domingo, 4 de diciembre de 2016

8 Y 11 DE DICIEMBRE: SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA Y TERCER DOMINGO DE ADVIENTO.



8 DE DICIEMBRE

SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

DE LA VIRGEN MARÍA

JUEVES DE LA SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO

Primera Lectura: Génesis 3,9-15.20

Salmo 97: Cantemos al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

PALABRA DEL DÍA

Lucas 1,26-38

“A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: -“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.” Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: -“No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.” Y María dijo al ángel: -“¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?” El ángel le contentó: -“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios no hay nada imposible”. María contestó: -“Aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”.- Y la dejó el ángel”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo".
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido.
Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús;
él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre,
reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin".
María dijo al Ángel: "¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?".
El Ángel le respondió: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.
También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes,
porque no hay nada imposible para Dios".
María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho". Y el Ángel se alejó.
REFLEXIÓN

            A lo largo de los siglos la Iglesia ha tomado conciencia de que María, “llena de gracia” por Dios (Lc 1,28), ha sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el papa Pío IX: “La bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano”.

Esta “resplandeciente santidad del todo singular” de la que ella fue “enriquecida desde el primer instante de su concepción” (LG 56), le viene toda entera de Cristo: ella es “redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo” (LG 53). El Padre la ha “bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo” (Ef 1,3) más que a ninguna otra persona creada. Él la ha “elegido en él, antes de la creación del mundo para ser Santa e Inmaculada en su presencia por el amor” (Ef 1,4). (Catecismo de la Iglesia Católica, 491-492).


El misterio de la Inmaculada  Concepción quiere decirnos que María fue preservada de toda caída. Dios la llevó siempre sobre sus alas (Dt. 32,11). Ningún bandido la despojó de sus vestiduras y de su dignidad. ¡Tanto amó Dios a su pequeña esclava! María tuvo siempre la fe vigilante y despierta, el amor entregado. María era en todo un fruto del Espíritu.
Podemos decir que en María Adán se levanta por primera vez. Adán empieza a ser restaurado y dignificado en María, hija suya, de su misma naturaleza. En cierto sentido podemos decir que María levanta a Adán.

María está bien levantada. ¿Hasta dónde? Hasta donde Adán quería, hasta el mismo cielo, hasta el mismo Dios. Adán cayó precisamente porque quería ser Dios por sí mismo.
Tropezó en su soberbia, y la caída fue espantosa. Ahora María, y con ella Adán, llega hasta Dios, pero de la mano de Dios, por el camino de la docilidad y la humildad. Cuando ella más se abajaba, Dios más la subía. Cuanto Dios más le pedía, ella más le obedecía.

ENTRA EN TU INTERIOR

            Adán sigue cayendo, por culpa propia o ajena. Cae cuando rechaza a Dios y se endiosa a sí mismo, cae cuando se deja llevar de la violencia o cuando sufre la violencia de los otros, cae por el desamor y la envidia, cae cuando agoniza en la miseria y el subdesarrollo, cae cuando no encuentra trabajo; y cae por la enfermedad, por la soledad, por la depresión y el fracaso; cae por el alcohol, la droga y el sexo, por el dinero y el juego, cae por los accidentes y desgracia, y por la muerte, por toda clase de muertes.
            Cristo está siempre cerca del caído, para acompañarle y levantarle. Y María también está ahí, transmitiendo su energía superadora y su calor maternal ¿No hemos sentido nunca, cuando estábamos en el suelo, la mirada compasiva y la mano delicada de la madre? Ella sigue levantando a Adán con su intercesión y su ayuda, con su cercanía misericordiosa.
            María, levanta a tus hijos caídos. Levántame a mí cuando caiga. Tiéndeme tu mano, como Jesús la tendió a Pedro en el lago. Y dame capacidad y corazón para que yo pueda levantar a los demás.

ORA EN TU INTERIOR

            María nunca tuvo que llorar estas lágrimas amargas, aunque sí tuvo que llorar -¡y sigue llorando!- muchas lágrimas. Las suyas no fueron lágrimas de arrepentimiento, porque nunca gustó de la tristeza radical del pecador. Las suyas fueron –y son- lágrimas cálidas, compasivas. Precisamente, la mejor manera que tiene María de consolar a Eva es llorar con ella. María llora con todos los hijos que lloran, y cuando hace suyas las lágrimas, ellos dejan de llorar.

            María es la consolada con el dulce consuelo del Espíritu. Desde el principio Dios la sonríe y la bendice con bendición entera y radical. Escucharemos los ecos de esta bendición:

-           “Alégrate. María”.
-           “Bendita tú… y bendito el fruto de tu vientre”.
-           “Dichosa tú, que has creído”
-           ”Dichosa me dirán todas las generaciones”.


ORACIÓN

 “Decir el fíat y entregar el seno. Cantar agradecida en la montaña, para todos los vientos de la historia, el gozo de los pobres libertados. Y ya callar detrás del evangelio… y darle al mundo el Redentor humano y devolverle al Padre el Hijo. ¡Dios te salve, María!, Madre de la Palabra en el silencio”. (P. Casaldaliga)


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“Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!”.



11 DE DICIEMBRE

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO


DOMINGO “GAUDETE”

DOMINGO DEL GOZO

1ª Lectura: Isaías 35,1-6ª.10

“Dios viene en persona y os salvará”.

Salmo 145: Ven, Señor, a salvarnos.

2ª Lectura: Santiago 5,7-10

“Manteneos firmes, porque la venida  del Señor está cerca”.

PALABRA DEL DÍA

Mateo 11,2-1

“Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”. Jesús les respondió: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!”. Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: “¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver?, ¿un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta: él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti para que prepare el camino ante ti”. Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el bautista, aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle: 
"¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?".
Jesús les respondió: "Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven:
los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres.
¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!".
Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo: "¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes.
¿Qué fueron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta.
El es aquel de quien está escrito: Yo envío a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino.
Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él

REFLEXIÓN

            Nos gustaría un mundo nuevo y lleno de vida y lo vamos destruyendo inexorablemente, reduciendo los bosques tropicales a madera y cultivos, contaminando el aire que respiramos y envenenando el don precioso del agua, cada vez más escasa. Querríamos una familia unida y solidaria y unas relaciones humanas respetuosas y afables, y nos encontramos con las rupturas, la envidia, la ambición destructiva, el rechazo y el desprecio. Queremos ser felices y seguir a Jesús y su Evangelio y nos desanimamos fácilmente y olvidamos los criterios que él nos ha transmitido en las bienaventuranzas.

            No podemos caer en el desánimo y la decepción. Tenemos que pedir que el Espíritu de Dios mueva nuestro corazón a sentir la alegría y el gozo de ser amados. Somos hijos de Dios. A pesar de todas las dificultades, nuestra vida es un don de Dios. Tiene sentido y vale la pena vivirla.

            Nuestra vida puede ser una fiesta. Es una fiesta. La tierra yerma y el desierto están de fiesta porque el Señor nos salva, nos libera. Está claro que nuestro mundo tiene las heridas del pecado, pero también tiene la luz resplandeciente del resucitado que todo lo renueva y lo empapa de esperanza y de consuelo.

            No tengamos miedo de nosotros mismos. No nos acobardemos ante el reconocimiento de nuestras debilidades, porque podemos reencontrar otra vez la energía de la fe en el seguimiento de Jesús. No tengamos miedo a enfrentarnos a la realidad de egoísmo y de injusticia de nuestro mundo. El Señor, como le gritamos en el salmo, vendrá a salvarnos, porque él hace justicia al oprimido. Y la hace a través de las personas, y a través de tantas instituciones y asociaciones de toda clase que luchan incansablemente por un mundo más justo y fraternal. El anuncio del profeta ya lo hace realidad el anuncio de Jesús, su vida, su testimonio: los ciegos ven…, los inválidos andan…, los sordos oyen…

            Queremos formar comunidades vivas que alimenten la fe e impulsen la acción misionera, queremos mantener con renovado esfuerzo nuestra opción preferencial y evangélica por los pobres. Avanzar en el diálogo ecuménico… cuidad la creación, la casa de todos… Trabajar con todas las personas de buena voluntad en la construcción del reino.

            No podemos vivir en la decepción sino anclados en la esperanza. Jesús elogia al profeta. Elogia a Juan. Aquel que es consciente de su papel  de preparar caminos. Aquel que no se decepciona de Jesús y su testimonio. Aquel que sabe descubrir signos de cambio. Y signos de un futuro presente ya en gérmenes de nuevas comunidades, de nuevas iniciativas solidarias, de gestos de reconciliación, de conciencia de que los bienes del planeta deben repartirse con equidad y respeto. que el don de la fe es un don para el servicio generoso, gratuito y pacificador. Y que se cumplirá el deseo de dDos: “En cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán”.

            En la eucaristía celebramos ya el gozo de su presente, el don de su amor entregado en la vida y en la cruz. Retornamos al centro de nuestra vida que es Jesús. No tengamos miedo. La estepas florece y nosotros nos podemos sentir agraciados por este amor de Dios que todo lo renueva.

ENTRA EN TU INTERIOR

MÁS CERCA DE LOS QUE SUFREN

           Encerrado en la fortaleza de Maqueronte, el Bautista vive anhelando la llegada del juicio terrible de Dios que extirpará de raíz el pecado del pueblo. Por eso, las noticias que le llegan hasta su prisión acerca de Jesús lo dejan desconcertado: ¿cuándo va a pasar a la acción? ¿cuándo va a mostrar su fuerza justiciera?

       Antes de ser ejecutado, Juan logra enviar hasta Jesús algunos discípulos para que le responda a la pregunta que lo atormenta por dentro: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro» ¿Es Jesús el verdadero Mesías o hay que esperar a alguien más poderoso y violento?

        Jesús no responde directamente. No se atribuye ningún título mesiánico. El camino para reconocer su verdadera identidad es más vivo y concreto. Decidle a Juan «lo que estáis viendo y oyendo». Para conocer cómo quiere Dios que sea su Enviado, hemos de observar bien cómo actúa Jesús y estar muy atentos a su mensaje. Ninguna confesión abstracta puede sustituir a este conocimiento concreto.

      Toda la actuación de Jesús está orientada a curar y liberar, no a juzgar ni condenar. Primero, le han de comunicar a Juan lo que ven: Jesús vive volcado hacia los que sufren, dedicado a liberarlos de lo que les impide vivir de manera sana, digna y dichosa. Este Mesías anuncia la salvación curando.

        Luego, le han de decir lo que oyen a Jesús: un mensaje de esperanza dirigido precisamente a aquellos campesinos empobrecidos, víctimas de toda clase de abusos e injusticias. Este Mesías anuncia la Buena Noticia de Dios a los pobres.

       Si alguien nos pregunta si somos seguidores del Mesías Jesús o han de esperar a otros, ¿qué obras les podemos mostrar? ¿qué mensaje nos pueden escuchar? No tenemos que pensar mucho para saber cuáles son los dos rasgos que no han de faltar en una comunidad de Jesús.

      Primero, ir caminando hacia una comunidad curadora: un poco más cercana a los que sufren, más atenta a los enfermos más solos y desasistidos, más acogedora de los que necesitan ser escuchados y consolados, más presente en las desgracias de la gente.

      Segundo, no construir la comunidad de espaldas a los pobres: al contrario, conocer más de cerca sus problemas, atender sus necesidades, defender sus derechos, no dejarlos desamparados. Son ellos los primeros que han de escuchar y sentir la Buena Noticia de Dios.

     Una comunidad de Jesús no es sólo un lugar de iniciación a la fe ni un espacio de celebración. Ha de ser, de muchas maneras, fuente de vida más sana, lugar de acogida y casa para quien necesita hogar.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

            A medida que avanza el adviento, la Palabra de Dios se vuelve más exigente, pero al mismo tiempo más clara y precisa.

            Ya sabemos que adviento es la espera del Reino de Dios. Hoy se nos aclara que este reino es la implantación en el mundo de la liberación total del hombre.

            Muchas preguntas nos podemos hacer: ¿Qué significa liberación? ¿Cuál es el alcance de la liberación de Cristo? ¿Qué nos exige esta tarea liberadora?. Preguntas que no tendrán respuesta, fuera de la oración.

           Esta celebración litúrgica es una magnífica oportunidad para que busquemos entre todos las respuestas o, al menos, para que intentemos dar alguna respuesta, pero también una magnífica ocasión para hacer oración la vida.

         Hace miles de años que la humanidad busca la tan deseada respuesta… ¿Pero permaneceremos nosotros indiferentes, o haremos nuestras las palabras de Jesús a los discípulos de “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!”Juan:

       Ciertamente que no; por eso vamos a la eucaristía y por eso hemos dispuesto nuestro corazón a la palabra de Cristo, que ha resonado con toda claridad.

ORACIÓN

         Señor, Jesús, que respondiste a la pregunta de Juan mostrando los hechos concretos en pro de los oprimidos como signo de que contigo había llegado el reino de dios, que también nosotros sepamos decir con hechos y acontecimientos lo que hemos dicho con palabras.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Fano. 

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domingo, 27 de noviembre de 2016

4 DE DICIEMBRE: SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO.



“Convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos.”


4 DE DICIEMBRE


SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO
1ª Lectura: Isaías 11,1-10
En aquel día; brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz.
Salmo 71
Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.
2ª Lectura: Romanos 15,4-9
Cristo salva a todos los hombres.
PALABRA DEL DÍA
Mateo 3,1-12
 “Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando: -convertíos, porque está cerca el reino de los Cielos. Este es el que anunció el profeta Isaías diciendo: “Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.” Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: -Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a escapar de la ira inminente? Dad el fruto que exige la conversión. Y no os hagáis ilusiones pensando: “Abraham es nuestro padre”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. El os bautizará con el Espíritu Santo y fuego. El tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.”
Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios
“En aquel tiempo se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea:
"Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca".
A él se refería el profeta Isaías cuando dijo: Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos.
Juan tenía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre.
La gente de Jerusalén, de toda la Judea y de toda la región del Jordán iba a su encuentro,
y se hacía bautizar por él en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.
Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo, Juan les dijo: "Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca?
Produzcan el fruto de una sincera conversión,
y no se contenten con decir: 'Tenemos por padre a Abraham'. Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham.
El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego.
Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. El los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego.
Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible".
REFLEXIÓN
No sabemos ni cuándo ni cómo fue. Un día, un sacerdote rural llamado Juan abandonó sus obligaciones del templo, se alejó de Jerusalén y se adentró en el desierto de las inmediaciones del Jordán, buscando silencio y soledad para escuchar a Dios.
            No llegaban hasta allí las intrigas de Pilato ni las maquinaciones de Antipas. No se oía el ruido del templo ni los negocios de los terratenientes de Galilea. Según Isaías, el “desierto” es el mejor lugar para abrirse a Dios e iniciar la conversión. Según el profeta Oseas, es en el “desierto” donde Dios “habla al corazón”. ¿Es posible escuchar hoy a este Dios del “desierto”?.
            En el “desierto” solo se vive de lo esencial. No hay lugar para lo superfluo; se escucha la verdad de Dios mejor que en los centros comerciales. Tampoco hay sitio para la complacencia y el autoengaño: casi siempre el “desierto” acerca a Dios más que el templo.
            Cuando la voz de Dios viene del “desierto”, no nos llega distorsionada por intereses económicos, políticos o religiosos. Es una voz limpia y clara que nos habla de lo esencial, no de nuestras disputas, intrigas y estrategias.
            Lo esencial siempre consiste en pocas cosas, solo las necesarias. Así es el mensaje de Juan: “Poneos ante Dios y reconoced cada uno vuestro pecado. Sospechad de vuestra inocencia. Id a la raíz”. Todos somos de alguna manera cómplices de las injusticias y egoísmos que hay entre nosotros. Todos y cada uno de los creyentes tenemos algo que ver con la infidelidad de la Iglesia al Evangelio.
            En el “desierto”, lo decisivo es cuidar la vida. Así proclama el Bautista: “Convertíos a Dios. Lavaos de vuestra malicia y comenzad a reconstruir la vida de manera diferente, tal como la quiere él”. Es nuestra primera responsabilidad. Si yo no cambio, ¿qué estoy aportando a la transformación de la sociedad? Si yo no me convierto al Evangelio, ¿cómo estoy contribuyendo a la conversión de la Iglesia actual?.
            En medio de la agitación, el ruido, la información y difusión constante de mensajes, ¿quién escuchará la “voz del desierto”?, ¿quién nos hablará de lo esencial?, ¿quién abrirá caminos a Dios en este mundo?
ENTRA EN TU INTERIOR
NO OLVIDAR LA CONVERSIÓN
"Convertíos porque está cerca el reino de Dios". Según Mateo, éstas son las primeras palabras que pronuncia Juan en el desierto de Judea. Y éstas son también las primeras que pronuncia Jesús, al comenzar su actividad profética, a orillas del lago de Galilea.
Con la predicación del Bautista comienza ya a escucharse la llamada a la conversión que centrará todo el mensaje de Jesús. No ha hecho todavía su aparición, y Juan está ya llamando a un cambio radical pues Dios quiere reorientar la vida hacia su verdadera meta.
Esta conversión no consiste en hacer penitencia. No basta tampoco pertenecer al pueblo elegido. No es suficiente recibir el bautismo del Jordán. Es necesario "dar el fruto que pide la conversión": una vida nueva, orientada a acoger el reino de Dios.
Esta llamada que comienza a escucharse ya en el desierto será el núcleo del mensaje de Jesús, la pasión que animará su vida entera. Viene a decir así: "Comienza un tiempo nuevo. Se acerca Dios. No quiere dejaros solos frente a vuestros problemas y conflictos. Os quiere ver compartiendo la vida como hermanos. Acoged a Dios como Padre de todos. No olvidéis que estáis llamados a una Fiesta final en torno a su mesa".
No nos hemos de resignar a vivir en una Iglesia sin conversión al reino de Dios. No nos está permitido a seguir a Jesús sin acoger su proyecto. El concilio Vaticano II lo ha declarado de manera clara y firme: "La Iglesia, al prestar ayuda al mundo y al recibir del mundo múltiple ayuda, no tiene más que una aspiración: que venga el reino de Dios y se realice la salvación del género humano.
Esta conversión no es sólo un cambio individual de cada uno, sino el clima que hemos de crear en la Iglesia, pues toda ella ha de vivir acogiendo el reino de Dios. No consiste tampoco en cumplir con más fidelidad las prácticas religiosas, sino en "buscar el reino de Dios y su justicia" en la sociedad.
No es suficiente cuidar en las comunidades cristianas la celebración digna de los "sacramentos" de la Iglesia. Es necesario, además, promover los "signos" del reino que Jesús practicaba: la acogida a los más débiles; la compasión hacia los que sufren; la creación de una sociedad reconciliada; el ofrecimiento gratuito del perdón; la defensa de toda persona.
Por eso, animado por un deseo profundo de conversión, el Vaticano II dice así: "La liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia, pues para que los hombres puedan llegar a la celebración, es necesario que antes sean llamados a la fe y la conversión". No lo tendríamos que olvidar.
José Antonio Pagola
ORA EN TU INTERIOR
                “Lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale”: Nos torcemos cuando nos desviamos de la verdad, cuando vivimos en la mentira, cuando nos dejamos seducir por los halagos del placer o del consumismo. Nos torcemos por el vicio y el engaño. Hay que enderezar nuestros caminos, vivir en la verdad, ser sinceros, transparentes. Hay que evitar los engaños de la seducción, que nos desvían más. Sólo los limpios de corazón verán a Dios.
Que se eleven los baches del subdesarrollo y la pobreza.
Que desciendan los montes de la injusticia y el egoísmo.
Que se enderecen las curvas de la mentira, las marginaciones y los prejuicios.
Que se allanen los senderos de la relación entre los hombres.
Que se superen los peligros del odio y la violencia, y se limpien de rencores y desencuentros.
Que se igualen y suavicen todos los caminos de los hombres.
“Y todos verán la salvación de Dios”.
ORACIÓN
                “Y todos verán la salvación de Dios”. Ver bíblicamente es lo mismo que acoger y participar. Si los caminos se allanan, tú salvación, Señor Dios, llegará hasta nosotros y nos regalará su gracia y su amor. Tú vienes siempre por los caminos rectos de la humildad, de la paz, de la pobreza y del amor.
            Tu salvación Señor, es Cristo, tu Hijo. Si nos abrimos a él, nos inundará la salvación y la paz. Si le escuchamos, si le aceptamos, si le amamos, el Mesías nos amará y entrará en nuestra casa y cenará con nosotros, y ya se quedará con nosotros para siempre.
Expliquemos el Evangelio a los niños.
Imágenes de Fano.

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domingo, 20 de noviembre de 2016

27 DE NOVIEMBRE: PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO.



“Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre”.
27 DE NOVIEMBRE
PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
1ª Lectura: Isaías 2,1-5
El Señor reúne a todas las naciones en la paz eterna del reino de Dios
Salmo 121: Vamos alegres a la casa del Señor
2ª Lectura: Romanos 13,11-14
Nuestra salvación está cerca
EVANGELIO DEL DÍA
Mateo 24,37-44
“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: -Lo que pasó en tiempos de Noé, pasará cuando venga el Hijo del Hombre. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaban, hasta el día en que Noé entró en el arca, y, cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del Hombre.
Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán.
Estad vigilantes, porque no sabéis qué día vendrá vuestro señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa.
Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre”.
Versión para América Latina extraída de la Biblia del Pueblo de Dios
“Cuando venga el Hijo del hombre, sucederá como en tiempos de Noé.
En los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta que Noé entró en el arca;
y no sospechaban nada, hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre.
De dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro dejado.
De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra dejada.
Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor.
Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa.
Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.”
REFLEXIÓN
A nadie se le oculta que la historia es sabía maestra y que siempre es bueno recordar sus lecciones. Por eso mismo la conocemos tan poco y tan poco nos interesa.  Aprender sus lecciones puede suponer que tengamos que cambiar muchos de nuestros conceptos y, lo que es más serio aún, cambiar nuestras actitudes y nuestros hechos concretos.
            ¿Cómo y cuándo comenzó esto del Adviento?
            Sin pretender ser exhaustivo, será interesante que nos limitemos a señalar algunos datos altamente significativos.
            Durante los dos primeros siglos del cristianismo, y a partir de la muerte de Jesús, los cristianos vivieron convencidos de que efectivamente les correspondía vivir un tiempo muy corto, pues el Señor Jesús iba a llegar de un momento a otro como Juez universal, inaugurando una nueva etapa de la historia.
Especialmente el primer siglo fue vivido todo él como un gran período de adviento, tomando esta palabra en su sentido más literal: realmente ellos esperaban la venida (adventus) del Señor, venida imprevista, por sorpresa colmo la de un ladrón. Basta leer someramente los evangelios y las cartas de Pablo como las llamadas cartas de Judas y Pedro para convencerse de ello.
            El cristianismo nace pendiente de una inminente intervención divina en la historia humana. Es más: el mismo Jesús, al igual que todos sus contemporáneos judíos, parecía estar seguro de que el punto apocalíptico de la historia era algo inminente, a suceder antes de que concluyera esa generación.
            Así, pues, tanto para Jesús como para los primeros cristianos, el tiempo como realidad material no tenía mayor importancia; sí la manera de asumir ese tiempo; sí la actitud interior con la que se vivía ese tiempo. Y tiempo es historia: actitud con que sabían enfrentar los acontecimientos históricos, profanos, por cierto, que se interpretaban como guiados hacia un acabamiento que les daría sentido definitivo.
En otras palabras: no interesaba el tiempo como simple transcurrir de días, sino el sentido de ese devenir constante; no los hechos materiales, triviales por otra parte, sino el sentido, la dirección a que apuntaban… Hacia dónde caminaba la historia. He aquí el gran interrogante, la pregunta clave.
Fácil nos es ahora comprender el significado del evangelio con que la liturgia abre el adviento, en este Año A. Cuando se redactó el texto, ya había tenido lugar la persecución de Nerón y numerosos cristianos, entre ellos Pedro y Pablo, habían caído víctimas del anticristo; ya Jerusalén había sido destruida con la consiguiente masacre judía y ulterior deportación… Todos hechos que obligaban a mirar la historia con mayor preocupación que nunca, tratando de divisar en el horizonte la alborada que había anunciado Isaías.
            El evangelio de Mateo, cualquiera que haya sido su redactor final, escribe su texto mirando fijamente los presentes acontecimientos y define una postura, una actitud de adviento: aún hay que esperar en las promesas; no es tiempo de desaliento ni flojedad. “estad vigilantes, porque no sabéis qué día vendrá vuestro señor”.
            El evangelio define este tiempo, la vida del hombre, el tiempo de la historia, como un tiempo de “vigilancia”, de guardia con los ojos abiertos y las manos tensas. Es un tiempo breve, único, decisivo, trascendental. Un tiempo que no ha resuelto aún sus problemas, tiempo no terminado, no definitivo. Tiempo de hacer como Noé, el hombre previsor de la tormenta y de las lluvias; tiempo de hacer como el dueño que espera la llegada inoportuna del ladrón.
ENTRA EN TU INTERIOR
SIGNOS DE LOS TIEMPO
Los evangelios han recogido de diversas formas la llamada insistente de Jesús a vivir despiertos y vigilantes, muy atentos a los signos de los tiempos.    
Al principio, los primeros cristianos dieron mucha importancia a esta "vigilancia" para estar preparados ante la venida inminente del Señor. Más tarde, se tomó conciencia de que vivir con lucidez, atentos a los signos de cada época, es imprescindible para mantenernos fieles a Jesús a lo largo de la historia.
Así recoge el Vaticano II esta preocupación: "Es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de esta época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y futura...".
Entre los signos de estos tiempos, el Concilio señala un hecho doloroso: "Crece de día en día el fenómeno de masas que, prácticamente, se desentienden de la religión". ¿Cómo estamos leyendo este grave signo? ¿Somos conscientes de lo que está sucediendo? ¿Es suficiente atribuirlo al materialismo, la secularización o el rechazo social a Dios? ¿No hemos de escuchar en el interior de la Iglesia una llamada a la conversión?
La mayoría se ha ido marchando silenciosamente, sin hacer ruido alguno. Siempre han estado mudos en la Iglesia. Nadie les ha preguntado nada importante. Nunca han pensado que podían tener algo que decir. Ahora se marchan calladamente. ¿Qué hay en el fondo de su silencio? ¿Quién los escucha? ¿Se han sentido alguna vez acogidos, escuchados y acompañados en nuestras comunidades?
Muchos de los que se van eran cristianos sencillos, acostumbrados a cumplir por costumbre sus deberes religiosos. La religión que habían recibido se ha desmoronado. No han encontrado en ella la fuerza que necesitaban para enfrentarse a los nuevos tiempos. ¿Qué alimento han recibido de nosotros? ¿Dónde podrán ahora escuchar el Evangelio? ¿Dónde podrán encontrarse con Cristo?
Otros se van decepcionados. Cansados de escuchar palabras que no tocan su corazón ni responden a sus interrogantes. Apenados al descubrir el "escándalo permanente" de la Iglesia. Algunos siguen buscando a tientas. ¿Quién les hará creíble la Buena Noticia de Jesús?
Benedicto XVI viene insistiendo en que el mayor peligro para la Iglesia no viene de fuera, sino que está dentro de ella misma, en su pecado e infidelidad. Es el momento de reaccionar. La conversión de la Iglesia es posible, pero empieza por nuestra conversión, la de cada uno.
José Antonio Pagola
ORA EN TU INTERIOR
            El Señor es “el que viene” y ésta es la razón por la que nosotros debemos velar y vigilar. Debemos esperar su revelación. Él se manifestará. Revelarse es descubrir algo desconocido, des-esconderse. Manifestarse implica algo de transfiguración: es epifanía. Podemos comenzar esta meditación considerando el cap. 60 de Isaías.
            Hay una vigilancia activa. Se nos pide hacer unas cosas y no hacer otras. De esta vigilancia activa nace la fidelidad. El infiel se adueña de la cosa encomendada, ya sea para usufructo propio (Mt 21,33-46), ya sea por mala administración y pereza (Mt 25,14-30). El siervo fiel y el infiel (Mt 24,45).
            La falta de vigilancia y la infidelidad van juntas. Se alimentan mutuamente una a otra. No se acepta la invitación del señor porque el corazón está apegado a su propio juicio, a su propio espacio interior, a su propio negocio. Los invitados a la boda prefieren su propia fiesta. Y también está el infiel que juega a dos puntas: va a la fiesta, pero se reserva el vestido (la posibilidad) de no estar en ella (Mt 22,1-4).
            Pero hay una vigilancia que es más que la mera atención: la vigilancia expectante. Hay que recurrir a la Escritura para ver a los varones justos, a las mujeres piadosas y al pueblo fiel de Dios con esta esperanza expectante. Juan el Bautista que manda preguntar a Jesús si es él a quien esperaban (Mt 11,3), o José de Arimatea que aguardaba (Mc 15,43), o Simeón (Lc 2,25) o el pueblo fiel al que hablaba Ana (Lc 2,38) y que esperaba (Lc 3,15). Cabe la pregunta si nuestra vigilancia tiene esta dosis de esperanza expectante.
(Jorge Mario Bergoglio. Papa Francisco. Mente abierta, corazón creyente)
ORACIÓN
Dios Todopoderoso, aviva en mí al comenzar el Adviento, el deseo de salir a tu encuentro, que vaya acompañado de obras buenas, para que, colocado un día a tu derecha, merezca, por tu gracia, poseer el reino eterno.
Expliquemos el Evangelio a los niños.
Imágenes de Fano.

Imagen para colorear.