lunes, 12 de diciembre de 2016

18 DE DICIEMBRE: CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO.




“Mirad, la virgen concebirá y dará a luz un hijo,
Y le pondrá por nombre Emmanuel…”
18 DE DICIEMBRE
CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO
1ª Lectura: Isaías 7,10-14

Mirad la Virgen está encinta.
Salmo 23: Va a entrar el Señor, él es el Rey de la Gloria.
2ª Lectura: Romanos 1,1-7

Jesucristo de la estirpe de David, hijo de Dios.
PALABRA DEL DÍA
Mateo 1,18-24
 “La concepción de Jesucristo fue así: la madre de Jesús estaba desposada con José, y antes de vivir juntos resultó que ella esperaba un hijo, por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era bueno y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Así lo tenía resuelto cuando se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: -José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque salvará su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el señor por el profeta: “Mirad, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre –Emmanuel (que significa “Dios-con-nosotros”).” Cuando José se despertó hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer”.
Versión para América Latina, extraída de la biblia del Pueblo de Dios
“Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.
Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados".
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:
La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: "Dios con nosotros".
Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa”.
REFLEXIÓN
            Estamos a las puertas de la Navidad y contemplamos a José y María que esperan un hijo. La Virgen está a punto de dar a luz a Jesús, el Emmanuel. Dios, que se hace uno de nosotros, para que nosotros nos convirtamos en hijos suyos. María es la Virgen de la esperanza para toda la humanidad. José la apoya, aceptando personalmente la voluntad de Dios, a pesar de los interrogantes que se le presentan.
            El itinerario que tuvieron que hacer María y José, así como también Juan, porque confiaron plenamente en el plan de Dios, es el camino que también nosotros debemos recorrer para descubrir que Dios verdaderamente se hace presente en nuestra vida. De alguna manera podemos llevar a Dios en nuestro interior, como María. Lo podemos acompañar en los demás, como José. Lo podemos descubrir en el testimonio de muchas personas que lo dan todo por servir y amar, como hizo Juan.
            Tenemos que sentirnos contentos y orgullosos de ser enviados, de ser apóstoles, en medio de nuestro mundo. Ser testimonios de la buena Nueva. Abrir caminos a la esperanza de un mundo nuevo. Un mundo, ciertamente, dividido por los egoísmos y marcado por la violencia y el desprecio hacia los más débiles. Un mundo que habla mucho de intereses y de progreso pero poco de justicia y de respeto a la dignidad de cada persona. O quizá hablamos y no hacemos lo suficiente para dar la vuelta a la situación. Por un mundo amado por Dios, llamado a ser redimido y a ser transformado por la fuerza de su Espíritu Santo.
            Los padres de Jesús comprendieron que no estaban solos. Comprendieron que el Espíritu les guiaba y les sostenía. Les empujaba a tomar decisiones. Ellos, como los profetas, entendieron qué significaba ser instrumentos en manos de Dios. Este Dios que se fijaba en la humanidad de aquellos a los que había llamado.
            Dios los tomaba de la mano, los conducía y, por tanto, podían confiarse y abandonar dudas y temores. Dios estaba con ellos.


            Tampoco nosotros estamos solos. Por la fe, Abrahán partió sin saber a dónde le llevaría la voluntad de Dios. Moisés penetró en el Mar Rojo y caminó incansable por el desierto, con la esperanza de que su pueblo llegaría a la Tierra Prometida. Por la fe, los profetas se atrevieron a decir lo que tenían que decir, en nombre de Dios, sabiendo que no serían escuchados ni bien recibidos. Por la fe, Juan bautiza y espera encontrar un día al Señor, el Mesías. Por la fe María dice sí, confiando en la fuerza de Dios. Por la fe, José toma a María por esposa y acoge al niño que va a nacer, sin hacer caso a las habladurías y le pone el nombre. Y confía en que el Dios de Israel le confortará en las decisiones graves que habrá que tomar… Creer más allá de lo que somos capaces de ver en la inmediatez de la vida.
            Dios no viene a condenar al mundo, sino a salvarlo. Dios viene a liberar este mundo seducido por el consumo que todo lo devora. Dios viene a liberarnos de nuestros miedos y de nuestra pasividad ante el mal. Dios nos llama a dar este niño al mundo. El niño de la esperanza. El niño de la ternura. El niño de la vida que puede recomenzar en nuestra familia. En la aceptación valerosa de la enfermedad de un familiar. En la muerte inesperada del amigo. En la lucha por un mundo más justo.
            En la Misa de la Noche de Navidad leeremos el pregón de Navidad y diremos que, después de tantos imperios caídos, en un humilde lugar de un pueblo sometido, nació Jesús, hijo de David. El Mesías. Esperado tanto tiempo, despreciado por los poderosos y aún más tarde perseguido. En su historia empieza una larga historia de salvación y de vida. En la historia de los humildes, como María y José. En la experiencia de fidelidad en el servicio y en el amor gratuito está el camino de la felicidad y el futuro de la humanidad.
ENTRA EN TU INTERIOR
LE PONDRÁS POR NOMBRE JESÚS
Entre los hebreos no se le ponía al recién nacido un nombre cualquiera, de forma arbitraria, pues el «nombre», como en casi todas las culturas antiguas, indica el ser de la persona, su verdadera identidad, lo que se espera de ella. Por eso el evangelista Mateo tiene tanto interés en explicar desde el comienzo a sus lectores el significado profundo del nombre de quien va a ser el protagonista de su relato. El «nombre» de ese niño que todavía no ha nacido es «Jesús», que significa «Dios salva». Se llamará así porque «salvará a su pueblo de los pecados». En el año 70, Vespasiano, designado como nuevo emperador mientras estaba sofocando la rebelión judía, marcha hacia Roma, donde es recibido y aclamado con dos nombres: «Salvador» y «Benefactor». El evangelista Mateo quiere dejar las cosas claras. El «salvador» que necesita el mundo no es Vespasiano, sino Jesús.
La salvación no nos llegará de ningún emperador ni de ninguna victoria de un pueblo sobre otro. La humanidad necesita ser salvada del mal, de las injusticias y de la violencia; necesita ser perdonada y reorientada hacia una vida más digna del ser humano. Esta es la salvación que se nos ofrece en Jesús.
Mateo le asigna además otro nombre: «Emmanuel». Sabe que nadie ha sido llamado así a lo largo de la historia. Es un nombre chocante, absolutamente nuevo, que significa «Dios con nosotros». Un nombre que le atribuimos a Jesús los que creemos que, en él y desde él, Dios nos acompaña, nos bendice y nos salva nosotros. Ahora sabes «algo» de la Navidad. Puedes celebrarla, disfrutar y felicitar. Puedes gozar con los tuyos y ser más generoso con los que sufren y viven tristes. Dios está contigo.
Hay una pregunta que todos los años me ronda desde que comienzo a observar por las calles los preparativos que anuncian la proximidad de la Navidad: ¿Qué puede haber todavía de verdad en el fondo de esas fiestas tan estropeadas por intereses consumistas y por nuestra propia mediocridad? No soy el único. A muchas personas les oigo hablar de la superficialidad navideña, de la pérdida de su carácter familiar y hogareño, de la vergonzosa manipulación de los símbolos religiosos y de tantos excesos y despropósitos que deterioran hoy la Navidad. Pero, a mi juicio, el problema es más hondo. ¿Cómo puede celebrar el misterio de un «Dios hecho hombre» una sociedad que vive prácticamente de espaldas a Dios, y que destruye de tantas maneras la dignidad del ser humano?
¿Cómo puede celebrar «el nacimiento de Dios» una sociedad en la que el célebre profesor francés G. Lipovetsky, al describir la actual indiferencia, ha podido decir estas palabras: «Dios ha muerto, las grandes finalidades se extinguen, pero a todo el mundo le da igual, esta es la feliz noticia»? Al parecer, son bastantes las personas a las que les da exactamente igual creer o no creer, oír que «Dios ha muerto» o que «Dios ha nacido». Su vida sigue funcionando como siempre. No parecen necesitar ya de Dios. Y, sin embargo, la historia contemporánea nos está obligando ya a hacernos algunas graves preguntas. Hace algún tiempo se hablaba de «la muerte de Dios»; hoy se habla de «la muerte del hombre». Hace algunos años se proclamaba «la desaparición de Dios»; hoy se anuncia «la desaparición del hombre». ¿No será que la muerte de Dios arrastra consigo de manera inevitable la muerte del hombre? Expulsado Dios de nuestras vidas, encerrados en un mundo creado por nosotros mismos y que no refleja sino nuestras propias contradicciones y miserias, ¿quién nos puede decir quiénes somos y qué es lo que realmente queremos? ¿No necesitamos que Dios nazca de nuevo entre nosotros, que brote con luz nueva en nuestras conciencias, que se abra camino en medio de nuestros conflictos y contradicciones? Para encontrarnos con ese Dios no hay que ir muy lejos. Basta acercarnos silenciosamente a nosotros mismos. Basta ahondar en nuestros interrogantes y anhelos más profundos. Este es el mensaje de la Navidad: Dios está cerca de ti, donde tú estás, con tal de que te abras a su Misterio. El Dios inaccesible se ha hecho humano y su cercanía misteriosa nos envuelve. En cada uno de nosotros puede nacer Dios.
José Antonio Pagola
(El camino abierto por Jesús)
ORA EN TU INTERIOR
            Emmanuel quiere decir que Dios se ha acercado al hombre, ha besado sus llagas, lo ha abrazado intensamente y se ha compenetrado con él, hasta hacerse él mismo hombre, incluso con nuestras miserias y nuestras llagas.
            Dios-con-nosotros, pero de verdad y para siempre, compañero y amigo, maestro y protector. Y Dios en nosotros, animando nuestra vida, savia y alimento, huésped permanente. Y Dios para nosotros, ofreciéndose y gastándose por nosotros, entregándose hasta el fin.
            Al asumir la naturaleza humana, Dios y el hombre se complementan, no hay rechazo mutuo. Lo humano y lo divino se suman. Dios es capaz del hombre, y el hombre es capaz de Dios. Un Dios humanizado y un hombre divinizado. Es Cristo, el Emmanuel.
            Ahora Dios podría decir: “Soy hombre” y nada humano me resulta ajeno. Dios y el hombre comparten suertes, compañeros. Y el hombre puede decir que ha conseguido al fin un deseo de llegar a ser dios. Fue posible no porque el hombre lo conquistara, sino porque Dios se lo regaló; no es que el hombre subiera, sino que Dios se rebajó. Se hizo hombre para que fuéramos dioses.
ORACIÓN
            Dios está con nosotros. Y su presencia se ha hecho mesa, pan y vino.se ha hecho compañía, banquete y participación. Este Jesús con quien vamos a unirnos por los signos sacramentales es el mismo de Belén, el mismo de la cruz, el mismo de la resurrección. Es el Cristo que ha hecho de la tierra su casa para siempre.
Expliquemos el Evangelio a los niños.
Imágenes de Fano.
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domingo, 4 de diciembre de 2016

8 Y 11 DE DICIEMBRE: SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA Y TERCER DOMINGO DE ADVIENTO.



8 DE DICIEMBRE

SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

DE LA VIRGEN MARÍA

JUEVES DE LA SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO

Primera Lectura: Génesis 3,9-15.20

Salmo 97: Cantemos al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

PALABRA DEL DÍA

Lucas 1,26-38

“A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: -“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.” Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: -“No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.” Y María dijo al ángel: -“¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?” El ángel le contentó: -“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios no hay nada imposible”. María contestó: -“Aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”.- Y la dejó el ángel”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo".
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido.
Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús;
él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre,
reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin".
María dijo al Ángel: "¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?".
El Ángel le respondió: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.
También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes,
porque no hay nada imposible para Dios".
María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho". Y el Ángel se alejó.
REFLEXIÓN

            A lo largo de los siglos la Iglesia ha tomado conciencia de que María, “llena de gracia” por Dios (Lc 1,28), ha sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el papa Pío IX: “La bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano”.

Esta “resplandeciente santidad del todo singular” de la que ella fue “enriquecida desde el primer instante de su concepción” (LG 56), le viene toda entera de Cristo: ella es “redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo” (LG 53). El Padre la ha “bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo” (Ef 1,3) más que a ninguna otra persona creada. Él la ha “elegido en él, antes de la creación del mundo para ser Santa e Inmaculada en su presencia por el amor” (Ef 1,4). (Catecismo de la Iglesia Católica, 491-492).


El misterio de la Inmaculada  Concepción quiere decirnos que María fue preservada de toda caída. Dios la llevó siempre sobre sus alas (Dt. 32,11). Ningún bandido la despojó de sus vestiduras y de su dignidad. ¡Tanto amó Dios a su pequeña esclava! María tuvo siempre la fe vigilante y despierta, el amor entregado. María era en todo un fruto del Espíritu.
Podemos decir que en María Adán se levanta por primera vez. Adán empieza a ser restaurado y dignificado en María, hija suya, de su misma naturaleza. En cierto sentido podemos decir que María levanta a Adán.

María está bien levantada. ¿Hasta dónde? Hasta donde Adán quería, hasta el mismo cielo, hasta el mismo Dios. Adán cayó precisamente porque quería ser Dios por sí mismo.
Tropezó en su soberbia, y la caída fue espantosa. Ahora María, y con ella Adán, llega hasta Dios, pero de la mano de Dios, por el camino de la docilidad y la humildad. Cuando ella más se abajaba, Dios más la subía. Cuanto Dios más le pedía, ella más le obedecía.

ENTRA EN TU INTERIOR

            Adán sigue cayendo, por culpa propia o ajena. Cae cuando rechaza a Dios y se endiosa a sí mismo, cae cuando se deja llevar de la violencia o cuando sufre la violencia de los otros, cae por el desamor y la envidia, cae cuando agoniza en la miseria y el subdesarrollo, cae cuando no encuentra trabajo; y cae por la enfermedad, por la soledad, por la depresión y el fracaso; cae por el alcohol, la droga y el sexo, por el dinero y el juego, cae por los accidentes y desgracia, y por la muerte, por toda clase de muertes.
            Cristo está siempre cerca del caído, para acompañarle y levantarle. Y María también está ahí, transmitiendo su energía superadora y su calor maternal ¿No hemos sentido nunca, cuando estábamos en el suelo, la mirada compasiva y la mano delicada de la madre? Ella sigue levantando a Adán con su intercesión y su ayuda, con su cercanía misericordiosa.
            María, levanta a tus hijos caídos. Levántame a mí cuando caiga. Tiéndeme tu mano, como Jesús la tendió a Pedro en el lago. Y dame capacidad y corazón para que yo pueda levantar a los demás.

ORA EN TU INTERIOR

            María nunca tuvo que llorar estas lágrimas amargas, aunque sí tuvo que llorar -¡y sigue llorando!- muchas lágrimas. Las suyas no fueron lágrimas de arrepentimiento, porque nunca gustó de la tristeza radical del pecador. Las suyas fueron –y son- lágrimas cálidas, compasivas. Precisamente, la mejor manera que tiene María de consolar a Eva es llorar con ella. María llora con todos los hijos que lloran, y cuando hace suyas las lágrimas, ellos dejan de llorar.

            María es la consolada con el dulce consuelo del Espíritu. Desde el principio Dios la sonríe y la bendice con bendición entera y radical. Escucharemos los ecos de esta bendición:

-           “Alégrate. María”.
-           “Bendita tú… y bendito el fruto de tu vientre”.
-           “Dichosa tú, que has creído”
-           ”Dichosa me dirán todas las generaciones”.


ORACIÓN

 “Decir el fíat y entregar el seno. Cantar agradecida en la montaña, para todos los vientos de la historia, el gozo de los pobres libertados. Y ya callar detrás del evangelio… y darle al mundo el Redentor humano y devolverle al Padre el Hijo. ¡Dios te salve, María!, Madre de la Palabra en el silencio”. (P. Casaldaliga)


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“Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!”.



11 DE DICIEMBRE

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO


DOMINGO “GAUDETE”

DOMINGO DEL GOZO

1ª Lectura: Isaías 35,1-6ª.10

“Dios viene en persona y os salvará”.

Salmo 145: Ven, Señor, a salvarnos.

2ª Lectura: Santiago 5,7-10

“Manteneos firmes, porque la venida  del Señor está cerca”.

PALABRA DEL DÍA

Mateo 11,2-1

“Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”. Jesús les respondió: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!”. Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: “¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver?, ¿un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta: él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti para que prepare el camino ante ti”. Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el bautista, aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle: 
"¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?".
Jesús les respondió: "Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven:
los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres.
¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!".
Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo: "¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes.
¿Qué fueron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta.
El es aquel de quien está escrito: Yo envío a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino.
Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él

REFLEXIÓN

            Nos gustaría un mundo nuevo y lleno de vida y lo vamos destruyendo inexorablemente, reduciendo los bosques tropicales a madera y cultivos, contaminando el aire que respiramos y envenenando el don precioso del agua, cada vez más escasa. Querríamos una familia unida y solidaria y unas relaciones humanas respetuosas y afables, y nos encontramos con las rupturas, la envidia, la ambición destructiva, el rechazo y el desprecio. Queremos ser felices y seguir a Jesús y su Evangelio y nos desanimamos fácilmente y olvidamos los criterios que él nos ha transmitido en las bienaventuranzas.

            No podemos caer en el desánimo y la decepción. Tenemos que pedir que el Espíritu de Dios mueva nuestro corazón a sentir la alegría y el gozo de ser amados. Somos hijos de Dios. A pesar de todas las dificultades, nuestra vida es un don de Dios. Tiene sentido y vale la pena vivirla.

            Nuestra vida puede ser una fiesta. Es una fiesta. La tierra yerma y el desierto están de fiesta porque el Señor nos salva, nos libera. Está claro que nuestro mundo tiene las heridas del pecado, pero también tiene la luz resplandeciente del resucitado que todo lo renueva y lo empapa de esperanza y de consuelo.

            No tengamos miedo de nosotros mismos. No nos acobardemos ante el reconocimiento de nuestras debilidades, porque podemos reencontrar otra vez la energía de la fe en el seguimiento de Jesús. No tengamos miedo a enfrentarnos a la realidad de egoísmo y de injusticia de nuestro mundo. El Señor, como le gritamos en el salmo, vendrá a salvarnos, porque él hace justicia al oprimido. Y la hace a través de las personas, y a través de tantas instituciones y asociaciones de toda clase que luchan incansablemente por un mundo más justo y fraternal. El anuncio del profeta ya lo hace realidad el anuncio de Jesús, su vida, su testimonio: los ciegos ven…, los inválidos andan…, los sordos oyen…

            Queremos formar comunidades vivas que alimenten la fe e impulsen la acción misionera, queremos mantener con renovado esfuerzo nuestra opción preferencial y evangélica por los pobres. Avanzar en el diálogo ecuménico… cuidad la creación, la casa de todos… Trabajar con todas las personas de buena voluntad en la construcción del reino.

            No podemos vivir en la decepción sino anclados en la esperanza. Jesús elogia al profeta. Elogia a Juan. Aquel que es consciente de su papel  de preparar caminos. Aquel que no se decepciona de Jesús y su testimonio. Aquel que sabe descubrir signos de cambio. Y signos de un futuro presente ya en gérmenes de nuevas comunidades, de nuevas iniciativas solidarias, de gestos de reconciliación, de conciencia de que los bienes del planeta deben repartirse con equidad y respeto. que el don de la fe es un don para el servicio generoso, gratuito y pacificador. Y que se cumplirá el deseo de dDos: “En cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán”.

            En la eucaristía celebramos ya el gozo de su presente, el don de su amor entregado en la vida y en la cruz. Retornamos al centro de nuestra vida que es Jesús. No tengamos miedo. La estepas florece y nosotros nos podemos sentir agraciados por este amor de Dios que todo lo renueva.

ENTRA EN TU INTERIOR

MÁS CERCA DE LOS QUE SUFREN

           Encerrado en la fortaleza de Maqueronte, el Bautista vive anhelando la llegada del juicio terrible de Dios que extirpará de raíz el pecado del pueblo. Por eso, las noticias que le llegan hasta su prisión acerca de Jesús lo dejan desconcertado: ¿cuándo va a pasar a la acción? ¿cuándo va a mostrar su fuerza justiciera?

       Antes de ser ejecutado, Juan logra enviar hasta Jesús algunos discípulos para que le responda a la pregunta que lo atormenta por dentro: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro» ¿Es Jesús el verdadero Mesías o hay que esperar a alguien más poderoso y violento?

        Jesús no responde directamente. No se atribuye ningún título mesiánico. El camino para reconocer su verdadera identidad es más vivo y concreto. Decidle a Juan «lo que estáis viendo y oyendo». Para conocer cómo quiere Dios que sea su Enviado, hemos de observar bien cómo actúa Jesús y estar muy atentos a su mensaje. Ninguna confesión abstracta puede sustituir a este conocimiento concreto.

      Toda la actuación de Jesús está orientada a curar y liberar, no a juzgar ni condenar. Primero, le han de comunicar a Juan lo que ven: Jesús vive volcado hacia los que sufren, dedicado a liberarlos de lo que les impide vivir de manera sana, digna y dichosa. Este Mesías anuncia la salvación curando.

        Luego, le han de decir lo que oyen a Jesús: un mensaje de esperanza dirigido precisamente a aquellos campesinos empobrecidos, víctimas de toda clase de abusos e injusticias. Este Mesías anuncia la Buena Noticia de Dios a los pobres.

       Si alguien nos pregunta si somos seguidores del Mesías Jesús o han de esperar a otros, ¿qué obras les podemos mostrar? ¿qué mensaje nos pueden escuchar? No tenemos que pensar mucho para saber cuáles son los dos rasgos que no han de faltar en una comunidad de Jesús.

      Primero, ir caminando hacia una comunidad curadora: un poco más cercana a los que sufren, más atenta a los enfermos más solos y desasistidos, más acogedora de los que necesitan ser escuchados y consolados, más presente en las desgracias de la gente.

      Segundo, no construir la comunidad de espaldas a los pobres: al contrario, conocer más de cerca sus problemas, atender sus necesidades, defender sus derechos, no dejarlos desamparados. Son ellos los primeros que han de escuchar y sentir la Buena Noticia de Dios.

     Una comunidad de Jesús no es sólo un lugar de iniciación a la fe ni un espacio de celebración. Ha de ser, de muchas maneras, fuente de vida más sana, lugar de acogida y casa para quien necesita hogar.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

            A medida que avanza el adviento, la Palabra de Dios se vuelve más exigente, pero al mismo tiempo más clara y precisa.

            Ya sabemos que adviento es la espera del Reino de Dios. Hoy se nos aclara que este reino es la implantación en el mundo de la liberación total del hombre.

            Muchas preguntas nos podemos hacer: ¿Qué significa liberación? ¿Cuál es el alcance de la liberación de Cristo? ¿Qué nos exige esta tarea liberadora?. Preguntas que no tendrán respuesta, fuera de la oración.

           Esta celebración litúrgica es una magnífica oportunidad para que busquemos entre todos las respuestas o, al menos, para que intentemos dar alguna respuesta, pero también una magnífica ocasión para hacer oración la vida.

         Hace miles de años que la humanidad busca la tan deseada respuesta… ¿Pero permaneceremos nosotros indiferentes, o haremos nuestras las palabras de Jesús a los discípulos de “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!”Juan:

       Ciertamente que no; por eso vamos a la eucaristía y por eso hemos dispuesto nuestro corazón a la palabra de Cristo, que ha resonado con toda claridad.

ORACIÓN

         Señor, Jesús, que respondiste a la pregunta de Juan mostrando los hechos concretos en pro de los oprimidos como signo de que contigo había llegado el reino de dios, que también nosotros sepamos decir con hechos y acontecimientos lo que hemos dicho con palabras.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Fano. 

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