miércoles, 14 de noviembre de 2018

18 DE NOVIEMBRE: XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)



"...cuándo veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta”

18 DE NOVIEMBRE

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

1ª Lectura: Daniel 12,1-3

Por aquel tiempo se salvará tu pueblo.

Salmo 15: “Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti”.

2ª Lectura: Hebreos 10,11-14.18

Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados.

PALABRA DEL DÍA

Marcos 13,24-32

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la `puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre”.

Versión para Latino América extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los austros se conmoverán. Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. Y él enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro extremo del horizonte. Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta. Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre”.

REFLEXIÓN

Se acerca el Adviento, un buen tiempo para la reflexión. ¿Estamos preparados para la última venida del Señor? ¿Son éstos los signos que la preceden? Sé que muchos dirán que ya esto se ha vivido y se vive de una u otra forma: hambre, guerras, condiciones climáticas extremas que dejan miles de familias sin nada, terremotos y esta crisis tremenda que sufrimos con la secuela de paro, los desahucios, la desesperanza e impotencia en muchos hermanos y hermanas nuestros, en muchas familias y en muchos jóvenes…, solo Dios sabe si vendrá en la siguiente pascua y entonces ya, nada de esto nos preocupará, pero ¿cómo vivimos nuestra vida de fe? ¿Deseamos que el sol se haga tinieblas definitivamente, que la luna deje de resplandecer, y venga el Hijo del hombre y de fin a esta angustia? Tengamos en cuenta que en ese momento le precederán los ángeles reuniendo a “los elegidos”, entonces ¿qué es lo importante? ¿qué venga de nuevo el Señor o que estemos entre sus elegidos?, lo primero no sabemos cuándo, lo segundo sí  ¿cuándo? Todos los días, estar entre sus elegidos, y ahí nuestra tranquilidad, fuera estrés, sentirse diariamente entre los elegidos, es la salvación, es la salud, es el ánimo, disfrutar el momento.

“Gran angustia”, estos días escuchamos muchas voces que pretenden convencernos de que saldremos de la crisis o de que no saldremos nunca, pero ante tanto vocerío, solo nos falta dos cosas, cambiar la palabra “desgracia” por “angustia” y la expresión “tus fuerzas” por “Dios”. “Salir de la angustia, del sufrimiento, con la ayuda de Dios”, no es lo mismo que “considerar este u otro acontecimiento contrario como una desgracia de la que tenemos que salir por nuestras propias fuerzas”. Miremos los “brotes verdes”, ¿brotes verdes? Ya me dirán por dónde. ¿Cuál es la higuera… Qué venga de nuevo los tiempos felices de la bonanza económica que fueron los que nos han traído al momento en el que estamos? por ahora el único brote verde es la esperanza de que esto pasará, seguro que pasará, de eso no hay duda. O para no volver nunca más, última generación, última crisis o para iniciar otro periodo más de vida en la tierra, otra oportunidad de trabajar por estar entre los elegidos, y ¿por qué no? Desarrollando todos los talentos que Dios nos concede, en los que serán nuevos tiempos, con la experiencia de haber sufrido profundamente, en beneficio de nuestra madurez intelectual, espiritual, humana, afectiva, habiendo desarrollado una serie de habilidades que teníamos dormidas.

Sólo el Padre sabe el día y la hora, no escuchemos a los falsos profetas dirá la escritura, solo la Palabra de Dios proclamada en la Iglesia  tiene el poder de quitarle el sello y derramarla entre quienes la escuchen.

Que el Evangelio de este Domingo, sea una luz optimista, y nos conceda el espíritu que nos haga ver a Jesús, precedido de todos sus ángeles, a la puerta de un nuevo día.

ENTRA EN TU INTERIOR

CONVICCIONES CRISTIANAS

Poco a poco iban muriendo los discípulos que habían conocido a Jesús. Los que quedaban, creían en él sin haberlo visto. Celebraban su presencia invisible en las eucaristías, pero ¿cuándo verían su rostro lleno de vida? ¿Cuándo se cumpliría su deseo de encontrarse con él para siempre?

Seguían recordando con amor y con fe las palabras de Jesús. Eran su alimento en aquellos tiempos difíciles de persecución. Pero, ¿cuándo podrían comprobar la verdad que encerraban? ¿No se irían olvidando poco a poco? Pasaban los años y no llegaba el Día Final tan esperado, ¿qué podían pensar?

El discurso apocalíptico que encontramos en Marcos quiere ofrecer algunas convicciones que han de alimentar su esperanza. No lo hemos de entender en sentido literal, sino tratando de descubrir la fe contenida en esas imágenes y símbolos que hoy nos resultan tan extraños.

Primera convicción.   La historia apasionante de la Humanidad llegará un día a su fin. El «sol» que señala la sucesión de los años se apagará. La «luna» que marca el ritmo de los meses ya no brillará. No habrá días y noches, no habrá tiempo. Además, «las estrellas caerán del cielo», la distancia entre el cielo y la tierra se borrará, ya no habrá espacio. Esta vida no es para siempre. Un día llegará la Vida definitiva, sin espacio ni tiempo. Viviremos en el Misterio de Dios.

Segunda convicción. Jesús volverá y sus seguidores podrán ver por fin su rostro deseado: «verán venir al Hijo del Hombre». El sol, la luna y los astros se apagarán, pero el mundo no se quedará sin luz. Será Jesús quien lo iluminará para siempre poniendo verdad, justicia y paz en la historia humana tan esclava hoy de abusos, injusticias y mentiras. 
            
Tercera convicción. Jesús traerá consigo la salvación de Dios. Llega con el poder grande y salvador del Padre. No se presenta con aspecto amenazador. El evangelista evita hablar aquí de juicios y condenas. Jesús viene a «reunir a sus elegidos», los que esperan con fe su salvación.
Cuarta convicción.   Las palabras de Jesús «no pasarán». No perderán su fuerza salvadora. Han de de seguir alimentando la esperanza de sus seguidores y el aliento de los pobres. No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo con  Dios.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

Por tu amor y tu bautismo,
soy hijo tuyo, Señor,
y puedo llamarte “Padre”.
Por tu amor y mi bautismo,
soy miembro vivo, Señor,
de la Iglesia de tu Hijo,
y puedo llamarle hermano.
Por tu amor y tu bautismo,
comparto Espíritu y dones,
con todos los bautizados.
Para adelantar tu reino
y anunciar el evangelio
a todos los hombres, a todos los pueblos.
Por tu amor y mi bautismo,
¡gracias te canto, Señor!

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Paxi Velasco FANO.



Imagen para colorear.



domingo, 4 de noviembre de 2018

11 DE NOVIEMBRE: XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)



“Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie…”

11 DE NOVIEMBRE

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

1ª Lectura: Libro de los Reyes 17,10-16

La viuda hizo un panecillo y lo llevó a Elías.

Salmo 145: Alaba, alma mía, al Señor.

2ª Lectura: Hebreos 9,24-28

Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos.

PALABRA DEL DÍA

Marcos 12,38-44

“En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: -¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencia en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Estos recibirán una sentencia más rigurosa. Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: -Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobraba, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir”.

Versión para América Latina extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Y él les enseñaba: "Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad". Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia.
Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre.
Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: "Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir".

REFLEXIÓN

Un maestro de la Ley, era alguien que buscaba, pero como sabemos también muy bien nosotros, no siempre lo que se busca es la búsqueda de la verdad, sino que -a veces- se puede caer en la búsqueda cerrada de uno mismo, o del beneficio propio, o del aplauso de los demás. Y Jesús aún es más duro y dice que incluso se corre el peligro de abusar de los demás. Con personas de esta especie, dice, hay que ser muy exigente y muy riguroso en el juicio.

Todos estos, que tan bien retrata Jesús, son los que hacen exteriormente muy buenas acciones, pero esconden muy mala intención en su interior. Porque si, por un lado, aparentan una cosa, también es cierto que, por otro lado, en el fondo, buscan otra muy diferente. Aunque, aparentemente, ellos se presentan –dignamente- como representantes de Dios, de hecho, se consideran más importantes que el Dios al que representan, y sus propios criterios son antepuestos a Dios.

La ostentación de los maestros de la Ley, a la que se refiere Jesús, contrasta mucho hoy con la austeridad y la generosidad de la viuda que, ciertamente, en una sociedad en la que las mujeres eran valoradas en función de la categoría de sus maridos, como viuda era, por lo tanto, absolutamente pobre. Jesús nos hace notar hoy, con toda claridad, que lo más importante no es el valor cuantitativo de su ofrenda o de nuestros esfuerzos y trabajos, sino que el gran valor es su intención, y, por tanto, nuestros propósitos. De hecho, la viuda, que, aparentemente da tan poca cosa, pone a Dios antes que sus propias necesidades más básicas y que su comida, necesarias para vivir.

Son las intenciones que hacen diferentes a los maestros de la Ley y a la viuda. Y también son las intenciones las que pueden convertir nuestras acciones en las cosas más banales o en las más determinantes y fundamentales. Nuestras acciones, externamente, son muy difíciles de ser valoradas o juzgadas, pero internamente sí que son importantes para dejar claro si las hacemos como una cosa por Dios o en beneficio propio.

ENTRA EN TU INTERIOR

NEUROSIS DE POSESIÓN

Una de las aportaciones más valiosas de la fe cristiana al hombre contemporáneo es, quizás, la de ayudarle a vivir con un sentido más humano en medio de una sociedad enferma de “neurosis de posesión”.  
        
El modelo de sociedad y de convivencia que configura nuestro vivir diario está basado no en lo que cada hombre es, sino en lo que cada hombre tiene. Lo importante es «tener» dinero, prestigio, poder, autoridad... El que posee esto, sale adelante y triunfa en la vida. El que no logra algo de esto, queda descalificado.

Desde los primeros años, al niño se le «educa» más para tener que para ser. Lo que interesa es que se capacite para que el día de mañana «tenga» una posición, unos ingresos, un nombre, una seguridad.      

Así, casi inconscientemente, preparamos a las nuevas generaciones para la competencia y la rivalidad.

Vivimos en un modelo de sociedad que fácilmente empobrece a las personas. La demanda de afecto, ternura y amistad que late en todo hombre es atendida con objetos. La comunicación humana queda sustituida por la posesión de cosas.

Los hombres se acostumbran a valorarse a sí mismos por lo que poseen o lo que son capaces de llegar a poseer. Y, de esta manera, corren el riesgo de irse incapacitando para el amor, la ternura, el servicio generoso, la ayuda amistosa, el sentido gratuito de la vida. Esta sociedad no ayuda a crecer en amistad, solidaridad y preocupación por los derechos del otro.

Por eso, cobra especial relieve en nuestros días la invitación del evangelio a valorar al hombre desde su capacidad de servicio y solidaridad.

La grandeza de una vida se mide en último término no por los conocimientos que uno posee, ni por los bienes que ha conseguido acumular, ni por el éxito social que ha podido alcanzar, sino por la capacidad de servir y ayudar a los otros a ser más humanos.

El hombre más poderoso, más sabio y más rico, queda descalificado como hombre si no es capaz de hacer algo gratis por los demás.

Cuántas gentes humildes, como la viuda del evangelio, aportan más a la humanización de nuestra sociedad con su vida sencilla de solidaridad y ayuda generosa a los necesitados, que tantos protagonistas de nuestra vida social, económica y política, hábiles defensores de sus intereses, su protagonismo y su posición.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

Si seguimos la lección de Jesús en el evangelio de hoy, tendríamos que procurar que el hecho de dar, como hizo la viuda del templo, se nos convierta ya en un gesto tan necesario para poder vivir, como lo es también el alimento que tomamos cada día. En nuestra vida no se trata de que vayamos dando pequeñas limosnas de vez en cuando, o que nos desprendamos dignamente de aquello que nos sobre, sino que, sin reservas, Jesús nos invita a dar todo lo que tenemos. Es dar la vida y es darse uno mismo.

La pregunta interior, que muy a menudo nos hacemos, es: Pero si yo lo doy todo, ¿qué me quedará? Está claro, es aquí donde se juega nuestra confianza en Dios. De hecho, nosotros podríamos dar todo lo que ganamos, podríamos dar todo el pan que ganamos con nuestro propio esfuerzo, si creemos, como después diremos en el Padrenuestro, que Dios, como contrapartida a nuestra confianza, nos dará el pan de cada día.

Como esta viuda del evangelio, Señor, nosotros estamos llamados a dar testimonio discretamente de nuestra fe más profunda. Que tengamos que hacerlo no quiere decir que tenga que ser de un modo ostentoso, como los maestros de la Ley. Como tampoco, el hecho de que lo tengamos que hacer discretamente, quiere decir que no lo tengamos que hacer. La eucaristía que celebramos simplemente nos recuerda que nuestra fe se juega en nuestro interior.

ORACIÓN

Señor, sé que hay cosas pequeñas, pero tan grandes como los dos reales, que la pobre viuda del Evangelio,  echó en el cepillo del templo: Ofrecer una sonrisa, acompañar a un enfermo o a un anciano solo, jugar con un niño, dar una palmada en el hombro y ofrecer una palabra de consuelo, escuchar, escuchar mucho. 

Sé que a veces no valoro, lo suficiente, estos pequeños gestos, pero hoy me enseñas que son los importantes.

Hazme sencillo, con la sencillez de la viuda, humilde como ella, dándolo todo, como ella, no de lo que me sobra, sino aún de lo que me hace falta. Sólo así, tendré una medida, generosa, remecida, rebosante.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

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viernes, 2 de noviembre de 2018

4 DE NOVIEMBRE: XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)


“Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor; y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas.”

4 DE NOVIEMBRE

DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

1ª Lectura: Deuteronomio 6,2-6

Amarás al Señor, tu Dops, con todo tu corazón.

Salmo 17: Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.

2ª Lectura: Hebreos 7,23-28

Jesús tiene un sacerdocio eterno, porque él permanece para siempre.

PALABRA DEL DÍA

Marcos 12,28-34

“En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: -¿Qué mandamiento es el primero de todos? Respondió Jesús: -El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos. El escriba replicó: -Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: -No estás lejos del reino de Dios. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas”.

Versión latinoamericana extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: “¿Cuál es el primero de los mandamientos?”.

El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento más grande que estos”.
El escriba dijo: “Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios”.
Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: “Tú no estás lejos del Reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

REFLEXIÓN

Acaba el evangelio de este domingo con la afirmación del evangelista Marcos que nos dice que “nadie se atrevió a hacerle más preguntas”. Y así es. Porque después de la respuesta sobre lo que es lo más fundamental, ya no caben más preguntas. Ya no se puede cuestionar nada más, porque ya tenemos lo más esencial.

Fijaos en que la solicitud que hace este maestro de la ley a Jesús, preguntándole ¿qué mandamiento es el primero de todos?, es muy interesante, puesto que en tiempos de Jesús, como hoy en día, también había muchas tendencias a la hora de interpretar los mandamientos y la práctica de la auténtica religión. De hecho, entonces, cada maestro de la ley se alineaba según sus propias inclinaciones en una u otra tendencia.

Como hoy en día, entonces también había muchos que eran más partidarios de una versión más literal de la Ley; mientras que muchos otros se alineaban en posturas más liberales y hacían de sus propias interpretaciones una nueva ley. Una lucha constante entre los fundamentalistas y los liberales. Según la manera como un maestro de la ley priorizaba unas normas o se distanciaba de ellas se le podía etiquetar de uno u otro modo. Tanto es así que los discípulos escogían a sus maestros y sus escuelas según sus propios intereses. Por ejemplo, en tiempo de Jesús, había muchos que creían que la práctica del precepto del sábado, la práctica religiosa y la piedad personal, era lo único importante y el único mandamiento que podía ser considerado como auténticamente importante. Hoy en día también hay ritualistas, tanto entre los judíos como entre nosotros, que piensan que con la práctica religiosa ya basta y que no se necesita nada más.

La respuesta de Jesús: “Amarás al Señor… Amarás a tu prójimo como a ti mismo” es sorprendente porque no toma un texto legislativo de la biblia sino un fragmento de un texto recitativo, de oración, que todo judío, tanto entonces como ahora, sabe de memoria y lleva escrito encima y tiene gravado en la puerta de su casa. Y no sólo esto, sino que de un mandamiento –que es lo que le pedían- Jesús hace un paquete de dos. Porque, de hecho, el mandamiento único es sólo del amor. Un amor que es una realidad única, pero que tiene dos expresiones simultáneas: hacia Dios y hacia los demás. Más que cumplir un mandamiento, Jesús nos invita a vivir un convencimiento.

La conclusión final de Jesús, después de escuchar las alabanzas que le hace el maestro de la ley, se convierte, en definitiva, en una alabanza de Jesús al maestro de la ley. Éste es un hecho insólito en todos los maestros de la ley, a los que acusa constantemente de engañar a la gente practicante. (Es justamente lo que leeremos el próximo domingo). Decirle a un maestro de la ley “No estás lejos del reino de Dios” es la mejor alabanza que podemos hallar en los evangelios, y significa que nosotros, cuando cumplimos y somos observantes de la ley, o cuando nos cuestionamos sobre la búsqueda de lo que es fundamental, ya estamos trabajando –indirectamente- para el Reino de Dios.

ENTRA EN TU INTERIOR

LO IMPORTANTE

Un escriba se acerca a Jesús. No viene a tenderle una trampa. Tampoco a discutir con él. Su vida está fundamentada en leyes y normas que le indican cómo comportarse en cada momento. Sin embargo, en su corazón se ha despertado una pregunta: "¿Qué mandamiento es el primero de todos?" ¿Qué es lo más importante para acertar en la vida?

Jesús entiende muy bien lo que siente aquel hombre. Cuando en la religión se van acumulando normas y preceptos, costumbres y ritos, es fácil vivir dispersos, sin saber exactamente qué es lo fundamental para orientar la vida de manera sana. Algo de esto ocurría en ciertos sectores del judaísmo.

Jesús no le cita los mandamientos de Moisés. Sencillamente, le recuerda la oración que esa misma mañana han pronunciado los dos al salir el sol, siguiendo la costumbre judía: "Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón”.

El escriba está pensando en un Dios que tiene poder de mandar. Jesús le coloca ante un Dios cuya voz hemos de escuchar. Lo importante no es conocer preceptos y cumplirlos. Lo decisivo es detenernos a escuchar a ese Dios que nos habla sin pronunciar palabras humanas.


Cuando escuchamos al verdadero Dios, se despierta en nosotros una atracción hacia el amor. No es propiamente una orden. Es lo que brota en nosotros al abrirnos al Misterio último de la vida: "Amarás". En esta experiencia, no hay intermediarios religiosos, no hay teólogos ni moralistas. No necesitamos que nadie nos lo diga desde fuera. Sabemos que lo importante es amar.

Este amor a Dios no es un sentimiento ni una emoción. Amar al que es la fuente y el origen de la vida es vivir amando la vida, la creación, las cosas y, sobre todo, a las personas. Jesús habla de amar "con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser". Sin mediocridad ni cálculos interesados. De manera generosa y confiada.

Jesús añade, todavía, algo que el escriba no ha preguntado. Este amor a Dios es inseparable del amor al prójimo. Sólo se puede amar a Dios amando al hermano. De lo contrario, el amor a Dios es mentira. ¿Cómo vamos a amar al Padre sin amar a sus hijos e hijas?

No siempre cuidamos los cristianos esta síntesis de Jesús. Con frecuencia, tendemos a confundir el amor a Dios con las prácticas religiosas y el fervor, ignorando el amor práctico y solidario a quienes viven excluidos por la sociedad y olvidados por la religión. Pero, ¿qué hay de verdad en nuestro amor a Dios si vivimos de espaldas a los que sufren?

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

            Cuando nos dedicamos a la reflexión seria y a la comprensión acertada de lo que es fundamental en nuestra fe, nos acercamos al reino de Dios. No es aún la posesión definitiva del Reino, pero sí que es una buena manera de aproximarse a él. Por tanto, no estaría mal que   dedicáramos un poco más de nuestro tiempo a la formación, a la reflexión y a la búsqueda de lo que es fundamental en nuestra vida de creyentes. Como el maestro de la ley, no estaría de más que nos predispusiéramos a ello, dedicando un poco más de nuestro tiempo. Y no sólo haciéndonos preguntas, que a menudo ya lo hacemos, sino sabiendo hallar las respuestas.

ORACIÓN

            Te rogamos, Señor, que aumente en nosotros la acción de tu poder, para que, alimentados con estos sacramentos, tu gracia nos disponga a recibir las promesas con que nos enriqueces. AMEN.

Expliquemos el Evangelio a los niños.

Imágenes de Paxi Velasco FANO.



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martes, 23 de octubre de 2018

28 DE OCTUBRE: XXX DOMINGO ORDINARIO (B)



“Maestro, que pueda ver”.

28 DE OCTUBRE

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

1ª Lectura: Jeremías 31,7-9

Guiaré entre consuelos a los ciegos y cojos.

Salmo 125: “El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

2ª Lectura: Hebreos 5,1-6

Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

PALABRA DEL DÍA

Marcos 10,46-52

“En aquel tiempo, al salir de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: -Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí. Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: -Hijo de David, ten compasión de mí. Jesús se detuvo y dijo: -Llamadlo. Llamaron al ciego, diciéndole: -Ánimo, levántate, que te llama. Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: -¿qué quieres que haga por ti? El ciego le contestó: -Maestro, que pueda ver. Jesús le dijo: -anda, tu fe te ha curado. Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino”.

Versión parta América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo -Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino.
Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí”.
Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten piedad de mí!”.
Jesús se detuvo y dijo: “Llámenlo”. Entonces llamaron al ciego y le dijeron: “¡Ánimo, levántate! Él te llama”.
Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él.
Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?”. Él respondió: “Maestro, que yo pueda ver”.
Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado”. En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino”.

REFLEXIÓN

Como dice el refranero popular: no hay peor ciego que aquel que no quiere ver. En este caso la gente que seguía a Jesús le seguía a él, pero no habían entendido su mensaje, y antes que convertirse en intercesores del pobre ciego ante Jesús, se convierten –creyendo que así son más fieles a Jesús- en auténticos distanciadores del ciego. Tanto es así que el ciego tiene ahora dos problemas; ni puede ver a Jesús, ni se le puede acercar. La imagen es tan gráfica que, si fuera un acontecimiento real en la vida de Jesús, parecería más bien una auténtica parábola.

Este ejemplo nos debería hacer pensar en cuántas veces nosotros como comunidad cristiana y como Iglesia, ejercemos también esta pastoral disuasoria. Sabemos perfectamente aquellos que no se pueden acercar a Jesús: los niños, los ciegos, los leprosos, los pecadores públicos, los que son causa de escándalo. Jesús nos sorprende y no sólo se acerca él mismo, personalmente, a ellos, sino que incluso algunas veces, para enseñarnos a nosotros lo que tenemos que hacer, hace que seamos nosotros mismos los que los llevemos a él. Ésta es la gran lección del evangelio de hoy. Más que marginar y distanciar, lo que tenemos que hacer es vencer nuestra ceguera y acercar a los demás, especialmente a los que tienen más dificultades hasta Jesús.

Si el ciego gritaba elogios a Jesús, como es llamarlo “Hijo de David”, rogándole al mismo tiempo que se compadeciera de él mientras la gente le regañaba, parece que Jesús también tiene que hacer oír su voz y hace que la multitud también se vea obligada a llamar al ciego. Es entonces, en este intercambio de gritos y de palabras, cuando la gente descubre el auténtico mensaje de Jesús: “Ánimo, levántate, que te llama”.

Marcos presenta al ciego como prototipo del verdadero discípulo. Quienes acompañaban a Jesús –ha repetido el evangelista en capítulos anteriores- oyen su palabra, pero no entienden; creen ver, pero en realidad están ciegos. Por eso, en la práctica, toman un camino diferente al del propio maestro.

El ciego Bartimeo, por el contrario, es consciente de que no ve y, a diferencia de los discípulos que reclamaban "los primeros puestos", pide únicamente "ver". Y en el momento mismo en que ve, sigue a Jesús por el camino: un camino que no es topográfico, sino teológico, el que propone el propio Jesús.

Empezamos a vivir cuando, decididamente, queremos ver. A falta de esta determinación, sobrevivimos en la ignorancia de quienes somos, en la creencia de estar separados de los otros y del mundo y en la búsqueda, más o menos compulsiva, de "distracciones" y compensaciones.
Tendemos a oír solo la voz de nuestra mente, en la creencia ilusoria de que ella nos mostrará el camino de la vida. Pero la mente tiene una visión corta y estrecha.

Nos hace girar en torno al yo, como si se tratase de nuestra verdadera identidad. Y, dando eso por supuesto, nos hace deudores de lo que le ocurra a ese yo.

Soledad, miedo, ansiedad y, en definitiva, existencia centrada en el “yo”: esas son las características que acompañan a tal identificación. Al vivir con la creencia de que somos el yo, no podemos hacer sino preocuparnos por él. Ahora bien, preocuparnos por algo que no tiene consistencia propia conduce directamente a la ansiedad.

Ese es el motivo por el que la identificación con la mente nos encierra en una prisión, hecha de ignorancia y de sufrimiento, en la que nos reducimos a circunstancias no permanentes, viviendo desconectados de nuestra verdadera identidad. Estamos ciegos, con el agravante de que creemos ver.

ENTRA EN TU INTERIOR

CON OJOS NUEVOS

La curación del ciego Bartimeo está narrada por Marcos para urgir a las comunidades cristianas a salir de su ceguera y mediocridad. Solo así seguirán a Jesús por el camino del evangelio. El relato es de sorprendente actualidad para la Iglesia de nuestros días.

Bartimeo es “un mendigo ciego sentado al borde del camino”. En su vida siempre es de noche. Ha oído hablar de Jesús, pero no conoce su rostro. No puede seguirle. Está junto al camino por el que marcha él, pero está fuera. ¿No es esta nuestra situación? ¿Cristianos ciegos, sentados junto al camino, incapaces de seguir a Jesús?

Entre nosotros es de noche. Desconocemos a Jesús. Nos falta luz para seguir su camino. Ignoramos hacia dónde se encamina la Iglesia. No sabemos siquiera qué futuro queremos para ella, instalados en una religión que no logra convertirnos en seguidores de Jesús, vivimos junto al evangelio, pero fuera. ¿Qué podemos hacer?

A pesar de su ceguera, Bartimeo capta que Jesús está pasando cerca de él. No duda un instante. Algo le dice que en Jesús está su salvación: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí”. Este grito repetido con fe va a desencadenar su curación.

Hoy se oye en la Iglesia quejas y lamentos, críticas, protestas y mutuas descalificaciones. No se escucha la oración humilde y confiada del ciego. Se nos ha olvidado que solo Jesús puede salvar a esta Iglesia. No percibimos su presencia cercana. Solo creemos en nosotros.

El ciego no ve, pero sabe escuchar la voz de Jesús que le llega a través de sus enviados: “Ánimo, levántate, que te llama”. Este es el clima que necesitamos crear en la Iglesia. Animarnos mutuamente a reaccionar. No seguir instalados en una religión convencional. Volver a Jesús que nos está llamando. Este es el primer objetivo pastoral.

El ciego reacciona de forma admirable: suelta el manto que le impide levantarse, da un salto en medio de su oscuridad y se acerca a Jesús. De su corazón solo brota una petición: “Maestro, que pueda ver”. Si sus ojos se abren, todo cambiará. El relato concluye diciendo que el ciego recobró la vista y “le seguía por el camino”.

Esta es la curación que necesitamos hoy los cristianos. El salto cualitativo que puede cambiar a la Iglesia. Si cambia nuestro modo de mirar a Jesús, si leemos su evangelio con ojos nuevos, si captamos la originalidad de su mensaje y nos apasionamos con su proyecto de un modo más humano, la fuerza de Jesús nos arrastrará. Nuestras comunidades conocerán la alegría de vivir siguiéndole de cerca.

José Antonio Pagola.


ORA EN TU INTERIOR

Éste es el mensaje que nosotros, como fieles seguidores de Jesús en el siglo XXI, tenemos que decir y repetir. Nosotros también estamos llamados y tenemos la misión de hacer levantar a la humanidad y acompañarla hasta Jesús. Ésta es la tarea de los seguidores y de los discípulos de Jesús. Y ésta es también ahora la misión de la Iglesia en el mundo. Nuestro discurso (con las palabras) y nuestras acciones (con la vida y el ejemplo) tienen que invitar a los que viven alejados de nuestra sociedad o distanciados de Jesús a poder levantarse de sus marginaciones sociales y poder acercarse a él. Frecuentemente parece como si los gritos de nuestro mundo, como los del ciego del evangelio de hoy, nos estorbasen. Demasiado a menudo parece que nosotros, como Iglesia y como comunidad, hacemos callar los gritos del mundo pero no los sabemos incorporar ni tampoco los sabemos conducir hacia Jesús.

Por eso, en el fondo, la curación del ciego Bartimeo es un anuncio de la curación que Jesús nos propone a todos, porque de hecho nos propone una nueva mirada sobre el mundo, sobre el camino de la vida y sobre aquellos que quedan al margen, responsabilizándonos de todos ellos. Pidámosle también al Señor, que tenga piedad de nosotros y que haga que cada vez veamos más. ¡Maestro, que pueda ver!

ORACIÓN

Aquí estoy, Señor, como el ciego al borde del camino…
Cansado, sudoroso, polvoriento, mendigo por necesidad y por oficio.
Pasas a mi lado y no te veo.
Tengo los ojos cerrados a la luz.
Costumbre, dolor, desaliento…
Sobre ellos han crecido duras escamas que me impiden verte.
¡Que vea, Señor, tus sendas!
¡Que vea, Señor, los caminos de la vida!
¡Que vea, Señor, ante todo, tu rostro, tus ojos, tu corazón!

Florentino Uribarri en (Hoja Dominical Eucaristía)

Expliquemos el evangelio a los niños

Imágenes de Paxi Velasco FANO



Imagen para colorear.