lo general, en su evangelio, hablando más bien de la Verdad, de la Vida Nueva, de la Luz y, sobre todo, del Amor. Es él –o quien fuese en su lugar- quien en su primera carta define a Dios simplemente: “Dios es Amor.”

Si Dios es Amor, su Reino es el del Amor, y quienes entran en él no pueden vivir sino del Amor. Amar no es solamente la ley del Reino; es la necesidad de todo hombre que quiere simplemente vivir. Sin amor no se puede vivir, pues amor es dar vida, construir la comunidad, buscar la paz, casarse, tener hijos, proteger a los demás, compartir la misma historia, etc.

Si la ley del Reino es el amor –amor total, sin limitación alguna-, justo es que nos preguntemos por la función que debe cumplir la comunidad cristiana –o Iglesia- en el mundo. Muchos se preguntarán si realmente es hoy signo del único mandato del amor, o si también ella no está aplastada bajo el peso de cientos y cientos de leyes que la aprisionan.

Hoy llegamos a una clara conclusión: el Reino de Dios se hace presente -dentro de cada hombre como en el seno de las instituciones, laicas o religiosas- en la medida en que se vive al servicio de un Dios que se llama Amor. Fuera de esta perspectiva podremos hacer muchas cosas: actos de culto, oraciones, levantar templos, obras misioneras y cruzadas de fe; podremos ser los modelos del hombre honesto de moralidad intachable y mucho más, pero aún permaneceríamos fuera de las puertas del Reino.

Esta es la ley que nos permite dirimir toda duda de conciencia, todo conflicto generacional o institucional: respetar el derecho fundamental de amar y de ser amado. Lo demás es accesorio, y es hora de que lo comprendamos porque “amar es cumplir la ley entera” (Rom. 13,10).



ENTRA EN TU INTERIOR

PASIÓN POR DIOS, COMPASIÓN POR EL SER HUMANO

Cuando olvidan lo esencial, fácilmente se adentran las religiones por caminos de mediocridad piadosa o de casuística moral, que no sólo incapacitan para una relación sana con Dios, sino que pueden desfigurar y destruir gravemente a las personas. Ninguna religión escapa a este riesgo.

 La escena que se narra en los evangelios tiene como trasfondo una atmósfera religiosa en que maestros religiosos y letrados clasifican cientos de mandatos de la Ley divina en «fáciles» y «difíciles», «graves» y «leves», «pequeños» y «grandes». Imposible moverse con un corazón sano en esta red.

La pregunta que plantean a Jesús busca recuperar lo esencial, descubrir el «espíritu perdido»: ¿cuál es el mandato principal?, ¿qué es lo esencial?, ¿dónde está el núcleo de todo? La respuesta de Jesús, como la de Hillel y otros maestros judíos, recoge la fe básica de Israel: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser».

Que nadie piense que se está hablando aquí de emociones o sentimientos hacia un Ser Imaginario, ni de invitaciones a rezos y devociones. «Amar a Dios con todo el corazón» es reconocer humildemente el Misterio último de la vida; orientar confiadamente la existencia de acuerdo con su voluntad: amar a Dios como fuerza creadora y salvadora, que es buena y nos quiere bien.

Todo esto marca decisivamente la vida pues significa alabar la existencia desde su raíz; tomar parte en la vida con gratitud; optar siempre por lo bueno y lo bello; vivir con corazón de carne y no de piedra; resistirnos a todo lo que traiciona la voluntad de Dios negando la vida y la dignidad de sus hijos e hijas.

Por eso el amor a Dios es inseparable del amor a los hermanos. Así lo recuerda Jesús: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No es posible el amor real a Dios sin descubrir el sufrimiento de sus hijos e hijas. ¿Qué religión sería aquella en la que el hambre de los desnutridos o el exceso de los satisfechos no planteara pregunta ni inquietud alguna a los creyentes? No están descaminados quienes resumen la religión de Jesús como «pasión por Dios y compasión por la humanidad».   

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

Jesús nos dice que siempre que afirmamos que amamos al prójimo, en realidad estamos mintiendo un poco, pues el amor preconizado por el Evangelio del Reino identifica al otro con uno mismo, de tal forma que el otro deja de ser otro para ser parte esencial de nuestro yo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Un motivo más para comprender que el amor a Dios y el amor al prójimo coinciden en un solo gesto de amor: quien dice que ama a Dios, ya no es uno solo, sino él-con-el-prójimo. El Reino no viene para cubrir nuestro hueco interior, sino para comunicarnos con los demás sin barrera ni frontera alguna.

Un amor que hace suyo los sufrimientos, dolores, alegrías y anhelos de los hermanos, porque para el que ama, nadie le es indiferente.

Hoy y siempre, quiero, Señor, amarte con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todo el ser y amar a mis hermanos y hermanas como a mí mismo.

ORACIÓN

Señor, que el amor no pase a ser una palabra más de mi diccionario. Haz que de sentido a lo que hoy me has dicho, saliendo al encuentro de mi prójimo y haciendo todo lo posible para que el gran mandamiento sea una realidad en mi vida y entre mis hermanos hermanos y hermanas.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco Fano



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sábado, 9 de septiembre de 2023

17 DE SEPTIEMBRE: XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

 


“Pues lo mismo os tratará mi Padre del cielo si no perdonáis de corazón,

cada uno a su hermano.”

17 DE SEPTIEMBRE

XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Primera Lectura: Eclesiástico 27,33-28,9

Perdona la ofensa de tu prójimo para obtener tú el perdón.

Salmo 102

El Señor es compasivo y misericordioso.

Segunda Lectura: Romanos 14,7-9

En la vida y en la muerte somos del Señor.

EVANGELIO DEL DÍA

Mateo 18,21-35

“Entonces se adelantó Pedro y le preguntó:

- Señor, y si mi hermano me sigue ofendiendo, ¿Cuántas veces lo tendré que perdonar?, ¿siete veces?

Jesús le contestó:

- Siete veces, no; setenta veces siete. Por esto el reinado de Dios se parece a un rey que quiso saldar cuentas con sus empleados.

 Para empezar, le presentaron a uno que le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, con su mujer, sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara con eso. El empleado se echó a sus pies suplicándole: “Ten paciencia conmigo, que te lo pagaré todo”.

El señor, conmovido, dejó marcharse a aquel empleado, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado encontró a un compañero suyo que le debía algún dinero, lo agarró por el cuello y le decía apretando: “Págame lo que me debes”.

El compañero se echó a sus pies suplicándole: “Ten paciencia conmigo, que te lo pagaré”. Pero él no quiso, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

 Al ver aquello sus compañeros, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor lo sucedido. Entonces el señor llamó al empleado y le dijo:

- ¡Miserable! Cuando me suplicaste te perdoné toda aquella deuda. ¿No era tu deber tener también compasión de tu compañero como yo la tuve de ti?

Y su señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda su deuda.

Pues lo mismo os tratará mi Padre del cielo si no perdonáis de corazón, cada uno a su hermano.”

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".

Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.

Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.

Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.

El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".

El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.

Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.

El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.

Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.

Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.

¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?'.

E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.

Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".

REFLEXIÓN

El evangelio de hoy es continuación del que leíamos el domingo pasado. Allí se daba por supuesto el perdón. Hoy es el tema principal. Mateo sigue con la instrucción sobre cómo comportarse con los hermanos dentro de la comunidad. Sin perdón mutuo sería imposible cualquier clase de comunidad.

El perdón no es más que una de las manifestaciones del amor y está en conexión directa con el amor al enemigo. Entre los seres humanos es impensable un verdadero amor que no lleve implícito el perdón. Dejaríamos de ser humanos si pudiéramos eliminar la posibilidad de fallar.

La frase del evangelio "setenta veces siete", no podemos entender­la literalmente; como si dijera que hay que perdonar 490 veces. Quiere decir que hay que perdonar siempre. El perdón tiene que ser, no un acto, sino una actitud, que se mantiene durante toda la vida y ante cualquier ofensa.

Los rabinos más generosos del tiempo de Jesús, hablaban de perdonar las ofensas hasta cuatro veces. Pedro se siente mucho más generoso y añade otras tres. Siete era ya un número que indicaba plenitud, pero Jesús quiere dejar muy claro que no es suficiente, porque todavía supone que se lleva cuenta de las ofensas.

Seguramente Jesús está haciendo referencia al “cántico de Lamec”: “si la venganza de Caín valía por siete, la de Lamec valdrá por setenta y siete” (Gn 4,24). El perdón debe extenderse hasta donde llega el deseo de venganza.

La parábola no necesita explicación, como todas. El punto de inflexión está en la desorbitada diferencia de la deuda de uno y otro. El señor es capaz de perdonar una inmensa deuda. El empleado es incapaz de perdonar una minucia.

Al final del texto, encontramos un rabotazo del Antiguo Testamento: “Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo”. Jesús nunca pudo dar a entender que un Dios vengativo puede castigar de esa manera, o negarse a perdonar hasta que cumplamos unos requisitos.

En el evangelio encontramos con mucha frecuencia esa incapacidad de aceptar plenamente el Dios de Jesús, que es sobre todo Padre. Eran judíos y les costó Dios y ayuda aceptar toda la originalidad de Jesús.

También nosotros nos encontramos mucho más a gusto con el Dios del Antiguo Testamento. Ese Dios que premia y castiga nos permite a nosotros hacer lo mismo con los demás. Esta es la razón por la que nos sentimos tan identificados con Él. Primero hemos fabricado un Dios a nuestra imagen, y después nos hemos conformado con imitarle.



ENTRA EN TU INTERIOR

SIEMPRE

A Mateo se le ve muy preocupado por corregir los conflictos, disputas y enfrentamientos que pueden surgir en la comunidad de los seguidores de Jesús. Probablemente está escribiendo su evangelio en unos momentos en que, como se dice en su evangelio, «la caridad de la mayoría se está enfriando».

Por eso concreta con mucho detalle cómo se ha de actuar para extirpar el mal del interior de la comunidad, respetando siempre a las personas, buscando antes que nada «la corrección a solas», acudiendo al diálogo con «testigos», haciendo intervenir a la «comunidad» o separándose de quien puede hacer daño a los seguidores de Jesús.

Todo eso puede ser necesario, pero ¿cómo ha de actuar en concreto la persona ofendida?, ¿Qué ha de hacer el discípulo de Jesús que desea seguir sus pasos y colaborar con él en abrir caminos al reino de Dios: el reino de la misericordia y la justicia para todos?

Mateo no podía olvidar unas palabras de Jesús recogidas por un evangelio anterior al suyo. No eran fáciles de entender, pero reflejaban lo que había en el corazón de Jesús. Aunque hayan pasado veinte siglos, sus seguidores no hemos de rebajar su contenido.

Pedro se acerca a Jesús. Como en otras ocasiones, lo hace representando al grupo de seguidores: «Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar?, ¿hasta siete veces?». Su pregunta no es mezquina, sino enormemente generosa. Le ha escuchado a Jesús sus parábolas sobre la misericordia de Dios. Conoce su capacidad de comprender, disculpar y perdonar. También él está dispuesto a perdonar «muchas veces», pero ¿no hay un límite?

La respuesta de Jesús es contundente: «No te digo siete veces, sino hasta setenta veces siete»: has de perdonar siempre, en todo momento, de manera incondicional.

A lo largo de los siglos se ha querido rebajar lo dicho por Jesús: «perdonar siempre, es perjudicial»: «da alicientes al ofensor» «hay que exigirle primero arrepentimiento». Todo esto parece muy razonable, pero oculta y deja irreconocible lo que pensaba y vivía Jesús.

Hay que volver a él. En su Iglesia hacen falta hombres y mujeres que estén dispuestos a perdonar como él, introduciendo entre nosotros su gesto de perdón en toda su gratuidad y grandeza. Es lo que mejor hace brillar en la Iglesia el rostro de Cristo.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

Nuestro mundo puede hacerse más humanos, solamente si en todas las relaciones recíprocas que plasman su rostro moral introducimos el momento del perdón, tan esencial al evangelio. El perdón atestigua que en el mundo está presente el amor más fuerte que el pecado y que la muerte. El perdón es además la condición fundamental de la reconciliación, no sólo en la relación de Dios con el hombre, sino también en las recíprocas relaciones de los hombres.

Jesús subraya con tanta insistencia la necesidad de perdonar a los demás que a Pedro, que le había preguntado cuántas veces debería perdonar al prójimo, le indicó la cifra simbólica de “setenta veces siete”, quería decir con ello que debería saber perdonar siempre.

ORACIÓN

Señor Dios, creador y soberano de todas las cosas, vuelve a nosotros tus ojos y concede que te sirvamos de todo corazón, para que experimentemos los efectos de tu misericordia.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco (FANO)

 

 


domingo, 3 de septiembre de 2023

10 DE SEPTIEMBRE: XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

 


“Si te hace caso, has salvado a tu hermano”.

10 DE SEPTIEMBRE

XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ª Lectura: Ezequiel 33,7-9

Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre.

Salmo 9410 DE SEPTIEMBRE 

Ojalá escuchéis hoy su voz: “No endurezcáis vuestro corazón”.

2ª Lectura: Romanos 13,8-10

Amar es cumplir la ley entera.

PALABRA DEL DÍA

Mateo 18,13-20

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos.  Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro además que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.

Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos.

Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.

Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá.

Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos".

REFLEXIÓN

Las palabras del profeta Ezequiel en la primera lectura desmienten algunos de los dichos más egoístas y nefastos que suele oírse con frecuencia en nuestro lenguaje coloquial: “Este no es mi problema”; “cada uno en su casa y Dios en la de todos” … Ha dicho Dios mediante el profeta: “Si yo digo al malvado: ¡malvado, reo eres de muerte!, y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre…” Esta preocupación por los demás forma parte de la gran ley del amor que nos ha recordado san Pablo en la segunda lectura: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera”.

El evangelio reúne de alguna manera estos dos conceptos expresados en las primeras lecturas para diseñar cómo ha de ser y cómo tiene que practicarse la corrección fraterna en nuestras comunidades. La comunidad y la comunión son indispensables para vivir a fondo los valores y las virtudes del evangelio. Todos somos miembros de una Iglesia universal, pero todos necesitamos también nuestra comunidad local, con la que vivimos y celebramos, con la que nos educamos en la fe, con la que compartimos alegrías y sufrimientos.

Jesús no se conforma con qué intentemos ayudar al hermano que se aleja, o que, con su forma de vivir y actuar, pone en peligro la credibilidad y el buen nombre de la comunidad, quiere que agotemos todas las posibilidades que esté a nuestro alcance, por eso no debemos dejarlo cuando lo reprendemos a solas y no nos hace caso, sino llamar a otro hermano, a varios o reunir a la comunidad si hace falta.

Es normal que en la vida diaria se produzcan disensiones entre las personas, o que en muchas familias haya enfrentamientos entre algunos de sus miembros. Pero que estas divergencias no se afronten, que haya personas que no se hablen, a veces entre los miembros de una misma casa, o en una misma comunidad, no es solamente un hecho claramente contrario al evangelio, sino que es incluso un hecho inhumano, contrario al querer de Dios.

Jesús propone caminos que habrá que experimentar: “si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos”.

Cuántas veces, en lugar de corregir a solas al hermano, con caridad y con cariño, aireamos sus defectos y sus errores a los cuatro vientos y nos quedamos tan tranquilos, claro, son defectos y errores de los otros, no míos. “Si no te hace caso, llama a otro u otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos”.

Muchas veces nos mostramos autosuficientes con nuestra verdad, y nos negamos a aceptar la verdad o la opinión de los demás. “Y si no les hace caso, díselo a la comunidad (a la familia, al grupo de reflexión o de trabajo…).

¿Queremos ganar al hermano, a la hermana, al otro o queremos vencerle y demostrarle nuestra superioridad moral? ¿Queremos la paz y la reconciliación, o buscamos solamente una victoria? ¿Tenemos espíritu de bondad y entrañas de misericordia, o no nos despojamos del odio y la revancha?



ENTRA EN TU INTERIOR

REUNIRSE EN EL NOMBRE DE JESÚS

La destrucción del templo de Jerusalén el año 70 provocó una profunda crisis en el pueblo judío. El templo era «la casa de Dios». Desde allí reinaba imponiendo su ley. Destruido el templo, ¿dónde podrían encontrarse ahora con su presencia salvadora?

Los rabinos reaccionaron buscando a Dios en las reuniones que hacían para estudiar la Ley. El célebre Rabbi Ananías, muerto hacia el año 135, lo afirmaba claramente: «Donde dos se reúnen para estudiar las palabras de la Ley, la presencia de Dios (la «Shekiná») está con ellos».

Los seguidores de Jesús provenientes del judaísmo reaccionaron de manera muy diferente. Mateo recuerda a sus lectores unas palabras que atribuye a Jesús y que son de gran importancia para mantener viva su presencia entre sus seguidores: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

No es una reunión que se hace por costumbre, por disciplina o por sumisión a un precepto. La atmósfera de este encuentro es otra cosa. Son seguidores de Jesús que «se reúnen en su nombre», atraídos por él, animados por su espíritu. Jesús es la razón, la fuente, el aliento, la vida de ese encuentro. Allí se hace presente Jesús, el resucitado.

No es ningún secreto que la reunión dominical de los cristianos está en crisis profunda. A no pocos la misa se les hace insufrible. Ya no tienen paciencia para asistir a un acto en el que se les escapa el sentido de los símbolos y donde no siempre escuchan palabras que toquen la realidad de sus vidas.

Algunos sólo conocen misas reducidas a un acto gregario, regulado y dirigido por los eclesiásticos, donde el pueblo permanece pasivo, encerrado en su silencio o en sus respuestas mecánicas, sin poder sintonizar con un lenguaje cuyo contenido no siempre entienden. ¿Es esto «reunirse en el nombre del Señor»?

¿Cómo es posible que la reunión dominical se vaya perdiendo como si no pasara nada? ¿No es la Eucaristía el centro del cristianismo? ¿Cómo la Jerarquía prefiera no plantearse nada, no cambiar nada? ¿Cómo los cristianos permanecemos callados? ¿Por qué tanta pasividad y falta de reacción? ¿Dónde suscitará el Espíritu encuentros de dos o tres que nos enseñen a reunirnos en el nombre de Jesús?

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

No podemos dejar de subrayar en el evangelio de hoy, y sobre todo de cara, al trabajo en nuestras comunidades, la necesidad de trabajar y de rezar juntos: “Si dos de vosotros se pone de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque adonde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Hoy más que nunca es preciso despertar y fomentar la corresponsabilidad en el interior de la Iglesia, porque forma parte del querer de Jesús. Solamente podremos avanzar mediante el trabajo en equipo, que, en nuestro caso, es trabajo en comunión. Con Cristo y entre nosotros.

Que este estilo de vida supone un cambio en nuestro corazón y en nuestro esquema educativo, está fuera de duda. Que lo exige el evangelio del amor a los pecadores, también está fuera de duda. Con este amor fraterno como premisa fundamental, pensemos ahora todo lo que está sucediendo y veamos juntos cuál puede ser la forma más adecuada para que nuestra comunidad sea levadura y fermento de una vida nueva.

ORACIÓN

Hermanas y hermanos, sabemos que Dios nos ama tal cual somos; pero también es cierto que su amor debe ser correspondido por amor. Quien se deja amar por Dios, debe estar dispuesto a reformar su conducta para que ella sea signo de amor y comunión con los hermanos.

Hoy la palabra de Dios nos invita a reflexionar sobre algo que a todos nos afecta directamente: la realidad del pecado presente en el seno de la sociedad, es general, y de la comunidad cristiana en particular. Dispongámonos para una atenta escucha de la voz del Señor, que nos sale al encuentro en cada eucaristía que celebramos y cuando dos o más nos reunimos en su nombre.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco (FANO)



Imagen para colorear.