domingo, 15 de diciembre de 2024

22 DE DICIEMBRE: CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO (C)

 

 


“¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

22 DE DICIEMBRE

DOMINGO CUARTO DE ADVIENTO

1ª Lectura: Miqueas 5,1-4

De ti saldrá el jefe de Israel.

Salmo 79

“Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve”

2ª Lectura: Hebreos 10,5-10

Aquí estoy, Dios mío, para hacer tu voluntad.

PALABRA DEL DÍA

Lucas 1,39-45

“Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”

“Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuando Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: -“¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”

Versión para Latinoamérica, extraída de la biblia del Pueblo de Dios

“En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.

Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,

exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?

Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.

Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".

REFLEXIÓN

RASGOS DE MARÍA

La visita de María a Isabel le permite al evangelista Lucas poner en contacto al Bautista y a Jesús antes incluso de haber nacido. La escena está cargada de una atmósfera muy especial. Las dos van a ser madres. Las dos han sido llamadas a colaborar en el plan de Dios. No hay varones. Zacarías ha quedado mudo. José está sorprendentemente ausente. Las dos mujeres ocupan toda la escena.

María que ha llegado aprisa desde Nazaret se convierte en la figura central. Todo gira en torno a ella y a su Hijo. Su imagen brilla con unos rasgos más genuinos que muchos otros que le han sido añadidos posteriormente a partir de advocaciones y títulos más alejados del clima de los evangelios.

María, “la madre del mi Señor”. Así lo proclama Isabel a gritos y llena del Espíritu Santo. Es cierto: para los seguidores de Jesús, María es, antes que nada, la Madre de nuestro Señor. Éste es el punto de partida de toda su grandeza. Los primeros cristianos nunca separan a María de Jesús. Son inseparables. “Bendecida por Dios entre todas las mujeres”, ella nos ofrece a Jesús, “fruto bendito de su vientre”.

María, la creyente. Isabel la declara dichosa porque “ha creído”. María es grande no simplemente por su maternidad biológica, sino por haber acogido con fe la llamada de Dios a ser Madre del salvador. Ha sabido escuchar a Dios; ha guardado su Palabra dentro de su corazón; la ha meditado; la ha puesto en práctica cumpliendo fielmente su vocación. María es Madre creyente.

María, la evangelizadora. María ofrece a todos la salvación de Dios que ha acogido en su propio Hijo. Esa es su gran misión y su servicio. Según el relato, María evangeliza no sólo con sus gestos y palabras, sino porque allá a donde va lleva consigo la persona de Jesús y su Espíritu. Esto es lo esencial del acto evangelizador.

María, portadora de alegría. El saludo de María contagia la alegría que brota de su Hijo Jesús. Ella ha sido la primera en escuchar la invitación de Dios: “Alégrate…el Señor está contigo”. Ahora, desde una actitud de servicio y de ayuda a quienes la necesitan, María irradia la Buena Noticia de Jesús, el Cristo, al que siempre lleva consigo. Ella es para la Iglesia el mejor modelo de una evangelización gozosa.

José Antonio Pagola



ENTRA Y ORA EN TU INTERIOR

Este Hijo de las entrañas de María es el Hijo de Dios, es nuestro Salvador. Y viene a nosotros con vestido de humildad y de ternura. Él es nuestra paz, como dice el profeta Miqueas: “éste será nuestra paz”.

Deseemos su venida. Esperémoslo con todo el alma. Esforcémonos en hacer la voluntad de Dios, preparemos nuestro corazón para poderle acoger mejor. Esto es el Adviento, esto es la Navidad. Esperémoslo con el deseo de María. Pidámosle a María que nos ayude a esperarlo.

La carta a los Hebreos pone en labios de Jesús estas palabras: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”. Digámoslo también nosotros. Digámoslo con Jesús. Sepámoslo decir en cualquier circunstancia. Nuestra vocación cristiana es agradar al Padre del cielo con un canto de agradecimiento.

ORA EN TU INTERIOR

Ahora podemos acercarnos a María, la que lleva en su seno a Jesús, y descubrir por qué es proclamada feliz, la más feliz, por su prima Isabel, otra pobre de espíritu que supo abrir su seno estéril al proyecto del Señor.

 María, mujer pobre materialmente y pobre en su corazón humilde, no es solamente la “madre del Salvador”. Hoy la liturgia nos la presenta como el prototipo del hombre creyente que espera al salvador; un salvador que no viene de fuera, sino que nace en ese Belén interior que escucha el oráculo del profeta: Porque de ti, aunque pequeño y humilde, saldrá el salvador… cuando la madre dé a luz…

Belén y María se unen porque están bajo el mismo signo de la humildad y de la pobreza de corazón…, esa pobreza que es fuerza para hacer cosas grandes.

También nosotros, los atormentados hombres del siglo veintiuno, vivimos un momento de oscuridad y desazón, pero no podemos cruzarnos de brazos “para que Dios obre”. O Cristo nace dentro de la comunidad, comunidad que se hace Cristo, o no habremos entendido nada lo que significa celebrar Navidad después de más de dos mil años del nacimiento histórico de Jesús en algún lugar de Palestina.

ORACIÓN

Con el gozo de los sencillos, como Isabel y María, queremos alabarte, señor, cada día con júbilo nuevo. El ejemplo de fe de María nos impulsa a decirte con los apóstoles: Señor, auméntanos la fe. Necesitamos también compartir esa fe, como ella, pues todo gozo compartido es felicidad doblada.

 Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos. Visítanos con tu salvación, “oh sol que naces de lo alto, resplandor de la luz eterna, sol de justicia, ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y sombra de muerte”.

Expliquemos el evangelio a los niños.

Imagen de Patxi Velasco FANO


martes, 10 de diciembre de 2024

 


“Yo os bautizo con agua… Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”

15 DE DICIEMBRE

DOMINGO TERCERO DE ADVIENTO

DOMINGO GAUDETE

1ª Lectura: Sofonías 3,14-18

El Señor se alegrará en ti.

Responsorial: Isaías 12,2-6

Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.

2ª Lectura: Filipenses 4,4-7

El Señor está cerca.

PALABRA DEL DÍA

Lucas 3,10-18

“La gente preguntó a Juan: “¿Entonces, qué hacemos?”. Él contestó: “El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo”. Vinieron también a bautizarse unos publicanos, y le preguntaron: “Maestro, ¿qué hacemos nosotros?”. Él les contestó: “No exijáis más de lo establecido”. Unos militares le preguntaron: “¿Qué hacemos nosotros?”. Él les contestó: “No hagáis extorsión a nadie, ni os aprovechéis con denuncias, sino contestaos con la paga”. El pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y digo a todos: “Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo; y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego: tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga”. Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio”.

Versión para Latinoamérica extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“La gente le preguntaba: "¿Qué debemos hacer entonces?".

El les respondía: "El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto".

Algunos publicanos vinieron también a hacerse bautizar y le preguntaron: "Maestro, ¿qué debemos hacer?".

El les respondió: "No exijan más de lo estipulado".

A su vez, unos soldados le preguntaron: "Y nosotros, ¿qué debemos hacer?". Juan les respondió: "No extorsionen a nadie, no hagan falsas denuncias y conténtense con su sueldo".

Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías,

él tomó la palabra y les dijo: "Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego.

Tiene en su mano la horquilla para limpiar su era y recoger el trigo en su granero. Pero consumirá la paja en el fuego inextinguible".

Y por medio de muchas otras exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Noticia”.

REFLEXIÓN

REPARTIR CON EL QUE NO TIENE

La Palabra del Bautista desde el desierto tocó el corazón de las gentes. Su llamada a la conversión y al inicio de una vida más fiel a Dios despertó en muchos de ellos una pregunta concreta: ¿Qué debemos hacer? Es la pregunta que brota siempre en nosotros cuando escuchamos una llamada radical y no sabemos cómo concretar nuestra respuesta.

El Bautista no les propone ritos religiosos ni tampoco normas ni preceptos. No se trata propiamente de hacer cosas ni de asumir deberes, sino de ser de otra manera, vivir de forma más humana, desplegar algo que está ya en nuestro corazón: el deseo de una vida más justa, digna y fraterna.

Lo más decisivo y realista es abrir nuestro corazón a Dios mirando atentamente a las necesidades de los que sufren. El bautista sabe resumirles su respuesta con una fórmula genial por su simplicidad y verdad: “El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga comida, haga lo mismo”. Así de simple y claro.

¿Qué podemos decir ante estas palabras quienes vivimos en un mundo donde más de un tercio de la humanidad vive en la miseria luchando cada día por sobrevivir, mientras nosotros seguimos llenando nuestros armarios con toda clase de túnicas y tenemos nuestros frigoríficos repletos de comida?

Y ¿Qué podemos decir los cristianos ante esta llamada tan sencilla y tan humana? ¿No hemos de empezar a abrir los ojos de nuestro corazón para tomar conciencia más viva de esa insensibilidad y esclavitud que nos mantiene sometidos a un bienestar que nos impide ser más humanos?

Mientras nosotros seguimos preocupados, y con razón, de muchos aspectos del momento actual del cristianismo, no nos damos cuenta de que vivimos “cautivos de una religión burguesa”.

El cristianismo, tal como nosotros lo vivimos, no parece tener fuerza para transformar la sociedad del bienestar. Al contrario, es ésta la que está desvirtuando lo mejor de la religión de Jesús, vaciando nuestro seguimiento a Cristo de valores tan genuinos como la solidaridad, la defensa de los pobres, la compasión y la justicia.

 

Por eso, hemos de valorar y agradecer mucho más el esfuerzo de tantas personas que se rebelan contra este “cautiverio”, comprometiéndose en gestos concretos de solidaridad y cultivando un estilo de vida más sencillo, austero y humano,

José Antonio Pagola

ENTRA Y ORA EN TU INTERIOR

El Bautista no nos propone ritos sagrados, tampoco normas ni preceptos. Lo primero no es cumplir mejor los deberes religiosos, sino vivir de forma más humana, reavivar algo que está ya en nuestro corazón: el deseo de una vida más justa, digna y fraterna.

Lo más decisivos es abrir nuestro corazón a Dios mirando atentamente a las necesidades de los que sufren. El Bautista resume su respuesta con una fórmula genial por su sencillez y verdad: “el que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida haga lo mismo”.

¿Qué podemos decir ante estas palabras quienes habitamos en un mundo donde más de un tercio de la humanidad vive en la miseria, luchando cada día por sobrevivir, mientras muchos siguen llenando sus armarios con toda clase de túnicas y tienen sus frigoríficos repletos de alimentos?

¿Y qué podemos decir los seguidores de Jesús ante esta llamada tan sencilla y tan humana? ¿No hemos de empezar por abrir los ojos de nuestro corazón para tomar conciencia de que vivimos sometidos a un bienestar que nos impide ser más humanos?

ORA EN TU INTERIO

Juan Bautista proclamaba en voz alta lo que muchos sentían en aquel momento: hay que cambiar; no se puede seguir así; es necesario volver a Dios. Según el evangelista Lucas, algunos se sintieron cuestionados por su predicación y se acercaron al Bautista con una pregunta decisiva: ¿qué podemos hacer?

Por muchas llamadas de carácter político o religioso que se escuchen en una sociedad, las cosas solo empiezan a cambiar cuando hay personas que se atreven a enfrentarse a su propia verdad, dispuestas a transformar su vida: ¿qué podemos hacer?

El bautista tiene las ideas muy claras. No les invita a acudir al desierto a vivir una vida ascética de penitencia, como él. Tampoco les anima a peregrinar a Jerusalén para recibir al Mesías en el templo. La mejor manera de preparar el camino a Dios es, sencillamente, trabajar por una sociedad más solidaria y fraterna, menos injusta y violenta.

Juan no habla a las víctimas, sino a los responsables de aquel estado de cosas. Se dirige a los que tienen “dos túnicas” y pueden comer; a los que se enriquecen de manera injusta a costa de otros; a los que abusan de su poder y de su fuerza. 

Su mensaje es diáfano: no os aprovechéis de nadie, no abuséis de los débiles, no viváis a costa de otros, no penséis solo en vuestro bienestar: “el que tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene; y el que tenga comida haga lo mismo”. Así de simple. Así de claro.

Aquí termina nuestra palabrería. Aquí se desvela la verdad de nuestra vida. Aquí queda al descubierto la mentira de no pocas formas de vivir la religión. ¿Por dónde podemos empezar a cambiar la sociedad? ¿Qué podemos hacer para abrir caminos a Dios en el mundo? Muchas cosas, pero nada tan eficaz y realista como compartir lo que tenemos con los necesitados.

ORACIÓN

Señor, ten piedad de tu Iglesia que a menudo carece de la fuerza de una presencia comprometida en la historia.

Señor, ten piedad de nuestras comunidades, muchas veces reacias a dejarse llevar por la fuerza de tu Espíritu.

Señor, ten piedad de todos nosotros, por el desconocimiento que tenemos de Cristo y del Evangelio.

Señor, ten piedad, por la manera que tengo de encubrir mi pereza para interpretar tu Palabra aplicándola a mi vida diaria.

Señor, ten piedad, por la responsabilidad que me corresponde en fomentar la injusticia, la mentira y la división.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imagen de Patxi Velasco FANO


lunes, 25 de noviembre de 2024

1 DE DICIEMBRE: PRIMER DOMINGO DE ADVIENTGO (C)

 

“…Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza;

 se acerca vuestra liberación…”

1 DE DICIEMBRE

DOMINGO PRIMERO DE ADVIENTO

1ª Lectura: Jeremías 33,14-16

Yo Haré nacer del tronco de David un vástago santo.

Salmo 24: “A ti, Señor, levanto mi alma”

2ª Lectura: 1ª Tesalonicenses 3,12-4,2

Que el Señor los fortalezca hasta que Jesús vuelva.

LECTURA DEL DÍA

Lucas 21,25-28

 “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo, ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros del cielo temblarán. Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre”.

Versión para Latinoamérica extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas. Los hombres desfallecerán de miedo por lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán. Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria. Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación. Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra. Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre” .                            

REFLEXIÓN

PESIMISMO Y ESPERANZA. Todos vivimos con la mirada puesta en el futuro. Desde nuestro presente, marcado por los problemas de la crisis, la desesperanza, el desengaño y el pesimismo, siempre pensamos en lo que nos espera. No solo eso. En el fondo, casi todos andamos buscando algo mejor, una seguridad, un bienestar mayor. Queremos que todo nos salga bien y, si es posible, que nos vaya mejor. Es  esa confianza básica la que nos sostiene en el trabajo y los esfuerzos de cada día.

Por eso, cuando la esperanza se apaga, se apaga también la vida. La persona ya no crece, no busca, no lucha. Al contrario, se empequeñece, se hunde, se deja llevar por los acontecimientos. Si se pierde la esperanza, se pierde todo. Por eso, lo primero que hay que cuidar es el corazón de la persona, en el seno de la sociedad o en la relación con Dios es la esperanza.

La esperanza es la única manera de enfocar el futuro de forma positiva, por eso, lo primero es mirar hacia adelante. No quedarnos en lo que ya pasó. No vivir de recuerdos o nostalgias. No quedarnos añorando un pasado tal vez más dichoso, más seguro o menos problemático. Es ahora cuando hemos de vivir afrontando el futuro de manera positiva.

La esperanza no es una actitud pasiva, es un estímulo que impulsa a la acción. Quien vive animado por la esperanza no cae en la inercia. Al contrario, se esfuerza por cambiar la realidad y hacerla mejor. Quien vive con esperanza es realista, asume los problemas y las dificultades, pero lo hace de manera creativa, dando pasos, buscando soluciones y contagiando confianza.

NO MATEMOS LA ESPERANZA. Jesús fue un creador incansable de esperanza. Toda su existencia consistió en contagiar a los demás la esperanza que él mismo vivía desde lo más hondo de su ser. Hoy escuchamos su grito de alerta: “Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Pero tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación por el dinero”.

Que tentador resulta siempre adaptarnos a la situación, instalarnos confortablemente en nuestro pequeño mundo y vivir tranquilos, sin mayores aspiraciones. Casi inconscientemente anida en nosotros la ilusión de poder conseguir la propia felicidad sin cambiar para nada el mundo. Pero no lo olvidemos: “Solamente aquellos que cierran sus ojos y sus oídos, solamente aquellos que se han insensibilizado, pueden sentirse a gusto en un mundo como este”

Quien ama de verdad la vida y se siente solidario de todos los seres humanos sufre al ver que todavía una inmensa mayoría no puede vivir y somos conscientes de que algo va mal, muy mal. Hemos de seguir buscando el reino de Dios y su justicia.

ENTRA EN TU INTERIOR

INDIGNACIÓN Y ESPERANZA

Una convicción indestructible sostiene desde sus inicios la fe de los seguidores de Jesús: alentada por Dios, la historia humana se encamina hacia su liberación definitiva. Las contradicciones insoportables del ser humano y los horrores que se cometen en todas las épocas no han de destruir nuestra esperanza.

Este mundo que nos sostiene no es definitivo. Un día la creación entera dará "signos" de que ha llegado a su final para dar paso a una vida nueva y liberada que ninguno de nosotros puede imaginar ni comprender.

Los evangelios recogen el recuerdo de una reflexión de Jesús sobre este final de los tiempos. Paradójicamente, su atención no se concentra en los "acontecimientos cósmicos" que se puedan producir en aquel momento. Su principal objetivo es proponer a sus seguidores un estilo de vivir con lucidez ante ese horizonte.

El final de la historia no es el caos, la destrucción de la vida, la muerte total. Lentamente, en medio de luces y tinieblas, escuchando las llamadas de nuestro corazón o desoyendo lo mejor que hay en nosotros, vamos caminando hacia el misterio último de la realidad que los creyentes llamamos "Dios".

No hemos de vivir atrapados por el miedo o la ansiedad. El "último día" no es un día de ira y de venganza, sino de liberación. Lucas resume el pensamiento de Jesús con estas palabras admirables: "Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación”. Solo entonces conoceremos de verdad cómo ama Dios al mundo.

Hemos de reavivar nuestra confianza, levantar el ánimo y despertar la esperanza. Un día los poderes financieros se hundirán. La insensatez de los poderosos se acabará. Las víctimas de tantas guerras, crímenes y genocidios conocerán la vida. Nuestros esfuerzos por un mundo más humano no se perderán para siempre.

Jesús se esfuerza por sacudir las conciencias de sus seguidores. "Tened cuidado: que no se os embote la mente" . No viváis como imbéciles. No os dejéis arrastrar por la frivolidad y los excesos. Mantened viva la indignación. "Estad siempre despiertos" . No os relajéis. Vivid con lucidez y responsabilidad. No os canséis. Mantened siempre la tensión.

¿Cómo estamos viviendo estos tiempos difíciles para casi todos, angustiosos para muchos, y crueles para quienes se hunden en la impotencia? ¿Estamos despiertos? ¿Vivimos dormidos? Desde las comunidades cristianas hemos de alentar la indignación y la esperanza. Y solo hay un camino: estar junto a los que se  están quedando sin nada, hundidos en la desesperanza, la rabia y la huillación.

José Antonio Pagola      

ORA EN TU INTERIOR

Señor Jesús, ven a nuestro mundo dividido e insolidario y alienta en todos el espíritu de justicia y de amor.

Señor Jesús, ven a nuestra Iglesia que te necesita y te quiere, y haz de ella un signo de esperanza y de misericordia.

Señor Jesús, ven a nuestras comunidades y nuestras familias y alienta en ellas tu espíritu de vida y amor.

Señor Jesús, ven y visita a cuantos sufren, a cuantos están desanimados y desesperanzados, a cuantos están desesperados y alienta en ellos la fuerza de tu Espíritu.

Señor Jesús, ven a todos nosotros, para que sepamos prepararnos a tu venida y demos testimonio de ti.

ORACIÓN

Mantengámonos de pie y alertas porque en este mundo concreto y real que nos toca vivir, en este aquí y ahora de nuestra historia, se estás produciendo un gran acontecimiento: llega el Hijo del Hombre para que toda la tierra rebose de justicia.

Caminemos con esperanza porque este es nuestro tiempo…

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco FANO


domingo, 17 de noviembre de 2024

24 DE NOVIEMBRE: XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B): SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

 “Todo el que es de la verdad escucha mi voz”

24 DE NOVIEMBRE

XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

ÚLTIMO DOMINGO DEL AÑO LITÚRGICO

1ª Lectura: Daniel 7,13-14

Su dominio es eterno y no pasa.

Salmo 92: “El Señor reina, vestido de majestad”

2ª Lectura: Apocalipsis 1,5-8

El príncipe de los reyes de la tierra nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios.

EVANGELIO DEL DÍA

Juan 18,33-37

“En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: -¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús le contestó: -¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? Pilato le contestó: -¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho? Jesús le contestó: -Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí. Pilato le dijo: -Con que, ¿tú eres rey? Jesús le contestó: -Tú lo dices: soy rey. Yo para eso he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”.

Versión para América Latina extraída de la biblia del Pueblo de Dios

“Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: "¿Eres tú el rey de los judíos?".

Jesús le respondió: "¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?".

Pilato replicó: "¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?".

Jesús respondió: "Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí".

Pilato le dijo: "¿Entonces tú eres rey?". Jesús respondió: "Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz".

REFLEXIÓN

Hoy es el último domingo del año litúrgico. El próximo domingo empezaremos un nuevo año con el tiempo de Adviento. Y para terminar el presente año, hoy, hacemos una conmemoración especial con la “Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo”.

De hecho, la fiesta de hoy es como una especie de resumen: con una afirmación y un deseo. La afirmación consiste en decirnos que nos hemos reunido en comunidad cada domingo a lo largo del año, y que Jesús ha sido el centro de todas nuestras celebraciones, y es el centro de la vida de nuestra comunidad. Y el deseo es para decirnos hoy que debemos darle a Jesús más terreno en nuestra vida y en nuestro corazón, para que cada día pueda iluminar más y mejor todos los rincones de nuestra persona y de nuestra comunidad. Decirle a Jesús que le debemos dar más terreno en nuestra vida quiere decir sencillamente que queremos que él mande, que él gobierne más nuestra vida. Y decirle que tiene que gobernar, utilizando una metáfora de nuestro mundo, quiere decir que debería ser nuestro único rey.

Lo que nos pasa, a veces, es que tenemos la tentación de creer que Jesús nos gobernaría mejor si, en vez de tenerlo en nosotros, nos mandase desde fuera. Es como pensar que, si la sociedad en la que vivimos fuese mucho más cristiana, lo tendríamos más fácil. ¿Cuántas veces hemos pensado que nuestra fe depende de nuestro contexto social o político? Esta tentación nuestra, también la tuvo Jesús. Recordad que esta tentación de poder y dominio del mundo, externamente, es la que mejor resume las tres tentaciones que tuvo Jesús en el desierto, al inicio de su vida pública, antes del bautismo de Juan en el Jordán. Y, de hecho, es una tentación que acompaña a Jesús durante toda su vida pública, cada vez que la multitud le sigue sólo por lo que consigue de él, desde la multiplicación de los panes hasta los innumerables milagros, y siempre es para hacerle rey o para creer en él como rey.

 Ni al final de su vida, se escapa Jesús de esta pretensión. De hecho, el pueblo de Israel, en tiempo de Jesús, vivía bajo la ocupación romana y esperaba que alguien, en nombre de Dios, como Mesías, le salvase de esta dominación y lo librase, lo condujese hacia una etapa de soberanía y así volviesen a la época de máximo esplendor de Israel, la del gobierno del rey David. La esperanza mesiánica del pueblo de Israel pasaba, pues, por la restauración de la monarquía, y no sólo esperaban al Mesías, sino que esperaban también al Rey de Israel. Por eso la pregunta de Pilato a Jesús no es, ni mucho menos, inocente, sino que tiene una gran carga política. ¡Pilato es la última tentación de Cristo! Pero esta tentación aun persiste entre nosotros.

Confundir a Jesús con los poderes y los reinos de este mundo ha sido algo habitual en nuestra historia, tanto la eclesial como la historia de la humanidad. Y aun lo es, por culpa de nuestra eterna tentación de poder. Por eso Jesús nos ha dicho hoy en el evangelio que su reinado “no es de este mundo”. Por lo tanto, dicho esto, no podemos organizar la comunidad de Jesús como si se tratase de un reino terrenal. Así como tampoco podemos usar el mensaje de Jesús como si se tratara de un programa más al organizar los reinos de este mundo. Se nos reclama equilibrio. Mucho equilibrio. El mismo que tuvo Jesús. No podemos hacer de Jesús un rey como los reyes terrenales. Ni tampoco podemos hacerle rey sin relación con el mundo. Jesús no debe reinar en la tierra, como hacen nuestros reyes y gobernantes, sino que debe reinar claramente en nosotros, que es donde se cuecen las verdades.

Jesús no quiere gobernar por la fuerza, por eso no tiene ejército alguno, quiere gobernar desde el servicio y desde el trono de la cruz, por eso se presenta “como el testigo de la verdad”, para que le obedezcamos, no por la fuerza, sino por el convencimiento, por la “verdad” o porque “escuchamos su voz”. Es así como Jesús quiere entrar en nuestras vidas.

ENTRA EN TU INTERIOR

EXAMEN ANTE EL TESTIGO DE LA VERDAD

Dentro del proceso en el que se va a decidir la ejecución de Jesús, el evangelio de Juan ofrece un sorprendente diálogo privado entre Pilato, representante del imperio más poderoso de la tierra y Jesús, un reo maniatado que se presenta como testigo de la verdad.

Precisamente, Pilato quiere, al parecer, saber la verdad que se encierra en aquel extraño personaje que tiene ante su trono: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús va a responder exponiendo su verdad en dos afirmaciones fundamentales, muy queridas al evangelista Juan. “Mi reino no es de este mundo”. Jesús no es rey al estilo que Pilato puede imaginar. No pretende ocupar el trono de Israel ni disputar a Tiberio su poder imperial. Jesús no pertenece a ese sistema en el que se mueve el prefecto de Roma, sostenido por la injusticia y la mentira. No se apoya en la fuerza de las armas. Tiene un fundamento completamente diferente. Su realeza proviene del amor de Dios al mundo. Pero añade a continuación algo muy importante: “Soy rey… y he venido al mundo para ser testigo de la verdad”.

Es en este mundo donde quiere ejercer su realeza, pero de una forma sorprendente. No viene a gobernar como tiberio sino a ser “testigo de la verdad” introduciendo el amor y la justicia de Dios en la historia humana.

Esta verdad que Jesús trae consigo no es una doctrina teórica. Es una llamada que puede transformar la vida de las personas. Lo había dicho Jesús: “Si os mantenéis fieles a mi Palabra… conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. Ser fieles al Evangelio de Jesús es una experiencia única pues lleva a conocer una verdad liberadora, capaz de hacer nuestra vida más humana.

Jesucristo es la única verdad de la que nos está permitido vivir a los cristianos. ¿No necesitamos en la Iglesia de Jesús hacer un examen de conciencia colectivo ante el “testigo de la Verdad”? ¿Atrevernos a discernir con humildad qué hay de verdad y qué hay de mentira en nuestro seguimiento a Jesús? ¿Dónde hay verdad liberadora y dónde mentira que nos esclaviza? ¿No necesitamos dar pasos hacia mayores niveles de verdad humana y evangélica en nuestras vidas, nuestras comunidades y nuestras instituciones?

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

¡Qué diferente ha de verse la realidad desde un trono y desde una cruz! El trono de Jesús fue la cruz. Vivió tan adentro de la historia, tan en el fondo de ella, que terminó donde terminaban los esclavos y los malditos. En una cruz. Y, desde entonces, será desde ese trono-cruz desde donde gobernará e impartirá justicia. Será su gobierno el de la paz, y su justicia será la del amor sin medida. ¿cabe un reino más universal.

Es, desde entonces, cuando todos los “crucificados” de la historia podrán mirarlo y reconocerse en Él y, en su mirada, encontrar el aliento y la esperanza. Podrán saber que la desgracia no durará mil años, que el llanto y la tristeza serán un día recuerdos del pasado y que en su lugar habrá cantos y alegría. El rey que murió en la cruz cambió el curso de la historia para siempre. La maldición dejó su sitio a la bendición porque Él es “el alfa y la omega”, “el que es y era y ha de venir” (Ap 1,8).

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy amado, Rey del Universo, haz que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado, sirva a tu majestad y te glorifique sin fin. Amén.

Expliquemos el Evangelio a los niños

Imágenes de Patxi Velasco FANO


domingo, 10 de noviembre de 2024

17 DE NOVIEMBRE: XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

"...cuándo veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta”

17 DE NOVIEMBRE

"...cuándo veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta”

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

1ª Lectura: Daniel 12,1-3

Por aquel tiempo se salvará tu pueblo.

Salmo 15: “Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti”.

2ª Lectura: Hebreos 10,11-14.18

Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados.

PALABRA DEL DÍA

Marcos 13,24-32

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la `puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre”.

Versión para Latino América extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los austros se conmoverán. Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. Y él enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro extremo del horizonte. Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta. Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre”.

REFLEXIÓN

Se acerca el Adviento, un buen tiempo para la reflexión. ¿Estamos preparados para la última venida del Señor? ¿Son éstos los signos que la preceden? Sé que muchos dirán que ya esto se ha vivido y se vive de una u otra forma: hambre, guerras, condiciones climáticas extremas que dejan miles de familias sin nada, terremotos y esta crisis tremenda que sufrimos con la secuela de paro, los desahucios, la desesperanza e impotencia en muchos hermanos y hermanas nuestros, en muchas familias y en muchos jóvenes…, solo Dios sabe si vendrá en la siguiente pascua y entonces ya, nada de esto nos preocupará, pero ¿cómo vivimos nuestra vida de fe? ¿Deseamos que el sol se haga tinieblas definitivamente, que la luna deje de resplandecer, y venga el Hijo del hombre y de fin a esta angustia? Tengamos en cuenta que en ese momento le precederán los ángeles reuniendo a “los elegidos”, entonces ¿qué es lo importante? ¿qué venga de nuevo el Señor o que estemos entre sus elegidos?, lo primero no sabemos cuándo, lo segundo sí  ¿cuándo? Todos los días, estar entre sus elegidos, y ahí nuestra tranquilidad, fuera estrés, sentirse diariamente entre los elegidos, es la salvación, es la salud, es el ánimo, disfrutar el momento.

“Gran angustia”, estos días escuchamos muchas voces que pretenden convencernos de que saldremos de la crisis o de que no saldremos nunca, pero ante tanto vocerío, solo nos falta dos cosas, cambiar la palabra “desgracia” por “angustia” y la expresión “tus fuerzas” por “Dios”. “Salir de la angustia, del sufrimiento, con la ayuda de Dios”, no es lo mismo que “considerar este u otro acontecimiento contrario como una desgracia de la que tenemos que salir por nuestras propias fuerzas”. Miremos los “brotes verdes”, ¿brotes verdes? Ya me dirán por dónde. ¿Cuál es la higuera… Qué venga de nuevo los tiempos felices de la bonanza económica que fueron los que nos han traído al momento en el que estamos? por ahora el único brote verde es la esperanza de que esto pasará, seguro que pasará, de eso no hay duda. O para no volver nunca más, última generación, última crisis o para iniciar otro periodo más de vida en la tierra, otra oportunidad de trabajar por estar entre los elegidos, y ¿por qué no? Desarrollando todos los talentos que Dios nos concede, en los que serán nuevos tiempos, con la experiencia de haber sufrido profundamente, en beneficio de nuestra madurez intelectual, espiritual, humana, afectiva, habiendo desarrollado una serie de habilidades que teníamos dormidas.

Sólo el Padre sabe el día y la hora, no escuchemos a los falsos profetas dirá la escritura, solo la Palabra de Dios proclamada en la Iglesia  tiene el poder de quitarle el sello y derramarla entre quienes la escuchen.

Que el Evangelio de este Domingo, sea una luz optimista, y nos conceda el espíritu que nos haga ver a Jesús, precedido de todos sus ángeles, a la puerta de un nuevo día.

ENTRA EN TU INTERIOR

CONVICCIONES CRISTIANAS

Poco a poco iban muriendo los discípulos que habían conocido a Jesús. Los que quedaban, creían en él sin haberlo visto. Celebraban su presencia invisible en las eucaristías, pero ¿cuándo verían su rostro lleno de vida? ¿Cuándo se cumpliría su deseo de encontrarse con él para siempre?

Seguían recordando con amor y con fe las palabras de Jesús. Eran su alimento en aquellos tiempos difíciles de persecución. Pero, ¿cuándo podrían comprobar la verdad que encerraban? ¿No se irían olvidando poco a poco? Pasaban los años y no llegaba el Día Final tan esperado, ¿qué podían pensar?

El discurso apocalíptico que encontramos en Marcos quiere ofrecer algunas convicciones que han de alimentar su esperanza. No lo hemos de entender en sentido literal, sino tratando de descubrir la fe contenida en esas imágenes y símbolos que hoy nos resultan tan extraños.

Primera convicción.   La historia apasionante de la Humanidad llegará un día a su fin. El «sol» que señala la sucesión de los años se apagará. La «luna» que marca el ritmo de los meses ya no brillará. No habrá días y noches, no habrá tiempo. Además, «las estrellas caerán del cielo», la distancia entre el cielo y la tierra se borrará, ya no habrá espacio. Esta vida no es para siempre. Un día llegará la Vida definitiva, sin espacio ni tiempo. Viviremos en el Misterio de Dios.

Segunda convicción. Jesús volverá y sus seguidores podrán ver por fin su rostro deseado: «verán venir al Hijo del Hombre». El sol, la luna y los astros se apagarán, pero el mundo no se quedará sin luz. Será Jesús quien lo iluminará para siempre poniendo verdad, justicia y paz en la historia humana tan esclava hoy de abusos, injusticias y mentiras.       

Tercera convicción. Jesús traerá consigo la salvación de Dios. Llega con el poder grande y salvador del Padre. No se presenta con aspecto amenazador. El evangelista evita hablar aquí de juicios y condenas. Jesús viene a «reunir a sus elegidos», los que esperan con fe su salvación.

Cuarta convicción.   Las palabras de Jesús «no pasarán». No perderán su fuerza salvadora. Han de de seguir alimentando la esperanza de sus seguidores y el aliento de los pobres. No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo con  Dios.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

Por tu amor y tu bautismo,

soy hijo tuyo, Señor,

y puedo llamarte “Padre”.

Por tu amor y mi bautismo,

soy miembro vivo, Señor,

de la Iglesia de tu Hijo,

y puedo llamarle hermano.

Por tu amor y tu bautismo,

comparto Espíritu y dones,

con todos los bautizados.

Para adelantar tu reino

y anunciar el evangelio

a todos los hombres, a todos los pueblos.

Por tu amor y mi bautismo,

¡gracias te canto, Señor!

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco FANO.


jueves, 7 de noviembre de 2024

10 DE NOVIEMBRE: XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO/B)

 “Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas 

más que nadie…”

10 DE NOVIEMBRE

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

1ª Lectura: Libro de los Reyes 17,10-16

La viuda hizo un panecillo y lo llevó a Elías.

Salmo 145: Alaba, alma mía, al Señor.

2ª Lectura: Hebreos 9,24-28

Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos.

PALABRA DEL DÍA

Marcos 12,38-44

“En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: -¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencia en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Estos recibirán una sentencia más rigurosa. Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: -Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobraba, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir”.

Versión para América Latina extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Y él les enseñaba: "Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad". Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia.

Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre.

Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: "Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir".

REFLEXIÓN

Un maestro de la Ley, era alguien que buscaba, pero como sabemos también muy bien nosotros, no siempre lo que se busca es la búsqueda de la verdad, sino que -a veces- se puede caer en la búsqueda cerrada de uno mismo, o del beneficio propio, o del aplauso de los demás. Y Jesús aún es más duro y dice que incluso se corre el peligro de abusar de los demás. Con personas de esta especie, dice, hay que ser muy exigente y muy riguroso en el juicio.

Todos estos, que tan bien retrata Jesús, son los que hacen exteriormente muy buenas acciones, pero esconden muy mala intención en su interior. Porque si, por un lado, aparentan una cosa, también es cierto que, por otro lado, en el fondo, buscan otra muy diferente. Aunque, aparentemente, ellos se presentan –dignamente- como representantes de Dios, de hecho, se consideran más importantes que el Dios al que representan, y sus propios criterios son antepuestos a Dios.

La ostentación de los maestros de la Ley, a la que se refiere Jesús, contrasta mucho hoy con la austeridad y la generosidad de la viuda que, ciertamente, en una sociedad en la que las mujeres eran valoradas en función de la categoría de sus maridos, como viuda era, por lo tanto, absolutamente pobre. Jesús nos hace notar hoy, con toda claridad, que lo más importante no es el valor cuantitativo de su ofrenda o de nuestros esfuerzos y trabajos, sino que el gran valor es su intención, y, por tanto, nuestros propósitos. De hecho, la viuda, que, aparentemente da tan poca cosa, pone a Dios antes que sus propias necesidades más básicas y que su comida, necesarias para vivir.

Son las intenciones que hacen diferentes a los maestros de la Ley y a la viuda. Y también son las intenciones las que pueden convertir nuestras acciones en las cosas más banales o en las más determinantes y fundamentales. Nuestras acciones, externamente, son muy difíciles de ser valoradas o juzgadas, pero internamente sí que son importantes para dejar claro si las hacemos como una cosa por Dios o en beneficio propio.

ENTRA EN TU INTERIOR

NEUROSIS DE POSESIÓN

Una de las aportaciones más valiosas de la fe cristiana al hombre contemporáneo es, quizás, la de ayudarle a vivir con un sentido más humano en medio de una sociedad enferma de “neurosis de posesión”.      

El modelo de sociedad y de convivencia que configura nuestro vivir diario está basado no en lo que cada hombre es, sino en lo que cada hombre tiene. Lo importante es «tener» dinero, prestigio, poder, autoridad... El que posee esto, sale adelante y triunfa en la vida. El que no logra algo de esto, queda descalificado.

Desde los primeros años, al niño se le «educa» más para tener que para ser. Lo que interesa es que se capacite para que el día de mañana «tenga» una posición, unos ingresos, un nombre, una seguridad.      

Así, casi inconscientemente, preparamos a las nuevas generaciones para la competencia y la rivalidad.

Vivimos en un modelo de sociedad que fácilmente empobrece a las personas. La demanda de afecto, ternura y amistad que late en todo hombre es atendida con objetos. La comunicación humana queda sustituida por la posesión de cosas.

Los hombres se acostumbran a valorarse a sí mismos por lo que poseen o lo que son capaces de llegar a poseer. Y, de esta manera, corren el riesgo de irse incapacitando para el amor, la ternura, el servicio generoso, la ayuda amistosa, el sentido gratuito de la vida. Esta sociedad no ayuda a crecer en amistad, solidaridad y preocupación por los derechos del otro.

Por eso, cobra especial relieve en nuestros días la invitación del evangelio a valorar al hombre desde su capacidad de servicio y solidaridad.

La grandeza de una vida se mide en último término no por los conocimientos que uno posee, ni por los bienes que ha conseguido acumular, ni por el éxito social que ha podido alcanzar, sino por la capacidad de servir y ayudar a los otros a ser más humanos.

El hombre más poderoso, más sabio y más rico, queda descalificado como hombre si no es capaz de hacer algo gratis por los demás.

Cuántas gentes humildes, como la viuda del evangelio, aportan más a la humanización de nuestra sociedad con su vida sencilla de solidaridad y ayuda generosa a los necesitados, que tantos protagonistas de nuestra vida social, económica y política, hábiles defensores de sus intereses, su protagonismo y su posición.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

Si seguimos la lección de Jesús en el evangelio de hoy, tendríamos que procurar que el hecho de dar, como hizo la viuda del templo, se nos convierta ya en un gesto tan necesario para poder vivir, como lo es también el alimento que tomamos cada día. En nuestra vida no se trata de que vayamos dando pequeñas limosnas de vez en cuando, o que nos desprendamos dignamente de aquello que nos sobre, sino que, sin reservas, Jesús nos invita a dar todo lo que tenemos. Es dar la vida y es darse uno mismo.

La pregunta interior, que muy a menudo nos hacemos, es: Pero si yo lo doy todo, ¿qué me quedará? Está claro, es aquí donde se juega nuestra confianza en Dios. De hecho, nosotros podríamos dar todo lo que ganamos, podríamos dar todo el pan que ganamos con nuestro propio esfuerzo, si creemos, como después diremos en el Padrenuestro, que Dios, como contrapartida a nuestra confianza, nos dará el pan de cada día.

Como esta viuda del evangelio, Señor, nosotros estamos llamados a dar testimonio discretamente de nuestra fe más profunda. Que tengamos que hacerlo no quiere decir que tenga que ser de un modo ostentoso, como los maestros de la Ley. Como tampoco, el hecho de que lo tengamos que hacer discretamente, quiere decir que no lo tengamos que hacer. La eucaristía que celebramos simplemente nos recuerda que nuestra fe se juega en nuestro interior.

ORACIÓN

Señor, sé que hay cosas pequeñas, pero tan grandes como los dos reales, que la pobre viuda del Evangelio,  echó en el cepillo del templo: Ofrecer una sonrisa, acompañar a un enfermo o a un anciano solo, jugar con un niño, dar una palmada en el hombro y ofrecer una palabra de consuelo, escuchar, escuchar mucho. 

Sé que a veces no valoro, lo suficiente, estos pequeños gestos, pero hoy me enseñas que son los importantes.

Hazme sencillo, con la sencillez de la viuda, humilde como ella, dándolo todo, como ella, no de lo que me sobra, sino aún de lo que me hace falta. Sólo así, tendré una medida, generosa, remecida, rebosante.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

imágenes de Patxi Velasco FANO


lunes, 28 de octubre de 2024

3 DE NOVIEMBRE: XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

 


“El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”

3 DE NOVIEMBRE

XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO ©

1ª Lectura: Sabiduría 11,22-12,2

“Te compadeces, Señor, de todos, porque amas a todos”

Salmo 144

Bendeciré tu nombre por siempre jamás. Dios mío, mi rey.

2ª Lectura: 2 Tesalonicenses 1,11-2,2

“El nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros,

y vosotros en él”

EVANGELIO DEL DÍA

Lucas 19,1-10

“En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: -Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. Él bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: -Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: -Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguien me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más. Jesús le contestó: -Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.

Versión para Latinoamérica, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad.

Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos.

El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura.

Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí.

Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: "Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa".

Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.

Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: "Se ha ido a alojar en casa de un pecador".

Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más".

Y Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido".

REFLEXIÓN

El amor de Dios impregna cada página de las Sagradas Escrituras y de la liturgia cristiana. Y en los textos de este domingo resalta de una manera especial el amor de Dios a todas las criaturas, porque todas encuentran en el amor de Dios su razón de ser.

Y es que desde que Dios empezó su obra creadora dio lugar a la aventura misma del amor. La aventura maravillosa de ser correspondido, con plena libertad, en el amor. Y así, también al riesgo del amor, al rechazo y a la incomprensión, el rostro doloroso del amor: “Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has creado; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado”, hemos escuchado en la primera lectura, del libro de la Sabiduría.  “Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán”, dice Jesús en el evangelio. Pero, en las casas de otros publicanos, ¿aceptarán su amor? Y otras casas de ricos, ¿se convertirán como Zaqueo al amor de Dios?

Dios nos ha llamado a la vocación cristiana para ser glorificado en nuestras vidas; pero, ¿realmente nuestra vida es un testimonio transparente de su amor? De todas maneras, el amor de Dios es una aventura que enmarca toda la historia humana, desde que el hombre es hombre, el amor de Dios se encuentra sometido a la gran ley, creada por Dios, y que él mismo respeta, de la libertad humana. Y será así hasta el fin del mundo. Así pues, debemos velar, pero al mismo tiempo podemos estar llegando a su plenitud. El amor será, entonces, entronizado en los cielos y la humanidad adorará eternamente el rostro de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Así es el amor de Dios. Un amor sin fronteras. No tiene fronteras de tiempo, porque él ama ya ahora en el presente, antes del tiempo y más allá del tiempo. No tiene fronteras de espacio ni de lugar, porque él ha creado el espacio y lo ha llenado con obras surgidas de su mismo amor: el cielo, la tierra, el mar y todo lo que habita en ellos. No está limitado por fronteras de la edad, de la condición social o económica, del estado de vida de cada persona. Porque lo que más cuenta para Dios es que todos somos imagen suya, y a todos nos ama como hijos.

Dios no ama al ciego de Jericó porque sea pobre, ni a Zaqueo porque sea rico, sino porque ambos son hijos suyos. Zaqueo era un pecador público, un publicano. Era un recaudador de impuestos al que Roma encargaba cobrar las tasas que la autoridad romana imponía.  Un trabajo que se prestaba a cometer injusticias y que los judíos odiaban porque eran compatriotas suyos los que la realizaban. Eran unos traidores.

Pero esto a Dios no le importa, el pecado no es una derrota de Dios, sino una ocasión para mostrar su amor con un nuevo resplandor. Dios pasa por encima de todos los límites que podemos poner a su amor. Realmente, para Dios la frontera del amor es el amor sin fronteras. Jesús, como a Zaqueo, nos eleva la mirada y se quiere hacer invitar en nuestras casas, en lo más íntimo de nuestro corazón. Jesús hoy también nos quiere encontrar, nos viene a buscar para alojarse en nuestra casa. Y Zaqueo da el primer paso, desea encontrarse con Jesús. Nosotros también tenemos necesidad de encontrarnos con Jesús, de dar este primer paso, de invitarlo a nuestras vidas, con alegría, con el servicio, para poder escuchar así sus palabras: “Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.



ENTRA EN TU INTERIOR

¿PUEDO CAMBIAR?

Lucas narra el episodio de Zaqueo para que sus lectores descubran mejor lo que pueden esperar de Jesús: el Señor al que invocan y siguen en las comunidades cristianas «ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido». No lo han de olvidar.

Al mismo tiempo, su relato de la actuación de Zaqueo ayuda a responder a la pregunta que no pocos llevan en su interior: ¿Todavía puedo cambiar? ¿No es ya demasiado tarde para rehacer una vida que, en buena parte, la he echado a perder? ¿Qué pasos puedo dar?

Zaqueo viene descrito con dos rasgos que definen con precisión su vida. Es «jefe de publicanos» y es «rico». En Jericó todos saben que es un pecador. Un hombre que no sirve a Dios sino al dinero. Su vida, como tantas otras, es poco humana.

Sin embargo, Zaqueo «busca ver a Jesús». No es mera curiosidad. Quiere saber quién es, qué se encierra en este Profeta que tanto atrae a la gente. No es tarea fácil para un hombre instalado en su mundo. Pero éste deseo de Jesús va a cambiar su vida.

El hombre tendrá que superar diferentes obstáculos. Es «bajo de estatura», sobre todo porque su vida no está motivada por ideales muy nobles. La gente es otro impedimento: tendrá que superar prejuicios sociales que le hacen difícil el encuentro personal y responsable con Jesús.

Pero Zaqueo prosigue su búsqueda con sencillez y sinceridad. Corre para adelantarse a la muchedumbre, y se sube a un árbol como un niño. No piensa en su dignidad de hombre importante. Sólo quiere encontrar el momento y el lugar adecuado para entrar en contacto con Jesús. Lo quiere ver.

Es entonces cuando descubre que también Jesús le está buscando a él pues llega hasta aquel lugar, lo busca con la mirada y le dice: "El encuentro será hoy mismo en tu casa de pecador". Zaqueo se baja y lo recibe en su casa lleno de alegría. Hay momentos decisivos en los que Jesús pasa por nuestra vida porque quiere salvar lo que nosotros estamos echando a perder. No los hemos de dejar escapar.

Lucas no describe el encuentro. Sólo habla de la transformación de Zaqueo. Cambia su manera de mirar la vida: ya no piensa sólo en su dinero sino en el sufrimiento de los demás. Cambia su estilo de vida: hará justicia a los que ha explotado y compartirá sus bienes con los pobres. 

Tarde o temprano, todos corremos el riesgo de "instalarnos" en la vida renunciando a cualquier aspiración de vivir con más calidad humana. Los creyentes hemos de saber que un encuentro más auténtico con Jesús puede hacer nuestra vida más humana y, sobre todo, más solidaria.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

“El hijo de Hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido”.

Solo lo que está perdido, necesita ser buscado.

Solo el que se siente enfermo irá a buscar al médico.

Solo si te sientes extraviado te dejarás encontrar por él.

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 No se trata de fomentar los sentimientos de culpabilidad.

 Tampoco de sentirse “indigno pecador”.

Se trata de tomar conciencia de la dificultad del camino

 y sentir la necesidad de ayuda para alcanzar la meta.

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 Se trata de sentir la ayuda de Dios desde lo hondo de mi ser.

 Pero también de buscar y aceptar la ayuda de los demás,

 que van un poco por delante y saben por dónde debo caminar.

 Si me empeño en caminar en solitario, me perderé en el camino.

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ORACIÓN

Gracias, Señor, porque tu Evangelio es tan noticia nueva para los pobres como para los ricos, para los explotados como para los explotadores. Es buena noticia para el hombre, cualquiera que sea la forma de su opresión. Paradójicamente, también el rico es un oprimido, quizá con una opresión mucho más inconsciente y sutil; por eso mismo se hace tan difícil, como repite el mismo Jesús, la conversión en el rico opresor.

Sé que el encuentro contigo siempre cambia, siempre transforma el corazón del hombre, necesito, Señor, que como en casa de Zaqueo, tu Salvación llegue a mi casa, llegue a mi corazón y fecunde toda mi vida

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Patxi Velasco FANO.



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